Dirigido tanto a alumnos de Secundaria (que pueden encontrar reseñas -algunas hechas por ellos- y fragmentos de libros, o cuentos y poemas) como a padres (incidiendo en diversos aspectos sobre bibliotecas o animación a la lectura).
Hace quince
años, el aficionado a las novelas de misterio Malcolm Kershaw publicó en el
blog de la librería Los viejos demonios una lista —que apenas recibió visitas
ni comentarios— sobre los que a su juicio eran los más logrados crímenes
literarios de la historia. La tituló Ocho asesinatos perfectos e incluía
clásicos de varios de los grandes nombres del género negro: El
misterio de la Casa Roja, de A. A. Milne; Complicidad, de Anthony
Berkeley Cox; El misterio de la guía de ferrocarriles,
de Agatha
Christie; Pacto de sangre, de James M. Cain; Extraños en un tren, de Patricia
Higsmith; Muerte por ahogamiento, de John D. MacDonald; Trampa
mortal, de Ira Levin; El secreto, de Donna Tartt.
Ahora,
un nevado febrero, recibe la visita de la agente Gwen Mulvey del FBI, quien
cree que alguien está cometiendo asesinatos guiándose por esa lista y solicita
su ayuda, como especialista en su investigación. Además pronto se descubrirá
que uno de los muertos es una habitual cliente de la librería, un tanto cascarrabias.
A
partir de este momento la vida de Mal se va a trastocar, pues da a entender que
el asesino es alguien que le conoce y quiere jugar con él. Pero, una serie de
secretos relacionados con la muerte de su mujer comienzan a aflorar en su
memoria, y…
En este
original e inteligente thriller, Peter Swanson desdibuja con mano
maestra las fronteras entre la realidad y la ficción, convirtiendo así su
apasionante y lúdica trama en un nostálgico homenaje a los más brillantes y
acabados crímenes de la literatura detectivesca, pues, aparte de los
componentes de la lista (algunos pormenorizados), abundan las referencias o los
detalles de otros muchos, desde Dickens
o Conan
Doyle, a Ann Cleeves, Gillian Flynn o J K Rowling, pasando por Dorothy
Sayers o Colin Dexter.
Mal, el
protagonista, está muy bien trabajado; él nos va a mostrar su amor por los
libros y nos va a llevar de referencia a referencia, o de libro en libro,
deteniéndose en algunos de ellos (atención a El asesinato de Roger Ackroyd,
de Agatha Christie); poco a poco nos
mostrará la vorágine de sus pensamientos, que nos atraparán, y…
Un
año más, en víspera de las vacaciones de Semana Santa, hemos celebrado en el
IES Octavio Cuartero de Villarrobledo (Albacete), nuestro concurso de tartas.
Como el curso pasado tuvo mucha aceptación el tema de tartas literarias, este
año hemos decidido repetir el tema dar rienda suelta a vuestra imaginación.
Desde
aquí os damos las gracias a todos los participantes: ¡ENHORABUENA, CHICOS, SIN VOSOTROS NO SERÍA POSIBLE EL CONCURSO! Esperamos que os hayan gustado los libros, que habéis tenido como premio y que nos los comentéis.
Os
ofrecemos una selección de las tartas que nos hemos comido esta mañana.
Da la
impresión de que nos encontramos en tránsito hacia una cultura oral, una
especie de regreso a los orígenes del hombre.
Parece que a
la gente le cuesta más abrir un libro que nunca. No sólo lo dicen las ventas de
libros, que han bajado considerablemente, sino una cultura ambiente en la que
prima la idea de experiencia sobre el conocimiento.
No se
considera versado en Londres o la historia de Ana Frank a aquel que ha
leído a Dickens o el diario de Ana Frank, sino al que ha viajado a
la capital inglesa, aunque haya sido un fin de semana con un paquete turístico
de bajo coste, o el que ha entrado en la casa natal de la escritora en
Amsterdam. Ir, sentir no importa qué, gana la partida a estar y leer, al
supuesto intermediario que te cuenta la historia.
Es verdad que
una gran parte de los lectores de periódicos en papel se ha pasado a las
ediciones digitales, pero, lo dice el tiempo que pasa la gente en cada
artículo, se lee distinto, menos, raramente se llega hasta el final de los artículos.
