Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Santiago. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Roberto Santiago. Mostrar todas las entradas

martes, 12 de diciembre de 2017

ALEXANDRA Y LAS SIETE PRUEBAS


   
             Enviado por María (S4D)

Mi nombres es Alexandra, con "x", tengo once años, y voy a permanecer encerrada una semana en mi colegio. Sin profesores. Sin padres. Sólo los chicos y chicas de mi curso. No sé cómo sonará así dicho. Pero todo lo que voy a contar aquí es verdad.

Mi colegio se llama Armando Muñoz Vaca, que por lo visto fue pionero del siglo XV. Yo no soy una pionera. Sólo soy una niña normal y corriente a la que le gustan los videojuegos. Hay una cosa que todavía no he contado. Mi colegio es famoso por una sola razón: porque aquí estudió hace muchos años Alfonso Giménez Dom. Había una foto suya en el vestíbulo de entrada. Todo el mundo sabe que la compañía Dom Industries es la empresa multinacional de videojuegos más importante del mundo. Y ahora el señor Dom había vuelto al colegio. Con una propuesta revolucionaria: "No vais a jugar a un videojuego. Vais a ser los protagonistas de un videojuego".

Alexandra es una niña de 11 años, normal y corriente, a la que le gusta jugar a los videojuegos. Así que cuándo a su colegio llega Alfonso Giménez Dom (jefe de la compañía Dom Industries, la empresa multinacional de videojuegos más importante del mundo), organizando una especie de concurso a dónde puedes ganar una beca por la universidad que quieres y el primer ejemplar de la videoconsola DOM 5000, ella sabe que tiene que ganar. Pero hay un problema: sus padres no les parece buena idea lo del concurso, y sin su autorización no puede participar. Aún así Alexandra no se rinde y decide falsificar la autorización. Lo consigue, entra al juego y desde aquel momento su vida cambiará para siempre.

Es un libro entretenido con una trama sencilla, escrito de forma ágil y amena, con capítulos cortos (que van marcando una cuenta atrás), donde se alternan los puntos de vista, uno en primera persona, el de Alexandra, la protagonista, el otro en tercera, el de los mayores. Se tratan temas como la amistad, la rivalidad, los abusos, los celos, siempre vistos conforme la edad de los protagonistas, y, afortunadamente, no tenemos una gran historia de amor.

jueves, 18 de mayo de 2017

ANIMACIÓN A LA LECTURA CON DAVID VIROSTA


Este martes, gracias a la editorial Edebé, ha estado en nuestro centro el actor y cuentacuentos David Virosta, para llevar a cabo una jornada de animación lectora.

Hemos podido comprobar como David proviene del teatro, pues en cada dinamización se metía en la piel de un personaje distinto, para, de esa forma, interactuar con los alumnos y darles a ello el protagonismo. Veamos como lo ha hecho.

Con los alumnos de 3º ESO ha asumido el rol de un productor de televisión que quiere rodar Bajo el Fuego de las Balas Pensaré en Ti, la novela de Santiago García-Clairac y Roberto Santiago; les ha preguntado qué rodarían si una película o una serie de televisión; si fuera una película que escenas eliminarían al considerar que no es indispensable para la trama principal; si tuvieran que hacer un tráiler o un cartel para promocionar la película con que elementos los harían; dónde buscarían localizaciones. Y a partir de aquí también hemos pasado a hablar de otros libros.

Con los de 2º ESO, David se ha metido en la piel de un periodista que quiere investigar los sospechosos y las pistas de Erik Vogler en Muerte en el Balneario, la historia de Beatriz Oses, con ese personaje que a veces se nos hace un tanto repelente y nos recuerda a Sheldon Cooper.

