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martes, 8 de marzo de 2016

LAS SINSOMBRERO

               
            Hace justo un año, comentábamos en este blog la pertenencia de mujeres a la Generación del 27. Hoy volvemos sobre ellas, para daros a conocer un proyecto que se está consolidando

LAS SINSOMBRERO es un proyecto crossmedia, producción única en España, que utiliza diferentes formatos y plataformas (televisión, internet y publicación), con el objetivo de recuperar, divulgar y perpetuar el legado de las mujeres olvidadas de la primera mitad del siglo XX en España. Desde las figuras femeninas de la Generación del 27 hasta todas aquellas mujeres que con su obra, sus acciones y su valentía fueron y son fundamentales para entender la cultura y la historia de un país que nunca las reivindicó. Este proyecto comprende las siguientes actuaciones:

Documental: un  documental de 60 minutos, coproducido por TVE. En el se tratan las vidas de nuestras protagonistas, las artistas pertenecientes a la Generación del 27, y se las contextualizará en la época que vivieron

Webdoc: Documental Interactivo. Un viaje único a través del conocimiento de una parte de la Historia olvidada. A través de distintas capas el usuario irá profundizando en el conocimiento sobre la vida de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 y de la época que les tocó vivir. Esta experiencia interactiva se construirá a través de propuestas de contenido y acciones virales, que podrán ser compartidas en las redes sociales. Coproducido y emitido en la url de TVE.

Socialmedia: Una Campaña en facebook que descubre, narra y difunde la vida de las mujeres olvidadas de principios del s XX. A través de las redes sociales difundimos también las novedades del proyecto.

Libro, donde se recopilan en formato papel las apasionantes vivencias de estas transgresoras que nunca fueron tan visibles como sus contemporáneos masculinos, aunque su obra es tan brillante como la de ellos.

Wikiproyecto: Se ha firmado un acuerdo con Wikimedia España para la creación de un Wikiproyecto bajo el nombre de Las Sinsombrero que albergará toda la información sobre el tema tratado. Este Wikiproyecto será traducido a distintos idiomas.

Además se va a llevar a cabo una exposición y un proyecto educativo, en colaboración con el Ministerio de Educación.

El proyecto se origina a partir de una lectura de Ian Gibson sobre los intelectuales del 27, que hablaba de mujeres de las que no se sabía nada. A partir de aquí, Tania Balló y  Jorge Carrasco comienzan a investigar y ven que todas las autoras estaban desperdigadas. “Nos encontramos un blog en la red que hablaba de ellas, de una maestra que explicaba que lo había creado, precisamente, porque una alumna le había preguntado por qué no se estudiaban a las intelectuales de esa época. Eso nos enganchó, porque la Generación del 27 es el gran momento de la marca cultural de España”.

De esta manera se recupera la memoria de Rosa Chacel, Ángeles Santos, Ernestina de Champourcín, Margarita Gil Röesset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Margarita Manso y Josefina de la Torre. «Hay muchas más, como Remedios Varó, Zenobía Camprubí o Carmen Conde, por lo que espero que la búsqueda siga avanzando», matiza la autora. Pertenecen a una generación cercenada por la Guerra Civil. «Durante la contienda, de una manera u otra, parte de estos nombres fueron silenciados y, tras la dictadura, la transición recuperó solo los masculinos».

                ¿De dónde el nombre de Las Sinsombrero?

A mediados de los años 20, la gallega Maruja Mallo era una joven inquieta que estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde se aburría lo suficiente como para tramar todo tipo de performances con el único objetivo de llamar la atención. Su atrevimiento era tal que, cierto día, mientras paseaba con sus amigos Salvador Dalí, Federico García Lorca y Margarita Manso, se le ocurrió preguntarse qué pasaría si decidiera quitarse el sombrero como señal de emancipación. Estaban en la Puerta del Sol y los transeúntes no se lo perdonaron: empezaron a apedrearlos de tal forma que tuvieron que salir corriendo para ponerse a salvo en el metro. Que unas muchachas fueran por la calle con la cabeza descubierta era entonces una provocación inadmisible. Justo lo que buscaba la joven aunque, en ese instante, desconocía que su gesto daría nombre a toda una generación.

En 1930, en el periódico El Sol, Ramón Gómez de la Serna afirmó: «el sinsombrerismo es más amplio y significativo de lo que parece. Es el final de una época, como fue el lanzar por la borda las pelucas. Quiere decir presteza en comprender y en decidirse, afinidad con los horizontes que se atalayan y ansía de nuevas leyes».

          Os dejamos con el documental que comentábamos a principio de este artículo:    
      

viernes, 6 de marzo de 2015

LAS MUJERES DE LA GENERACIÓN DEL 27

Siempre que hablamos de la Generación del 27 nos referimos a un grupo de grandes poetas, todos varones, que ya conocéis. Pero a esta generación también pertenecieron mujeres poetas, filósofas, escritoras y pintoras que estuvieron muy comprometidas con la sociedad en la que vivieron y que han sido olvidadas o recordadas sólo por ser esposas o compañeras de escritores y poetas.

