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martes, 25 de mayo de 2021

EL CÍRCULO ESCARLATA

 Enviado por Ana

Como en la anterior novela de César Mallorquí, Las lágrimas de Shiva, el narrador será el propio Javier. Ahora, cuatro años después de descubrir qué pasó con Beatriz Obregón y con el famoso collar, Javier se trasladará a Santander para ayudar a Violeta a descubrir un nuevo misterio. Es el verano de 1973 y nuestro protagonista volverá a ser testigo de la presencia de otro fantasma, que no será tan amable como Beatriz Obregón y que aterrorizará en varias ocasiones a nuestros protagonistas.

La Mansión Kraken será el refugio de este nuevo fantasma aficionado a los relatos de terror, un edificio con apariencia de fortaleza que tiene un aire un tanto siniestro y que parece el decorado de una película de miedo. Melquiades, su último dueño, falleció hace dos años y la familia de Elena, amiga de Violeta, no ha conseguido encontrar los documentos de propiedad para aceptar así la herencia. Javier, gracias a sus dotes detectivescas y a esa sensibilidad especial para contactar con los fantasmas, descubrirá poco a poco qué se esconde detrás de esa mansión. Conoceremos así algunos detalles de la vida de los antepasados de Melquiades y el origen de esa mansión maldita, construida con la sangre de inocentes. Aníbal Salazar será la oveja negra de la familia, un traficante de esclavos conocido como “La Bestia” que cometió verdaderas atrocidades.

Finalmente, Javier descubrirá quién se oculta detrás del fantasma de la casa, un adolescente aficionado a leer historias de terror y que creará su propia historia: La secta del círculo escarlata. Se trata de un relato enmarcado, es decir, una historia dentro de la historia principal que protagonizan Javier y Violeta. Es un manuscrito que el fantasma dejó inconcluso al morir y que logrará terminar gracias a la ayuda de Javier, dejándole nada menos que su cuerpo. A raíz del hallazgo de este manuscrito y de algunas revistas de terror que encuentran en la biblioteca, el autor nos introduce en el mundo de la Ciencia-Ficción y en la narrativa del escritor Lovecraft, al que imita nuestro fantasma. También aprovecha este género para hablarnos de su padre, José Mallorquí, que dirigió la revista titulada Narraciones Terroríficas. Incluso nos recuerda un suceso trágico en su vida, el suicidio de su padre.

Pero no todo son fantasmas, tráfico de esclavos, sectas, masones o habitaciones ocultas, también hay lugar para el amor y los celos, muchos celos. Al principio del libro descubrimos que la historia de amor que se fraguó hace cuatro años, no ha continuado en el tiempo. Javier y Violeta han dejado en el pasado ese primer amor y empiezan relaciones paralelas que finalmente no terminan con final feliz. A lo largo del libro sentimos cierta antipatía por Andrés, novio de Violeta, un chico demasiado engreído, o por Elena, muy guapa, pero excesivamente pija e interesada. Los celos que sienten Javier y Violeta al ver al otro con su pareja, les harán darse cuenta de lo que realmente sienten, aunque Azucena les tendrá que dar un pequeño empujón de nuevo.

domingo, 28 de febrero de 2021

AL OESTE DE ARKHAM

las colinas se yerguen selváticas, y hay valles con profundos bosques en los cuales no ha resonado nunca el ruido de un hacha. Hay angostas y oscuras cañadas donde los árboles se inclinan fantásticamente, y donde discurren estrechos arroyuelos que nunca han captado el reflejo de la luz del sol. En las laderas menos agrestes hay casas de labor, antiguas y rocosas, con edificaciones cubiertas de musgo, rumiando eternamente en los misterios de la Nueva Inglaterra; pero todas ellas están ahora vacías, con las amplias chimeneas desmoronándose y las paredes pandeándose debajo de los techos a la holandesa.

Sus antiguos moradores se marcharon, y a los extranjeros no les gusta vivir allí. Los francocanadienses lo han intentado, los italianos lo han intentado, y los polacos llegaron y se marcharon. Y ello no es debido a nada que pueda ser oído, o visto, o tocado, sino a causa de algo puramente imaginario. El lugar no es bueno para la imaginación, y no aporta sueños tranquilizadores por la noche. Esto debe ser lo que mantiene a los extranjeros lejos del lugar, ya que el viejo Ammi Pierce no les ha contado nunca lo que él recuerda de los extraños días. Ammi, cuya cabeza ha estado un poco desequilibrada durante años, es el único que sigue allí, y el único que habla de los extraños días; y se atreve a hacerlo, porque su casa está muy próxima al campo abierto y a los caminos que rodean a Arkham.

En otra época había un camino sobre las colinas y a través de los valles, que corría en mi recta donde ahora hay un marchito erial1; pero la gente dejó de utilizarlo y se abrió un nuevo camino que daba un rodeo hacia el sur. Entre la selvatiquez del erial pueden encontrarse aún huellas del antiguo camino, a pesar de que la maleza lo ha invadido todo. Luego, los oscuros bosques se aclaran y el erial muere a orillas de unas aguas azules cuya superficie refleja el cielo y reluce al sol. Y los secretos de los extraños días se funden con los secretos de las profundidades; se funden con la oculta erudición del viejo océano, y con todo el misterio de la primitiva tierra.

