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martes, 2 de noviembre de 2021

EL DON DE ARIADNA

 

Ypsilon, año 10 del Nuevo Orden.

El país se prepara para el Aniversario del Incendio que lo cambió todo.

Diez años de censura, represión y felicidad impuesta.

Diez años huyendo de los Cíclopes y siguiendo las huellas de los Dos Ejes.

Pero ahora los Rebeldes cuentan con un arma secreta.

Su nombre es Ariadna. Y tiene un don.

                Nando López nos presenta la primera parte de una trilogía sobre un mundo distópico donde la tecnología ha avanzado a niveles aún desconocidos para nosotros. En esta sociedad, toda muestra de cultura (libros, películas...) ha sido eliminada, y todo aquel que guarde una copia de manera clandestina, será juzgado como un rebelde, y, por si fuera poco, la censura y la manipulación de la información.

Ariadna, la protagonista, es una niña de 12 años que posee un ejemplar muy especial de La Odisea y, al concentrarse, es capaz de invocar a las criaturas que habitan en sus páginas. Esto es descubierto por los mandamases de El Nuevo Orden, por lo que deberá huir para evitar ser capturada y ejecutada. Cuando sus padres son encarcelados, Ariadna decide buscar a Dédalo, uno de los jefes rebeldes y conocido de su familia.

En esta búsqueda le ayudará T, un misterioso joven, que posee otro enigmático don, que no termina de controlar. Con él se introduce en la novela el componente LGTB, pues vive con sus padres adoptivos, Orión y Layo.

Frente a ellos, tenemos a Némesis, la gobernante de Ypsilon, hija de los antiguos gobernantes  Pigmalión y Galatea, contra cuyo recuerdo quiere competir. Está secundada por Argos, que controla los ejércitos de robots (rastreadores, cazadores, ejecutores...), y Moira, la Arquitecta, que crea los prodigios tecnológicos; entre ellos existe bastante rivalidad y cada uno disfruta con el fracaso del otro.

En la novela, el autor combina la ciencia ficción con la mitología griega en un resultado sorprendente. A todo esto hay que añadir las ilustraciones de David Benzal,

viernes, 29 de octubre de 2021

SUBLIMACIÓN

 

Todos visten de blanco, hay pétalos de rosa alrededor de la cápsula y el ambiente reinante en la sala es tan aséptico y frío, tan rematadamente artificial, que nadie diría que se trata del acto de despedida de un difunto.

Las puertas se abren y entran un cura católico —estos meapilas siguen estando en todas partes— y dos celadores empujando una camilla. Sobre ella, el cuerpo de un nonagenario, ataviado de un blanco inmaculado, que más que muerto parece dormido. El cura sube al púlpito, una pieza inmensa tallada en un descomunal bloque de mármol blanco. Los celadores avanzan hasta el sublimador. Uno se encarga de despresurizar y abrir el portón de la cápsula y el otro empuja la bandeja superior de la camilla hacia el interior. Cierran y sellan la máquina cuando Enzo, el jefe de ingenieros, que hoy supervisa el proceso, se lo indica. Estamos en la sala tres, donde parece que el sublimador sigue escacharrado. Después de varios días dando problemas, están aprovechando una ceremonia para comprobar que todo marcha. Los asistentes observan en absoluto mutismo, como hipnotizados. O como si esto no fuera con ellos. ¡Ay! Lo que daría yo por ver una lagrimita.

¡Oye! ¿Se puede saber qué miras tú con esa cara de pasmo? No me digas que nunca has presenciado una sublimación. Pero ¿de qué planeta vienes? ¿No serás un marcado? En fin... ¡Qué demonios! Tendré que compartir contigo mi abultada sapiencia.

La ceremonia dará comienzo cuando el cura...

Domine Iesu Christe, Rex gloriae,

libera animas omnium fidelium defunctorum

de poenis inferni, et de profundo lacu.

Libera eas de ore leonis,

ne absorbeat eas tartarus,

ne cadant in obscurum.

Exacto. La ceremonia da comienzo cuando el cura empieza a parlotear en latín. En esta ocasión parece que ha escogido una adaptación del Officium defunctorum, de Tomás Luis de Victoria. Un gran tipo aquel sacerdote. Yo solía acudir, allá por el siglo XVII, al monasterio de las Descalzas Reales para escuchar sus composiciones. Aquello sí que eran despedidas a lo grande: todo de riguroso luto, con lágrimas y penas verdaderas, con cánticos capaces de elevar al cielo hasta al más vil de los mortales.

Ah, sí, disculpa. Creo que hoy me he levantado nostálgica.

Por si no lo has deducido ya, la máquina con aspecto de submarino es el sublimador y su funcionamiento se controla a través de la tableta que el jefe de ingenieros lleva en la mano. En esa pantalla de grafeno que acaba de desplegarse a nuestra derecha irán apareciendo las distintas fases del proceso. Sin datos escabrosos, claro. A ninguno de los asistentes le interesa saber las profundas modificaciones que está a punto de sufrir el cuerpo de su ser querido.

Libera me, Domine, de morte aeterna,

in die illa tremenda:

Quando caeli movendi sunt et terra,

dum veneris iudicare saeculum per ignem.

«Fase uno: despresurización.»

Esta primera fase es el verdadero secreto de la sublimación. Para convertir un cuerpo humano en gas, lo primero que hay que conseguir es que todos sus tejidos tengan la misma densidad. Para ello, bajan la presión del interior y, cuando el cuerpo está preparado, lo bañan en una sustancia —cuya formulación el BCF reserva en secreto— que sustituye los elementos más pesados y convierte el cuerpo en algo, digamos, más blando.

Tremens factus sum ego, et timeo,

dum discussio venerit, atque ventura ira.

Quando caeli movendi sunt et terra.

Dies illa, dies irae, calamitatis et miseriae,

dies magna et amara valde.

Dum veneris iudicare saeculum per ignem.

«Fase dos: criogenización.»

La siguiente etapa consiste en bajar la temperatura de forma drástica para congelar el cuerpo a una velocidad récord. Durante los tres minutos escasos que dura esta fase, el BCF ofrece múltiples posibilidades, desde la distribución de un cofre en el que los asistentes pueden ir depositando sus mejores deseos para el difunto y la familia hasta un sofisticado concierto de cuerda, pasando por la reproducción de imágenes y vídeos cargados de recuerdos en las enormes pantallas de grafeno que conforman las paredes. ¿Te lo imaginas? La sala entera convertida en un cine literalmente envolvente. En este caso, la familia ha optado por el silencio, lo cual se me antoja un soberano aburrimiento, ¿no crees? Por no decir que así se oye más el molesto ruidito que ha empezado a emitir la máquina. ¿Lo oyes? Es una especie de traqueteo extraño que, me temo, no va a gustar demasiado al jefe de ingenieros.

Requiem aeternam dona eis, Domine,

et lux perpetua luceat eis.

Libera me, Domine, de morte aeterna,

in die illa tremenda.

«Fase tres: sublimación.»

Y llegamos a la fase final, en la que la temperatura y la presión suben rápidamente provocando la evaporación del cuerpo. El gas humano que se desprende asciende por este tubo hacia la atmósfera. ¿Lo ves a través de la cúpula de vidrio? Aunque, ahora que lo pienso, ese color gris no es muy normal, debería ser más blanquecino, como vapor de agua.

Quando caeli movendi sunt et terra.

Dum veneris iudicare saeculum per ignem.

Kyrie eleison.

Christe eleison.

Kyrie eleison.

Tampoco es demasiado normal el modo en que ha empezado a vibrar el sublimador. Fíjate, hay quien parece haberlo notado y mira con cierta inquietud hacia la cúpula. Me temo que va a haber reclamaciones. Y Dante también, pues activa su ordenador personal y avisa a Renata para que acuda a la sala a hablar con los familiares. No quiere que lo molesten cuando esto acabe.

