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lunes, 15 de noviembre de 2021

INSTRUCCIONES

 


Toca la valla de madera que ves en la pared

y que nunca antes habías visto

Di «por favor» antes de abrir la puerta,

entra,

baja por el sendero.

La puerta principal está pintada de verde,

y tiene una aldaba,

un diablillo de bronce rojo;

no lo toques, te morderá los dedos.

Date una vuelta por la casa.

No cojas nada. No comas nada.

No obstante,

si una criatura te dice que tiene hambre,

dale de comer.

Si te dice que está sucia,

lávala.

Si se queja de dolor,

y siempre que puedas,

alivia su sufrimiento.

Desde el jardín trasero podrás divisar el bosque.

Pasarás junto a un pozo muy hondo que lleva a los dominios del Invierno:

lo que hay allá en el fondo es otro país distinto.

Si al llegar a este punto das media vuelta,

podrás regresar sin correr ningún peligro;

no te supondría el menor desdoro.

No voy a pensar mal de ti.

Cuando llegues al final del jardín te encontrarás en el bosque.

Es un bosque centenario.

Oculto en la maleza, alguien te vigila.

Una viejecita está sentada bajo un árbol sarmentoso.

Puede que te pida algo;

dáselo.

ella te señalará el camino que lleva hasta el castillo.

En su interior hay tres princesas.

No te fíes de la más joven.

Sigue caminando.

En el claro que hay más allá del castillo verás

a los doce meses del año sentados alrededor del fuego,

calentando sus pies mientras intercambian cuentos.

Pueden hacerte algún que otro favor, si les tratas con cortesía.

Quizá puedas coger fresas en la escarcha de Diciembre.

Confía en los lobos,

pero no les digas a dónde vas.

Para cruzar el río toma el ferry.

El patrón te llevará.

(La respuesta a su pregunta es ésta:

Si le pasa el remo a su pasajero,

Él quedará libre y podrá abandonar el barco.

Pero asegúrate de estar a una distancia prudente cuando se lo digas.)

Si un águila te regala una pluma,

guárdala bien.

Recuerda:

los gigantes tienen el sueño muy pesado;

la codicia es la perdición de las brujas;

los dragones tienen un punto débil,

no sabría decir cuál, pero todos lo tienen;

los corazones pueden estar muy bien escondidos,

y tu lengua podría delatarlos.

No envidies a tu hermana:

soltar rosas y diamantes por la boca

no es menos molesto que soltar sapos y culebras:

los diamantes son fríos y duros, y además cortan.

Recuerda tu nombre.

No pierdas la esperanza: encontrarás lo que buscas.

Confía en los fantasmas.

Confía en aquellos a quienes has ayudado,

porque te ayudarán a su vez.

Ten fe en los sueños.

Ten fe en tu corazón, y también en tu historia.

Cuando regreses, vuelve por donde viniste.

Todo favor será correspondido, toda deuda será liquidada.

Cuida siempre tus modales.

No mires atrás.



Cabalga sobre el águila sabia (no te caerás)

Cabalga sobre el pez de plata (no te ahogarás)

Cabalga sobre el lobo gris (agárrate bien a su pelo).

Hay una lombriz en el corazón de la torre;

por esa razón acabará desplomándose.

Cuando llegues a la casita

Donde comenzó tu viaje,

la reconocerás de inmediato,

pero se te antojará mucho más pequeña que al principio.

Sube por el sendero,

cruza la puerta que da al jardín

y que nunca habías visto antes de iniciar el viaje.

Ahora ya puedes volver a tu hogar.

O fundar uno nuevo.

O descansar.

Neil Gaiman

 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

HE TRATADO DE ESCRIBIR LAS HISTORIAS COMPLETAS

 


He tratado de escribir las historias completas

pero me ha dado miedo.

Ya sé que no tengo los permisos

y que estoy faltando a las promesas como siempre.

Como si un solo verbo pudiera revivir los momentos.

Pero tengo deudas que pagar con mi memoria y la tuya.

Sé además que tú no podrías escribirlas jamás.

Lamento si te las robo en alguna medida,

pero al hacerme participe también me las regalaste.

Ya sabes que soy una cuenta historias.

También tengo que recordarte

que la ficción a veces no supera la realidad.

Te insto a que no tengamos más miedo.

Que no parezcamos, que seamos.

Aunque seamos víctimas o victimarios,

aunque robemos donde ya no queda nada.

Te puedo decir, si te sirve de consuelo,

que he llorado en todas las plazas

de las ciudades donde he estado,

y ya sabes que son muchas.

Pero que también he amado con fuerza

y me he reído con ganas, de nosotras mismas.