Cuando llegué a las colinas y valles para acotar los terrenos destinados a la nueva alberca, me dijeron que el lugar estaba embrujado. Esto me dijeron en Arkham, y como se trata de un pueblo muy antiguo lleno de leyendas de brujas, pensé que lo de embrujado debía ser algo que las abuelas habían susurrado a los chiquillos a través de los siglos. El nombre de "marchito erial" me pareció muy raro y teatral, y me pregunté cómo habría llegado a formar parte de las tradiciones de un pueblo puritano. Luego vi con mis propios ojos aquellas cañadas y laderas, y ya no me extrañó que estuvieran rodeadas de una leyenda de misterio. Las vi por la mañana, pero a pesar de ello estaban sumidas en la sombra. Los árboles crecían demasiado juntos, y sus troncos eran demasiado grandes tratándose de árboles de Nueva Inglaterra. En las oscuras avenidas del bosque había demasiado silencio, y el suelo estaba demasiado blando con el húmedo musgo y los restos de infinitos años de descomposición.

En los espacios abiertos, principalmente a lo largo de la línea del antiguo camino, había pequeñas casas de labor; a veces, con todas sus edificaciones en pie, y a veces con sólo un par de ellas, y a veces con una solitaria chimenea o una derruida bodega. La maleza reinaba por todas partes, y seres furtivos susurraban en el subsuelo. Sobre todas las cosas pesaba una rara opresión; un toque grotesco de irrealidad, como si fallara algún elemento vital de perspectiva o de claroscuro. No me estuvo raro que los extranjeros no quisieran permanecer allí, ya que aquélla no era una región que invitara a dormir en ella. Su aspecto recordaba demasiado el de una región extraída de un cuento de terror.

Pero nada de lo que había visto podía compararse, en lo que a desolación respecta, con el marchito erial. Se encontraba en el fondo de un espacioso valle; ningún otro nombre hubiera podido aplicársele con más propiedad, ni ninguna otra cosa se adaptaba tan perfectamente a un nombre. Era como si un poeta hubiese acuñado la frase después de haber visto aquella región. Mientras la contemplaba, pensé que era la consecuencia de un incendio; pero, ¿por qué no había crecido nunca nada sobre aquellos cinco acres de gris desolación, que se extendía bajo el cielo como una gran mancha corroída por el ácido entre bosques y campos? Discurre en gran parte hacia el norte de la línea del antiguo camino, pero invade un poco el otro lado. Mientras me acercaba experimenté una extraña sensación de repugnancia, y sólo me decidí a hacerlo porque mi tarea me obligaba a ello. En aquella amplia extensión no había vegetación de ninguna clase; no había más que una capa de fino polvo o ceniza gris, que ningún viento parecía ser capaz de arrastrar. Los árboles más cercanos tenían un aspecto raquítico y enfermizo, y muchos de ellos aparecían agostados o con los troncos podridos. Mientras andaba apresuradamente vi a mi derecha los derruidos restos de una casa de labor, y la negra boca de un pozo abandonado cuyos estancados vapores adquirían un extraño matiz al ser bañados por la luz del sol. El desolado espectáculo hizo que no me maravillara ya de los asustados susurros de los moradores de Arkham. En los alrededores no había edificaciones ni ruinas de ninguna clase; incluso en los antiguos tiempos, el lugar dejó de ser solitario y apartado. Y a la hora del crepúsculo, temeroso de pasar de nuevo por aquel ominoso lugar, tomé el camino del sur, a pesar de que significaba dar un gran rodeo.

H. P. Lovecraft, El color del espacio exterior

domingo, 23 de septiembre de 2018

POR DONDE UN DÍA PASEÓ POE



Divagan eternamente las sombras en esta tierra,
Soñando con siglos que se fueron para siempre;
Grandes olmos se alzan solemnes entre lápidas y túmulos
Desplegando su alta bóveda sobre un mundo oculto de otro tiempo.
Una luz del recuerdo ilumina todo el escenario,
Y las hojas muertas hablan en susurros de los días idos,
Añorando imágenes y sonidos que ya no volverán.

Triste y solitario, un espectro se desliza a lo largo
De los paseos por donde sus pasos le llevaban en vida;
Pero no es visible a los ojos de cualquiera, a pesar de que su canto
Resuena a través del tiempo con una extraña fascinación.
Sólo los pocos que conocen el secreto de su magia
Pueden encontrar entre estas tumbas la sombra de Poe.