Sea como fuere, ¿a qué es increíble la rapidez con la que ese cuerpo de ochenta kilos ha quedado reducido a unas bocanadas de gas? Por poco que me guste esta nueva muerte, he de reconocer que impresiona la primera vez que lo ves.

Clara Peñalver, Sublimación

miércoles, 20 de octubre de 2021

AL GARETE

 

garete.

(Quizá formación del fr. être égaré, andar extraviado).

ir, o irse, al ~.

1.       locs. verbs. Mar. Dicho de una embarcación sin gobierno: Ser llevada por el viento o la corriente.

2.       locs. verbs. Ir a la deriva, sin dirección o propósito fijo.

3.        locs. verbs. coloqs. Fracasar o malograrse.

Diccionario de la Real Academia Española

Las grandes corrientes oceánicas son ahora interminables atascos de pateras que yerran a la deriva, rumbo a ninguna parte, desde que las aguas cubrieron las montañas.

Por la noche se llena el cielo de pájaros pescadores que ululan, graznan y aletean con fiereza en la negrura. Se enciende trémulo y naranja algún farol, escaso para alumbrar la infinita caravana de balsas y embarcaciones precarias. Solo las luces de la luna y las estrellas consiguen insinuar en lo alto las formas de las extrañas aves nocturnas. En las cubiertas, miles de desgraciados se preguntan muertos de frío y de sed de dónde habrán salido esos pájaros.

Cómo se han hecho tan grandes.

En una balandra desarbolada vive un viejo que tiene un libro de Historia Natural, repleto de fotos de pájaros. Mil pájaros distintos, pero ninguno que se parezca a los que sobrevuelan el atasco.

Quizá sean pelícanos, o gaviotas exóticas, originarias de algún rincón perdido del mundo. Alguna especie oportunista, que ahora puebla los cielos sobre los océanos, convertida en una plaga global, capaz de enseñorearse de las horas oscuras del nuevo ecosistema.

Nadie sabe si las aves que planean sobre el atolladero se posan alguna vez sobre algo. El viejo dice que quizá sean como los vencejos, que duermen, comen, copulan y mueren en vuelo. Otros quieren creer que esos pájaros son la prueba de que en algún rincón, en algún lugar del mundo, queda tierra firme. Un sitio donde hay nidos.

Así que cada noche las aves observan desde su atalaya privilegiada el convoy de barcazas y naves desvencijadas. Probablemente sus ojos espejados vean el atasco de pateras como a un gigantesco tropel de porquería articulada, una riada hedionda compuesta por piezas móviles y marrones que se entrechocan y abordan en un viaje sin más horizonte que el de ahora ni más final que el del fondo del mar.

os pájaros no dudan en cagar sistemáticamente sobre los toldos, los velámenes y las cabezas de los supervivientes. A menudo les propinan una lluvia de porquería a la hora de cenar, que es el único momento de la noche en el que se juntan y aquietan los tripulantes del atasco, un rato en el que se arraciman en grupos pequeños y escuchan historias sobre cómo será todo a partir del día en que alcancen la tierra prometida. Cuando lleguen a alguna de las últimas costas del planeta.

Porque tienen que quedar unas cuantas.

O eso dicen muchos. Insisten machaconamente en la idea de que no hay tanta agua en el mundo como para anegarlo por completo. Echan un vistazo al libro de Historia Natural del viejo y repiten que si a bordo hay hombres maduros que dicen que jamás han pisado tierra firme tal vez sea porque el convoy ha quedado atrapado en el perímetro de una gigantesca vorágine oceánica.

Pero a la mayor parte de tripulación de la caravana las palabras como «perímetro» o «vorágine» les suenan igual que los graznidos de los pájaros.

Aunque no lo reconocen, muchos de ellos están empezando acreer que no queda ninguna costa a la que puedan arribar ni hay tampoco nadie al timón del convoy. Hace años que las anclas, los remos, las velas y los gobernalles perdieron el sentido, lo mismo que los capitanes. Ahora todo es un vagar a la merced de la nada. Ni las mareas ni las tempestades turban el vacío de los horizontes. Ni siquiera la pesca supone ya objetivo alguno.

Porque las cenas a bordo son poco más que ensaladas depequeñas morrallas, apenas un conglomerado de especies de pescadillos desconocidos y algas filamentosas, negras. Sépticas.

La violenta transformación a la que está sometido el medio ambiente desde que se fundieron del todo los polos y comenzaron a sucederse las tormentas monstruosas parece premiar a los hombres con un nuevo animal mutante cada día. Cucarachas que se sumergen violentamente si uno las persigue hasta rebasar los bordos y nadan hacia las profundidades cuando se bucea tras ellas. Ratas de pies palmeados y ojos de batracio que pueblan las sentinas y duermen aferradas a los cascos. Enormes zapateros que roncan y danzan enloquecidos sobre el oleaje. Polillas de una picadura muy venenosa que son capaces de devorar la lona de las velas y la madera de los mástiles. Hay mil especies imposibles, o demasiado exóticas, que ahora se abren paso a través del árbol evolutivo de la espantosa huida hacia delante.

Tal vez haya algún agente tóxico espoleando a la naturaleza.

Algunos de los náufragos de la caravana hablan a menudo del «mutágeno» como quien habla del diablo. Muchos de ellos sostienen que la culpa de todo la tienen los venenos que están liberando las ruinas al verse cubiertas por las aguas. Que es el mundo de los hombres el que, tras hundirse y morir ahogado, está emanando unos tóxicos que amenazan con llevarse al fondo del infierno lo que queda de vida en el planeta.

Armas químicas, complejos industriales, centrales nucleares, ciudades, vertederos. Nada fue diseñado para yacer en el fondo del mar por una eternidad. La presión de las toneladas de agua sobre toda la porquería que amontonó la civilización podría estar disolviendo masivamente en los océanos un agente bioquímico capaz de desquiciar lo que queda del medio. Porque algo desconocido está consiguiendo que el ecosistema enloquezca y que las especies se retuerzan a toda velocidad, formando mil abominaciones.

Son las personas las únicas que no han cambiado.

Alguna que otra noche, a lo lejos del atasco de pateras y barcazas, chulean los yates de los ricos, iluminados como árboles de Navidad.

Manuel vive en una chalupa con su padre y dos pollos escuálidos. Su padre le ha prometido que habrá uno para cenar, cuando cumpla diez años.

Pero Manuel tiene hambre esta noche.

Hoy han capturado un tiburón tigre, trabajando hombro con hombro, padre e hijo, durante media mañana. Por la tarde han despiezado el escualo y puesto en conserva buena parte de sus filetes, con otros han estado comerciando. El hígado van a asarlo para cenar.

Manuel podrá comer, esta noche. Llenar su estómago.

En el del tiburón había peces podridos, pedazos de cartón, hilo de cobre y un trocito de plástico rectangular que alguien ha dicho que es una tarjeta de crédito.

Santiago lleva meses caminando sobre las cubiertas, abordando balsa tras balsa y nave tras nave, siempre en la dirección en la que parece avanzar, a ratos, la caravana. No es que el atasco de tablazones, armadías, neumáticos y barcazas se mueva mucho; más bien podría decirse que serpentea como la gigantesca cola que es, y Santiago es el pillo que se cuela con disimulo. Buenas tardes, señora, perdone que atraviese la cubierta de su batel sin presentarme, pero es que no soy más que un peregrino haciendo camino. Bonjour, mademoiselle, je suis en course, je marche seulement, je vous en prie. Disculpen, jóvenes, ¿pueden arrojarme un salvavidas o el cabo de una cuerda? No pretendo importunarles, únicamente necesito subir a bordo para recuperarme durante unos minutos. Yo solo voy de nave en nave… Por favor, no me hagan nadar hasta aquella chalupa sin antes pararme un rato a descansar.

