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viernes, 27 de julio de 2018

EL DÍA QUE SE PERDIÓ LA CORDURA



Enviado por Miguel (B1CH):

La historia nos sitúa en Boston, 24 de diciembre de 2013. Un día aparentemente tranquilo, en pleno centro de la ciudad, un hombre camina desnudo con la cabeza decapitada de una joven en la mano. El hombre es detenido por la policía y llevado a un centro psiquiátrico de la ciudad. Una vez allí, el doctor Jenkins, director del centro, y Stella Hyden, especialista en perfiles psicológicos del FBI, llevarán a cabo una investigación sin saber que pondrán en juego sus vidas y les creará una pérdida de concepción de la cordura.

En un principio, el silencio de "el decapitador" es total y su identificación es prácticamente imposible. La ciudad sigue en desconcierto con lo sucedido, y la llegada de una misteriosa caja al centro desatará una nueva desgracia, provocando que la agente Hyden se ponga al mando de la investigación.

A partir de esta situación, comenzará un viaje que llevará a los tres personajes principales a retroceder en el tiempo, en concreto hasta unos acontecimientos ocurridos diecisiete años antes, en el misterioso pueblo Salt Lake, y fueron los desencadenantes de lo que está pasando en la actualidad.

Con un estilo ágil lleno de referencias literarias -García Márquez, Auster, Orwell o Stephen King- e imágenes impactantes, Javier Castillo construye un thriller romántico narrado a tres tiempos que explora los límites del ser humano y rompe los esquemas del género de suspense.

Se trata de un thriller muy bien realizado. La trama es muy interesante y ya desde la primera página te incita  a seguir leyendo página tras página, perdiendo la noción del tiempo, porque lo único que deseas es  llegar al final de la historia y poder encontrarle sentido a todas esas historias que se muestran enlazadas entre sí,  que te provocan una gran confusión al ver que parecen totalmente diferentes.

                Como ya he dado a entender no se trata de una novela lineal, es decir, que cada capítulo hace referencia a una fecha y lugar distinto, por ejemplo en el capitulo tres puede hablar de lo que está ocurriendo en el presente, y en el siguiente te puede hablar sobre lo que ocurrió hace diecisiete años.

Me parece que tiene mucho mérito contar varias historias que no se muestran nada enlazadas, pero que a medida que vas avanzando, te vas dando cuenta que son una misma historia. También me parece muy difícil hacerlo de forma que el lector puede seguir la historia sin perderse. Además ayuda bastante la fácil y rápida lectura que muestran los capítulos, con un vocabulario nada complejo y una gran abundancia de diálogos entre personajes. Aparte de incitarte a llegar al final de la historia, también te empuja a conocer más a los personajes, y a sus complejas historias también.  

Otro punto a destacar y que me llama bastante la atención, es que todo es inesperado y sorprendente, para nada predecible. También es una novela muy intrigante a la par que entretenida, pero lo que más destaca son esas escenas que te provocan una sensación de miedo, haciéndote pensar que la historia las estás viviendo tú.

Y para terminar, lo que has me ha gustado ha sido como ha mezclado de una manera muy sutil una lectura que es casi el cien por cien suspense con una bonita y fascinante historia de amor entre dos adolescentes, que a pesar de las circunstancias, luchan todo lo que pueden por su amor.

viernes, 1 de diciembre de 2017

CUENTOS DE NAVIDAD DE LOS HERMANOS GRIMM A PAUL AUSTER


La Navidad, siempre muy presente en la literatura, ha inspirado relatos magníficos, y son muchos los grandes escritores que se han acercado a ella. En esta antología se refleja la alegría, el sentido de comunidad, la excitación espiritual, la oportunidad de cambio, los deseos, la nostalgia e incluso el rechazo que estas fechas despiertan en muchos de nosotros, porque, si bien es cierto que la tradición invita a los buenos sentimientos, no lo es menos que se presta a una variedad sorprendente de estilos y de tonos: no faltan aquí ni el humor, ni la oscuridad, ni la crítica social, ni la fantasía, ni la tragedia. De Berlín a Brooklyn, de un pueblecito sardo a un rancho del Lejano Oeste, de la Provenza a Nueva Zelanda, de un aristocrático salón a un pueblo de mineros, de Dublín a un cohete espacial…: en todos esos lugares veremos celebrar la Nochebuena, la Navidad, el día de San Esteban, la Nochevieja o el día de Reyes, y en todos ellos ocurrirá algo que ilustre el espíritu navideño… o bien lo desmienta.