También es
cierto que especialmente los jóvenes, pero no sólo, pasan mucho tiempo en los
medios sociales al fin y al cabo "leyendo", interpretando símbolos
escritos, pero la verdad es que cada vez más "se escribe como se
habla", leemos pero en realidad es como si estuvieramos escuchando una
jerga poco elaborada, hecha para el consumo y la destrucción instantánea, que
aunque podamos recuperar en realidad es una hipótesis que no nos interesa, como
las imágenes que circulan en Snapchat.
Estudiar los
libros de texto, leer interminables artículos académicos está cada vez más
desprestigiado en el mundo de la enseñanza convencional. Prima la idea de que
el aprendizaje es producto de la experiencia, de compartir con otros. El ratón
de biblioteca que deglute libros en solitario, si es que todavía existe, se
considera un fracasado, alguien que no ha entendido el signo de los tiempos. El
profesor que prescribe demasiadas lecturas que requieren demasiado tiempo no ha
entendido lo que es un mundo que se mueve a la velocidad de la luz. Leer pasa
por no ser un trámite ineludible para aprender, sino más bien al contrario.
Hemos pasado,
al menos en términos de lo que es el ideal normativo, de un extremo a otro del
péndulo, de las, al menos teóricamente soporíferas e inútiles lecciones
magistrales a la dictadura del trabajo en grupo, las discusiones y el refuerzo
positivo.
En España, por
un complejo histórico archiconocido, nos gusta abrazar las modas y las
vanguardias acríticamente. Eso incluye la pobreza de las bibliotecas de las
escuelas españolas (aunque se escuden en un hipotético acceso al libro
electrónico), incluso las de élite, que están despobladas de libros.
En los Estados
Unidos, que nunca ha tenido problema en negar las tradiciones pero también en
inventarlas si es necesario, las bibliotecas de los colegios están llenas de
libros, a los estudiantes se les invita a visitarlas durante el horario
lectivo, a llevarse libros prestados, a leer a Dashiel Hammett o a J. K.
Rowling aunque antes no hayan leído a Shakespeare.
Aquí hay que
haber leído ineludiblemente el Cantar del Mio Cid y La Celestina
antes de llegar a Lorenzo Silva o a Elvira Lindo.
Escuchad esta
trágica historia: una familia que duerme, un asesino sin compasión y una
criatura aventurera, un huérfano que escapa de la muerte. ¿O no?
El pequeño
escapa del peligro y consigue gatear hasta lo más alto de la colina. Detrás de
la valla que se encuentra, existe un lugar oscuro y tranquilo, un cementerio
lleno de una vida especial. El niño es recibido allí donde los muertos no
duermen y todos los que allí habitan deciden brindarle su protección, porque
fuera, tras la valla que separa a la ciudad de sus fantasmas, el asesino vil
espera pacientemente.
El niño sin
padres, sin lugar en el mundo, sin nombre, será acogido por los espíritus
amables, que hacen un pacto para protegerlo. Lo llamarán Nadie, porque no se
parece a nadie más que a sí mismo. Será Nad para sus “padres”, Nad para sus
compañeros de juegos, niños que nunca más crecerán, Nad para su mentor. Y Nadie
para el hombre que lo busca para matarlo.
En esta novela
de corte fantástico, Neil Gaiman nos deleita con su forma
de narrar entrañable y divertida, y, al hacerlo desde la perspectiva de un niño
acostumbrado a lo sobrenatural, nos acerca de una forma curiosa a todo lo que
rodea al cementerio y los muertos. La historia está repleta de guiños a otros
libros o comics: el nombre del protagonista, Nadie, nos evoca al Ulises
de Homero,
que tiene que pasar mil y una aventuras hasta que regresa a su hogar, pero
también al Little Nemo de Winsor McCay (recordemos que Nadie
en latín es Nemo, y, curiosamente, el personaje de esta tira cómica viste
siempre un camisón de dormir igual que nuestro protagonista). También al Libro
de las Tierras Vírgenes de Kipling, donde un niño es criado por
una sociedad extraña. Y el hecho de que
el niño se quede huérfano nada más comenzar y el asesino quiere volver sobre
él, nos recuerda al Harry Potter de J. K. Rowling.