Santiago ha oído historias sobre una época en la que el nombre de Santiago se usaba para marchar por un camino, durante semanas, hacia el fin de la Tierra; para hacer ruta hasta el sitio donde el mar se abría y el mundo conocido terminaba para dar paso a uno nuevo. No acaba de comprender bien lo que significaba todo aquello del Finisterre, pero es de lo poco que le explicó su abuelo justo antes de, repentinamente y sin haber dado señales jamás, saltar por una borda.

Santiago, le dijo, no te quedes quieto en estas cosas que flotan y tú avanza. Tú solo avanza. Ve hacia delante y camina, Santiago. No esperes a que todo se hunda, dijo justo después; cruza el mundo si hace falta, pero ábrete camino como un hombre libre. No dejes que nada te detenga. Jamás te acerques mucho a los pájaros. Nunca te rindas. Sigue andando. Escapa de esto. No quieras mi final.

Y saltó.

Los plomos de pesca con los que había llenado su abrigo y sus calzones lo mandaron directo a lo negro del mar. Se hundió igual que un ancla. Quizá alcanzara el fondo marino estando consciente y una vez allí esperara un poco más, ancorado para siempre en la oscuridad. Cansado de una vida de esperar y esperar.

Desde que Santiago se quedó solo que se abre paso como pisando huevos, intenta no llamar la atención cuando salta de una balsa a una vieja gabarra, no alertar a ninguno de los cuerpos enfermos o desfallecidos que infestan los bordos y las cubiertas de un lanchón que hace aguas. Pasa con sigilo por encima de una alquitara para potabilizar agua, salta con cuidado sobre una maceta de rúcula y sobre un tendido de lechugas de mar que alguien ha puesto a secar al sol, junto a un comedero de pollos; después aparta a una niña que le pregunta algo en chino. Avanza. Santiago avanza. Es algo simple, pero parece llevarle hacia alguna parte. Santiago solo avanza. Y cuando encuentra una proa a la mar, se zambulle y nada hasta la próxima popa. Sus brazadas le ganan terreno a la bogadura que llevan las embarcaciones.

Están prácticamente paradas.

Los pájaros las sobrevuelan, una tras otra.

Como Santiago.

No tiene donde caerse muerto, pero siempre hay alguien que le acoge cuando la noche le sorprende. Se ve que Santiago viene de lejos, que ha visto cosas, que sabe algo; adónde se va, qué hay adelante, qué viene por detrás. La gente se tropieza con Santiago y enseguida decide que valdrá la pena sentarlo a comer, compartir con él alguna cosa que pueda haber a bordo.

Porque en un mundo convertido en vecindario son los sin techo los que transportan las noticias. Que te visite, que te aborde Santiago… Eso es como que te dejen ver la luna a la luz de mediodía. Chistes, mercancías, leyendas, sexo ocasional, otros ojos que mirar, cotilleos sobre el horizonte y las mareas, promesas de futuro que poner en común. Y, sobre todo, el placer de escuchar la voz de un hombre que ha visto más allá del horizonte.

Y que en el horizonte desaparecerá.

Puro espectáculo.

Aunque lo cierto es que Santiago no sabe ni por dónde pega el viento.

Empieza a creer que todos los náufragos son iguales. Está siempre con diarreas y algo de fiebre, a ratos teme que no llegará a conocer al capitán del convoy.

Manuel vive en una chalupa con su padre y dos pollos escuálidos. Su padre le ha prometido que habrá uno para cenar, cuando cumpla diez años.

Pero Manuel tiene hambre esta noche. Y va a cenar sopa.

Porque hoy su padre y él han soltado trampas para gambas.

Se llaman así, trampas para gambas, las trampas que se usan para capturar morralla y erizos.

Manuel no sabe lo que es una gamba.

Su padre tampoco.

Algunas veces, cuando la caravana se bifurca en dos ramales de pateras, o cuando confluyen dos gigantescas colas en una y hay otro carril de embarcaciones que se incorpora al que recorre Santiago, se dice Santiago a sí mismo que esto no puede acabar bien, que la caravana de balsas parece una compleja red de trayectorias erráticas que se acunan al caos del oleaje y las corrientes que se enroscan. Se pregunta si realmente el convoy avanza o si solo será que flota a la deriva. Se plantea la posibilidad de que en algún momento aparezcan al frente una cara o una proa conocidas, que le confirmen que está avanzando en círculos sobre una procesión cerrada, que gira sobre sí misma.

Esas cosas le producen pesadillas. Le hacen sudar, temer, orinar con dolor, vomitar las cosas que le dan de comer, cuando le dan de comer.

Entonces le flaquean las rodillas, a Santiago. Y él se encorva para sujetárselas con las manos, para sentir sobre su espalda el peso de la mochila, cargada de trapicheos y buhonerías. Santiago deja caer su cayado y se dobla para volver su mirada al suelo.

Y el suelo son tablones, placas de uralita plástica, un lote de cuadros de bicicletas de fibra de carbono atadas con cuerda de nailon, una vieja mesa de roble, pértigas sujetas con bridas de plástico, una plancha de corcho, más tablones que hacen aguas, docena y media de ruedas de camión engarzadas por una gruesa cadena, varios palés de madera claveteados entre sí, una piscina hinchable dotada de remos, una puerta de PVC, la cubierta de un carguero pesado sin gobierno, oxidado, escorado, larguísimo… A su remolque, un enjambre de canoas a medio hundir.

Porquería a flote. Restos del naufragio de varias civilizaciones.

El mar parece mirar a Santiago a través de los intersticios del suelo. Aguarda ahí.

Ya te llegará el turno, le dice.

Santiago respira hondo y sus pulmones se llenan de olor a lonja podrida, a salitre, a la peste de esos caracolillos que se comen sin pausa ni prisa los cascos de las embarcaciones. Para más inri, cuando se le hace de noche los pájaros le cagan sobre la mochila, en el pelo. Le graznan. Le insultan.

Como una audiencia indignada con la calidad del espectáculo. Y él recuerda su misión. Es lo único que tiene. Santiago sí tiene una misión, no como el resto de los hombres de a bordo.

Es bien simple: sigue caminando.

Tú solo avanza. Algo habrá, al final.

Al final siempre hay un final.

Y, tras meses caminando, un día anochece y los pájaros no aparecen.

Los pájaros siempre escampan de repente, cuando se aproxima otro violento espasmo climático. Y así es como a Santiago le sorprende una tempestad. Una de las habituales en este sitio.

Porque en este sitio las tormentas son frecuentes, y relevantes.

El viejo del libro de Historia Natural dice que si la caravana de embarcaciones no arriba nunca a una costa probablemente sea porque sobre todas las tierras firmes que se pueden alcanzar siguiendo las corrientes de este océano se agitan ahora unas terribles tormentas persistentes, permanentes como los vórtices polares, o los anticiclones. El viejo insiste en que siempre ha habido una climatología fija batiendo en muchos puntos del mundo. Habla del anticiclón de Siberia, del anticiclón de Santa Elena, del de las islas Azores… Nadie sabe de qué demonios habla el viejo cuando se arranca con su palabrería, nadie le comprende, tal vez porque es un viejo, o puede que porque casi nadie a bordo sabe ya lo que significa un mapa.

El viejo a veces hasta dice que hay otros mundos, más allá de las estrellas, que se agitan en tempestades permanentes. Que en el cielo hay un sitio que se llama Júpiter donde con unos catalejos muy grandes puede verse una gran mancha roja, que no es más que una inmensa tormenta que dura ya más de trescientos veranos. Que el Lucero del Alba en realidad se llama Venus, y es un sitio donde no hay hombres ni mujeres, sino unos tifones mortíferos barriendo constantemente el suelo, siempre en una misma dirección. El viejo habla de mundos inhabitables, arrasados por tormentas que no terminan jamás. También dice que en la caravana se está a salvo.

