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viernes, 23 de octubre de 2015

DÍA DE LA BIBLIOTECA 2015


24 de Octubre de 2015

Con motivo del Día de la Biblioteca, quiero compartir con vosotros un secreto: el Conejo Blanco casi siempre tiene prisa.

Quizá algunos penséis que esto no tiene mucho que ver con las bibliotecas y que, además, como secreto, deja bastante que desear.

Alicia en el País de las Maravillas se publicó hace 150 años, y desde entonces los lectores de todo el mundo han sabido que el conejo llega tarde, demasiado tarde, y por tanto tiene prisa.

Reconoceréis, eso sí, que no es un conejo cualquiera. Que sepamos, este es el único conejo que usa chaleco y reloj de bolsillo, lo cual plantea una incógnita: si tiene reloj, ¿por qué siempre llega tarde? ¿Quién es culpable de la tardanza? ¿El conejo o su reloj? Los expertos no se han puesto de acuerdo sobre este punto, que ha provocado graves discusiones entre veterinarios y relojeros. Y si se alude al chaleco, es aún peor. Solo hay una cosa más peligrosa que una discusión entre un veterinario y un relojero, y es una discusión entre un veterinario, un relojero y un sastre. Es mencionar el asunto y se desenvainan todo tipo de agujas (hipodérmicas, de coser y de reloj).

Así que mejor volvamos al secreto. El Conejo Blanco casi siempre tiene prisa. Corre porque tiene miedo de que la Duquesa y, sobre todo, la Reina de Corazones ordenen que le corten la cabeza. Pero vosotros, que aún conserváis la vuestra, concentraos en ese casi. Es la clave, el secreto mejor guardado del País de las Maravillas.

Casi siempre. ¿Cuándo no tiene prisa el Conejo Blanco? Solo cuando visita un pequeño edificio escondido tras los árboles del bosque: la biblioteca.

El conejo se toma su tiempo para curiosear entre las abarrotadas estanterías.Tiene un libro en mente pero, cuando se acerca a cogerlo, no puede evitar fijarse en el tomo que lo precede, y en el de más allá (y, como ya sabéis, en una biblioteca, el libro de más allá es al mismo tiempo el libro de más acá de otro libro que está a su lado…). Demasiadas opciones. Lleva tiempo elegir un libro. El conejo sabe que se encuentra en el hogar de la lectura, y la lectura es un placer que se disfruta sin prisa.

Aunque nadie haya mencionado antes esta biblioteca secreta, no lo dudéis, hay una en ese extraño mundo que visitó Alicia. No puede ser de otra forma. Pues a pesar de contar con el Sombrerero Loco, el Gato de Cheshire y la Oruga Azul, a pesar de todos los animales fantásticos y las extraordinarias cosas que allí suceden, todo eso no es suficiente para ganarse el nombre que ese mundo tiene. Un lugar nunca podría llamarse País de las Maravillas si entre sus maravillas no se contara una biblioteca.