Alumnos y profesores hemos disfrutado con su actuación, con sus preguntas, con su forma de indagar, de actuar, como su voz y sus gestos nos iban guiando.

lunes, 25 de julio de 2016

MADRID. 17 DE JULIO DE 1936


Aquel sábado, 17 de julio de 1936, hacía mucho calor en la Gran Vía de Madrid. El ambiente era sofocante y la crispación generada por la situación política se traducía en una tensión que se masticaba en la calle.
Cuando Rodrigo entró en la Casa del Libro, sudaba copiosamente y maldijo a Francisco Cambero por haber elegido precisamente ese día para presentar aquel dichoso libro en el que al parecer nombraba a su padre.
De mala gana, buscó a alguien que pudiera informarle. Al fondo había un hombre mayor que parecía muy ocupado atendiendo a un grupo de clientes; a la derecha, subida a una pequeña escalera, descubrió a una dependienta joven que le llamó la atención.
Era menuda, y ordenaba los libros con meticulosidad.
–Perdone, ¿dónde es la presentación del libro Héroes de la República? –le preguntó a la chica.
–Es ahí, en el salón del fondo –respondió ella, sin prestarle atención–. No hay mucho público, será por el calor.
–¿Puedo comprar un ejemplar?
–En el mostrador le atenderán, gracias.
Sin moverse de allí, Rodrigo echó un vistazo al mostrador, que estaba vacío. Unos metros más allá, junto al escaparate, volvió a ver al hombre mayor que atendía a un grupo de señoras.
Ni rastro de otros dependientes.
De nuevo miró hacia la dependienta subida a la escalera.
Entonces la chica se volvió y sus miradas se cruzaron.
Rodrigo sintió una punzada en el estómago.
La dependienta tenía unos enormes ojos verdes, que a él le parecieron los más grandes y hermosos que había visto nunca en su vida.
Ella también se quedó paralizada por un instante.
Como si una descarga eléctrica le cruzara el cuerpo de arriba abajo.
Los dos jóvenes se quedaron inmóviles.
–Eres preciosa –dijo él.
–¿Perdona? –preguntó ella, riendo.
Rodrigo se puso completamente rojo. ¿Había dicho en voz alta lo que estaba pensando?
–Disculpa..., es que... el autor del libro es amigo de mi padre –dijo Rodrigo titubeando, intentando arreglar la situación, sin poder apartar la mirada–. Quiero que me lo firme... Y el otro dependiente está muy... Si no te importa..., le importa...
Ella sonrió al ver su desconcierto. Se sintió halagada. Había algo en aquel chico que le gustaba.
En ese momento ninguno de los dos lo sabía, pero aquel encuentro fortuito iba a cambiar para siempre sus vidas.
–Sígueme... –le dijo.
Rodrigo la siguió avergonzado. Llegaron a un expositor donde había una pila de ejemplares. Ella tomó uno y se lo mostró.
–Aquí lo tienes... Héroes de la República. Espero que te guste...
–¿Por qué no me iba a gustar? ¿Cree usted que no es apropiado para mí?
Ella le miró irónica y desafiante.
–Es un panfleto, pero vamos que a mí... Ah, puedes tutearme, todos los clientes lo hacen.
Rodrigo se quedó sin palabras. La explicación le dejó paralizado.
–Yo no soy...
–Son cinco pesetas –dijo ella.
Otra vez se le había adelantado.
–Claro, aquí las tiene... Las tienes...
La joven extendió la mano y tomó las monedas de Rodrigo.
–¿Crees que me lo firmará? –preguntó él.
–Seguro que sí. No ha venido mucha gente y muy pocos lo han comprado. Te lo firmará y, si se lo pides, te dará un beso.
–No te cae bien, ¿verdad?
Ella le miró directamente a los ojos.
–¿A ti te gusta? –preguntó la chica.
–No le conozco.
–Pues para no conocerle te esfuerzas mucho... Compras su libro, vienes a su presentación, quieres una dedicatoria...
–Es por curiosidad... En el libro habla de mi padre.
–¿Tu padre es un héroe de la República?
Rodrigo se encogió de hombros.
–Vas a llegar tarde –dijo ella.
Rodrigo asintió.
–Tu amigo Cambero está a punto de empezar... Por aquel pasillo....
Rodrigo vio cómo la chica se alejaba.
Y se dirigió hacia la zona habilitada para las presentaciones.
Apenas una docena de personas ocupaba algunas sillas; a pesar de que había sitio de sobra, prefirió quedarse de pie, detrás, sin llamar la atención.