Pero lo cierto es que la caravana es arrasada por las borrascas, de tanto en tanto.

La que sorprende a Santiago sobre una balsa muy precaria se lo lleva abajo y hondo, a la trastienda del mar. Adonde su abuelo.

Después viene la calma, las mareas cuerdas, a la noche vuelven los pájaros. Y es al día siguiente cuando se restablece el orden, como si se hubiera acabado el gigantesco y violento soplido sobre la columna de hormigas. Las barcazas y las balsas supervivientes vuelven a ponerse en fila india y a encadenarse, a seguirse las unas a las otras hacia la nada. A enlazarse y a secuenciarse en unas colas que se entrechocan, formando una red de nodos que parece cubrir todo el océano.

La caravana se reordena, tras romper filas. Vuelve a marchar, en su éxodo ciego. La porquería flotante se sitúa sobre la cinta transportadora y se dispone a ser procesada. Entre sus eslabones hay cuerpos que se pudren y se hinchan al sol.

Cuerpos flotando inertes como el de Santiago.

Santiago avanza siempre hacia delante.

Manuel vive en una chalupa con su padre y dos pollos escuálidos.

Su padre le ha prometido que habrá uno para cenar, cuando cumpla diez años.

Pero Manuel tiene hambre esta noche.

Ha leído algo del libro de Historia Natural. Sabe que hay muchas aves sabrosas.

Mira al cielo y pasan los pájaros, perforando de gris el negro permanente; el batir de sus alas aventando los velámenes, el eterno crascitar de la bandada, sonando siempre como un opuesto diametral al canto de los gallos.

Malditos pájaros.

Algunos pueden rasar tan fuerte como para levantar agua de la superficie. Otros aletean algo más lejos, pero con un brío capaz de combar los trinquetes de proa y de adrizar las balandras. Los hay que parecen grandes y pesados como dragones y predominan los pequeños e histéricos de movimiento, ratoniles. Sean del calibre que sean, sus formas apenas pueden distinguirse con tanta oscuridad. Nadie en todo el atasco de pateras ha visto a uno de los alados nocturnos. Quién sabe cómo serán.

Tal vez sepan mejor que los pollos.

Conque Manuel coge el salabre, salta de su chalupa a una vieja gabarra y luego arranca a correr por toda la cubierta de una enorme balsa, con la red en alto.

Trata de cazar a los pájaros lo mismo que el que atrapa mariposas.

Y entonces uno de ellos pasa volando bajo sobre Manuel, le hunde una garra en cada hombro y se lo lleva, en un movimiento de caza bien practicado.

Manuel es pescado y devorado en la oscuridad de las alturas, en una batahola de mil graznidos que hace callar al rumor del oleaje. De repente una bandada de uñas y garfas lo envuelven, lo desgarran y lo desmiembran a picotazos. Y claro, todo transcurre a una velocidad que apenas deja tiempo al dolor pero, incluso así, Manuel llega a notar cómo le arrancan las vísceras al vuelo y se lo reparten de cuatro zarpazos.

Lo último que alcanza a distinguir bajo la luz de la luna no es el pico de un pelícano ni el de una gaviota. El viejo del libro de Historia Natural se sorprendería.

Porque no se trata de un pájaro pescador, sino de un ave rapaz.

De una enorme lechuza.

Emilio Bueso, Mañana todavía

martes, 31 de agosto de 2021

LA NUEVA SITUACIÓN MUNDIAL

 


…Unas décadas atrás se produjo una gran acción bioterrorista, coordinada a escala mundial, consistente en infiltrar en los pozos petrolíferos una bacteria modificada para devorar el crudo. El ritmo de proliferación de la bacteria era tan descabellado que en pocas semanas los pozos se redujeron a la mitad. Cuando los encargados de las plataformas quisieron tomar medidas ya era demasiado tarde. En algunos lugares se trató de desinfectar el petróleo con antibióticos, lo que solo consiguió adulterarlo y aumentar la resistencia de la bacteria.

La enorme debacle económica afectó especialmente a Europa, que aún dependía de los combustibles fósiles a diferencia de Asia, donde hacía mucho que la superpoblación había obligado a pasarse a las formas de energía sostenibles. China se convirtió rápidamente en el líder mundial, y lo seguía siendo en el presente. Estados Unidos, el país preferido de Elliot, se había sumido en la pobreza absoluta, y ya no se parecía nada a lo que salía en las películas de los ochenta. La mitad norte pasó a formar parte del próspero y ecologista Canadá, y la parte sureña se unió a un México renaciente e ilusionado, mucho más preparado para la austeridad energética.

Mientras tanto, en Europa, la brutal crisis de recursos obligó a las autoridades a tomar medidas desesperadas. Dividieron las ciudades en sectores y limitaron la población de cada uno de ellos. Recomendaron a la población que se estableciera en zonas rurales y adoptara economías de subsistencia, y para reforzar este mensaje concedieron la independencia política a los pequeños estados que la reclamaban históricamente. El proceso de fragmentación fue imparable a partir de entonces. La gente empezó a crear comunidades que tuvieran algo especial, un factor atractivo y diferenciador para poder atraer habitantes, y los gobiernos no tuvieron más remedio que volverse flexibles con las leyes, otorgando mucha autonomía a cada microestado. El continente quedó en manos de dos gobiernos coordinados, el Sistema Simpático, capitalista y tecnológico, y el Parasimpático, ecologista y prosocial. Todas las leyes tenían que ser aprobadas por ambos para entrar en funcionamiento.

PREMIO KELVIN 505 2021

Sofía Rhei, Newropia

viernes, 21 de mayo de 2021

KLARA Y EL SOL

Klara es una AA, una Amiga Artificial, especializada en el cuidado de niños. Pasa sus días en una tienda, esperando a que alguien la adquiera y se la lleve a una casa, un hogar. Mientras espera, contempla el exterior desde el escaparate. Observa a los transeúntes, sus actitudes, sus gestos, su modo de caminar, y es testigo de algunos episodios que no acaba de entender, como una extraña pelea entre dos taxistas. Klara es una AA singular, es más observadora y más dada a hacerse preguntas que la mayoría de sus congéneres. Y, como sus compañeros, necesita del Sol para alimentarse, para cargarse de energía...

Un día frente al escaparte se para una niña, Josie, con la que entabla relación y le pide que le aguarde, que la va a comprar. Pasará un tiempo hasta que vuelvan Josie y su madre para llevarse a Klara a su casa, a pesar de que han salido modelos nuevos.

La labor de Klara no es la de una niñera ni de una criada, sino acompañar a la niña durante el tiempo que va a pasar sin apenas relacionarse con gente de su edad hasta que entre en la universidad. Nos enteraremos de que Josie ha sido mejorada para acrecentar sus capacidades cognitivas e intelectuales para lograr un mejor rendimiento en sus estudios y optar a un mejor puesto de trabajo. Pero esa mejora conlleva un deterioro de la salud de la niña, que puede conducirle a la muerte, como ocurrió con su hermana.

Klara, que no comprende la biología humana, hará un sacrificio al sol, para que éste bañe a Klara con una energía especial que sane a la niña.