Diego Arboleda

martes, 10 de marzo de 2015

UNA OFERTA DE EMPLEO

Aquella mañana, cuando descubrió el anuncio durante el desayuno, la marquesa de Puntilliste apretó entusiasmada el periódico contra su pecho, sin importarle que la tinta aún fresca pudiera manchar su collar de perlas ni su vestido.
En su biblioteca, el conde de Abôlengue lo leyó con cada uno de sus siete monóculos, incluyendo el monóculo dorado que tan solo utilizaba para leer su árbol genealógico.
El barón de Àdroite lo ensartó personalmente con uno de sus floretes, honor reservado durante siglos solo a su familia rival, los Àgauche. Cuando se enteró, el barón de Àgauche, lejos de enfadarse, hizo enmarcar el anuncio y lo colgó en el salón de retratos familiar.
Y, sin duda, hasta el siempre serio vizconde de Analphabète se hubiera entusiasmado también con el anuncio, de haber sabido leer.
Esta fue la eufórica reacción que produjo la lectura del periódico aquella mañana entre la mayoría de aristócratas de Les Arcs.
Pero ¿por qué se alegraron tanto estos distinguidos nobles?
La culpa de que un pequeño anuncio en un periódico de provincias tuviera el poder de desencadenar semejante entusiasmo entre marqueses, condes y barones se encontraba repartida, a partes iguales, entre:
a) Nuestra joven protagonista, Eugéne Chignon y...
b) La cláusula XIII del testamento del noble más importante de la región, el difunto duque de Les Arcs.
Eugéne era la hija del mayordomo del duque de Les Arcs, e hizo compañía al anciano aristócrata durante los últimos años de su vida, cuando a este ya nadie acudía a visitarle y se encontraba, además de ciego y medio sordo, casi siempre solo.
Eugéne, a pesar de ser una niña, dedicó mucho tiempo a cuidar del duque. El señor de Les Arcs la recompensó proporcionándole una buena educación y, lo que fue aún mejor, incluyendo una cláusula en su testamento, la cláusula XIII, en la que exigía a todos los nobles de su comarca que consiguieran empleo a Eugéne como institutriz de los hijos de las mejores familias.
En principio la cláusula XIII no parecía ofrecer mayores problemas. De hecho, cuando los nobles la conocieron, no les pareció mala idea que aquella joven bien educada instruyera a sus hijos.
Sin embargo, cuando monsieur Chignon, el padre de Eugéne, supo de esa última voluntad del duque, no pudo evitar soltar una sonora carcajada.
No rio porque su hija no pudiera ser una buena institutriz, al contrario, era una apasionada de la lectura y hablaba con soltura francés, inglés y alemán. Podría educar perfectamente a cualquier hijo de noble. El problema residía en que, con su ceguera y su sordera, el señor de Les Arcs nunca conoció una de las principales características de Eugéne, que no era su alegre sonrisa, ni su cabellera pelirroja, sino su irrefrenable capacidad para provocar desastres.
Allá adonde iba, Eugéne Chignon tropezaba, empujaba, obstaculizaba, chocaba o importunaba. Era un poderoso imán para el caos.
No había, sin embargo, maldad ninguna en Eugéne. Lo que había era mucha, muchísima mala suerte. Sobre todo mala suerte para los demás.
Ya siendo apenas un bebé, Eugéne destacó por su habilidad para enredarse en las piernas de los adultos, especialmente si ese adulto llevaba una bandeja. Tantas bandejas cayeron al suelo que el servicio del duque se convirtió en el único de toda Francia que servía las comidas en cestas.
De niña cerró tantas veces a destiempo la tapa durante sus clases de piano, que provocó la dimisión de todas sus profesoras de música, normalmente después de que estas entonaran un agudo ¡ay! sostenido.
Más tarde, con las clases de baile, se descubriría la especialidad de Eugéne, el efecto dominó.
Si Eugéne hacía tropezar a su profesor, su profesor no se limitaba a caer al suelo, sino que, mala suerte, se chocaba con una de las criadas quien, mala suerte, llevaba una sopera, sopera que, mala suerte, podía caer por la escalera hacia la entrada principal, justo en el momento en el que el cartero decía: «Buenos días».
Y la sopa y la casa entera respondían:
—Mala suerte.
Durante el año que siguió a la muerte del duque, Eugéne Chignon sirvió como institutriz en las residencias de los diversos nobles. En todas las casas conquistó a los niños, y en todas también enfadó a los padres.
En la mansión de la marquesa de Puntilliste, donde estuvo tres meses enseñando idiomas a sus hijos, entre otros desastres volcó noventa y tres veces la taza de té: tres veces sobre sí misma, diez veces sobre diez carísimos vestidos de la marquesa, y las restantes ochenta, sobre Nube, el caniche blanco de la señora de Puntilliste.
Eugéne y la marquesa descubrieron con sorpresa que el pelo de caniche se puede teñir de forma permanente con té, descubrimiento que tuvo dos consecuencias: Nube pasó a llamarse Mechas y Eugéne fue expulsada de la mansión.
Ese trabajo en la casa de la marquesa fue solo el primero de los que tuvo durante aquel año, siempre con resultados catastróficos.
Apartó una escalera que estorbaba en la biblioteca heráldica del conde de Abôlengue, sin percatarse de que el propio conde se hallaba en lo alto de la misma consultando en un grueso tomo quién fue la hermana pequeña de la primera esposa de su tatarabuelo, asunto que las últimas noches no le dejaba apenas dormir. Monóculo, conde y tomo cayeron desde lo alto, y en ese orden.
Descubrió el pasillo secreto desde el que el barón de Àgauche espiaba a su eterno rival, el barón de Àdroite. El pasillo terminaba en el salón de retratos de los Àdroite, concretamente detrás de un cuadro que tenía los ojos perforados. Eugéne resbaló justo cuando espiaba, y su cabeza atravesó el cuadro, ofendiendo en un solo movimiento a los dos barones enemigos. Àgauche se enfadó al ver su secreto pasillo de espionaje descubierto. Y Àdroite estalló en cólera por la aparición de la sorprendida cabeza pelirroja de Eugéne donde debería estar la cabeza del Gran Senescal, el pariente Àdroite más prestigioso, quien además era la segunda vez que perdía la cabeza (la primera vez fue durante la Revolución Francesa).
En casa del estricto vizconde de Analphabète tan solo estuvo un día, y curiosamente, no rompió nada. Pero con el pequeño heredero del vizconde hizo algo que contravenía la norma más sagrada de la casa Analphabète: intentó enseñarle a leer.
Por eso, cuando los aristócratas vieron en ese anuncio la posibilidad de librarse de Eugéne sin contradecir la cláusula XIII del testamento del duque, dieron saltos de alegría.
Eso sucedió esa mañana de abril de 1932, en la que una marquesa, un conde y dos barones acudieron a casa de mademoiselle Chignon para enseñarle el anuncio.

