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lunes, 7 de junio de 2021

LA PAZ DE ARTURO

–Muy bien, señor –dijo–. Hablaré con franqueza. No me importa hacerlo ante vosotros y este buen caballero. Hemos oído rumores en el este sobre sajones maltratados por los britanos en estas tierras. Mi rey, preocupado por sus súbditos, me ha enviado con la misión de observar el verdadero estado de la situación. Eso es todo, señor, y estaba cumpliendo tranquilamente mi cometido cuando mi yegua se hirió en una pata.

–Entiendo perfectamente vuestra posición, caballero –dijo Gawain–. Horace y yo a menudo nos movemos por territorios gobernados por los sajones y experimentamos la misma necesidad de actuar con prudencia. A veces siento deseos de quitarme esta armadura y hacerme pasar por un humilde granjero. Pero si dejásemos este metal en alguna parte, ¿cómo lo encontraríamos después? Y aunque hayan pasado ya años desde que Arturo cayó, ¿no sigue siendo nuestro deber llevar su blasón con orgullo allá donde vayamos? De modo que seguimos adelante con ímpetu y cuando aquellos con quienes nos cruzamos ven que soy un caballero de Arturo, me alegra decir que nos miran con gentileza.

–No me sorprende que seáis bien recibido en esta región, Sir Gawain –le dijo Wistan–. ¿Pero sucede lo mismo en aquellas regiones en las que Arturo fue un enemigo temido?

–Horace y yo hemos comprobado que el nombre de nuestro rey es bien recibido en todas partes, señor, incluso en esas regiones que mencionáis. Porque Arturo fue tan generoso con aquellos a los que derrotó, que no tardaron en amarlo como a uno de los suyos.

Desde hacía un rato –de hecho, desde que se había mencionado el nombre de Arturo–, Axl se sentía inquieto e incómodo. Ahora, por fin, mientras escuchaba hablar a Wistan y al anciano caballero, le vino a la cabeza un recuerdo fragmentario. No era mucho, pero le permitió tener algo que asir y examinar. Se recordó de pie en el interior de una tienda enorme, del tipo que un ejército levantaría cerca del campo de batalla. Era de noche, había una gruesa vela titilando y el viento en el exterior hacía que las paredes de lona oscilasen hacia dentro y hacia fuera. Había más personas con él en la tienda. Tal vez muchas, pero no lograba recordar sus caras. Él, Axl, estaba enojado por algo, pero había comprendido la importancia de ocultar su enojo al menos de momento.

–Honorable Wistan –estaba diciendo Beatrice junto a él–, dejadme deciros que en nuestra aldea hay varias familias sajonas que se cuentan entre las más respetadas. Y habéis visto con vuestros propios ojos la aldea sajona de la que venimos. Esa gente prospera, y aunque a veces sufren a causa de los demonios como los que vos aplastasteis valientemente, nunca se ven agredidos por ningún britano.

–Esta buena mujer dice la verdad –confirmó Sir Gawain–. Nuestro querido Arturo trajo una paz duradera entre britanos y sajones, y aunque todavía oímos hablar de guerras en lugares remotos, aquí hace mucho que somos amigos y nos llevamos bien.

–Todo lo que he visto corrobora vuestras palabras –admitió Wistan–, y estoy impaciente por llevar de vuelta un informe positivo, aunque todavía me queda visitar las tierras que hay detrás de estas colinas. Sir Gawain, no sé si dispondré de otra ocasión de preguntarle esto a alguien tan sabio, de modo que permitidme que lo haga ahora. ¿Mediante qué extraña habilidad consiguió vuestro gran rey eliminar las cicatrices de la guerra en estas tierras de modo tal que quien hoy las recorre apenas puede atisbar algún residuo o sombra de ellas?

–La pregunta os hace digno de alabanza, señor. Mi respuesta es que mi tío era un gobernante que jamás creyó ser más grande que Dios, y siempre rezaba en busca de guía. De modo que aquellos a quienes conquistaba descubrían, igual que quienes combatían a su lado, su ecuanimidad y veían con buenos ojos que fuese su rey.

–Aun así, señor, ¿no resulta extraño que un hombre llame hermano a otro que ayer mismo masacró a sus hijos? Y sin embargo precisamente eso es lo que Arturo parece haber conseguido.

–Habéis dado en la diana, honorable Wistan. Habláis de niños masacrados. Sin embargo, Arturo nos adoctrinó a todos para evitar víctimas inocentes atrapadas en el fragor de la batalla. Y aún más, señor, nos ordenó rescatar y dar refugio cuando pudiésemos a todas las mujeres, niños y ancianos, fuesen britanos o sajones. Gracias a estas acciones se establecían lazos de confianza, incluso cuando las batallas estaban en su cénit.

–Lo que contáis suena a cierto, y sin embargo me sigue pareciendo sorprendente –dijo Wistan–. Honorable Axl, ¿no os parece algo remarcable cómo Arturo ha unido a este país?

Kazuo, Ishiguro, El Gigante Enterrado

PREMIO NOBEL LITERATURA 2017

martes, 2 de marzo de 2021

MALDITA

Enviado por Pablo

Aquel que empuñe la Espada de Poder será el único y verdadero rey. Pero, ¿y si la espada ha elegido a una reina?

Nimue creció siendo una marginada. Su conexión con la magia oscura la convirtió en alguien temible para su pueblo Druida, pero ella siempre ha querido escapar de aquellos que la repudian. Hasta que un día su aldea es asaltada brutalmente por los Paladines Rojos, y el destino de Nimue se ve alterado para siempre. Antes de morir, su madre le designa la misión de entregar una antigua espada a un hechicero legendario, y en ese momento se convierte en la única esperanza de su diezmado pueblo.