Esta historia es tuya, como tantas otras

Irene Bostelmann, El Camino más Largo

jueves, 30 de septiembre de 2021

POSIBLE AUTORRETRATO

 


Yo siempre quise ser una mujer de bien,

ser alguien de provecho, valiente, emprendedora,

mesurada en las fobias, estable en los afectos,

brillante en los estudios, por poner un ejemplo.

 

Yo siempre quise ser una mujer de bien

y tenerlos a todos felices y contentos,

a mis padres y amigos, a Fulano y a Mengano,

a Diestro y a Siniestro…

 

Pero hay alguien en mí que todo lo estropea,

que tuerce los caminos, equivoca las cosas,

desbarata mis planes, incumple mis promesas.

Alguien que pisa antes que yo sobre mis huellas.

 

En fin, visto lo visto, ya lo dicen mis padres:

a este paso, hija mía, no llegarás a nada.

Está bien, os lo debo, lo siento, lo confieso:

aludiendo a un anuncio, no soy como Farala.

 

Soñadora, insegura, mitómana, algo vaga,

con vocación de hormiga y verano de cigarra,

contradictoria y harta de conciliar extremos

en mi defensa alego

 

que siempre quise ser una mujer de bien

pero que en su defecto

soy, en el buen sentido de la palabra, mala.

Silvia Ugidos

miércoles, 22 de septiembre de 2021

ODA AL OTOÑO

 


 

Estación de las nieblas y fecundas sazones,

colaboradora íntima de un sol que ya madura,

conspirando con él cómo llenar de fruto

y bendecir las viñas que corren por las bardas,

encorvar con manzanas los árboles del huerto

y colmar todo fruto de madurez profunda;

la calabaza hinchas y engordas avellanas

con un dulce interior; haces brotar tardías

y numerosas flores hasta que las abejas

los días calurosos creen interminables

pues rebosa el estío de sus celdas viscosas.

 

¿Quién no te ha visto en medio de tus bienes?

Quienquiera que te busque ha de encontrarte

sentada con descuido en un granero

aventado el cabello dulcemente,

o en surco no segado sumida en hondo sueño

aspirando amapolas, mientras tu hoz respeta

la próxima gavilla de entrelazadas flores;

o te mantienes firme como una espigadora

cargada la cabeza al cruzar un arroyo,

o al lado de un lagar con paciente mirada

ves rezumar la última sidra hora tras hora.

 

¿En dónde con sus cantos está la primavera?

No pienses más en ellos sino en tu propia música.

Cuando el día entre nubes desmaya floreciendo

y tiñe los rastrojos de un matiz rosado,

cual lastimero coro los mosquitos se quejan

en los sauces del río, alzados, descendiendo

conforme el leve viento se reaviva o muere;

y los corderos balan allá por las colinas,

los grillos en el seto cantan, y el petirrojo

con dulce voz de tiple silba en alguna huerta

y trinan por los cielos bandos de golondrinas.

John Keats

martes, 21 de septiembre de 2021

BEATRIZ GIMÉNEZ DE ORY, PREMIO NACIONAL DE LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL 2021 POR SU OBRA UN HILO ME LIGA A VOS. MITOS Y POEMAS

 

El jurado del galardón ha destacado que el libro es “una obra singular en la que se combina la actualización de una acertada selección de mitos clásicos con poemas sobre los mismos temas refrendando la validez universal de los mitos. El libro muestra la posibilidad de que los protagonistas sigan ofreciendo en la actualidad una imagen en la que reconocerse o en la que percibir el reflejo de quien se conoce”. También comenta que “resuena la tradición de la lírica clásica en la métrica y recursos retóricos de los poemas, de gran belleza. Estos crean un contrapunto con la narración por el que los jóvenes lectores serán capaces de reconocer a su vez en otras voces, o en otras artes, las referencias a los mitos que constituyen uno de los pilares de la cultura occidental. Este libro en el que se entreveran lírica y narración es una propuesta de alto vuelo y altísima calidad literaria”.

                Beatriz Giménez de Ory parte de la idea de que los dioses siguen existiendo, que los ve todos los días en su vida cotidiana, en los alumnos de su instituto, por ejemplo: «Es verdad que están llenos de defectos (pueden ser más coléricos que el propio Zeus, más celosos que Hera, brutotes como Polifemo, un verdadero incordio como Eros, vengativos como Némesis, indiscretos como Pandora o siniestros como Hades), pero también poseen la inteligencia de Atenea, la rapidez de Mercurio, la osadía de Prometeo».


Los hilos a menudo son tan leves

que viajan por el aire inadvertidos.