A través de los ojos y la peculiar visión de Klara, que intenta comprender al ser humano para ser de ayuda a Josie, Kazuo Ishiguro nos ofrece un mundo distópico, que, por desgracia, no parece tan lejano: las máquinas están sustituyendo a los hombres en su trabajo; los niños, por lo menos los de “alto rango”, no van al colegio, sino que estudian telemáticamente con profesores que contratan; el resurgimiento de grupo fascistas y racistas… Pero estos son pinceladas, hay otros motivos que nos llaman la atención: la madre de Josie adquiere a Klara porque ésta es capaz de imitar a la niña tanto en su forma de moverse, hablar y con el tiempo va a ser capaz de pensar y sentir como ella (lo cual supone una última solución para…); cómo Klara va siendo relegada conforme su servicio ya no es necesario, primero al desván, luego al depósito; cómo la madre de Rick, dentro de sus limitaciones, hará todo lo posible para que su hijo, que no ha sido mejorado, pueda ir a una de las mejores universidades; .cómo la madre de Josie no quiere volver a perder otra hija...

Por medio de la curiosidad, ingenuidad e  inteligencia de Klara, Ishiguro nos adentra en los comportamientos, las emociones y los sentimientos de los humanos, indaga en lo que nos define como personas

PREMIO NOBEL LITERATURA 2017

viernes, 30 de abril de 2021

NEWROPÍA

                Nos encontramos en una Europa distópica, donde los combustibles fósiles han desaparecido, donde hay multitud de microestados, cada uno con características muy distintas y peculiares, que da lugar a distopías de diferente tipo,  y el poder está manos de dos gobiernos coordinados, el Sistema Simpático, capitalista y tecnológico, y el Parasimpático, ecologista y prosocial.

Nuestros protagonistas son: Elliot, que ha vivido la mejor de las infancias. Libertad, hamburguesas, bicicletas, walkie-talkies, videojuegos, helados nuevos cada verano y una radio en la que suenan los mejores temazos de la historia. Sin embargo, existe la posibilidad de que esa vida idílica no sea tan auténtica como él ha creído. Verbena, una bruja entrenada desde la cuna para combatir a las empresas e instituciones que destruyen el planeta. Su sociedad, exclusivamente femenina, se enorgullece de vivir en armonía completa con la naturaleza, y para ello han aprendido a alimentarse de todo tipo de plantas silvestres, convirtiéndose en criaturas del bosque.

                Ambos tendrán que subir a un fastuoso tren hotel, que recorre los lugares más codiciados de Europa por los turistas para intentar convencer o detener a Raner, el diseñador de un nuevo parque de atracciones, pues creen que tras este proyecto una gran corporación planea atentar contra una gran parte de la población. Lo malo es que no saben quién es el diseñador, pues hay siete jóvenes parecidos que tienen la misma identidad para ocultar al real; aparte, la pobre Verbena tiene que mezclarse entre las acompañantes (prostitutas de lujo). Y por si fuera poco, otra persona comienza a matar a los falsos Rainers.

                Sofía Rhei va alternando en cada capítulo el punto de vista de cada personaje, y en seguida encontramos pequeños detalles que nos llaman la atención. Elliot vive en un lugar muy parecido a los años 80 de los Estados Unidos, que hemos visto en las comedias de televisión de la época (el comienzo con Elliot en la bicicleta por la noche me ha hecho recordar a E.T.). Verbena es radicalmente ecologista y feminista, en una sociedad donde solo hay mujeres, con un lenguaje basado en palabras de género femenino. Encontramos personajes memorables entre los secundarios: Segismundo, que sólo habla en verso; Roxana, esa acompañante siempre rodeada de drones, que tanto encandila al joven Elliot, y que nos depara más de una sorpresa.

                A lo largo de las páginas de la novela, vamos a encontrar mucha crítica, soterrada y abierta: ecología, la crítica anticapitalista, el feminismo, los avances tecnológicos… Todo ello con un sentido de humor que no nos abandona desde la primera página.

martes, 12 de marzo de 2019

ESCUADRÓN


       El mundo lleva siglos en guerra; la humanidad está atrapada en Detritus, un planeta constantemente atacado por los krells, unos alienígenas decididos a destruirla, y tiene que vivir en el subsuelo. Sólo lo impide la basura espacial, que actúa como barrera artificial, y los pilotos de la FDD, los únicos héroes dispuestos a combatir al enemigo.

Spensa es una joven que siempre ha soñado con convertirse en piloto y defender a la Tierra. Pero su destino se cruza con el de su padre, un piloto que fue asesinado tras abandonar a su equipo, anulando sus opciones de asistir a la escuela de vuelo.

Un antiguo compañero de su padre facilitará su entrada en la escuela de vuelo. Pero la FDD no la quiere, no está dispuesta a cometer el mismo error, y le pondrá todo muy difícil para que abandone. A pesar de todo, Spensa no está dispuesta a rendirse, si quiere limpar el nombre de su padre. Viviendo en una cueva, encontrará algo extraño, algo mucho más avanzado de lo que su sociedad puede hacer. De pronto, el ataque alienígena ha hecho duplicar la flota aérea de los humanos, facilitando que Spensa ahora sí pueda volar al espacio...

                Este título es el primero de la nueva trilogía de Brandon Sanderson destinado a un público juvenil. El autor nos va presentando poco a poco las características de ese mundo, y pronto nos sentimos atraídos por la rebeldía de Spensa para intentar lograr sus sueños a pesar de la oposición de los altos cargos de la FDD. También vemos a los cadetes como carne de cañón, pues, como les indica el instructor Cobb, el viejo amigo de su padre, sólo se graduarán uno o dos jóvenes de cada escuadrón debido a muertes, abandonos o aparatos derribados.

                Es un libro entretenido que nos ofrece aventuras, misterios, batallas estelares con nula posibilidad de supervivencia, amistades hasta la muerte, hasta humor con M-Bot, esa inteligencia artificial cuya misión es catalogar los especímenes de setas del planeta. Y por encima de todo ese “reclama las estrellas”, que motiva a Spensa a sus luchas, a ir más allá.