martes, 14 de octubre de 2014

PROHIBIDO LEER A LEWIS CARROLL, PREMIO NACIONAL LITERATURA INFANTIL JUVENIL 2014

Diego Arboleda ha obtenido el Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil en su edición 2014 por su novela Prohibido leer a Lewis Carroll. El Jurado ha decidido premiar la obra de Diego Arboleda por ser “una obra extremadamente original, con un brillante sentido del humor y un gran ritmo narrativo. El texto, recreación de una época, está salpicado de referencias literarias e históricas. Destaca por sus personajes sólidos y muy bien construidos, así como por la fina ironía de los juegos lingüísticos”.

Esta noticia llega días después de conocer que Prohibido leer a Lewis Carroll había sido incluido en los White Ravens 2014, una nueva distinción para esta obra que ya había sido merecedora del Premio Lazarillo 2012, del Premio Fundación Cuatrogatos 2014, y fue elegido por Babelia como el mejor libro infantil del año 2013.

El texto combina realidad y ficción y acerca a los lectores al mundo de Lewis Carroll y de Alicia en el País de las Maravillas.

Prohibido leer a Lewis Carroll narra la historia de Eugéne Chignon, una joven institutriz francesa que en 1932 viaja hasta Nueva York para cuidar de una niña, Alice, cuya desatada pasión por el mundo creado por Lewis Carroll ha provocado que sus padres le prohíban leer sus libros.

La primera misión de Eugéne será evitar que Alice se entere de que Alice Liddell, la auténtica Alicia que inspiró a Lewis Carroll, ahora con ochenta años, va a visitar la ciudad para recibir un homenaje.

Eugéne Chignon comprobará que las extrañas casualidades, los personajes extravagantes y las situaciones absurdas no son solo patrimonio del País de las Maravillas, sino que se encuentran a menudo en nuestro mundo y especialmente en esa casa.


La comedia disparatada y los datos históricos (reales y a pesar de eso aún más disparatados) tienen cabida en esta novela, en la que el sinsentido, ese nonsense tan emblemático de Carroll, acaba teniendo mucho sentido.

 La historia es sencilla pero divertida, tiene personajes con unas personalidades y peculiaridades bien definidas. La narración es en tercera persona y desde el punto de vista de Eugéne una joven intritutriz muy adorable.

Un fragmento de la novela la podéis encontrar aquí