Son las briznas de hierba, los caminos,

las cuerdas de un laúd, la vida breve,

las hormigas que marchan como deben,

los versos alineados en un libro,

tus venas, tus cabellos... todos hilos.

También la lluvia que la tierra bebe.

No sueltes esta hebra que te tiendo

y a mí gentes más viejas me dejaron.

Eres porque otros fueron en el tiempo.

Que este hilo es la voz de antiguos cantos.

Si nadie los recuerda, van muriendo.

Un presente te doy: nuestro pasado.

                Cada mito se abre con un poema, sencillo, con unos esquemas métricos que pertenecen a nuestra tradición literaria, que nos introduce en la historia, contada de una forma amena y que nos hace ver que esos dioses, héroes, ninfas no son tan diferentes a nosotros. A lo largo del libro nos encontramos con Midas, Orfeo y Eurídice (¡Ah, el amor!), Ariadna y Teseo, Aracne, Eco y Narciso, Ícaro, Pandora… que en sus historias esconden virtudes y defectos que podemos reconocer: la avaricia, el amor obsesivo que conduce al acoso, la curiosidad…

Luego tenemos las desenfadad ilustraciones de Paloma Corral, que adapta la esencia de los relatos al mundo moderno con sus anacronismos, así vemos a Teseo recorriendo el laberinto con una bicicleta:



– Tomad esta arma sin filo-

– ¡Un hilo!

– Porque todo cuanto os diga…

– Me liga.

– Y me jurasteis amor.

– ¡A vos!

– Pues venceremos los dos.

Sostened este ovillejo:

sabed que, aunque estemos lejos,

un hilo me liga a vos.



miércoles, 15 de septiembre de 2021

IN MEMORIAM: ANTONIO MARTÍNEZ SARRIÓN (1939 - 2021)

 


LA CHICA QUE CONOCÍ EN UNA BODA

fue la prima que entonces se casó

luego hubo baile

piano y batería mucho vino

yo diría que gentes más bien pobres

con los trajes de muerto de las fiestas

nevaba muchos viejos

que echaban la colilla en un barreño

y sacudían la mota

mucha música

la pizpireta que se está

bajando las bragas

se pone de puntillas

mira la galería

con aquellos ojazos virgen santa

y aquel reír el vino

estuvo luego haciendo lo restante

hasta que ya no pude contenerme y se lo dije

no a ella

a mis amigos

y estuve enamorado como un mes

 

 EXCELENTES TIEMPOS PARA LA LÍRICA

¡Qué delicia escarbar en la pelambre

hasta dar con el cuero cabelludo

y allí cientos de liendres eruditas

ahítas de la sangre eminentísima

de tal o tal talento alejandrino!

Felices con sus propias deyecciones

plasman en un papel los grumos últimos.

Como un rayo lo imprimen en itálicas,

y tras uso de zafa y toalla sucia,

y una vez ajustados busto y medias,

instalan su real cuerpo en Boulevard Cavafís

y les ingresa en cuenta el señor March.

 

 CARPE DIEM

Qué dispendioso pulular de nombres,

de ateridas esperas mientras la madrugada

difuminaba taxis en una sucia niebla.

Qué lástima de tiempo barajando

naipes ya de textura ala de mosca

cuando el sol meridiano, más de un punto granado,

no sabe de demoras, admite alistamientos

sin requisito alguno,

por ahogado de sombra que llegue el aspirante,

para entregar a cambio manos como paneles,

ríos de campanillas, zureos de palomas,

terco mundo presente,

que fulgura y se esfuma tan tranquilo,

negándose de plano -y con cuánto derecho-

al deshonesto oficio de pañuelo de lágrimas.

 

MINUTOS

Consérvanse, hasta ahora, las raíces capilares,

la molestia periódica en la boca

que requiere de frontes muy seguidos.

La loca de la casa revolotea en cenizas,

el moscardón aguarda

inútilmente el mes de abril, la sangre

se licúa como en Nápoles,

adelgaza la mugre en la rafia, en el brillo.

El resplandor del mundo cada vez menos claro.

La llama, un día viva,

gotea regularmente por sucios y borrosos baldosines.

Agorera, la luz,

parpadea, tuerce el gesto, me rindo:

roja, ahora negra, roja.

Abre la nicotina muescas en el diencéfalo.

Los libros me prometen no bostezar ya más.

A vueltas con la cuerda, con el musgo

que la lluvia ha logrado en el alféizar.

Ruego al cielo que pare el artefacto

o que rompa en las rosas más azules.