H. P. Lovecraft

Where Once Poe Walked

Eternal brood the shadows on this ground,
Dreaming of centuries that have gone before;
Great elms rise solemnly by slab and mound,
Arched high above a hidden world of yore.
Round all the scene a light of memory plays,
And dead leaves whisper of departed days,
Longing for sights and sounds that are no more.
Lonely and sad, a specter glides along
Aisles where of old his living footsteps fell;
No common glance discerns him, though his song
Peals down through time with a mysterious spell.
Only the few who sorcery’s secret know,
Espy amidst these tombs the shade of Poe.

martes, 10 de abril de 2018

EL POZO DETRÁS DE LA PUERTA


Un ascensor que se detiene cuando no debe, una joven que apunta en su cuaderno todas las anomalías y microfenómenos que ocurren con él, un buzón que acumula los deseos de los vecinos, dos adolescentes que se conocen por casualidad y un misterio que los unirá hasta el final de la trama.

Álex y Olga sospechan que un intruso de su edificio mueve los hilos (literalmente) de las vidas de los vecinos. Todos han sufrido pequeños "incidentes" con el ascensor, incidentes que han cambiado drásticamente sus destinos. Cuando los dos jóvenes se atreven a investigar el asunto, todas las pistas los llevan al mismo lugar: el entresuelo del edificio, un lugar inexistente en el panel de botones del ascensor. Pero lo que los espera allí podría no ser humano, ni tampoco un monstruo, sino un ser mucho más poderoso. Los deseos de los vecinos se cumplen del modo más siniestro... pero el pozo no concede ningún favor sin recibir un sacrificio a cambio.

Josep Sampere en esta novela nos va sumergiendo en un ambiente claustrofóbico, sobrenatural, que nos recuerda la obra de Edgar Allan Poe y de H. P. Lovecraft. Sitúa la trama en una ciudad monótona, cuya única discordante es el rascacielos de treinta pisos donde viven nuestros protagonistas, donde los ascensores, unos aparatos de uso cotidiano, van adquiriendo tintes siniestros por los pequeños incidentes en los que se ven implicados (por si fuera poco, en el fondo del ascensor hay monedas, joyas, como si fuera un pozo de los deseos, pero un pozo tenebroso con deseos que se hacen esperar largamente, deseos por los que hay que pagar un precio). Es más, esos tintes siniestros, sobrenaturales, se van extendiendo a otros lugares del edificio: Alex cree en un momento que las puertas de los rellanos le están espiando y que las mirillas son, en realidad, corneas.

Los protagonistas son: Olga, una joven de dieciséis años que vive con sus abuelos desde que sus padres fallecieron en un accidente de avión, no deja de hacerse preguntas sobre los microfenómenos que tienen lugar en el ascensor y apunta todos los sucesos relevantes en una libreta o los graba en su móvil.  Álex, cuyos padres no pasan por un buen momento, intentará ayudar a Olga con objeto de desentrañar ese misterio. El ascensor con sus microfenómenos será el tercer protagonista en discordia.

La narración es fluida, con un ritmo in crescendo, que nos atrapa enseguida y nos lleva a ese final que no esperamos; por medio sueños, ilusiones, temores, miedos, deseos. La atmosfera que recrea el autor e impregna toda la novela nos recuera el universo de Edgar Allan Poe y de H. P. Lovecraft

PREMIO BARCANOVA 2008
PREMIO FUNDACIÓN CUATROGATOS 2016

domingo, 21 de enero de 2018

H. P. LOVECRAFT


En mi viaje a las Islas me contaron que Lovecraft jamás murió,
al menos no en el lugar ni en fechas que sus biógrafos marcaron.

Sostienen, ellos, que este escritor sabía otras muchas más cosas
de las que consignó en sus libros, y no todas, precisamente,
las recibidas de sus -ya certificados- contactos
con personas del Más Allá.

Los moradores me dicen, sin embargo, que ellos nunca observaron
por estos parajes sucesos sorprendentes, lejos de lo normal;
quizá, retrocediendo mucho, la cabalgadura que se negó
a seguir tirando la rueda del molino, convertida después
en manantial ( año 70) , o todo un pinar que en el verano
más lluvioso del cantón, el que no se recuerda, ardió sin un motivo
porque, según parece, no se avenía a ser talado de unos árboles sí
y de otros no.

Vicente Molina Foix

miércoles, 28 de diciembre de 2016

LA LEGIÓN DEL ESPACIO


IN MEMORIAM DE LA PRINCESA LEIA (CARRIE FISHER)
               
       Ayer falleció Leia, mi princesa Leia, esa princesa intergaláctica que me acompañó durante mi adolescencia.

                Recuerdo que, tras ver la primera película, uno de mis amigos comentó que la película tomaba muchos elementos de La Legión del Espacio, una novela del estadounidense Jack Williamson publicada por entregas, a modo pulp, en 1934 en Astounding Science Fiction.  Sí, que es cierto que la película tomaba elementos prestados de la novela (combates intergalácticos, héroes intrépidos, princesas en peligro, poca credibilidad científica), pero a mí ésta me recordaba mucho más a una vieja y entrañable novela de capa y espada Los Tres Mosqueteros de Alejandro Dumas, como en su momento confesó el autor añadiendo que uno de los personajes (Giles Habibula) está inspirado en el Falstaff de Shakespeare.