Francisco Cambero, el autor, delante de un atril, hablaba y agitaba su libro.
Rodrigo miró a aquel hombre; no era como se lo esperaba. Parecía un labriego, o un tipo curtido en el campo, no un escritor o un intelectual.
Cambero hablaba de la democracia y la libertad y la República, y de muchas otras cosas; hablaba de grandes conceptos y grandes ideales, pero Rodrigo no prestaba atención a sus palabras.
Aprovechó para hojear el libro. Enseguida encontró lo que buscaba. Su padre, Florencio Sandiego, aparecía como uno de los defensores de la Segunda República. Como uno de los muchos héroes que con sus sacrificios y sus esfuerzos había ayudado a construir esta nueva República.
Sintió una punzada en el corazón cuando vio el retrato familiar que ilustraba las páginas que había dedicado a su padre: «Florencio Sandiego, su esposa Olivia, y sus hijos Elena y Rodrigo», rezaba el pie de foto.
Cuando Cambero dio por terminado su discurso y se ofreció para firmar ejemplares, Rodrigo volvió a la realidad.
Después de una breve espera, llegó su turno.
–Señor Cambero, ¿conoce usted personalmente a Florencio Sandiego? –le preguntó.
–El camarada Sandiego ha entregado su vida entera por la República, algún día todos estos héroes que no aparecen en los titulares de los periódicos serán reconocidos. ¿A quién se lo dedico?
–A Rodrigo...
–¿Eres republicano? –le preguntó Cambero.
–No –dijo Rodrigo secamente–. Voy a ser falangista. Repudio vuestras ideas y todo lo que esto significa.
El escritor le miró con curiosidad.
–Entonces, ¿por qué lo compras? –quiso saber.
–No lo sé. Para quemarlo –replicó.
–¿Has venido a insultarme?
En ese momento, se escucharon gritos, voces de hombres y mujeres que discutían.
–¿Has venido con tus amigos a armar camorra?
–He venido solo –respondió Rodrigo.
Varios individuos estaban discutiendo con la dependienta que le había atendido.
–¡Aquí no se viene a montar bronca! –gritaba ella, impidiéndoles el paso–. ¡Esto es una librería!
–¡Estamos hartos de estos comunistas! –alegó uno, que llevaba un sombrero de ala ancha.
–Vamos a explicarle a ese Cambero lo que pensamos de su República... –añadió otro, bastante más joven–. ¡Apártate!
–¡Atrás! –ordenó la chica, oponiendo resistencia–. ¡Fuera de aquí!
Rodrigo pensó que la situación se estaba complicando y que ella sola no podía contenerlos. Así que no le quedó más remedio que intervenir.
–¡Atrás! –exclamó, bajando y acercándose–. El acto ha terminado y no se puede pasar.
–¿Quién eres tú para decirnos lo que tenemos que hacer? –replicó el del sombrero.
–Un cliente.
–¡Comunista! –le acusó otro, señalando el libro que Rodrigo llevaba entre las manos–. ¡Vamos a limpiar esta madriguera!
Esas palabras desencadenaron lo que vino después.
El del sombrero dio un empujón a la joven e intentó pasar.
Ella se rebeló y se interpuso con más determinación, pero otro le dio un golpe en el hombro y la tiró al suelo.
A Rodrigo se le calentó la sangre al ver a la chica tirada en el suelo, y sin pensarlo se lanzó contra el tipo que la acababa de empujar.
A partir de ahí se sucedieron los gritos, empujones y golpes.
Hasta que sonó un disparo.
Todos se volvieron hacia las escaleras.
Allí estaba Francisco Cambero.
Con una pistola en la mano.
De nuevo Rodrigo pensó que, para ser un escritor, este Cambero era un tipo muy particular.
–Todo el que no haya venido a comprar un libro, ya puede irse –dijo sin pestañear.
Al principio nadie se movió.
–Las ofertas están en la planta segunda –añadió–, los demás circulando, ¡ya!
Y dio un paso al frente con la pistola.
El tipo del sombrero y sus amigos salieron atropelladamente de allí.
Se escuchó la sirena de la policía que se acercaba.
Rodrigo ayudó a Sofía a levantarse.
–Gracias –dijo ella.
–¿Cómo te llamas? –preguntó él.
–Sofía –dijo la chica, sin apartar la vista.
–Rodrigo –respondió él.
Cambero llamó entonces su atención.
–¡Tú! ¡El falangista! ¡Largo también!
Rodrigo le miró.
Luego volvió a mirar a Sofía.
Y salió de allí. Abriéndose paso entre el gentío que se había amontonado a las puertas de la Casa del Libro.