 

DUCHESSE DE NORMANDIE

Con lunares postizos como las Silenciosas

paseas por la vulgar barriada de los ricos

vibrando en los incendios del color amarillo

fichando marquesinas y criados

para la fiesta tentacular del fuego.

A pie firme resistes el verano. Mientes

en danés. Acabas la noche ¡oh loca de ojos húmedos!

en imposibles barras de bares periféricos

pidiendo con voz ronca una copa no más la última copa

de espesa menta y una mirada amable

que borre tanta llaga, tanta

bajada a los infiernos, deseados lo sabes,

desde los días dorados de Palm Beach.

 

EL CINE DE LOS SÁBADOS

maravillas del cine galerías

de luz parpadeante entre silbidos

niños con su mamá que iban abajo

entre panteras un indio se esfuerza

por alcanzar los frutos más dorados

ivonne de carlo baila en scherezade

no sé si danza musulmana o tango

amor de mis quince años marilyn

ríos de la memoria tan margos

luego la cena desabrida y fría

y los ojos ardiendo como faros


viernes, 27 de agosto de 2021

BRISA MARINA

 

 

¡La carne es triste! Y leí todos los libros.

¡Huir! Huir allá. Siento a los pájaros ebrios

De vagar entre espuma ignota y cielos. Nada,

ni los antiguos jardines reflejados por los ojos,

retendrá a este corazón fraguado en mar.

¡Oh noches!, ni la claridad desierta de mi lámpara

sobre el papel vacío que la blancura defiende,

ni la joven que amamanta a su hijo.

¡Yo partiré! Vapor que balanceas tu arboladura,

¡Leva el ancla hacia tierras exóticas!

 

Mi hastío, desolado por esperanzas crueles,

todavía cree en el supremo adiós de los pañuelos.

Y puede ser que los mástiles, que invitan a la tormenta,

sean de los que un viento sobre el naufragio

inclina, perdidos, sin mástiles, sin mástiles ni fértiles islotes…

Pero oye, corazón: ¡el canto de los marineros!

Stéphane Mallarmé

jueves, 24 de junio de 2021

INVENTANDO A ALADINO

 


Como todas las noches, acostados en la cama,

con su hermana sentada a sus pies,

termina de contar el cuento,

y espera.

Rápidamente,

su hermana le sigue el juego y dice:

«No puedo dormir. ¿Nos cuentas otro?».

Sherezade, nerviosa,

toma aliento y empieza:

«En el lejano Pekín

hubo una vez un joven gandul que vivía con su madre.

¿Su nombre? Aladino. Su padre había muerto...».

Y sigue hablándoles del taimado mago que se presenta en su casa,

aduciendo ser su tío, con un plan:

lleva al joven hasta un lugar solitario,

le entrega un anillo mágico para que le proteja de cualquier peligro,

bajan hasta una caverna repleta de piedras preciosas.

«¡Ve y tráeme la lámpara!», y Aladino obedece,

y el mago le deja abandonado, sepultado en la caverna...

Ya pasó.

Aladino está atrapado bajo tierra,

Sherezade se detiene, ha conseguido enganchar a su marido,

otra noche más

Al día siguiente

hace la comida

da de comer a los niños

sueña...

sabiendo que Aladino está atrapado,

y que con su cuento

sólo ha comprado un día más.

Y ahora ¿qué?

Ojalá lo supiera.

Tan sólo un poco antes del anochecer,

cuando el rey, fiel a su costumbre, le dice:

«Al amanecer, ordenaré que te maten»,

y Dunyazad, su hermana, implora:

«Pero, señor, ¿qué hay de Aladino?»;

sólo entonces, Sherezade sabe...

Y en la caverna, mientras admira las joyas,

Aladino frota su lámpara. Aparece el Genio.

La historia da un vuelco. Aladino consigue

Y a su princesa y un palacio hecho de perlas.

Pero, cuidado, el pérfido mago vuelve a entrar en escena:

«Cambio lámparas viejas por nuevas», pregona por las calles.

Y justo cuando Aladino pierde todo cuanto posee,

Sherezade se detiene.

El rey le concederá una noche más.

Su marido y su hermana se han quedado dormidos.

Sherezade sigue despierta, con la vista clavada en el techo,

urdiendo y tanteando nuevos avatares;

discurriendo el modo de devolver su mundo a Aladino,

su palacio, su princesa, todo su haber.

Y al rato se duerme. Su cuento necesita un desenlace,

Y pero ahora los sueños se han adueñado de su mente.

Sherezade despierta,

Da de comer a los niños

Se cepilla el cabello

Baja al mercado

Va a comprar aceite

El mercader llena su vasija

vertiendo el aceite

de una enorme tinaja.