miércoles, 9 de enero de 2019

EVOLUCIÓN


No sé, tal vez vuestra experiencia fuera distinta de la mía. Para mí, criarme como ser humano en el planeta Tierra del siglo XXI era una putada. Desde el punto de vista existencial.
Lo peor de ser niño era que nadie me contaba la verdad sobre mi situación. De hecho, se dedicaban a todo lo contrario. Y yo, claro, les creía, porque no era más que un niño y no sabía nada. Pero si ni el cerebro siquiera se me había desarrollado del todo... ¿Qué iba a saber yo, si los adultos no dejaban de engañarme?
De modo que me tragaba todas aquellas patrañas propias de la edad de las tinieblas que me contaban y, después, con el paso del tiempo, ya algo mayor, empecé lentamente a atar cabos y a deducir que la mayoría de ellos me había mentido sobre casi cualquier tema, desde que había salido del vientre de mi madre.
Y ésa fue una revelación alarmante.
Y una de las razones por las que, más tarde, me ha costado confiar en los demás.
Empecé a comprender la cruda verdad tan pronto como inicié la exploración de las bibliotecas gratuitas de Oasis. La verdad estaba ahí mismo, esperándome, oculta en libros viejos escritos por gente que no temía mostrarse sincera. Artistas, científicos, filósofos, poetas, muchos de ellos muertos desde hacía mucho tiempo. A medida que leía las palabras que habían legado a la humanidad, iba comprendiendo cuál era la situación. Mi situación. Nuestra situación. Lo que la mayoría de la gente llamaba «la condición humana».
Y no era nada bueno.
Habría preferido que alguien me hubiera dicho la verdad descarnada apenas fui lo bastante mayor para comprenderla. Ojalá alguien me hubiera dicho, simplemente:
«Así es la cosa, Wade. Tú eres lo que se conoce como "ser humano". Los seres humanos son unos animales muy listos. Y como todos los demás animales de este mundo descendemos de un organismo unicelular que vivió hace millones de años. Eso tuvo lugar gracias a un proceso llamado "evolución", del que ya aprenderás más cosas. Pero, hazme caso, así es como todos nosotros hemos llegado hasta aquí. Existen pruebas en todas partes, enterradas bajo piedras. ¿A ti te han contado eso de que a todos nos creó un tipo superpoderoso llamado Dios que vive en el cielo? Mentira. Cuanto se dice de Dios es, en realidad, una patraña antigua que la gente lleva contándose miles de años. Nos la hemos inventado de cabo a rabo. Como lo de Santa Claus y el Conejito de Pascua.
»Ah, por cierto... Ni Santa Claus ni el Conejito de Pascua existen. Eso también es mentira. Lo siento, niño. Asúmelo.
«Seguramente te estarás preguntando qué pasó antes de que tú llegaras hasta aquí. Pues un montón de cosas horribles, realmente. Una vez que evolucionamos hasta convertirnos en seres humanos, las cosas se pusieron bastante interesantes. Se nos ocurrió la manera de cultivar la comida y de domesticar animales para no tener que ir continuamente de un lado a otro. Nuestras tribus se hicieron mucho mayores y entonces nos extendimos por el planeta como un virus imparable. Y luego, tras combatir en unas cuantas guerras unos contra otros por el control de las tierras, los recursos y nuestros dioses inventados, logramos organizar nuestras tribus en una "civilización global". Pero, si quieres que te diga la verdad, muy organizada no era, ni muy civilizada, y seguimos enzarzándonos en muchas guerras. También se nos ocurrió cómo cultivar la ciencia, que nos ayudó a desarrollar la tecnología. Y teniendo en cuenta que somos un puñado de monos sin pelo, lo cierto es que hemos llegado a inventar algunas cosas increíbles. Los ordenadores. La medicina. El láser. Los hornos microondas. Los corazones artificiales. Las bombas atómicas. Hemos llegado incluso a enviar a algunos tipos a la Luna y hemos conseguido que regresen. También hemos creado una red global de comunicaciones que nos permite hablar con quien queramos en cualquier parte del mundo, en cualquier momento. No está mal, ¿no?
»Pero ahora vienen las malas noticias. Nuestra civilización global se ha creado con un coste muy elevado. Necesitábamos mucha energía para construirla, que obteníamos de los combustibles fósiles que provenían de los restos orgánicos de plantas y animales muertos enterrados en las profundidades del suelo. Consumimos casi todo el combustible fósil antes de que tú llegaras aquí, y ahora no queda casi nada. Eso significa que ya no producimos la energía suficiente para mantener a nuestra civilización en funcionamiento como antes. Y hemos tenido que recortar gastos y retroceder. A lo grande. Se trata de una crisis energética global, que dura ya un tiempo bastante prolongado.
»Es más, quemar todos esos combustibles fósiles tuvo algunos efectos secundarios, como por ejemplo el aumento de la temperatura en nuestro planeta y la contaminación del medio ambiente. De modo que, ahora, los casquetes polares se están derritiendo, ha aumentado el nivel del mar y el clima está patas arriba. Las plantas y los animales mueren en grandes cantidades, y hay mucha gente desnutrida y sin techo. Además de que seguimos organizando guerras entre nosotros, casi todas por el control de los recursos que quedan.
»Básicamente, niño, lo que esto implica es que la vida es más dura que en los Buenos Tiempos, mucho antes de que tú nacieras. Porque antes todo iba bien, pero ahora la situación es más bien terrorífica. Para serte sincero, el futuro no pinta demasiado bien. Tú has nacido en una época de la historia bastante chunga. Y parece que las cosas van a seguir empeorando. La civilización humana está "en decadencia". Hay quien cree que "se derrumba".
«Seguramente te preguntarás qué va a pasar contigo. Pues es muy fácil. Lo mismo que a todos los seres humanos que han existido. Vas a morir. Todos moriremos. Las cosas son así.
»¿Y qué pasa cuando te mueres? De eso no estamos totalmente seguros. Pero las pruebas parecen indicar que no pasa nada. Estás muerto. El cerebro deja de funcionar y dejas de hacer preguntas molestas. ¿Y esas historias que has oído por ahí? ¿Eso de que vas a un lugar maravilloso llamado "cielo" donde no hay más dolor ni muerte y vives eternamente en estado de perpetua felicidad? También mentira. Como lo de Dios. No hay pruebas de la existencia del cielo y no las ha habido nunca. Eso también nos lo hemos inventado. Imaginaciones nuestras. O sea que, a partir de ahora, debes vivir el resto de tu vida sabiendo que algún día morirás y desaparecerás para siempre.
»Lo siento.»

Ernest Cline, Ready Player One
PREMIO ALEX 2012 

viernes, 21 de diciembre de 2018

BELLAS DURMIENTES

Enviado por Jaime

En esta colaboración entre padre e hijo, Stephen King y Owen King nos ofrecen la historia más arriesgada de cuantas han contado hasta ahora: ¿qué pasaría si las mujeres abandonaran este mundo?

En un futuro tan real y cercano que podría ser hoy, cuando las mujeres se duermen, brota de su cuerpo una especie de capullo que las aísla del exterior (el llamado virus Aurora, por la protagonista de La Bella Durmiente). Si las despiertan, las molestan o tocan el capullo que las envuelve, reaccionan con una violencia extrema. Y durante el sueño se evaden a otro mundo. Los hombres, por su parte, quedan abandonados a sus instintos primarios: disturbios, conflictos de diverso tipo que nos conducen al fin del mundo…

La misteriosa Evie Black, encarcelada por un asesinato, sin embargo, es inmune a esta bendición o castigo del trastorno del sueño. ¿Se trata de una anomalía médica que hay que estudiar? O ¿es un demonio al que hay que liquidar?

Una fábula del siglo XXI que nos presenta una distopía, en la que se critican usos y costumbres machistas, sobre la posibilidad de un mundo exclusivamente femenino más pacífico y más justo que resulta especialmente relevante hoy en día.

La novela parte de una idea del hijo, Owen, pero sigue el esquema básico de las novelas de Stephen King. En esta novela coral, destacan sobre todo dos personajes, un hombre y una mujer: Clinton Norcross, el psiquiatra de la prisión, que ve como su esposa toma cafeína en un vano intento de mantenerse despierta, y Evie Black, la joven que está en prisión y considera justa la respuesta de las mujeres hacia aquellos que las despiertan. El ritmo va in crescendo, atrapándonos.

martes, 11 de diciembre de 2018

MÁQUINAS MORTALES


            Enviado por Carlos:

En esta novela de Philip Reeve, se basa la nueva superproducción cinematográfica de Peter Jackson, que nos traslada a un mundo futurista y postapocalíptico.

Londres es una ciudad sobre ruedas: una ciudad como nunca habías visto. Tras la terrible Guerra de los Sesenta Minutos, las ciudades que sobrevivieron al apocalipsis se convirtieron en depredadoras, persiguiendo a ciudades menores y alimentándose de ellas.

Londres es una de ellas y se encuentra a la caza de una pequeña urbe, cuando Tom se topa con una joven asesina, Hester. Ambos acabarán en la Región Exterior, un páramo desolador marcado por las huellas de las ciudades ambulantes. Este es el comienzo de una gran aventura para estos dos chicos, que tendrán que aliarse para poder sobrevivir.

Máquinas mortales nos introduce en un mundo futurista donde las máquinas son instrumentos de poder y la religión es la tecnología. En este mundo, el joven Tom, que nunca ha salido de Londres, se convertirá en un héroe que, tras verse alejado de su ciudad y de su amiga Katherine, luchará para conseguir que su urbe se salve de una destrucción inminente.