Los 38 Cuentos de Navidad seleccionados por Marta Salís proceden de distintas tradiciones occidentales (anglosajona, germánica, nórdica, mediterránea, eslava). De los hermanos Grimm y E. T. A. Hoffmann hasta Joyce, Capote o Auster, y alternando clásicos con piezas poco conocidas e inéditas, este volumen abarca dos siglos de literatura navideña desde los ángulos más distintos y con las más diversas intenciones.

Veamos algunos de los cuentos que ha publicado  Alba Editorial en esta antología.

Encontramos cuentos clásicos, como Canción de Navidad de Dickens o La Niña de los Fósforos de Andersen. Arthur Conan Doyle nos trae un relato de Holmes: La Aventura del Carbunclo Azul.  De Robert Louis Stevenson tenemos Markheim, un relato inquietante sobre la predestinación y la libertad humana para evitar el mal ambientado día de Navidad. Fiódor M. Dostoievski nos trae Un Árbol de Navidad y una Boda, donde el espíritu social de las fiestas navideñas destaca las diferencias de clase y propicia ocasiones para los más mezquinos cálculos. ¿Qué decir de Ray Bradbury con El Regalo? Simplemente, muchas noches me asomó a la ventana para contemplar su  fascinante árbol de Navidad. O. Henry nos habla del sacrificio personal en El Regalo de los Magos. O el inolvidable Los Muertos de James Joyce. También tenemos a tres autores españoles: Emilia Pardo Bazán, Valle Inclán y Clarín.

jueves, 31 de diciembre de 2015

UNA NAVIDAD EN FAMILIA

Mi padre me contó esta historia. Sucedió a principios de la década de 1920 en Seattle, antes de que yo naciera. Él era el mayor de seis hermanos y una hermana, algunos de los cuales ya no vivían en casa de sus padres.

                La economía familiar había recibido un duro golpe. El negocio de mi padre había quebrado, casi no había trabajo y el país estaba al borde de la quiebra. Aquel año teníamos un árbol de Navidad, pero no teníamos regalos. Sencillamente no podíamos permitírnoslos. En Nochebuena todos nos fuimos a la cama con los ánimos bastante bajos.

Pero lo increíble fue que, al despertarnos la mañana de Navidad, nos encontramos con un montón de regalos bajo el árbol. Intentamos mantener la calma durante el desayuno, pero acabamos con él en tiempo récord.

Entonces comenzó la diversión. La primera fue mi madre. Todos la rodeamos llenos de curiosidad y, cuando abrió su paquete, vimos que le habían regalado un viejo chal que «había perdido» hacía ya muchos meses. A mi padre le tocó un hacha con el mango roto. A mi hermana, sus viejas zapatillas de andar por casa. Uno de los chicos recibió unos pantalones remendados y arrugados. A mí me tocó un sombrero, el que yo creía haberme dejado en un restaurante, allá por el mes de noviembre.

Cada una de aquellas cosas desechadas representó una total sorpresa. Al poco rato nos entró tal ataque de risa que apenas podíamos desatar el lazo del siguiente paquete. Pero ¿de dónde procedía tanta generosidad? Todo había sido obra de mi hermano Morris. Durante muchos meses había estado escondiendo en secreto cosas viejas que él sabía que no echaríamos de menos. Entonces, en Nochebuena, después de que todos nos hubiésemos ido a la cama, había envuelto los regalos y, silenciosamente, los había colocado bajo el árbol.

Recuerdo aquella Navidad como una de las más bonitas de mi vida.

Don Graves

Paul Auster (ed.), Creía que mi Padre Era Dios