Sherezade piensa:

¿Y si hubiera un hombre escondido en una tinaja?

Después compra unas onzas de sésamo.

Su hermana le dice: «No te ha matado aún».

«Aún no. —Y piensa—: pero lo hará.»

Ya en la cama les habla del anillo mágico.

Aladino lo frota, y aparece el efrit del anillo...

El mago muere, Aladino se salva, y Sherezade se detiene.

Pero si el cuento se acaba, la narradora muere,

un nuevo cuento es su única esperanza.

Sherezade revisa su repertorio,

ideas confusas, inacabadas y sueños se mezclan

con grandes tinajas en las que un hombre podría esconderse,

y piensa, Ábrete Sésamo, y sonríe.

«Pues bien, Alí Babá era un hombre íntegro, pero era muy pobre...»,

omienza, y deja volar su fantasía,

de este modo consigue salvar su vida una noche más,

hasta que el rey se aburra, o le falle la imaginación.

Sherezade no sabe adónde van a parar los cuentos antes de ser contados.

(Yo tampoco lo sé.)

Pero cuarenta ladrones le suenan bien,

y cuarenta ladrones serán.

Reza por que el cuento le garantice unos cuantos días más.

Salvamos la vida por los medios más insólitos.

Neil Gaiman

domingo, 6 de junio de 2021

ESCANCIA, MUCHACHA

 


¿Para qué me instruyes en las reglas de la retórica?

Al fin y al cabo, ¿para qué tantos discursos

que en nada me aprovechan?

 

Será mejor que enseñes a saborear

el néctar de Dionisio

y a hacer que la más bella de las diosas

aún me haga digno de sus encantos.

 

La nieve ha hecho en mi cabeza su corona;

muchacha, escancia agua y vino que el alma me adormezcan

pues el tiempo que me queda por vivir

es breve, demasiado breve.

 

Pronto me habrás de enterrar

y los muertos no beben, no aman, no desean.

Anacreonte

domingo, 23 de mayo de 2021

LOS FAROS

 


Rubens, río de olvido, jardín de la pereza,

Almohada de carne fresca donde no se puede amar,

Pero donde la vida afluye y se agita sin cesar,

Como el aire en el cielo y la mar en el mar;



 

Leonardo da Vinci, espejo profundo y sombrío,

Donde los ángeles encantadores, con dulce sonrisa

Toda llena de misterio, aparecen en la sombra

De los ventisqueros y los pinos que cierran su paisaje;


 


Rembrandt, triste hospital lleno de murmullos,

Y por un gran crucifijo decorado solamente,

Donde la plegaria llorosa se exhala de las inmundicias,

Y de un rayo invernal atravesado bruscamente;

 


Miguel Ángel, lugar impreciso do vénse los Hércules

Mezclarse a los Cristos, y elevarse muy erguidos

Fantasmas pujantes que en los crepúsculos

Desgarran su sudario estirando sus dedos;

 

Cóleras de boxeador, impudicias de fauno,

Tú que supiste recoger la belleza de los granujas,

Gran corazón henchido de orgullo, hombre débil y amarillo,

Puget, melancólico emperador de los forzados;



 

Watteau, este carnaval en el que no pocos corazones ilustres,

Como mariposas, flotan relucientes,

Decoraciones frescas y leves iluminadas por lámparas

Que vierten la locura en este baile vertiginoso;

 



Goya, pesadilla llena de cosas desconocidas,

Fetos que se hacen cocer en medio de los sabats,

Viejas ante el espejo y niñas todas desnudas,

Para tentar los demonios ajustando bien sus medias;

 



Delacroix, lago de sangre obsedido por malvados ángeles,

Sombreado por un bosque de pinos siempre verde,

Donde, bajo un cielo triste, fanfarrias extrañas

Pasan, cual un suspiro ahogado de Weber;

 

¡Estas maldiciones, estas blasfemias, estos lamentos,

Estos éxtasis, estos gritos, estos llantos, estos Te Deum,

Son un eco repetido por mil laberintos;

Es para los corazones mortales un divino opio!

 

Es un grito repetido por mil centinelas,

¡Una orden transmitida por mil portavoces.

Es un faro encendido sobre mil ciudadelas,

Un clamor de cazadores perdidos en los inmensos bosques!

 

¡Porque verdaderamente, Señor, el mejor testimonio

Que podemos dar de nuestra dignidad

Es este ardiente sollozo que rueda de edad en edad

Y viene a morir al borde de vuestra eternidad!

Charles Baudelaire

 

domingo, 9 de mayo de 2021

ULISES A TELÉMACO


Querido Telémaco,

la Guerra de Troya

ha terminado. No recuerdo quién venció.