                El planteamiento parece original, con ese mundo distópico donde las ciudades tienen ruedas y recorren el mundo cazando y comiendo otras ciudades para aprovechar sus recursos.  Las ciudades están dirigidas por cuatro grandes gremios: el Gremio de los Historiadores, el de los Ingenieros, el de los Navegantes y el de los Mercaderes. Pero apenas se nos explica cómo hemos llegado a ese futuro, y los personajes son un tanto planos; tal vez aquí se escapa un poco Hester, que no es una heroína al uso, sino una asesina que busca venganza. Se van alternando dos tramas: una con Tom y Hester, y la otra, Katherine en Londres.

martes, 11 de septiembre de 2018

EL DÍA ANTES DE LA REVOLUCIÓN


Publicado originalmente en 1974 en la revista Galaxy Science Fiction, este relato tiene como protagonista a Odo, la líder de la revolución que dio lugar al odonianismo, sociedad anarquista imaginaria. Hay que recalcar que para Ursula K. Le Guin el anarquismo es la más idealista, y la más interesante de todas las teorías políticas, siendo su blanco principal el Estado autoritario (capitalista o socialista) y su objetivo práctico-moral principal la cooperación (solidaridad, asistencia mutua).

Pero lo que realmente le interesa a la autora es contar la historia de una mujer; no sólo como ideóloga de la revolución, sino como persona, y así lo manifiesta en su presentación: «Agradecí sumamente cuando Odo apareció de entre las sombras y atravesó el abismo de lo probable pidiendo un relato, no sobre el mundo que construyó, sino sobre sí misma».

Este cuento sería un prólogo a su novela Los Desposeídos (Premios Hugo, Locus y Nebula). En el libro que nos ofrece Nórdica, se nos cuenta el último día de la vida de la anciana Laia Asieo Odo, quien promovió la revolución que dará origen a la sociedad anarquista de la novela. Vemos una Odo anciana, que se siente enferma y fea, a quien le resulta extraño ver consolidadas ideas y libertades por las que ha luchado y que no tuvo de joven, recuerda a Taviri, su marido muerto (sus partidarios la miran mal cuando pronuncia esa palabra en vez de la oficial establecida “compañero”), ve que sólo queda ella de los suyos, todos los demás han muerto, los de ahora son jóvenes…

PREMIO NEBULA 1974
PREMIO LOCUS 1975

martes, 14 de agosto de 2018

PARADOX 13



Debido al influjo sobre la Tierra de un agujero negro, el 13 de marzo, a las 13 horas, 13 minutos y 13 segundos se producirá un fenómeno denominado P-13.

Las medidas de los distintos gobiernos para afrontarlo se estudian en el más absoluto secreto. Ni siquiera los científicos saben exactamente en qué consistirá dicho fenómeno y sus consecuencias: los departamentos que se ocupan del asunto se han limitado a señalar que es importante suspender por unos instantes toda actividad peligrosa, así como mantenerse alejado de los lugares de riesgo. Sin embargo, esta información se ha mantenido oculta con la idea de no alterar a la población, prohibiéndose su divulgación hasta que pase el fenómeno.

Fuyuki Kuga, detective de la Jefatura de Policía de Tokio, y su hermano mayor, Seiya, inspector de policía adscrito a la misma Jefatura, se ocupan en esos momentos de un asunto de atraco a mano armada, pero, debido a un error de Fuyuki, Seiya resulta herido de bala por un miembro del grupo criminal al que persiguen. Por su parte, Fuyuki recibe también un balazo de los delincuentes y se desmaya. Cuando recobra el conocimiento, constata que no queda nadie en las calles de Tokio.

Deambulando por la ciudad, sin comprender qué está pasando, encontrará a otras diez personas que han sufrido el mismo fenómeno. Entre ellas se halla también, inexplicablemente, su hermano Seiya, quien en buena lógica debería estar muerto. Incapaces de asimilar la situación, el grupo intenta sobrevivir vagando por un Tokio en ruinas, devastado por las catástrofes naturales y las enfermedades.

Keigo Higashino nos ofrece la reacción de un grupo de personas que se encuentran solas en un Tokio paralelo y se hallan al límite como consecuencia de un fenómeno desconocido causado por un agujero negro. Se dan cuenta que están ahí, porque han debido morir en el mundo real cuando se produjo el incidente. Sus objetivos: sobrevivir en un mundo cada vez más inhóspito (falta de energía, incendios, terremotos, huracanes…) e intentar hallar una solución a su problema.

El planteamiento es interesante y original, con un estilo fácil de leer. Le pesan los diálogos pseudofilosoficomorales de algunos personajes, así algunos parlamentos de Seiya, que a veces parece un robot intentando ocultar sus sentimientos, o los creados en situaciones como la “eutanasia” que le tienen que practicar a la esposa del anciano Yamanishi, para que no se convierta en una carga para el grupo de diez supervivientes, o cuando Taichi es pillado a escondidas comiéndose la comida del bebe, o el “juicio” a Yoshiyuki por intentar violar a una de las mujeres.

jueves, 19 de abril de 2018

ELIMINANDO LIBROS


La casa estaba situada en el ecuador de la colina, en una calle sinuosa y de vegetación frondosa. Por supuesto, está prohibido revelar los nombres o las direcciones. Aparqué justo enfrente. Había un perro en el porche, un chucho de aspecto peligroso pero soñoliento. Un blanco gordo en camiseta y pantalones vaqueros, que no era tan agradable como su casa, ni mucho menos, me abrió la puerta. La camiseta rezaba: « ¿Y bien?».
Le enseñé la libreta y la miró desconcertado. Con auténtico desconcierto. He conocido a seleccionados que fingen ignorancia, pero la suya era de verdad.
— ¿Y bien?
—Supongo que sabe por qué he venido.
—Ayúdeme —dijo—. ¿La AAI? ¿La Agencia de Asuntos Indios?
—AAE —expliqué—. Artes y Entretenimiento.
—Ah, sí. Son los que recogen cosas viejas.
—Exacto —afirmé, aunque la agencia es mucho más que eso—. ¿Quiere invitarme a pasar? Hace un poco de frío aquí fuera.
Solo un poco: estábamos a mediados de octubre. Pero lo primero que aprendemos en la academia es que las cosas funcionan con mayor facilidad si consigues poner el pie en la puerta. El señor « ¿Y bien?» refunfuñó un poco y retrocedió para franquearme el paso. Los dos nos sentamos en un sofá duro, ante una mesita de café desordenada. La situación era incómoda, pero estoy acostumbrado a eso. Sé que no nos encargamos tan solo de cosas: son recuerdos, sueños y, por supuesto, dinero.
— ¿Le dice algo el nombre de Miller, Walter M. Jr? —le pregunté.
La idea es concederle al seleccionado la oportunidad de participar.
— ¿Miller? ¿Jr? Claro. Era un escritor de ciencia ficción, el autor de Cántico por Leibowitz, ¿no? De mediados de siglo, cuando los libros eran... ¡Espere un momento! ¿Quiere decir que han borrado a Miller?
—Hace seis semanas —dije.
—No sabía que lo habían retirado. Ya no sigo la ciencia ficción. Ni siquiera la ciencia.
—Le entiendo —respondí. Si él iba a cooperar, yo no iba a discutir.
— ¿Y bien? Ah. Comprendo. Debo tener un libro suyo en rústica. Creía que todavía eran legales. Si le digo la verdad, hace más de un año que no los hojeo. No es una verdadera colección. Son una especie de saldo. Supongo que es mi día de suerte.
—En efecto —convine—. Pagamos ciento veinticinco por cada selección. Hasta la gente que no sabe nada de nosotros lo sabe.
—Y es el día aciago de Arthur.
—Walter —le corregí. Acto seguido le brindé lo que yo llamo la respuesta académica—: Ya ha tenido su momento de gloria. Ahora es el turno de otro.
—Claro, lo que usted diga —contestó el señor « ¿Y bien?» con amargura. Desapareció en otra estancia y oí que abría y cerraba unos cajones. No perdí la puerta de vista, por si acaso. Regresó con una caja medio llena de libros en rústica. Quizá dos tercios. Lo bastante para que sobresalieran parcialmente.
Hubo de comprobarlos todos; no obedecían a ningún orden concreto.
—Puede que aquí haya otros —dijo.
—Yo no sé nada de eso —señalé—. Solo tengo mi lista. Puede visitar el sitio web de la agencia. Los que entregue en persona valen cincuenta más.
—O quinientos, para los contrabandistas —repuso—. O cinco mil. He visto ese reportaje sobre, ¿cómo se llama?, Salinger.
—Yo no sé nada de eso —repetí—. Y la ley me obliga a recordarle que va contra la ley hacer siquiera chistes sobre los contrabandistas.
Una atmósfera helada se abatió sobre la habitación. No me importó. No te puedes tomar demasiadas confianzas; tienes que recordarle a la gente que trabajas para el gobierno.
—Lo que usted diga —dijo—. Aquí está. Hasta luego, Arthur. Walter.
Me lanzó el ejemplar. Había un monje encapuchado en la cubierta. Las páginas se desplegaron y el libro se estrelló contra el suelo. Lo recogí de la alfombra deslucida y lo metí en la bolsa.
— ¿Ni siquiera va a mirarlo? ¿Ni a leer una sola palabra antes de destruirlo? Puede que aprenda algo sobre la vida.
—No se destruye a nadie —puntualicé. Lo taché de la libreta con la yema del dedo y pulsé ciento veinticinco.
—Lo que está eliminando no es solo un libro. ¡Es una vida humana!
Estaba empezando a ponerse beligerante. Era hora de marcharse. Me levanté.
—Yo no me meto en nada de eso. Me limito a recoger la mercancía y mandarla a Worth Street.
— ¿Y después?
—Y después, ¿quién sabe? —Le tendí la mano—. Gracias por su colaboración.