Roberto Santiago y Santiago Garcia Clairac, Bajo el Fuego de las Balas, Pensaré en Ti

lunes, 9 de mayo de 2016

BAJO EL FUEGO DE LAS BALAS PENSARÉ EN TI


Entre julio y noviembre de 1938, tuvo lugar una de las mayores batallas de la Historia. Perdieron la vida cerca de doscientos mil combatientes. Con el tiempo, se conocería como la Batalla del Ebro.

Así empieza Bajo el Fuego de las Balas Pensaré en Ti, de Roberto Santiago y Santiago García-Clairac; primera novela de padre e hijo coautores.

En ella se nos narra la historia de la dividida familia Sandiego, entrelazada con la de España, en el momento que marcó el desenlace de la guerra que cambió el país para siempre. Una parte en un bando y la otra en el otro. La madre muerta; el padre considerado como un héroe en el bando republicano; el hijo, falangista, condecorado por Franco;  la hermana se alista como miliciana.  ¿Cómo podía un hijo estar en el bando contrario al de su familia?

El día en que estalla la guerra, Rodrigo conoce a Sofía en Madrid. Se enamoran en el acto. La familia de Sofía desconfía de las raíces comunistas de Rodrigo, pero ella cree ciegamente en él.

Pero el destino le depara la amarga misión de pasar por traidor, desertar y espiar al ejército republicano. A su padre. A su hermana.

Narrada desde todas las voces de la historia dispersadas por los enclaves de España convertida en campo de batalla, Bajo el fuego de las balas es un cara a cara con el horror y el absurdo de la guerra fratricida. Lo que empieza como enfrentamiento entre enemigos termina como la lucha por la supervivencia de los seres queridos, atravesados todos sin excepción por la tragedia. Una desgarradora y bella crónica cimentada tanto en rigor histórico como talento narrativo; un canto a los lazos inquebrantables del amor.

                En ningún momento los autores consideran un bando bueno y otro malo,, pues, en cortos capítulos, los personajes se van alternando con su diferente punto de vista, que a lo largo de la novela va cambiando. La ambientación, sobre todo en las escenas bélicas y en las represalias de ambos bandos, puede llegar a ser dura, reflejando fielmente lo que es una guerra civil.

                Se entrelazan las historias de los distintos personajes, hasta que convergen, y padre e hijo, los dos protagonistas, se olvidan de cuál es su bando. Los personajes, tanto principales como secundario, bien definidos, cada uno con sus motivaciones.

                La novela se lee rápido, engancha, con un estilo directo, sencillo, donde lo que predomina es la acción, pues el conflicto o, mejor dicho, los conflictos que atañen a los personajes no permiten la reflexión, sino decisiones rápidas, casi inconscientes.