Gaiman nos atrapa con la atmósfera que
crea para este cuento y envuelve todas las historias que encontramos en él. Cada
capítulo trata sobre una aventura del pequeño Nad, quien al principio tiene
ciertos poderes como los muertos, poderes que irán desapareciendo conforme Nad
crezca. Conoceremos a los Owens, la familia fantasma que lo adopta; Silas, su
tutor, que curiosamente no es un muerto; la señorita Lupescu, que tendrá que
sustituir algunas temporadas a Silas; Cayo Pompeyo, un romano; el escritor Victor
Hugo, que ahora es un ghoul; Thackeray Porringer, que fue enterrado con
un ejemplar de Robinson Crusoe, que Nad irá leyendo; Jack, el asesino, que
tiene oscuras razones para su crimen; Scarlet, la única amiga no muerta de Nad,
a quien conoce en la infancia y volverá a encontrarla en el futuro. Conforme
crece, Nad tendrá que conocer el mundo de los vivos e irse integrando en él
(por ejemplo, cuando asiste al colegio y se enfrenta a los matones), pero el
joven nunca acaba de sentirse parte completa de ninguno de los dos mundos y no
tarda en querer conocer más del lado de los vivos, a pesar del peligro que le
acecha constantemente fuera de la protección que le brinda el cementerio,
aunque sabe que tarde o temprano tendrá que enfrentarse a ese mundo al que en
realidad pertenece y todo lo que ello conlleva.
Aprovechando
que esta tarde vamos a ver el Harry Potter Tour Exhibition:
Se acercaba la Navidad. Una
mañana de mediados de diciembre Hogwarts se descubrió cubierto por dos metros
de nieve. El lago estaba sólidamente congelado y los gemelos Weasley fueron
castigados por hechizar varias bolas de nieve para que siguieran a Quirrell y
lo golpearan en la parte de atrás de su turbante. Las pocas lechuzas que habían
podido llegar a través del cielo tormentoso para dejar el correo tuvieron que
quedar al cuidado de Hagrid hasta recuperarse, antes de volar otra vez.
Todos estaban impacientes de que
empezaran las vacaciones. Mientras que la sala común de Gryffindor y el Gran
Comedor tenían las chimeneas encendidas, los pasillos, llenos de corrientes de
aire, se habían vuelto helados, y un viento cruel golpeaba las ventanas de las
aulas. Lo peor de todo eran las clases del profesor Snape, abajo en las
mazmorras, en donde la respiración subía como niebla y los hacía mantenerse lo
más cerca posible de sus calderos calientes (...)
El salón estaba espectacular.
Guirnaldas de muérdago y acebo colgaban de las paredes, y no menos de doce
árboles de Navidad estaban distribuidos por el lugar, algunos brillando con
pequeños carámbanos, otros con cientos de velas (...)
En la víspera de Navidad, Harry
se fue a la cama, deseoso de que llegara el día siguiente, pensando en toda la
diversión y comida que lo aguardaban, pero sin esperar ningún regalo. Cuando al
día siguiente se despertó temprano, lo primero que vio fue unos cuantos
paquetes a los pies de su cama.
—¡Feliz Navidad! —lo saludó
medio dormido Ron, mientras Harry saltaba de la cama y se ponía la bata.
—Para ti también —contestó
Harry—. ¡Mira esto! ¡Me han enviado regalos!
—¿Qué esperabas, nabos? —dijo
Ron, volviéndose hacia sus propios paquetes, que eran más numerosos que los de
Harry
Harry cogió el paquete que
estaba más arriba. Estaba envuelto en papel de embalar y tenía escrito: «Para
Harry de Hagrid». Contenía una flauta de madera, toscamente trabajada. Era
evidente que Hagrid la había hecho. Harry sopló y la flauta emitió un sonido
parecido al canto de la lechuza.
El segundo, muy pequeño,
contenía una nota.
«Recibimos tu mensaje y te
mandamos tu regalo de Navidad. De tío Vernon y tía Petunia.» Pegada a la nota
estaba una moneda de cincuenta peniques.
—Qué detalle —comentó Harry.
Ron estaba fascinado con los
cincuenta peniques.
—¡Qué raro! —dijo— ¡Qué forma!
¿Esto es dinero?
—Puedes quedarte con ella —dijo
Harry, riendo ante el placer de Ron—. Hagrid, mis tíos... ¿Quién me ha enviado
éste?
—Creo que sé de quién es ése
—dijo Ron, algo rojo y señalando un paquete deforme—. Mi madre. Le dije que
creías que nadie te regalaría nada y... oh, no —gruñó—, te ha hecho un jersey
Weasley.
Harry abrió el paquete y
encontró un jersey tejido a mano, grueso y color verde esmeralda, y una gran
caja de pastel de chocolate casero.
—Cada año nos teje un jersey
—dijo Ron, desenvolviendo su paquete— y el mío siempre es rojo oscuro.
—Es muy amable de parte de tu
madre —dijo Harry probando el pastel, que era delicioso.