Terry Bisson, La Conspiración Alejandrina

martes, 27 de marzo de 2018

READY PLAYER ONE


Enviado por Pedro: 

Estamos en el año 2044 y, como el resto de la humanidad, Wade Watts prefiere mil veces el mundo virtual de OASIS, donde todo es posible, al cada vez más sombrío mundo real.

El creador de OASIS es un enorme fan de la década de 1980, así como un fantástico programador de videojuegos que amasa una inmensa fortuna con su compañía GSS. Tras su muerte se anuncia en un vídeo que el juego contiene un huevo de pascua. Quien lo encuentre heredará toda su fortuna. Las claves del enigma están basadas en la cultura de los 80: series de televisión, películas, videojuegos, música, etc…

Ocultas, las tres llaves, puertas secretas abren.
En ellas los errantes serán puestos a prueba.
Y quienes sobrevivan a muchos avatares
llegarán al Final donde el trofeo espera.

Al cabo de cinco años, Wade logra resolver el primer rompecabezas del premio, y, a partir de ese momento, debe competir contra miles de jugadores para conseguir el trofeo. La competición es encarnizada entre los Sixers, los empleados de una empresa llamada IOI que pretende hacerse con el control de OASIS, y los Gunters, todas las demás personas que buscan el huevo de pascua, sea individualmente o en clanes.

La única forma de sobrevivir es ganar; pero para hacerlo tendrá que abandonar su existencia virtual y enfrentarse a la vida y al amor en el mundo real, del que siempre ha intentado escapar.

Esta distopía de Ernest Cline nos presenta un mundo donde los combustibles fósiles están agotados,  el cambio climático ha empeorado las condiciones de vida, una crisis afecta a todos los niveles socioeconómicos, el sistema escolar público va de capa caída, la gente vive hacinada, existe el racionamiento y los vales por comida… Ante esta situación el ser humano se refugia en Oasis, un mundo virtual donde las personas pueden estudiar, trabajar, hacer negocios, jugar o evadirse de la dura realidad.

                La lectura es ágil, llega a enganchar y, muchas veces, cuando cuenta como es un juego, una película o una serie de televisión, recordaba mi adolescencia. El relato se estructura en tres partes, correspondientes a cada llave que el protagonista tiene que encontrar y a cada puerta que tiene que abrir. El argumento es sencillo, muchas veces previsible, lleno de esas referencias a los 80, que juegan un importante papel en la novela, y con pequeñas denuncias ante situaciones que ya se plantean hoy. Los personajes están bien tratados, pero son muy maniqueos, sobre todo, los malos, los sixers, con Sorrento a la cabeza. También las relaciones a distancia y virtuales están presentes; recordemos que nuestro grupo protagonista (Parzival, Hache, Art3mis) no se conocen en persona, así los intentos de Parzival por conocer a Art3mis (ese chico conoce, o más bien quiere conocer, a chica), o la sorpresa que nos llevamos cuando conoce a Hache.

 PREMIO ALEX 2012 

jueves, 7 de diciembre de 2017

¿ME DEJAS LOS LIBROS?


-¿Puedo hacerte yo una pregunta ahora? -te interrumpe, y aunque al principio te molesta, terminas asintiendo-. ¿Lo que hay en el salón... son libros? ¿Libros... reales?
Extrañado, frunces el ceño.
-Claro, ¿qué van a ser si no?
-¿Podemos ir a verlos, por favor? -La emoción reluce en sus ojos,
La petición te resulta tan extraña e inocente que respondes que sí. Abandonáis la cocina y, cuando llegáis a la estancia principal, Fiara corre esquivando los sofás y la mesa principal hasta una de las estanterías de la pared. Es tan inesperada su reacción que te descubres con el puñal en la mano, aunque enseguida vuelves a envainarlo en tu cinturón.
La chica acaricia los cantos polvorientos de los libros con una delicadeza reverencial. Sus labios se mueven casi imperceptiblemente mientras va leyendo en voz baja los títulos de cada uno de ellos. La mayoría son enciclopedias antiguas, tratados históricos de tiempos ya olvidados, atlas de tierras que tú siempre has creído tan lejanas como si pertenecieran a mundos inventados...
-¿Puedo...? -pregunta, señalando uno con el dedo.
-Eh... sí, adelante -contestas, y ella lo libera de su hueco de la estantería.
Después camina hasta la chimenea y se sienta delante del fuego con las piernas cruzadas bajo la falda del vestido. Cuando abre la tapa, se levanta una nube de polvo que, a la luz del fuego, te recuerda las partículas que se desprendían del vuelo de las hadas que aparecían en los cuentos que Padre te leía de niño.
Hojea las primeras páginas por encima, pero sobre todo se entretiene pasando las hojas hacia delante y hacia atrás, con una sonrisa creciente en sus labios.
-¿También es la primera vez que... ves un libro?
-Es la primera vez que veo un libro de papel, sí. Había oído hablar de ellos, claro, pero no existen allí de donde yo vengo.
-Pero sabes leer.
Ella asiente.
-Utilizamos dispositivos con pantallas que...
-¿Dispositivos?
-Sí, ¿no sabes qué son? -te pregunta, tan extrañada como si le hubieras dicho que ignoras qué es una nube-. Es raro que tu padre...
-Mi padre prefirió enseñarme todo lo que necesitaba conocer a este lado del muro -la interrumpes, ofuscado-. ¿Qué son esas cosas?
Si a Fiara le molesta tu desplante, no lo demuestra. Medita unos instantes buscando la manera de explicarse hasta que da con la solución.
-Son... como espejos negros -responde-, Espejos mágicos que te permiten ver lo que desees. Momentos del pasado, lugares lejanos, realidades inventadas... Puedes comunicarte con quienes se encuentran a miles de kilómetros. Llevaba uno en mi bolsa. Si quieres...
-No -la detienes, asustado-. No es necesario.
Todo lo que ella cuenta te parece imposible, como sacado de un cuento, fantasías idénticas a las que aparecen en el...

Javier Ruescas, Al Cruzar el Jardín