La novela es una space opera ligera y frenética, sobre todo en la segunda parte.

El protagonista John Ulnar, también llamado John Starr, recién licenciado en la Legión, no puede evitar que parte de su familia, secundada por los Medusas, una extraña y horripilante especie alienígena digna de Lovecraft, rapte a a la joven Aladorea Anthar, una hermosa mujer que protege el secreto del arma definitiva, el AKKA, con la cual podría destruirse todo el Sistema Solar.

Acompañado de otros tres veteranos legionarios (Giles Habibula, Jay Kalam y Hal Samdu) se lanza al rescate de la joven. La aventura les lleva a persecuciones, batallas espaciales, enfrentamientos con monstruosas criaturas, huidas de prisiones y combates desesperados (como dice Gimli, en El Retorno del Rey de Tolkien: “Certeza de muerte, mínima esperanza de éxito... ¿a què esperamos?).

                Se nota en la novela el paso de los años: el argumento predecible, los personajes unidimensionales, la trama lineal, la repetición de información, etc… Pero, vale la pena echarle un vistazo.

lunes, 14 de marzo de 2016

¿DE DÓNDE SACA USTED SUS ARGUMENTOS?

Ésta es la pregunta que suele hacérsele a todo escritor.

Para contestarla, el autor corriente puede acudir a una explicación sencilla y plausible; como por ejemplo, diciendo que es «un observador de la vida diaria», o «un interesado en la naturaleza humana», o bien, que tiene afición a la investigación histórica… o que se basa en su propia experiencia.

En contraste, el que escribe otras de tipo «fantástico» no puede fundamentar sus argumentos en hechos de la vida real, puesto que se ocupa de asuntos relativos al más allá. Tampoco puede afirmar que se interesa exclusivamente en la naturaleza humana, ya que la naturaleza «inhumana» es objeto, muy a menudo, de su atención y consideración. Y en cuanto a sus investigaciones históricas, quedan casi siempre relegadas a lo referente a la leyenda y a la mitología.

El prólogo normal de una colección de cuentos de ficción consiste en una disertación sobre literatura imaginativa; con abstracción de cualquier consideración sobre los motivos que impulsan al autor para crear sus propias obras. En efecto: tan reacio es el autor de cuentos fantásticos a explicar el origen de su inspiración, que nunca he tenido ocasión de leer una explicación sobre tal tema. Por eso se me ocurre sugerirle al lector la idea de que un autor de relatos de fantasía puede ser considerado como si estuviera representando el doble papel del doctor Jekyll y míster Hyde.

El doctor Jekyll, o sea, el autor en su vida corriente, es un hombre completamente normal. Su esposa no le teme, sus hijos no chillan, horrorizados, cuando él entra en casa, y sus amigos y compañeros de trabajo no tiemblan nunca en su presencia; pero cuando este apacible individuo se recluye en la intimidad de su estudio y empieza a escribir… entonces, y al conjuro del papel y de la máquina de escribir, se transforma en una especie de monstruoso «míster Hyde». Al igual que ocurría en el famoso relato de Stevenson, desaparece la máscara de humanidad con que se envuelve diariamente, para mostrar otro aspecto muy distinto de su personalidad. Y allí, encerrado a solas en su gabinete de trabajo, se olvida del mundo exterior, del que le rodea constantemente, y piensa tan solo en los mundos que existieron, en los que existirán… y en los que podrían coexistir con el verdadero y actual.

Pavorosa sabiduría, en verdad, la del autor de cuentos fantásticos, que está enterado de a favor de qué vientos cabalgan las brujas sobre sus escobas, y de qué artes se valen los hechiceros para maquinar sus encantamientos; que ha tenido tratos con los inquilinos de las tumbas, y que ha yacido en un sepulcro, junto al horrendo Vampiro. El cráneo de un demente no encierra ningún secreto que él no conozca. Sus ojos pueden mirar de frente y sin pestañear a la terrible Medusa; sus oídos perciben el rumor que producen las larvas en sus festines; sus fosas nasales están saturadas del hediondo olor procedente de las cárcavas; y su boca se halla conformada para dar satisfacción a muy extraños apetitos.

Esencialmente, el autor de cuentos fantásticos está empeñado en la composición de una especie de conferencia ilustrada con proyecciones: la historia de un viaje en los dominios de la imaginación; algo así como una incursión en los entresijos de un cerebro. Y cada uno de sus relatos viene a ser un capítulo de su interminable odisea.

Es posible que todo esto parezca muy pueril, e incluso excesivamente melodramático. En caso de que así suceda, acháquese a la falta de franqueza que hace tiempo se advierte en las declaraciones del autor con destino al lector. De modo particular, el creador de obras fantásticas procura ocultar enteramente el fundamento emotivo de su impulso literario. Recuérdese que el doctor Jekyll trataba de negar, también, la existencia de míster Hyde; pero a pesar de su empeño, éste existía.