El siguiente regalo también
tenía golosinas, una gran caja de ranas de chocolate, de parte de Hermione.
Le quedaba el último. Harry lo
cogió y notó que era muy ligero. Lo desenvolvió.
Algo fluido y de color gris
plateado se deslizó hacia el suelo y se quedó brillando. Ron bufó.
—Había oído hablar de esto —dijo
con voz ronca, dejando caer la caja de grageas de todos los sabores, regalo de
Hermione—. Si es lo que pienso, es algo verdaderamente raro y valioso.
—¿Qué es?
Harry cogió el género brillante
y plateado. El tocarlo producía una sensación extraña, como si fuera agua
convertida en tejido.
—Es una capa invisible —dijo
Ron, con una expresión de temor reverencial—. Estoy seguro... Pruébatela.
Harry se puso la capa sobre los
hombros y Ron lanzó un grito.
—¡Lo es! ¡Mira abajo!
Harry se miró los pies, pero ya
no estaban. Se dirigió al espejo. Efectivamente: su reflejo lo miraba, pero
sólo su cabeza suspendida en el aire, porque su cuerpo era totalmente
invisible. Se puso la capa sobre la cabeza y su imagen desapareció por
completo.
—¡Hay una nota! —dijo de pronto
Ron—. ¡Ha caído una nota!
Harry se quitó la capa y cogió
la nota. La caligrafía, fina y llena de curvas, era desconocida para él. Decía:
Tu padre dejó esto en mi poder
antes de morir. Ya es tiempo de que te sea devuelto. Utilízalo bien.
Harry bajó la
vista rápidamente, mientras la profesora McGonagall ponía en silencio un
taburete de cuatro patas frente a los de primer año. Encima del taburete puso
un sombrero puntiagudo de mago. El sombrero estaba remendado, raído y muy
sucio. Tía Petunia no lo habría admitido en su casa.
Tal vez tenían
que intentar sacar un conejo del sombrero, pensó Harry algo irreflexiblemente,
eso era lo típico de... Al darse cuenta de que todos los del comedor
contemplaban el sombrero, Harry también lo hizo. Durante unos pocos segundos,
se hizo un silencio completo. Entonces el sombrero se movió. Una rasgadura
cerca del borde se abrió, ancha como una boca, y el sombrero comenzó a cantar:
Con la extraña sensación de que
sus piernas eran de plomo, Harry se puso detrás de un chico de pelo claro, con
Ron tras él. Salieron de la habitación, volvieron a cruzar el vestíbulo,
pasaron por unas puertas dobles y entraron en el Gran Comedor.
Harry nunca habría imaginado un
lugar tan extraño y espléndido. Estaba iluminado por miles y miles de velas,
que flotaban en el aire sobre cuatro grandes mesas, donde los demás estudiantes
ya estaban sentados. En las mesas había platos, cubiertos y copas de oro. En
una tarima, en la cabecera del comedor, había otra gran mesa, donde se sentaban
los profesores. La profesora McGonagall condujo allí a los alumnos de primer
año y los hizo detener y formar una fila delante de los otros alumnos, con los
profesores a sus espaldas. Los cientos de rostros que los miraban parecían
pálidas linternas bajo la luz brillante de las velas. Situados entre los
estudiantes, los fantasmas tenían un neblinoso brillo plateado. Para evitar
todas las miradas, Harry levantó la vista y vio un techo de terciopelo negro,
salpicado de estrellas. Oyó susurrar a Hermione: «Es un hechizo para que
parezca como el cielo de fuera, lo leí en la historia de Hogwarts».
Era difícil creer que allí
hubiera techo y que el Gran Comedor no se abriera directamente a los cielos.
Esta
semana ha fallecido el actor británico John Hurt.
Muchos
de los personajes que ha encarnado o prestado su voz pertenecen a libros: el
vendedor de varitas mágicas Ollivander, en Harry Potter de J. K. Rowling; el sádico
Calígula, en Yo, Claudio, de Robert Graves; Control, el jefe del
MI6, en El Topo de John Le Carre; el matemático Arthur Seldom, de Los Crímenes de Oxford de Guillermo Martínez; el doctor Iannis
de La
Mandolina del Capitán Corelli de Louis de Bernieres; Winston Smith,
en 1984
de George
Orwell; o aporta su voz como narrador en El Perfume, de Patrick
Süskind, o Aragorn en la versión de dibujos animados de El
Señor de los Anillos de Tolkien. Y puestos a ser frikis ha
sido el dictador de Gran Bretaña en V de Vendetta, o El Hombre Elefante; ha
trabajado en Indiana Jones, Contact, Alien, o ha encarnado al doctor Who
Pero
uno siempre lo recordará imbuido en una bata y sentado en un sillón junto a una
chimenea encendida en un antiguo castillo, siempre acompañado por su perro
parlante (algo cínico a veces), introduciéndonos a legendarios cuentos europeos:
Juan Sin Miedo, Cenicienta, Hans el niño erizo, etc…
Él
era el Cuentacuentos, en la serie de televisión creada por Jim Henson en 1987,
donde se combinaba la actuación de actores reales con marionetas y se recogían
historias propias del folclore y de la
tradición de los cuentos de hadas.
