Mostrando entradas con la etiqueta Henry James. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Henry James. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de septiembre de 2018

LA HISTORIA NOS HABÍA TENIDO EN SUSPENSO,


alrededor del fuego, pero aparte de la obvia reflexión de que era siniestra, como esencialmente debe serlo toda extraña historia contada una noche de Navidad en una vieja casa, no recuerdo que sobre ella se hiciera ningún comentario, hasta que alguien aventuró que era el único ejemplo, a su parecer, de un niño que hubiera soportado semejante prueba. Se trataba, lo digo al pasar, de una aparición en una casa tan vieja como aquella en la cual estábamos reunidos, aparición, de horrible especie, a un niñito que dormía en el aposento de su madre; aterrorizado, aquél despertó a su madre, y ésta, antes de haber disipado la inquietud del niño para conseguir que durmiera nuevamente, se encontró de pronto, ella también, frente al espectáculo que lo había trastornado. Esta observación motivó en Douglas —no en seguida, pero sí un poco más tarde durante la misma noche— cierta réplica que provocó la interesante consecuencia sobre la cual llamo la atención de ustedes. Otra persona contó una historia bastante ineficaz, y yo noté que Douglas no escuchaba. Lo interpreté como un signo de que tenía algo que decirnos y de que nosotros teníamos únicamente que esperar. En realidad tuvimos que esperar dos días; pero esa misma noche, antes de separarnos, reveló aquello que le preocupaba.
—Reconozco, en lo que atañe al fantasma de Griffin, o sea lo que fuere, que el hecho de aparecerse primeramente a un niño, y a un niño de tan pocos años, le agrega una especial característica. Pero no es el primer ejemplo de tan encantadora especie en el cual un niño se ha visto complicado. Si el niño aumenta la emoción de la historia, da otra vuelta de tuerca al efecto, ¿qué dirían ustedes de dos niños?
Alguien exclamó:
—Diríamos, por supuesto, que dan dos vueltas. Y queremos saber qué les ha sucedido.
Aún veo a Douglas delante del fuego. Se había puesto de pie, para volverse de espaldas a la chimenea, y frente a nosotros, con las manos en los bolsillos, miraba desde arriba a su interlocutor.
—Hasta ahora, sólo yo la conozco. Es demasiado horrible.
Muchas voces, naturalmente, se alzaron para declarar que eso daba a la historia un valor supremo. Nuestro amigo, preparando su triunfo con arte apacible, miró al auditorio y prosiguió:
—Está más allá de todo. No sé de nada en el mundo que se le aproxime.
—¿Como efecto terrorífico? —pregunté.
Pareció decirme que no era tan sencillo, que no podía encontrar los términos para calificarlo. Se pasó una mano por los ojos e hizo una pequeña mueca dolorosa.
—Como horror… ¡es horrible!
—¡Oh, qué maravilla! —exclamó una mujer.
Douglas no le prestó atención. Me clavaba los ojos como si tuviera delante, en vez de a mí, aquello de que hablaba.
—Como un pavoroso conjunto de fealdad y de horror y de dolor.
—Entonces —le dije—, siéntese usted y comience la historia.
Se volvió hacia el fuego, empujó un leño con el pie, lo contempló un momento, y otra vez, volviéndose a mirarnos, afrontó nuestra expectativa:
—No puedo —contestó—. Antes tendría que enviar un recado a la ciudad.
Estas palabras motivaron una protesta unánime, acompañada de muchos reproches; después de lo cual, y siempre con su aire preocupado, Douglas explicó:
—La historia ha sido escrita. Está en un cajón cerrado con llave, de donde no ha salido desde hace años. Podría escribir a mi criado, enviándole la llave, y él me mandaría el paquete tal como lo encuentre.
A mí, en especial, parecía hacerme la proposición; hasta parecía implorar mi ayuda para que yo pusiera fin a sus vacilaciones. Había roto el hielo que dejó acumular en muchos inviernos; sin duda, había tenido razones para callar durante tanto tiempo. Los demás lamentaban la demora, pero a mí me encantaban precisamente sus escrúpulos. Lo insté a escribir con el primer correo y a entenderse con nosotros para convenir una pronta lectura; después le pregunté si era suya la experiencia en cuestión. Su respuesta no se hizo esperar.
—¡No, gracias a Dios!
—¿Y es suyo el relato? ¿Lo ha escrito usted?
—Sólo he anotado la impresión que me causó. La tengo escrita aquí —y se tocó el corazón—. Nunca la he perdido.
—¿Y su manuscrito, entonces?
—Está cubierto con una tinta envejecida, pálida, y con la letra más admirable —vacilaba de nuevo. Prosiguió—: Es de una mujer, de una mujer muerta hace veinticinco años. Antes de morir, me envió las páginas en cuestión.