Por lo tocante a mí mismo, he de decir que mi vida como Jekyll ha sido y es extremadamente vulgar. Tengo hogar, familia, amigos, y un trabajo constante y regular, así como un conjunto de distracciones y entretenimientos nada diferentes de los de cualquier otro hijo de vecino; pero hay que tener en cuenta que pese a la delatora evidencia de un sentido del humor un tanto extraño, sigo convencido de que los que conocen al doctor Jekyll lo consideran como un tipo más bien insulso y prosaico.

Por el contrario, míster Hyde es muy listo, muy activo. Su asociación con Jekyll ha resultado, a la vez, grata y provechosa. Y sería yo muy injusto si permitiese que el segundo recibiera todos los honores, todo el mérito que se deriva de sus obras, sin agradecérselo deriva de sus obras, sin agradecérselo a su «alter ego».

En la mayoría de los cuentos seleccionados en este libro, Jeckyll desempeña el papel de narrador consciente. Su estilo es a menudo seudoculterano; y sus productos de su imaginación, espeluznantes y artificiosos. Es un apasionado de las palabras polisílabas; y su técnica narrativa debe mucho a la influencia y dirección del difunto H. P. Lovecraft; pero la inspiración proviene de míster Hyde. Éste es el verdadero responsable del tema básico de todos los relatos… y de las ingratas consecuencias que acechan a todo aquél que hurga en asuntos que deberían asuntos que deberían dejarse sin remover.

De cualquier forma que sea, temo que Hyde pueda ser objeto de reproches, a causa de errores de juicio o de muestras de mal gusto. Con su prisa para efectuar algunas revelaciones particularmente espantosas, ha pasado por alto muchas amenidades literarias. Sobre esto, sólo puedo decir que se trata de una cuestión ajena a mi control. Si alguna vez escribo un cuento que sea dictado enteramente por la consciente personalidad del doctor Jekyll, el resultado será, sin duda, muy diferente del que se registra en los relatos que aquí se presentan; pero aparte esta posibilidad, los trabajos que se publiquen con mi firma llevarán siempre la hórrida impronta de Hyde.

Y cuando alguien me pregunte de dónde obtengo los temas para mis narraciones, sólo me quedará el recurso de encogerme de hombros y responder: «De mi colaborador… míster Hyde».

Robert Bloch

domingo, 30 de agosto de 2015

TINTÍN Y LOVECRAFT

Murray Groat es un ilustrador entusiasta de la obra del escritor americano H. P. Lovecraft, y también del personaje del joven reportero belga Tintin, creación del historietista belga Georges Remi (Hergé),  por lo que decidió unir sus dos gustos para crear esta serie de portadas. 

Tintin junto con su perro Milú o sus amigos como el capitán Haddock o el profesor Tornasol se enfrentan al terror cósmico, la ciencia ficción y toda la mitología de Lovecraft en la imaginación de Groat. “En las montañas de la locura”, “El horror de Dunwich”, “El que susurra en la oscuridad”, son algunas de las portadas creadas donde observamos este homenaje.


El Que Susurra En La Oscuridad


El Horror De Dunwich


Las Montañas de la Locura

miércoles, 29 de julio de 2015

SOMBRAS SOBRE BAKER STREET

La gorra de cazador, la pipa, la bolsita llena de tabaco sobre el mantel de la chimenea... La imagen que aparece, ya sea la de Basil Rathbone, la de Jeremy Brett o una creada por el propio lector, es inconfundible. La figura más reconocible de la ficción en lengua inglesa es, sin lugar a dudas, la de Sherlock Holmes. Durante más de cien años, las historias del gran detective que utiliza la afilada cuchilla de la racionalización en contra del mal han cautivado a gran cantidad de entusiastas lectores en todo el mundo.

A lo largo de las décadas se han escrito gran cantidad de estudios y obras relacionadas, desde biografías hasta enciclopedias, que citan escrupulosamente cada personaje secundario y cada localización. Ha habido películas, seriales radiofónicos, obras de teatro, tebeos, series de televisión e incluso un par de libros de cocina. La cifra de pastiches no autorizados puede llegar a alcanzar fácilmente varios centenares. Holmes es uno de los personajes más fascinantes de la literatura. La idea de un hombre que resuelve los enigmas más difíciles e intrigantes solo mediante la lógica y la capacidad de deducción sigue atrayendo a un buen número de escritores y lectores más de un siglo después de su primera aparición en The Strand Magazine. Siempre podemos confiar en que las crónicas que Watson realiza sobre el primer detective consultor del mundo proporcionen el reconfortante conocimiento de que todo tiene una explicación; no hay oscuridad lo suficientemente profunda que la luz del intelecto y la razón no pueda iluminar.

Pero, ¿qué pasaría si...?

¿Qué pasaría si Holmes y Watson se vieran enfrentados a cosas ajenas al reino de la experiencia humana? ¿Qué pasaría si lo inconcebible resultara ser cierto? ¿Qué pasaría si hubiera lugares, entidades, conceptos en el cosmos que el hombre no solo no entiende, sino que no puede llegar a entender?