Hagrid, mientras
tanto, contaba ladrillos en la pared, encima del cubo de basura.
—Tres
arriba... dos horizontales... —murmuraba—. Correcto. Un paso atrás, Harry
Dio tres
golpes a la pared, con la punta de su paraguas.
El ladrillo
que había tocado se estremeció, se retorció y en el medio apareció un pequeño
agujero, que se hizo cada vez más ancho. Un segundo más tarde estaban
contemplando un pasaje abovedado lo bastante grande hasta para Hagrid, un paso
que llevaba a una calle con adoquines, que serpenteaba hasta quedar fuera de la
vista.
—Bienvenido
—dijo Hagrid— al callejón Diagon.
Sonrió ante el
asombro de Harry Entraron en el pasaje. Harry miró rápidamente por encima de su
hombro y vio que la pared volvía a cerrarse. El sol brillaba iluminando
numerosos calderos, en la puerta de la tienda más cercana. «Calderos - Todos
los Tamaños - Latón, Cobre, Peltre, Plata - Automáticos - Plegables», decía un
rótulo que colgaba sobre ellos.
—Sí, vas a
necesitar uno —dijo Hagrid— pero mejor que vayamos primero a conseguir el
dinero.
Harry deseó
tener ocho ojos más. Movía la cabeza en todas direcciones mientras iban calle
arriba, tratando de mirar todo al mismo tiempo: las tiendas, las cosas que
estaban fuera y la gente haciendo compras. Una mujer regordeta negaba con la
cabeza en la puerta de una droguería cuando ellos pasaron, diciendo: «Hígado de
dragón a diecisiete sickles la onza, están locos...».
Un suave
ulular llegaba de una tienda oscura que tenía un rótulo que decía: «El emporio
de las lechuzas. Color pardo, castaño, gris y blanco». Varios chicos de la edad
de Harry pegaban la nariz contra un escaparate lleno de escobas. «Mirad —oyó
Harry que decía uno—, la nueva Nimbus 2.000, la más veloz.» Algunas tiendas
vendían ropa; otras, telescopios y extraños instrumentos de plata que Harry
nunca había visto. Escaparates repletos de bazos de murciélagos y ojos de
anguilas, tambaleantes montones de libros de encantamientos, plumas y rollos de
pergamino, frascos con pociones, globos con mapas de la luna...
Me sentí profundamente honrado
cuando Newt Scamander me pidió que escribiera el prólogo para esta edición tan
especial de Animales Fantásticos y dónde Encontrarlos. La obra maestra de Newt
fue aprobada como libro de texto para el Colegio Howgarts de Magia y Hechicería
desde que se publicó por primera vez, y tiene gran parte del mérito de las
buenas calificaciones que nuestros estudiantes obtienen en la asignatura
Cuidado de Criaturas Mágicas, aunque no es un libro relegado a un uso meramente
académico. Ningún hogar de magos está completo sin un ejemplar de Animales
Fantásticos… bien manoseado por las generaciones que lo hojearon
intentando dar con la mejor manera de extirpar del césped una plaga de
horklumps, interpretar los gritos luctuosos del augurey o quitarle a la mascota
puffskein la costumbre de beber en el inodoro.
Sin embargo, esta edición tiene un
propósito más elevado que la instrucción de la comunidad mágica. Por primera
vez en la historia de la noble casa editorial Obscurus, uno de sus títulos
estará al alcance de los muggles(…).
Tienes en tus manos un duplicado
del ejemplar de Harry Potter de Animales Fantásticos… que hasta
incluye las informativas notas al margen que escribieron él y sus amigos.
Aunque Harry no estaba muy dispuesto a que su libro se reimprimiera en su forma
actual, nuestros amigos de Comic Relief consideraron que esos pequeños añadidos
ampliaban el entretenido tono del libro. El señor Newt Scamander, resignado
hace tiempo a que su obra maestra fuera garabateada sin cuartel, lo aceptó.
