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martes, 13 de enero de 2015

LOS INVÁLIDOS DEL HABLA

La idea esencial, para lo que solicito la atención de ustedes con todas las palabras anteriores, la formuló ya el filólogo alemán von der Gabelentz de este modo:”La lengua no sirve solamente al hombre para expresar alguna cosa, sino también para expresarse a sí mismo”.

No habrá ser humano completo, es decir, que se conozca y se dé a conocer, sin un grado avanzado de posesión de su lengua. Porque el individuo se posee a sí mismo, se conoce, expresando lo que lleva dentro, y esa expresión sólo se cumple por medio del lenguaje. Ya Lazarus y Steinthal, filósofos germanos, vieron que el espíritu es lenguaje y se hace por el lenguaje. Hablar es comprender y comprenderse, es construirse a sí mismo y construir el mundo. A medida que se desenvuelve este razonamiento y se advierte esa fuerza extraordinaria del lenguaje en modelar nuestra misma persona, en formarnos, se aprecia la enorme responsabilidad de una sociedad humana que deja al individuo en estado de incultura lingüística. En realidad, el hombre que no conoce su lengua vive pobremente, vive a medias, aún menos. ¿No nos causa pena, a veces, oír hablar a alguien que pugna, en vano, por dar con las palabras, que al querer explicarse, es decir, expresarse, vivirse, ante nosotros, avanza a trompicones, dándose golpazos, de impropiedad en impropiedad, y sólo entrega al final una deforme semejanza de lo que hubiese querido decirnos? Esa persona sufre como de una rebaja de su dignidad humana. No nos hiere su deficiencia por vanas razones de bien hablar, por ausencia de formas bellas, por torpeza técnica, no. Nos duele mucho más adentro, nos duele en lo humano; porque ese hombre denota con sus tanteos, sus empujones a ciegas por las nieblas de su oscura conciencia de la lengua, que no llega a ser completamente, que no sabremos nosotros encontrarlo. Hay muchos, muchísimos inválidos del habla, hay muchos cojos, mancos, tullidos de la expresión. Una de las mayores penas que conozco es la de encontrarse con un mozo joven, fuerte, ágil, curtido de los ejercicios gimnásticos, dueño de su cuerpo, pero que cuando llega el instante de contar algo, de explicar algo, se transforma de pronto en un baldado espiritual, incapaz casi de moverse entre sus pensamientos; ser precisamente contrario, en el ejercicio de las potencias de su alma, a lo que es en uso de las fuerzas de su cuerpo. Podrán salirme al camino los defensores de lo inefable, con su cuento de que lo más hermoso del alma se expresa sin palabras. No lo sé. Me aconsejo a mí mismo una cierta precaución ante eso de los inefables. Puede existir lo más hermoso de un alma, sin palabras, acaso. Pero no llegará a tomar forma humana completa, es decir convivida, consentida, comprendida por los demás.

Pedro Salinas, La responsabilidad del escritor y otros ensayos

miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA VIDA POR DELANTE

Hace muchos, muchos años, un profesor, aunque más que profesor fue maestro por el poso que dejo en mí y en muchos de mis compañeros, nos enseñó que todo poema tiene un ritmo, tiene una música interna que hemos de encontrar para disfrutar plenamente de él.

Siguiendo esta idea, Gabriel Sopeña se dedica a musicalizar poemas y ha hecho arreglos excelentes con textos de autores muy conocidos. En algunos de estos proyectos ha llegado a embarcar a José María Sanz, Loquillo, (su último trabajo discográfico conjunto ha sido Su Nombre Era el de todas la Mujeres, a partir de poemas de Luis Alberto de Cuenca). 

Os dejo una muestra de su primer disco, La Vida por delante:

PREGUNTA AL MÁS ALLÁ
Pedro Salinas

¿Por qué pregunto dónde estás,
si no estoy ciego.
si tú no estás ausente?
Si te veo ir y venir, a ti, 
a tu cuerpo alto
que se termina en voz,
como en humo la llama,
en el aire, impalpable.

Y te pregunto, sí,
y te pregunto de qué eres,
de quién;
y abres los brazos
y me enseñas
la alta imagen de ti
y me dices que mía.
Y te pregunto, siempre.



NIÑA MORENA Y ÁGIL
Pablo Neruda

Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, 
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, 
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos 
y tu boca que tiene la sonrisa del agua. 
. 
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras 
de la negra melena, cuando estiras los brazos. 
Tú juegas con el sol como con un estero 
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos. 
. 
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. 
Todo de ti me aleja, como del mediodía. 
Eres la delirante juventud de la abeja, 
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. 
. 
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, 
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. 
Mariposa morena, dulce y definitiva 
como el trigal y el sol, la amapola y el agua. 


NO VOLVERÉ A SER JOVEN
Jaime Gil de Biedma

Que la vida iba en serio 
uno lo empieza a comprender más tarde ­
como todos los jóvenes, yo vine 
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería 
y marcharme entre aplausos ­
envejecer, morir, eran tan sólo 
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo 
y la verdad desagradable asoma: 
envejecer, morir, 
es el único argumento de la obra.