Los griegos, deben ser: los griegos, quién si no,

pueden dejar en tierra extraña tantos muertos…

De todos modos, el camino que me lleva al hogar

resulta que se alarga demasiado.

Como si Poseidón, mientras perdíamos el tiempo,

hubiera dilatado el espacio.

Ignoro dónde estoy y lo que veo ante mí.

Al parecer, una isla, sucia, arbustos,

casas, gruñir de cerdos, un jardín

abandonado, cierta reina, hierba y pedruscos…

Telémaco, querido, en verdad

todas las islas se parecen una a otra

cuando es tan largo el viaje: el cerebro ya

va perdiendo la cuenta de las olas,

el ojo, tiznado de tanto horizonte, echa a llorar,

la carne de las aguas obtura el oído.

No recuerdo ya cómo acabó la guerra,

ni cuántos años tienes hoy recuerdo.

Hazte hombre, Telémaco, y crece.

Sólo los dioses saben si hemos de encontrarnos.

Tampoco ahora ya no eres el chiquillo

ante el cual detuve aquellos toros.

Hoy, de no ser por Palamedes, estaría a tu lado.

Pero tal vez sea mejor así: pues sin mí

te has librado de los males de Edipo,

y en tus sueños, Telémaco, ignoras el pecado.

Joseph Brodsky

PREMIO NOBEL DE LITERATURA 1987

domingo, 25 de abril de 2021

LA CANCIÓN DE PUCK

 


¿Veis el camino bacheado que discurre

semihundido entre los trigales?

¡Ahí fue donde se emplazaron los cañones

que abatieron a la flota de Felipe II!

¿Veis cómo trasiega nuestro pequeño molino,

movido por las aguas del riachuelo?

Viene moliendo el grano y pagando impuestos

desde los tiempos del Domesday.

¿Veis esos mudos robledales,

y las peligrosas zanjas que los flanquean?

En ellos fueron vencidos los sajones

el mismo día en que Harold pereció.

¿Veis las planicies ventosas que se extienden

por las puertas de Rye?

Hacia ellas huyeron los hombres del Norte

cuando divisaron las naves de Alfredo.

¿Veis los anchos y solitarios pastos,

en donde pasta el buey rojo?

Allí se alzó una ciudad poblada y conocida

antes de que Londres contase con una sola casa.

¿Y veis, cuando la lluvia cesa, las ruinas

de túmulos, fosos y murallas?

¡Ese fue el campamento de una de las legiones

que César trajo navegando desde las Galias!

¿Y veis esas señales que van y vienen,

como sombras que se ciernen sobre las colinas?

¡Son las líneas que trazó el hombre primitivo,

para defender sus mágicos poblados!

¡Caminos, campamentos y ciudades perdidas,

saladas marismas donde hoy brota el trigo!

¡Vieja paz, viejas artes guerreras, que al cesar

dieron cuna a Inglaterra!

No es un lugar cualquiera,

ni sus aguas, ni sus bosques, ni sus aires.

Es la Isla de Merlín, la de Gramarye,

hacia donde tú y yo nos dirigiremos.

Rudyard Kiplin, Puck de la colina Pook

miércoles, 14 de abril de 2021

AMOR DE FRUTAS


Déjame que esparza

manzanas en tu sexo

néctares de mango

carne de fresas;


Tu cuerpo son todas las frutas.


Te abrazo y corren las mandarinas;

te beso y todas las uvas sueltan

el vino oculto de su corazón

sobre mi boca.

Mi lengua siente en tus brazos

el zumo dulce de las naranjas

y en tus piernas el promegranate

esconde sus semillas incitantes.


Déjame que coseche los frutos de agua

que sudan en tus poros:


Mi hombre de limones y duraznos,

dame a beber fuentes de melocotones y bananos

racimos de cerezas.


Tu cuerpo es el paraíso perdido

del que nunca jamás ningún Dios

podrá expulsarme.

Gioconda Belli

jueves, 8 de abril de 2021

¿POR QUÉ ODIO LA POESÍA?


—¿Cuál fue la palabra que gozó del honor infame de inaugurar vuestro diccionario? —preguntó al fiscal.

—Poesía —contestó Rafael con voz ronca—. Dícese de la lujuria del alma por lo bello o melancólico. O febril potro de versos. A veces me pregunto si aniquilando toda pasión capaz de engendrar un poema, acabaríamos también con el sufrimiento.

—Quizá el hombre sufriría entonces por no sufrir. Yo a veces prefiero ser cautivo del dolor que de la nada. Pero ahora soy yo quien quiere saber. Contadme por qué aborrecéis tanto la poesía. Por qué cada noche la quemáis en la hoguera de la chimenea como a hereje.