Sólo me resta advertir a cualquiera
que haya leído este libro sin comprarlo que tiene la maldición de los ladrones.
También quiero aprovechar esta oportunidad para asegurar a los muggles que las asombrosas
criaturas que se describen a continuación son imaginarias y no pueden hacerles daño.
A los magos, simplemente les digo: Draco
dormiens nunquam titillandus.
Albus Dumbledore
J.K. Rowling, Animales Fantásticos y dónde
Encontrarlos
Una estación abarrotada .y bulliciosa, llena
de gente intentando llegar u su destino. Entre el alboroto, dos grandes jaulas
traquetean sobre sendos carritos cargados hasta arriba y empujados por dos
muchachos: James Potter y Albus Potter, seguidos por Ginny, su madre. Un hombre
de treinta y siete años, Harry, lleva a su hija Lily sobre los hombros.
ALBUS.-- ¡Papa!. ¡No para de
repetirlo!
HARRY.-- James, dejalo correr.
JAMES.-- Solo he dicho que podría
tocarle Slytherin. Y la verdad es que... (eludiendo la mirada enfadada de su
padre) vale.
ALBUS,-- (levantando la mirada
hacia su madre) Me escribiréis, ¿no?
GINNY.-- Todos los dial. si
quieres.
ALBUS.-- No. Todos los dias no.
Dice James que lo normal es que tus padres te escriban una vez al mes. No
quiero que...
HARRY.-- El año pasado
escribíamos a tu hermano tres veces por semana.
ALBUS.-- ¿Que? ¡James!
Albus lanza una mirada acusadora a James.
GINNY.-- Si. Creo que no te
conviene creer todo lo que te cuente sobre Hogwarts. Tu hermano es muy
bromista.
JAMES.-- (sonriendo) ¿Podemos
irnos ya, por favor?
Albus mira a su padre y luego a su madre.
GINNY.-- Lo único que tienes que
hacer es andar recto hacia la pared que hay entre los andenes nueve y diez.
LILY.-- ¡Qué emoción!
HARRY.-- No te detengas y no te
asustes, si lo hace, chocaras. esto es muy importante. Si tienes miedo, la
mejor es hacerlo deprisa.
ALBUS.-- Estoy listo.
Harry, y Lily se agarran al carrito de Albus.
Ginny se agarra al de James. Toda la familia avanza con decisión hacia la
pared.
J. K. Rowling y Jack Thorne,
Harry Potter y el Legado Maldito
para aprender la sutil ciencia y el arte exacto de hacer pociones
—comenzó. Hablaba casi en un susurro, pero se le entendía todo. Como la profesora
McGonagall, Snape tenía el don de mantener a la clase en silencio, sin ningún esfuerzo—.
Aquí habrá muy poco de estúpidos movimientos de varita y muchos de vosotros
dudaréis que esto sea magia. No espero que lleguéis a entender la belleza de un
caldero hirviendo suavemente, con sus vapores relucientes, el delicado poder de
los líquidos que se deslizan a través de las venas humanas, hechizando la
mente, engañando los sentidos... Puedo enseñaros cómo embotellar la fama,
preparar la gloria, hasta detener la muerte... si sois algo más que los
alcornoques a los que habitualmente tengo que enseñar.
Hoy en el
Palace Theatre de Londres se estrena oficialmente la última entrega de J.K.
Rowling sobre Harry Potter (hay que
aclarar que el guion es una idea original de Jack Thorne), aunque el 7 de junio
comenzaron las sesiones de preestreno y para la crítica especializada, que ha
alabado la obra.
Leslie
Felperin escribió: "Sorprendentemente el medio del teatro se ajusta mejor
al material que una película, ya que en un teatro realmente se siente eso: la
magia. Nadie se asombra hoy que un cineasta haga que un niño vuele en una
escoba, o que un personaje se transforme en otro en pantalla, pues siempre se
tratará de efectos especiales. Sin embargo, cuando esta producción utiliza un
sencillo truco de iluminación para sugerir una ondulación en el tejido del
tiempo, o hace desaparecer a alguien en una cabina telefónica, estos antiguos
recursos teatrales producen asombro y aplausos del público".
Matt Trueman
comenta: "Rowling ha encontrado una clara forma de volver a su origen, lo
que permite tanto la novedad como la nostalgia".
El libro se
presenta mañana en cierta librería portuguesa, de momento sólo en inglés, y
habrá que esperar a octubre hasta que la editorial Salamandra lo publique en
castellano.