El ciclo del Mito de Cthulhu de H. P. Lovecraft es solo una sombra que se esconde detrás del canon de Holmes, creado a través de las numerosas adaptaciones y obras en las que ha influido. Desde que Lovecraft habló de la existencia de Arkham, el Necronomicón y los Primigenios en las páginas de Weird Tales, una gran cantidad de autores se ha inspirado en ellos para crear su propia visión de esta mitología. El mito sugiere que la realidad que conocemos es pequeña y estrecha; que, más allá de los límites de la cordura, se arrastran seres de un inmenso poder y malicia que gobernaron este mundo antes de la llegada de la humanidad, y que pretenden volver a hacerlo. ¿Qué extraños sucesos causaron estas poderosas y extrañas criaturas en los últimos días del siglo XIX? ¿Cómo podrá alzarse el gran detective como defensor de la humanidad ante unos seres de conocimiento y poder incalculables?

Hemos hecho estas preguntas a dieciocho de los mejores escritores de misterio, fantasía y ciencia ficción de la actualidad. Las respuestas se encuentran en este libro, que es el primero en muchos años que los herederos de Doyle han autorizado. Podrás encontrar ligeras diferencias en la percepción que tiene de los personajes cada uno de los autores. Era de esperar; todos nosotros (tal y como el gran detective puede atestiguar) observamos las cosas de forma diferente. Confiamos en que los aficionados más apasionados de Holmes no encuentren ninguna discrepancia en la cronología que aquí presentamos. ¿Deben considerarse estas historias parte del canon oficial o, más bien, simples tributos cariñosos realizados por escribanos modernos? Eres tú, lector, quien debe decidirlo.

Desde el Lejano Oriente a la ciudad de Nueva York, pasando por el Londres de Holmes, comienza un nuevo y terrorífico juego. Sherlock Holmes y sus aliados poseen una enorme experiencia a la hora de enfrentarse a lo misterioso e inusual; ahora deben enfrentarse a lo incognoscible e inenarrable...

Aquí, por tanto, se encuentra el mundo que profetizó el árabe loco Abdul al-Hazred, visto a través de los ojos del doctor John H. Watson, de Irene Adler, del profesor James Moriarty y de otros. Desde las primeras aventuras de Watson en Afganistán hasta recuerdos escritos durante la Gran Guerra, después de que los dos hombres se hubieran jubilado, estas historias son retazos de un mundo en el que lo imposible resulta real y aterrador.

Unas sombras extrañas se ciernen sobre Baker Street; en R’lyeh, el cadáver de Cthulhu empieza a desperezarse...

John Pelan y Michael Reaves

domingo, 22 de marzo de 2015

CON LA TÉCNICA DE LOVECRAFT

A la memoria de Lovecraft, escritor de "science fiction”,
que murió perseguido por los seres invisibles.
 
El resorte se disparó, hizo un ruido leve y, lentamente, bajó el disco. Hubo una pausa. Algo, como una corriente de aire casi imperceptible, fue aumentando en intensidad. Entreabrió una puerta y descendió por unos escalones que daban a un patio interior. Tropezó con algo sólido y opaco y blasfemó en voz baja. Luego se dirigió a un breve pasadizo, al otro lado del patio, y se arremolinó. Ahora se oía la música alejada, sorda, filtrada. Era una noche silenciosa y tranquila, de gran suavidad, con el aroma de la primavera cayendo desde los árboles.

Desapareció la magia de la boca con las pequeñas placas de la sífilis en labios y paladar. Había unas bombillas rojas y verdes en cuyo interior se podía ver perfectamente la imagen de su rostro con un rictJs de ironía amarga y desilusionada. Ironía nacida de la desesperación y de la muerte, más allá de las cuales sólo débiles ráfagas de aire descansan en el interior de los sepulcros abandonados, llenos de ceniza o de agua pútrida, o en la caja de resonancia de los pianos Chassaigne, modelo 1906, esperando la aparición del conducto sutilísimo que los ha de unir, con unas cuantas palabras no pronunciadas, a la oreja del caballero momificado o de la dama solitaria. Gastadas formas de vida o de muerte, de nacimiento mecánico o un dolor visceral, de v6mitos que se suceden, implacables (o que, por lo menos, atormentan con la agonía del espasmo que ha de venir y que siempre, siempre desemboca en una especie de abismo y en sudor y en cabellos pegajosos), y de grititos histéricos y de dientes que se desmoronan y que la lengua palpa voluminosos y febricitantes.