—¿Corresponderéis después a mi historia con la vuestra? —le preguntó Rafael.

—Si para entonces el vino no ha dormido mi memoria y mi lengua —respondió Íñigo.

—Tengo la esperanza de que así sea. Comenzaré pues por la mía.

Rafael dio un sorbo al vino, arrellanándose en el butacón y en sus orígenes.

—Mi padre fue un hidalgo que dedicó toda su vida al ejército, como lo había hecho antes mi abuelo. Apenas pasaba tiempo en casa, su hogar era el campo de batalla. Mi madre se acostumbró pronto a sus prolongadas ausencias, entregándose a un vicio más voraz que los dados o los naipes, la poesía. Era una mujer obsesionada con los versos y las rimas, una depredadora de la belleza. Pasé mi infancia asistiendo a justas poéticas y juegos florales, soportando delirios y éxtasis de los llamados poetas, de librería en librería comprando cuanto libro de poemas encontrábamos, porque ella engullía desde Homero hasta los nuevos amantes de la pluma, desde los sonetos más excelsos hasta la estrofa más indigna, todo le servía a su apetito insaciable. Pero como no teníamos muchos posibles y los libros son caros —en verdad que hubo ocasiones que creí que acabaríamos alimentándonos de metáforas y ripios despreciables—, mi madre resolvió adquirirlos en las subastas de los bienes de difuntos, así que siempre estábamos pendientes de si había muertos en la ciudad. Crecí con alma de buitre, entre lágrimas de viudas y lamentos de huérfanos de los que ella se servía para acometer la rapiña literaria. Llegó a tal extremo su obsesión que en cuanto aprendí a escribir, a muy temprana edad, me sometió a la tortura de dictarme los poemas una y mil veces. De cada libro que adquiríamos había lo menos tres copias por si se extraviaba, rompía, mojaba o daba cuenta de él la carcoma o las ratas. Sólo así descansaba su avaricia. La casa estaba infectada de manuscritos con mi letra infantil, que a los doce años ya gozaba de la calidad de cualquier copista de abadía. Aprendí a soportar el dolor que me resquebrajaba los dedos al cabo de las horas de fervorosa escritura.

»Cuando salíamos a la calle a hacer cualquier recado, nos llevábamos todos los libros y papeles que éramos capaces de cargar en unas bolsas, incluso nos los metíamos entre las ropas como si fuéramos bibliotecas vivientes. Mi madre temía que durante nuestra ausencia un incendio o cualquier otra desgracia destruyera la casa, y con ella su preciado tesoro. La deformidad con la que me había alumbrado (este pecho hundido que deja cóncavo mi vientre y echa mis hombros hacia delante, cargando mi espalda con la vergüenza de una chepa) ella osaba llamarlo “la cueva de mis versos”. Ajena a mi sufrimiento por soportar aquel defecto físico, lo rellenaba de manuscritos regocijándose del espacio que le proporcionaba para poner a salvo su locura. Y yo lo permitía, incluso hundía más mi vientre para que ella lo hinchara de sonetos y liras, de romances y silvas, de la agonía de mis dedos encallecidos por el uso de la pluma.

»Pero la hacienda familiar comenzó a mermar y mi padre le prohibió adquirir más de un libro por año. Mi madre, en vez de desalentarse, resolvió convertirse en la amante de un noble que poseía una de las mejores bibliotecas de Toledo. A cambio de los gozos carnales que ella le otorgaba sacrificando su honra en aras del orgasmo poético, él nos prestaba libros que yo debía copiar no una sino, como era costumbre, infinidad de veces. La luz del día no me bastaba para terminar tan engorroso trabajo, necesitaba para ello de las noches con su silencio y su tiempo inmortal. Así comencé a dormir poco, así el insomnio fue apoderándose de mí.

»Y así pasé mi más tierna juventud, hasta que un día a mi madre se le vino encima una de las librerías donde atesoraba sus amados libros y manuscritos. El mueble no aguantó la sobrecarga de poesía, y ella murió aplastada por el peso de su pasión.

»Yo tenía quince años. Mi padre, consciente de que jamás llegaría a ser un soldado, se resignó a entregar a las letras a su único hijo. Me envió a la Universidad de Alcalá de Henares y a mi regreso a Toledo me convertí en oficial de la Santa Inquisición, pues había adquirido una rapidez y destreza tal en la caligrafía que me fue sencillo hacerme con el puesto. La lástima es que quemamos herejes y no poetas. Os aseguro que muchas veces prefiero escribir los horrores que salen de la boca de prisioneros o delatores, antes que copiar soporíferos endecasílabos. Y ésta es la historia de mi aversión y de mi insomnio.