J.K. Rowling,
llegó a pedir por videomensaje a sus seguidores que no revelaran nada que
pudiera arruinar el disfrute del público. Pero estaba claro que algunos
detalles saldrían a la luz, por los prestrenos.
¿Qué sabemos por ahora?
La obra tiene una duración de 5 horas, y está dividida en dos partes. Trucos sencillos que simulan magia exitosamente, búhos falsos, un supuesto tren en movimiento y una difícil relación entre Harry Potter y su hijo Albus son algunos de los detalles de la obra que se han revelado hasta al momento.
Sobre la trama:
Harry Potter es un funcionario saturado del Ministerio de Magia, casado con Ginny, la hermana de su amigo Ron. El hijo de ambos, Albus Severus, va por libre y ya desde su primer día en Hogwarts se hace amigo de Scorpius Malfoy, hijo de Draco.
Hermione y Ron, los mejores amigos de Harry, acabaron casándose y Hermione se convierte en ministra de Magia. Y aquí han comenzado los debates y ataques en la red sobre el color de la piel de ésta, pues le da vida la actriz negra Noma Dumezweni; lo malo es tras ver a Emma Watson en ocho películas, no resulta muy creíble una actriz de color.
A los dos jóvenes, se les une Delphi, sobrina del viejo Amos Diggory, todavía dolido por la muerte de su hijo Cedric en el torneo de los tres magos, quien desea cambiar la historia.
Llegaron a King Cross a las diez
y media. Tío Vernon cargó el baúl de Harry en un carrito y lo llevó por la
estación. Harry pensó que era una rara amabilidad, hasta que tío Vernon se
detuvo, mirando los andenes con una sonrisa perversa.
—Bueno, aquí estás, muchacho.
Andén nueve, andén diez... Tú andén debería estar en el medio, pero parece que
aún no lo han construido, ¿no?
Tenía razón, por supuesto. Había
un gran número nueve, de plástico, sobre un andén, un número diez sobre el otro
y, en el medio, nada.
—Que tengas un buen curso —dijo tío
Vernon con una sonrisa aún más torva. Se marchó sin decir una palabra más.
Harry se volvió y vio que los Dursley se alejaban. Los tres se reían. Harry
sintió la boca seca. ¿Qué haría? Estaba llamando la atención, a causa de
Hedwig. Tendría que preguntarle a alguien.
Hagrid debió de olvidar decirle
algo que tenía que hacer, como dar un golpe al tercer ladrillo de la izquierda
para entrar en el callejón Diagon. Se preguntó si debería sacar su varita y
comenzar a golpear la taquilla, entre los andenes nueve y diez.
En aquel momento, un grupo de
gente pasó por su lado y captó unas pocas palabras.
—... lleno de muggles, por
supuesto...
Harry se volvió para verlos. La
que hablaba era una mujer regordeta, que se dirigía a cuatro muchachos, todos
con pelo de llameante color rojo. Cada uno empujaba un baúl, como Harry, y
llevaban una lechuza.
Con el corazón palpitante, Harry
empujó el carrito detrás de ellos. Se detuvieron y los imitó, parándose lo
bastante cerca para escuchar lo que decían.
—Y ahora, ¿cuál es el número del
andén? —dijo la madre.
—¡Nueve y tres cuartos! —dijo la
voz aguda de una niña, también pelirroja, que iba de la mano de la madre—.
Mamá, ¿no puedo ir...?
—No tienes edad suficiente,
Ginny Ahora estáte quieta. Muy bien, Percy, tú primero.
El que parecía el mayor de los
chicos se dirigió hacia los andenes nueve y diez. Harry observaba, procurando
no parpadear para no perderse nada. Pero justo cuando el muchacho llegó a la
división de los dos andenes, una larga caravana de turistas pasó frente a él y,
cuando se alejaron, el muchacho había desaparecido.
—Fred, eres el siguiente —dijo
la mujer regordeta.
—No soy Fred, soy George —dijo
el muchacho—. ¿De veras, mujer, puedes llamarte nuestra madre? ¿No te das
cuenta de que yo soy George?
—Lo siento, George, cariño.
—Estaba bromeando, soy Fred
—dijo el muchacho, y se alejó. Debió pasar, porque un segundo más tarde ya no
estaba. Pero ¿cómo lo había hecho? Su hermano gemelo fue tras él: el tercer
hermano iba rápidamente hacia la taquilla (estaba casi allí) y luego,
súbitamente, no estaba en ninguna parte.