Ernestina de Champourcín, Josefina de la Torre, María Zambrano, Rosa Chacel, María Teresa León y Concha Méndez, entre otras, formaron parte de la Generación del 27. En los libros de texto y en las antologías no figuran sus nombres, pero su aportación a la cultura española está a la altura de muchos hombres que sí aparecen en esos compendios, y que por tanto forman parte de la historia. ¿Cómo pensar en la filosofía europea sin mencionar a María Zambrano? La narrativa de nuestro siglo, ¿qué sería sin Rosa Chacel y su audacia? ¿En qué lugar queda María Teresa León, autora de esa Memoria de la melancolía?

Aunque los años las traicionaron, ellas existieron, y de qué forma: toda una generación de mujeres pintoras, escritoras, esculturas y pensadoras con éxito internacional, que contribuyeron al cambio de la España de los años veinte y treinta. La Guerra Civil impuso en ellas el exilio interior o exterior.

MARIA TERESA LEÓN

Siempre haciendo algo. ¿Por qué siempre estaremos haciendo algo las mujeres? En las manos
no se ven los años sino los trabajos. ¡Ah, esas manos en movimiento siempre, accionando, existiendo solas más allá del cuerpo, obedeciendo al alma! Yo miro las manos, las vuelvo, las acaricio un poco para ver la blandura de su temperamento, les busco los nudos que les dejó la vida, la cicatriz del ansia, la desesperación, la credulidad, la amargura de sentirse traicionadas…

......¡Qué hermoso llamar palma a la mano abierta, al centro y corazón de la mano! Palma, lugar donde se van dibujando en la aguja imprevista de la existencia caminos, valles, senderos, ríos, lagos, silencios y algarabías. Te la doy por mujer

                .....¡La mano! La ves sola, al decirte adiós, levantándose en el aire. Te la vas a llevar en los ojos. Cuando los cierres, esa mano quedará dentro de ti como signo de tristeza para siempre jamás.

Memoria De La Melancolía

ROSA CHACEL

A M.ª Teresa León

Si el alcotán anida en tus cabellos
y el Nilo azul se esconde en tu garganta,
si ves crecer del zinc la humilde planta
junto a tus senos o a tus ojos bellos,

no cierres el ocaso con los sellos
que el Occidente en su testuz aguanta:
tiembla ante el cierzo y el nublado espanta.
Si oyes jazmines corre a través de ellos.
Yo sé bien que te escondes donde siguen
los hongos del delirio, impenitentes
y que al cruzar su senda de delicias
mariposas nocturnas te persiguen,
se abren bajo tus pies simas ardientes
donde lloran cautivas tus caricias.

A María Zambrano

Una música oscura, temblorosa,
cruzada de relámpagos y trinos,
de maléficos hálitos, divinos,
del negro lirio y de la ebúrnea rosa.
Una página helada, que no osa
copiar la faz de inconciliables sinos.
Un nudo de silencios vespertinos
y una duda en su órbita espinosa.
Sé que se llamó amor. No he olvidado,
tampoco, que seráficas legiones,
hacen pasar las hojas de la historia.
Teje tu tela en el laurel dorado,
mientras oyes zumbar los corazones,
y bebe el néctar fiel de tu memoria.

CONCHA MENDEZ

Todo, menos venir para acabarse.
Mejor rayo de luz que nunca cesa;
o gota de agua que se sube al cielo
y se devuelve al mar en las tormentas.
O ser aire que corra los espacios
en forma de huracán, o brisa fresca.
¡Todo, menos venir para acabarse,
como se acaba, al fin, nuestra existencia!


Eran verdes como un mar,
con reflejos de alto cielo.
-¡Qué bien sabían mirar!-
unos ojos que recuerdo.
En la penumbra lucían
con una luz de misterio,
como dos claros abismos
abiertos a mil deseos.
Muchas horas tuve cerca
los ojos verdes aquellos,
que implorantes me miraban
¡y yo hacia por no verlos!
Y hoy que mirarlos quisiera,
están tan lejos..., ¡tan lejos!

ERNESTINA DE CHAMPOURCIN

No quiero saber nada...
Ni de esa luz incierta
que retrocede vaga
ni de esa nube limpia
con perfiles de cuento.
Tampoco del magnolio
que quizá aún perfume
con su nieve insistente...
No saber, no soñar,
pero inventarlo todo.


Hoja blanca de hoy, de siempre, de mañana.
Frutal de cada día, semilla fecundada
por un rayo de luz o una gota de agua.
La vida fluye abajo, arrastrándose vana.
Encima de mi frente, los divinos fantasmas
del sueño verdadero, los éxtasis del alma...
cicatrices de oro, que mi pluma va abriendo
sobre la hoja blanca.

JOSEFINA DE LA TORRE

La tarde tiene sueño
y se acuesta en las copas de los árboles.
Se le apagan los ojos
de mirar a la calle
donde el día ha colgado sus horas
incansable.
La tarde tiene sueño
y se duerme mecida por los árboles.
El viento se la lleva
oscilando su sueño en el aire.

MARIA ZAMBRANO

El tiempo, pues, constituye la posibilidad de vivir humanamente; de vivir. Ya que el vivir no es lo mismo que la vida. La vida es dada, mas es un don que exige de quien la recibe el vivirla, y al hombre de una especial manera.

Vivir humanamente es una acción y no un simple deslizarse en la vida y por ella. Es lo que distingue al hombre de los demás seres vivos que conocemos. El hombre ha de hacerse su propia vida a diferencia de la planta y del animal que la encuentran ya hecha y que sólo tienen que deslizarse por ella, al modo de cómo el astro recorre su órbita —dormido—. Es indudable.
El Tiempo