Henry James, Otra Vuelta de Tuerca

martes, 11 de julio de 2017

UNA LECTORA NADA COMÚN


Si sus perros hubieran respondido a su llamada, la reina no habría descubierto el vehículo de la biblioteca móvil del ayuntamiento aparcado junto a las puertas de las cocinas del palacio. Y no habría conocido a Norman, el joven pinche de cocina que estaba leyendo un libro de Cecil Beaton. Pero ya que estaba allí, la reina decide llevarse un libro.

Asesorada por Norman, la reina leerá un libro tras otro, descuidando sus obligaciones y desesperando a parte del gobierno (ese primer ministro que no conoce nada de la literatura de su país y al que la reina no para de darle libros, semana tras semana, para que los lea) y de su personal (especialmente sir Kevin, su secretario, que intentará sabotear una y otra vez la nueva y perniciosa afición real).

Esta novela de Alan Bennett es una obra corta, que se lee rápidamente, con un ritmo ágil y con ese peculiar humor inglés. Y el autor se recrea en su homenaje a  la pasión por la lectura, mediante el personaje de la reina (a la que nunca se nombra y siempre es tratada con respeto). A lo largo de la obra, la reina ira leyendo diferentes autores: Henry James, las hermanas Brontë, E. M. Forster, Jane Austen, Shakespeare, Charles Dickens (esa alocución leyendo el comienzo de Historia de dos Ciudades), Marcel Proust (esa magdalena)… que le muestran otras vidas, sentimientos y experiencias diferentes.

Veremos como la lectura la va humanizando, haciendo que a veces se ponga en lugar de la otra persona (lo que hasta entonces no ha hecho nunca). Veremos sus gustos, y cómo comienza a escribir en cuadernos sus dudas sus reflexiones o pensamientos:

Lo que asimismo estaba descubriendo era que un libro llevaba a otro, nuevas puertas se abrían dondequiera que mirase y los días no eran lo bastantes largos para leer todo lo que ella quería       
       .
No pones la vida en los libros. La encuentras en ellos.

Considero la literatura (...) como un vasto país hacia las fronteras del cual viajo, pero a las que nunca llegaré. Y he empezado demasiado tarde. Nunca me podré poner al día.

Leer era, entre otras cosas, un músculo que ella, al parecer, había desarrollado

martes, 18 de abril de 2017

ANA JUAN, DIBUJANDO AL OTRO LADO


Hasta el 18 de junio, podemos ver en el Museo ABC, de Madrid, esta exposición que nos descubre el proceso creativo de dos proyectos editoriales totalmente distintos: Otra vuelta de tuerca de Henry James —del que se pueden contemplar tanto los grandes lienzos a color como los dibujos realizados en bitono— y Snowhite, su versión de Blancanieves, donde los dibujos originales realizados con la tradicional técnica de carboncillo toman una nueva dimensión a través de la tecnología.


         Además, Ana Juan presenta Erthaland, Snowhite’s Mystery Tale, una aventura gráfica interactiva que desarrolla actualmente con el equipo de investigación UNIT Experimental (un equipo interdisciplinar de investigadores de la Universitat Politècnica de València especializado en la generación de herramientas transmedia principalmente orientadas a eventos culturales, exposiciones y publicaciones). 

Aquí podremos sumergirnos en el primer capítulo de esta aventura y realizar una visita virtual al entorno en el que transcurre. Asimismo, a través de la realidad aumentada, el visitante podrá resolver diferentes retos que convierten la misma sala en el escenario de juego.


El innovador proyecto rompe con los límites expositivos y nos descubre, de una manera original y pionera en nuestro país, el trabajo de esta ilustradora acercándonos de manera diferente a su mundo de claroscuros, predominado por tonalidades cromáticas donde las sombras y las luces están realizadas con precisos trazos de lápiz de carbón.

La sala del Museo ABC presenta un recorrido doble, el lector podrá contemplar los dibujos originales que sirvieron para ilustrar los libros, y el jugador (o gamer) podrá encarnarse en Snowhite para aventurarse en el videojuego creado a partir de su relato ilustrado. El juego se plantea como una narración paralela al libro y, al mismo tiempo, abierta a nuevas situaciones, personajes e incluso finales. Aquí podremos sumergirnos en el primer capítulo del juego y realizar una visita virtual al entorno en el que transcurre. Además, a través de la realidad aumentada, el visitante podrá resolver diferentes retos que convierten la sala del Museo en el escenario de juego. Estos proyectos se ven complementados con la exposición de múltiples bocetos y vídeos que desgranan el proceso creativo de la ilustradora.