No había nadie más.
—Discúlpeme —dijo Harry a la
mujer regordeta.
—Hola, querido —dijo—. Primer
año en Hogwarts, ¿no? Ron también es nuevo.
Señaló al último y menor de sus
hijos varones. Era alto, flacucho y pecoso, con manos y pies grandes y una
larga nariz.
—Sí —dijo Harry—. Lo que pasa es
que... es que no se cómo...
—¿Cómo entrar en el andén?
—preguntó bondadosamente, y Harry asintió con la cabeza.
—No te preocupes —dijo—. Lo
único que tienes que hacer es andar recto hacia la barrera que está entre los
dos andenes. No te detengas y no tengas miedo de chocar, eso es muy importante.
Lo mejor es ir deprisa, si estás nervioso. Ve ahora, ve antes que Ron.
—Hum... De acuerdo —dijo Harry.
Empujó su carrito y se dirigió
hacia la barrera. Parecía muy sólida.
Comenzó a andar. La gente que
andaba a su alrededor iba al andén nueve o al diez. Fue más rápido. Iba a
chocar contra la taquilla y tendría problemas. Se inclinó sobre el carrito y
comenzó a correr (la barrera se acercaba cada vez más). Ya no podía detenerse
(el carrito estaba fuera de control), ya estaba allí... Cerró los ojos,
preparado para el choque..
Pero no llegó. Siguió rodando.
Abrió los ojos.
Una locomotora de vapor, de
color escarlata, esperaba en el andén lleno de gente. Un rótulo decía: «Expreso
de Hogwarts, 11 h». Harry miró hacia atrás y vio una arcada de hierro donde
debía estar la taquilla, con las palabras «Andén Nueve y Tres Cuartos».
—¡Otro año se
va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un
viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos
tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando
llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes
de que comience el próximo año...
Aunque pocas cosas hay más frikis que recibir la siguiente carta:
Harry extendió la mano para
coger, finalmente, el sobre amarillento, dirigido, con tinta verde esmeralda al
«Señor H. Potter, El Suelo de la Cabaña en la Roca, El Mar». Sacó la carta y
leyó:
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,
Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos).
Querido señor Potter:
Tenemos el placer de informarle
de que dispone de una plaza en el Colegio Hogwarts de Magia. Por favor, observe
la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1 de
septiembre. Esperamos su lechuza antes del 31 de julio.
Muy cordialmente, Minerva
McGonagall
Directora adjunta
Las preguntas estallaban en la
cabeza de Harry como fuegos artificiales, y no sabía cuál era la primera.
Confesad,
muggles, ¿quién de vosotros no ha cantado o tarareado nunca el “Double,
double, toil and trouble; // Fire burn and cauldron bubble”?
Lo
sabía, todos vosotros, incluso ese que se esconde diciendo que no ha leído las novelas
de J K Rowling, pero ¿a qué te has tragado todas las películas?
Es
la canción que suena en El Prisionero de Azkabán para dar la bienvenida a los
nuevos alumnos. Fue una idea que trabajaron el director Alfonso Cuarón y el
compositor John Williams.
Double, double, toil
and trouble;
Fire burn and
cauldron bubble.
Double, double, toil
and trouble;
Something wicked this
way comes!
En
el siguiente vídeo podréis escucharla y ver la letra completa, y a continuación
os dejo la traducción al castellano. Luego iremos con la curiosidad de esta
noticia.
Redoblemos el trabajo y el afán,
Y arderá el fuego y hervirá el
caldero.
Redoblemos el trabajo y el afán,
Algo malo viene en camino.
Ojo de tritón y dedo del pie de
rana,
Piel de murciélago y lengua de
perro,
Colmillo de víbora y aguijón de
un gusano ciego,
Pierna de lagartija y ala de
mochuelo.
Redoblemos el trabajo y el afán….
En el caldero hierve y cuece
El filete de una serpiente,
Escama de dragon, diente de lobo,
Momia de brujas, buche y golfo
Redoblemos el trabajo y el afán……
Vale,
pregunta, ¿Cuántos de vosotros sabéis que “Double, double, toil and trouble; //
Fire burn and cauldron bubble” lo escribió hace 400 años William Shakespeare? Pertenece
a su tragedia Macbeth, es la primera escena del acto IV, cuando las brujas
elaboran un conjuro. Os dejo con el texto original en inglés y su traducción.
First Witch: Thrice the
brinded cat hath mew'd.
Second Witch: Thrice, and
once the hedge-pig whined.