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lunes, 4 de septiembre de 2017

HISTORIETAS


Aunque lo entiendan cuatro gatos, esto quiero decir: gracias. Gracias por José Luis Salinas, por Muñoz y Sampayo, por Horacio Altuna, por Carlos Gimenez, por Alberto Breccia, por Hugo Pratt, por Lucho Olivera, por Francisco Solano López, por Oesterheld, por Carlos Trillo, por Juan Zanotto, por Ricardo Barreiro, por Mandrafina.

Hace poco, editorial Salamandra me envió la primera edición completa en castellano de Alack Sinner, el cómic dibujado por José Muñoz y guionado por Carlos Sampayo. Les dije: “Fue como recibir la Biblia con un pedazo de Dios adentro”. El cómic es mi primera lengua: mi lengua madre. Soy devota de Art Spiegelman y su Maus, de Alison Bechdel y su Fun Home, y si menciono a Venexiana Stevenson y un desconocido me hace un guiño de reconocimiento sé que tenemos algo en común.


Pero estoy hablando de otra cosa. De cuando era chica y no conocía la expresión “novela gráfica”. De cuando vivía en una casa donde había pilas de eso que en la Argentina llamamos historietas: revistas como D’Artagnan, El Tony, Pif Paf, Tit Bits, Skorpio, Rayo Rojo, Fierro,en las que aquellos hombres mentados arriba, y muchos otros, me educaron y me hicieron hervir la imaginación. Por ellos supe qué cosa eran un cosaco o la legión extranjera, cómo se vivía en la Nueva York de los ochenta y en la Buenos Aires de los veinte. Parecían saberlo todo acerca de la historia, la literatura, la amistad, la traición. En tiempos en los que había tantas cosas que me hacían sangrar, estos gurúes de los márgenes, entregados a un arte que se tomaba —¿se toma?— por un arte menor, fueron mi guardia pretoriana. Una pandilla salvaje que aún cabalga a mi lado. Les debo aquellos días soñando que, como el Corto Maltés, yo también podía labrarme el destino con una navaja en la palma de la mano. En eso estamos, tantos años después y todavía.

Leila Guerriero, El País 14 Jun 2017 

sábado, 17 de mayo de 2014

LAS CÉLTICAS

Este comic de Hugo Pratt  engloba seis historias donde Corto Maltés, un marino aventurero que se mete en toda clase de fregados, vuelve a una Europa sumida en la Primera Guerra Mundial.

La primera historia, El Ángel de la ventana de Oriente, nos presenta a Corto en Venecia buscando información sobre El Dorado. La única información que obtendrá proviene de un mapa tatuado en la piel de un monje.

La segunda historia, Bajo la bandera del oro, nos muestra a unos hombres de diferentes nacionalidades que buscan su propio bien común, y se unen para conseguir el oro de Nikita, Rey de Montenegro.

En Vino de Borgoña y rosas de Picardía asistimos a los últimos momentos del Barón Rojo, el as de la aviación alemana durante la Primera Guerra Mundial.


En el tinglado de la antigua farsa, es la última historia y en él encontramos a la locura como protagonista, en una aventura donde prima el espionaje, los engaños y el desamor.

Concierto en Do menor para arpa y nitroglicerina: Corto llega a Irlanda tras enterarse de la muerte de Patt Finnucan, revolucionario irlandés y amigo suyo. El viento pone la música acompañando la triste canción de Banshee al pasar por entre los huesos del esqueleto con forma de arpa de una ballena varada. Venganzas, traiciones y dobles traiciones.



Con el título Sueño de una mañana de invierno comienza un pequeño cuento homenaje a Shakespeare y a la mitología británica. Las leyendas artúricas y el Sueño de una noche de Verano de Shakespeare dan forma a  una historia donde los mitos bretones luchan por sobrevivir frente a la mitología alemana. Corto será el nuevo rey Arturo, y su Excalibur un barco remolcador.