No era eso. Sólo la gélida quemadura de un thoulú, de uno de aquellos seres amorfos y terribles que ya había descrito minuciosamente, en el siglo XII, el árabe Al-Buruyu en su tratado Los que vigilan. La evidencia de las cosas surgía de improviso con mil y un significados aterradores y alusivos. No había forma humana para conjurar lo inevitable, para alejar el dogal que ceniría al elegido, quien, por un impulso misterioso, sería arrastrado al sacrificio, a la aniquilación de la propia personalidad, y se convertiría en una cosa horrible y sin nombre, abominable concepción esta, fruto de una boda del cielo y el infierno. No podían tener otro sentido la aparición de signos en todas las habitaciones de la casa y aquellos restos de organismos extraños hallados una mañana en el patio, que se habían volatilizado misteriosamente al cabo de una hora. El magisterio de Al-Buruyu se presentaba como una fuerza maléfica que se anticipaba a los siglos como un ojo impasible y escrutador, dotada de una voz caligráfica y cabalística que iba avanzando como una carcajada por la noche, sobre la nieve surcada de huellas deformes y de misteriosas desapariciones, de alaridos alucinantes junto a las rejas de los manicomios.

Se oyó el claxon de un coche. La presencia se inquietó y hubo como una distensión. Murmuró unos sonidos ininteligibles y apenas una leve fosforescencia se insinuó en el-fondo del pasadizo, entre inmundicias y botellas de licor vacías. Se encendió la luz en una ventana próxima y poco después se apagó. Fuera, respiraba la primavera.

El tiempo se acumulaba en el cerebro y en la sangre, en pliegues suavísimos y turbadores en los que aparecía la claridad solar. Había costras y una materia rugosa, surcada por grietas de dirección dubitativa, que parecía calcinada por un contacto satánico o sordamente enfurecido. O bien una superficie enharinada con polvos de arroz, bajo la cual palpitaban, vívidas y sensibles, amplias llagas purulentas, como bocas martirizadas y ocultas, como flores monstruosas y sonámbulas que, de pronto, se hinchasen y creciesen, estirando su íntima estructura hacia formas propias de un delirio febril. Era demasiado tarde para el antídoto, la svástica invertida de plata que habría de poner ecos de cantos litúrgicos en la huida de la estepa y en la llegada de la savia vivificante. El vuelo de las hojas era un vuelo de bronces, enlutado y solemne, sobre la tierra árida y espectral. Apenas podían entreverse, con un esfuerzo supremo, la risa de un niño vestido de marinero, casi velada por el dolor, o la triste tenacidad del hombre que medita hasta altas horas de la noche, contemplada ahora bajo el peso de una lágrima, o la inútil trenza perfumada que era como aire para una mirada que alimentaba al deseo. La carne había empezado a corromperse, aún en presencia de la vida, y exhalaba una pestilencia indefinible que lo impregnaba todo. Lentamente se inició el éxodo, e incluso la araña, con su perezosa pero terrible seguridad, abanoonó el nido de su vida feliz. Entreveía lecturas de íncubos, fórmulas mágicas de la muerte y el diablo, rebasado ya todo vestigio de razón, y se veía hojear la Dissertation sur les apparitions des anges, des démons et des esprits et sur les revenants et vampires, del monje Calmet, que corroboraba la fría certeza de Al-Buruyu. Ya Angela Foligno había revelado al comentarista que, al principio, non est in me membrum quod non sit percussum, tortum et poenatum a daemonibus, et semper sum infirma, et semper stupefacta, et plena doloribus in ómnibus membris vivis. También había un flotar sobre la realidad, un ir a la deriva en paisajes inexistentes de algas mortecinas que se crispaban, airadas y amenazadoras, al más leve contacto; y el manubrio de los organillos giraba vertiginosamente en el interior del cráneo, con un insufrible alboroto de timbres y altavoces enloquecidos que callaban después en un angustioso silencio de tumba.

Se alisó el cabello con la mano, morosa y maquinalmente. Bebía con delectación, y en breves sorbos, una copa de auténtico scotch Forrester y se encontraba, seguramente, a diez millas de la costa y en una tormenta de todos los demonios. Rióse una rubia con la risa provocativa de Jane Russell y se le acercó desde la barra. Llevaba la boca pintada de rojo intenso, de color sangre toro, y un jersey ceñido que destacaba su busto con violencia. Le acarició la mejilla y le murmuró unas palabras cariñosas, acercando su cara hasta casi rozarle. La atmósfera era densa y turbia por el humo del tabaco y algunos invitados se habían quitado la americana. Otra muchacha, que movía las ancas como una estrella de Holly vood, cantaba como en éxtasis, con una lánguida sensualidad que se pegaba a la epidermis.

Pensaba que no le volvería a ver. De pronto, se le ocurrió reír ante aquel niño vestido de marinero, pasado de moda y ridículo. Lo asoció a muchas otras cosas, como a un banderín de hockey clavado bien tenso en alguna pared, o una fotografía desteñida que perpetuaba unas caras ausentes en una nebulosa excursión a Bañolas, un día de mucho frío, o a un pequeño bar del Paseo de Gracia, mucho después, cuando ya ella preparaba el trousseau de novia y le regalaba corbatas el día de su santo.

La cantante agradeció los aplausos con una sonrisa. La gente intentaba ahora bailar, excepto un grupito que bebía y conversaba con el barman y con la muchacha que acababa de terminar su número. Reinaba una media luz sucia y gastada.