Cristina López Barrio, El Cielo en un Infierno Cabe

domingo, 21 de marzo de 2021

DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA

 


Retomando el hilo de las palabras del novelista Franz Kafka, cuando escribió que “Un libro debe ser el hacha que hienda el mar congelado en nuestro interior”, John Felstiner, profesor de Stanford, se pregunta en el título de su libro: ¿Puede la poesía salvar la Tierra?

“¿Por qué apelar a los placeres de la poesía cuando llega el momento de responder con un órdago? La respuesta empieza por el individuo: es el individuo el que habla por los poemas y al que los poemas hablan. De nuestro interior, uno a uno, puede surgir la voluntad de actuar. Puesto que somos el receptor de la belleza y la fuerza de los poemas, tenemos la oportunidad de reconocer y aligerar la impronta que dejamos en un mundo donde solo la naturaleza tiene una importancia vital.”

La orquestación de las palabras, el colorido de las imágenes y la contundencia de una buena métrica otorgan a la poesía un poder sin parangón: el poder de extraernos de lo cotidiano para recordarnos la belleza que nos rodea y la resistencia del espíritu humano.

Este año, en el que ponemos punto final al Decenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica e inauguramos el Año Internacional de la Sanidad Vegetal de las Naciones Unidas, la UNESCO rinde tributo a poetas del pasado y del presente que lucharon y luchan por la diversidad biológica y la conservación de la naturaleza.

Aunque la protección de la diversidad biológica es un tema que apenas ahora empieza a calar en la sociedad, los poetas llevan miles de años animando al lector a apreciar la belleza del mundo natural. El amor, la muerte y la naturaleza son quizá los temas más frecuentados por la poesía. De Garcilaso de la Vega a Victor Hugo, de Alexander Pushkin a Sarojini Naidu, desde siempre el poeta ha reconocido y honrado una profunda vinculación entre las emociones humanas y la riqueza del entorno.

Últimamente los poetas han comenzado a utilizar su memoria cultural y sus preocupaciones ecológicas para dar testimonio del cambio climático. Con su obra estos “ecopoetas” sitúan el patrimonio natural y cultural en el centro del debate político y hacen de él una cuestión de supervivencia. El poeta mapuche contemporáneo Elicura Chihuailaf expresa con poderosa elocuencia este vínculo entre saber indígena y protección de los ecosistemas:

Aprendo entonces los nombres de las flores y de las plantas.

Los insectos cumplen su función.

Nada está de más en este mundo.

El universo es una dualidad,

lo bueno no existe sin lo malo.

La Tierra no pertenece a la gente.

.              La poesía anida en lo más hondo de lo que somos, mujeres y hombres que conviven en el mundo de hoy, abrevándose en el legado de las generaciones pasadas y custodiando este mundo para nuestros hijos y nietos. Al celebrar hoy la poesía, celebramos nuestra capacidad de luchar unidos por la diversidad biológica como “preocupación común de la humanidad” y como parte integral del proceso de desarrollo internacional.

Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, Día Mundial de la Poesía 2020

domingo, 7 de marzo de 2021

¿DE QUÉ MODO TE AMO?

 


¿De qué modo te amo? Deja que cuente las formas:

Te amo desde el hondo abismo hasta la región más alta

que mi alma pueda alcanzar, cuando persigo en vano

las fronteras del Ser y la Gracia.

Te amo en el calmo instante de cada día,

con el sol y la tenue luz de la lámpara.

Te amo en libertad, como se aspira al Bien;

Te amo con pureza, como se alcanza la Gloria.

Te amo con la pasión que antes puse

en mis viejos lamentos, con mi fe de niña.

Te amo con la ternura que creí perder

cuando mis santos se desvanecieron.

Te amo con cada frágil aliento,

con cada sonrisa y con cada lágrima de mi ser;

y si Dios así lo desea,

tras la muerte te amaré aún más.

Elizabeth Barrett Browning

 

How do I love thee? Let me count the ways.

I love thee to the depth and breadth and height

My soul can reach, when feeling out of sight

For the ends of Being and ideal Grace.

I love thee to the level of everyday's

Most quiet need, by sun and candle-light.

I love thee freely, as men strive for Right;

I love thee purely, as they turn from Praise.

I love thee with a passion put to use

In my old griefs, and with my childhood's faith.

I love thee with a love I seemed to lose

With my lost saints, --- I love thee with the breath,

Smiles, tears, of all my life! --- and, if God choose,

I shall but love thee better after death.