lunes, 24 de mayo de 2021

ERES CARLOS AGUILAR,

y hace veinticinco años que no nos vemos. Nos acabamos de cruzar en esta fiesta a la que me ha invitado Globomedia, la productora de televisión de Mediapro. No me has reconocido pero no importa. Yo a ti sí te conozco. Te conozco mejor de lo que piensas.

Según te pides una copa al fondo, sé que estás rumiando lo que te acaban de anunciar en el hospital Clínico. Sé que tu hermana es médico. Sé que esta tarde la has pasado con ella y tu cuñado en la piscina de su urbanización en el norte de Madrid. Sé que te sentaste bajo una sombrilla, en bañador, sin quitarte una camisa de manga larga con la que cubrías tus brazos, la misma eslim fit de Hugo Boss que llevas ahora. Sé que luego tosiste y escupiste sangre. Y sé lo que te han anunciado los médicos.

Pero hay más: sé lo que te va a suceder a lo largo de estas trescientas y pico páginas. Sé tantas cosas sobre ti que, si fueras consciente de todo lo que sé, te angustiarías. Por eso, lógicamente, no irrumpo en tus pensamientos. Como no me reconoces, me limito a dejarte una tarjeta con mi nombre, que has guardado distraídamente en el bolsillo de tu americana: ni siquiera la has mirado.

Es posible que sea mejor así. No es hora de reencontrarnos. Ya llegará el momento.

Con todo, me cuesta no observarte por el rabillo del ojo mientras me alejo y me tomo un segundo burbon con mi mujer en este club privado en pleno centro de Madrid donde te señalo discretamente. Le indico que eres el personaje más exitoso de todos los que pueblan mis novelas. Ella me dice que lo entiende, porque eres atractivo. Insiste en que tienes carisma sexual. Le gusta tu manera de coger la copa, de moverte entre la gente. Le atrae tu pelo ensortijado, reluciente de gomina. Le intriga la media sonrisa maliciosa que esbozas en cualquier situación.

Dice que le encantaría saber qué ha sido de ti durante estos años.

Y es que hay mucha gente deseándolo. Gente que te perdió la pista hace veinticinco años y que tiene ganas de que vuelvas a colarte en las librerías. Cuando le explico que llevo un tiempo rumiando el contar a todos tu historia, sonríe y dice que es buena idea. Tú igual no lo sospechas, pero muchos me lo reclaman. Desde hace ya un tiempo te has convertido en un icono noventero y hasta, para algunos, en ejemplo de masculinidad tóxica.

Así se referían a ti recientemente en un artículo de El País. Probablemente ni lo has leído y, si lo has hecho, te habrás reído un rato. A ti la opinión de los periodistas nunca te importó ni poco ni mucho. Pero yo me he visto obligado en mis últimas intervenciones a explicar la esencia negativa de tu personalidad. Eres como el Mister Jaid que todos llevamos dentro y que casi nunca sacamos a relucir. Como mi parte oscura, mi némesis. Cuesta creer que un día fuimos amigos.

Lo cierto es que durante todos estos años nos hemos alejado tanto, que yo soy el primer sorprendido esta noche. Siempre pensé que si nos cruzábamos de nuevo no te reconocería… y ya ves que no ha sido así.

Le doy otro trago a mi copa y echo un vistazo a mi alrededor. Veo gente del mundo audiovisual reunida para mirarse unos a otros y ensalzar su glamur castizo. Acaba de llegar Alba Flores, la hija de Lolita, la sobrina de Antonio Flores: es una de las estrellas emergentes del panorama televisivo. No está lejos de mí y la felicito por sus éxitos.

Al rato se me acerca Javier Méndez, el director de contenidos de Mediapro, a hablarme sobre nuestro próximo proyecto.

—Tengo muchas esperanzas puestas en ella, José Ángel… Estoy esperando el piloto.

Le contesto que estoy trabajando duro en ello, por supuesto. Y a todo esto no te quito el ojo de encima, porque tú podrías ser el protagonista de esa futura serie. Tu personaje me tiene obsesionado. Después de tanto tiempo dándole vueltas a cómo recuperarte, ardo en ganas de volver a oír tu voz.

Vayamos, si te parece, con ello. Retrotraigámonos un par de horas. A la visita que acabas de hacer al hospital clínico San Carlos, en la plaza de Cristo Rey, porque eso es el principio de todo.

¡Que empiece la función!

José Ángel Mañas, La última juerga

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