Penetrado por la sombras, detrás del gran monumento a Napoleón, detrás de las campanas de los tranvías, bajo los burdeles de todas las ciudades del mundo, necesitaba ahora, en su último momento de lucidez, buscar la luz, engañar a aquella presencia, acercarla fuese como fuese, si era menester, a la luz clara y purificadora, a esa luz que a veces rasgaba las tinieblas. Tenía que haber luz en algún lado. A él le parecía que así tenía que ser forzosamente.

Muy lejos, seguramente a diez millas de distancia, alguien o algo reptaba por la alfombra. Dejó atrás las dos butacas y se incorporó poco a poco. Era como un babeo o como un borborigmo inconfesable. De él emanaba un resplandor lívido. Como una alucinación de Lovecraft.

Joan Perucho 

domingo, 15 de marzo de 2015

MUERTE DE TERRY PRATCHETT

Desde el pasado 12 de marzo, la Biblioteca de Ankh-Morpork está de luto por el fallecimiento de su creador; es más la Universidad Invisible ha cerrado sus puertas por unos días y todo los habitantes de Mundodico lloran desconsalados al haberse quedado huerfanos.

El Mundodisco es el mundo que sirve de escenario a la saga homónima de novelas escrita por Terry Pratchett. Se trata de un mundo plano (Colón no ha nacido todavía), sostenido por cuatro elefantes que, a su vez, se apoyan en el caparazón de la Gran A´Tuin, la tortuga estelar. El escenario es medieval fantástico, aunque algunas partes del mundo evolucionan hasta una ambientación victoriana a lo largo de la serie. Los libros frecuentemente hacen parodias, o al menos toman ideas prestadas, de autores como J. R. R. Tolkien, Robert E. Howard, H. P. Lovecraft, William Shakespeare, o J. K. Rowling, y también de la mitología, relatos tradicionales y cuentos de hadas, utilizándolos a menudo para establecer paralelismos satíricos con temas culturales, tecnológicos o científicos actuales.

                Los personajes que desfilan por estas novelas son inolvidables y entrañables; veamos algunos de ellos: Rincewind, el mago más torpe, cobarde e inepto que puedes echarte a la cara; es alto y muy delgado, lleva una túnica roja oscurecida por los años, un sombrero torcido en el que pone ECHICERO y una barba que por su aspecto también podría crecer en un trozo de queso. Ha salido ileso de muchos problemas porque a todas partes le sigue, cual perrillo faldero, Equipaje, un extraño baúl hecho de madera de peral sabio, que con sus cientos de patitas, es capaz de seguir a su dueño sin importar a donde vaya. También es un maníaco homicida que se come o pisotea a la gente si intenta algo malo contra su dueño. Muerte es un alto esqueleto con túnica negra y una guadaña de brillo azulado para recoger las almas de los muertos; tiene mucha personalidad y es un tanto cínica y filosófica: se queja de que la gente no sabe apreciar un trabajo personal bien hecho. El bibliotecario de la Universidad Invisible convertido, por un escape de magia, en un orangután: los dedos de los pies prensiles le vienen muy bien para manejar los libros subido en las estanterías; a algunos libros les pone cadenas para que no ataquen a los usuarios. Cohen el Bárbaro, héroe legendario, es un viejecito de ochenta y siete años, flacucho, y sólo le queda un ojo y ningún diente; tendinitis, almorranas, varices, úlcera de estómago, lumbago… lo cual no le impide seguir con su vida de héroe bárbaro, rescatando vírgenes, robando tesoros, matando monstruos, luchando contra guardias y hordas enfurecidas... Zanahoria Fundidordehierroson cuando era un bebé fue recogido de los restos del ataque a una caravana por sus padres adoptivos enanos; no supo que era humano hasta que sus padres se lo dijeron poco antes de irse de la mina, lo cual da una idea bastante acertada sobre la inocencia de Zanahoria (él sostiene que es un enano hecho y derecho, a pesar de que mide dos metros); una vez que llega a Ankh-Morpork, se une en calidad de voluntario a la Guardia Nocturna; mantiene una relación de noviazgo con Angua, una mujer-loba. Las Brujas, que viven en distintos lugares de la región de Lancre, trabajan en sus antiguos roles de herboristas, parteras, sabias y juezas. La bruja principal es "Yaya" Ceravieja, una bruja solitaria, taciturna y algo amargada, a quien se considera la bruja viva más poderosa que existe; se lamenta de no conseguir que se le caigan los dientes ni que le salgan verrugas, aspecto muy recomendable para su profesión; "Tata" Ogg, mujer atípica para ser bruja, ya que tuvo tres maridos, quince hijos y una juventud un tanto alegre; le gusta mucho beber, cantar, comer y cualquier otra forma de divertirse; puede llegar a ser una auténtica bomba cuando se cabrea; Magrat Ajostiernos es la más joven del trío inicial de brujas; se enamora del bufón de la corte quien acabará siendo rey de Lancre, convirtiéndose ella en reina.