Nimue recibe la ayuda de un mercenario encantador llamado Arturo, y lo que queda de su gente, los Inefables. Mientras tanto, ella blande la espada destinada al verdadero rey, y lucha sin piedad contra los paladines y los ejércitos de un rey corrupto.

Aunque Nimue sólo pretende unir a su pueblo, vengar a su familia y descubrir la verdad sobre su origen, poco a poco descubrirá que quizá lo único capaz de cambiar el destino sea el filo de su espada.

                Nueva versión sobre la leyenda artúrica de Frank Miller, en colaboración con Thomas Wheeler, que nos traen una novela ilustrada. En ella, Arturo pasa a ser un personaje secundario y Nimue, la Dama del Lago, acapara el protagonismo (algo parecido y bastante mejor hizo Marion Zimmer Bradley en Las nieblas de Avalon, con Morgana de protagonista).

                La historia, contada en tercera persona, sigue a varios personajes diferentes cada uno con su punto de vista, intentando darle agilidad al relato como si fuera una serie de televisión (más adelante volveremos sobre esto). Recoge a lo largo de sus páginas a diferentes personajes del mito, pero cambiándoles bastante su papel: Arturo no es un caballero modélico; Merlin, un tanto borrachuzo; Ardilla ya no es el mote del joven Arturo de T. H. White, sino Parsifal… Se incorporan elementos de leyendas celtas o pseudoceltas, apenas aclarados.

                Tenemos que señalar que Thomas Wheeler es guionista, y que a la vez que estaba terminando el libro estaba trabajando para la serie del mismo título de Netflix; por ello la novela y la serie buscan una protagonista femenina que sea fuerte, rebelde, que no acepte imposiciones, rompiendo los esquemas típicos de la leyenda artúrica

 

viernes, 9 de febrero de 2018

EL FUEGO INVISIBLE


David Salas, profesor de Lingüística, viaja a Madrid para localizar un libro raro del Siglo de Oro. Pero ese viaje, promovido por su madre, es para encontrarse con sus raíces y los secretos que guardaba su abuelo materno, escritor de éxito afincado en Dublin, quien despertó  su amor a la lectura y la escritura y le habla del fuego invisible de la creatividad.

                Ya en Madrid es invitado, por medio de Paula, a casa de Lady Victoria Goodman, amiga de la familia, quien afirma tener algo que perteneció a su abuelo, lo cual  intriga al joven escritor. Allí es animado a participar en La Montaña Artificial, academia privada donde Victoria prepara a alumnos sobre el sentido profundo de determinados textos literarios, pues para Lady Goodman, “la palabra es la llave para acceder al alma del mundo”. Y los escritores son chamanes que velan por ella. Por eso quiere que David se una a su grupo, ya que su preparación académica y la formación que le proporcionó su abuelo lo convierten en el candidato ideal.

David se siente abrumado, pero por ver a Paula, accede. En la primera sesión trabajan sobre El cuento del grial, escrito por Chrétien de Troyes. Pronto surgen dudas sobre lo que Troyes quiso decir al hablar del grial. ¿Se refería a la copa que usó Jesús en la Última Cena? Y si Troyes no se refería a un objeto físico, ¿a qué hacía entonces alusión su cuento?

Davis se entera de la muerte de un antiguo miembro del grupo, Guillermo Solís. Victoria Goodman pretende que David ocupe el puesto del muerto y le ayude a descubrir qué le ocurrió exactamente y hasta qué punto avanzó en sus averiguaciones sobre el grial.

Dos temas vamos a encontrar en esta novela: de Javier Sierra la búsqueda del Santo Grial por Valencia, Barcelona y tierras oscenses (es la parte de misterio esotérico (es la parte de novela de intriga conspiratoria, que le acerca a Dan Brown, pero sin sus espectaculares giros argumentales) y el fuego del acto literario (donde se recalca el poder de la palabra y el compromiso del poeta, del escritor, con la magia de la escritura). La parte de misterio,  la búsqueda del grial, está bien trabajada y es la que atraerá a más lectores, pero prefiero la otra, la veo más íntima, más personal, cuando David reflexiona sobre la creación literaria o desentraña los secretos de su abuelo.

El libro se lee de una forma fácil, que atrapa a la mayoría de los lectores con el misterio que plantea. Un fallo que le veo es que le cuesta arrancar, casi un tercio del libro se correspondería con el planteamiento de la historia, hasta que empieza lo interesante y el desarrollo de los acontecimientos. Entre los personajes destaca Victoria Goodman, que llega a robarle el protagonismo a David.

PREMIO PLANETA 2017 

martes, 5 de diciembre de 2017

EXCALIBUR


Enviado por Juan:

Gwen, hija de la reina Igraine, se halla en un Londres asediado por los sajones que  quieren conquistar el reino. El mago Merlín y Uriens trazan un plan para que la princesa escape sana y salva, y Lance será el  caballero encargado de esta tarea.

En la huida, Lance y Gwen se sienten atraídos. Tras su noche de pasión, Lance piensa que él es un simple mercenario y que no puede ofrecerle nada a ella, que lo puede tener todo. Por ello, se mostrará frío y distante el resto del viaje, mientras que el mosqueo de Gwen crece.

                Una vez que llegan a las tierras del rey Pellinor, cada uno tomará caminos diferentes. Lance partirá a la inminente batalla, mientras que Gwen, acompañada de su primo Gawain, Arturo y Tristan, se embarca rumbo al palacio de su madre.

                Con Excalibur, comienza Britannia, uns saga de cuatro libros donde Ana Alonso y Javier Pelegrín recrean el mito artúrico. Aunque en algunos aspectos se apartan del canon (luego iremos con ellos), los autores han concebido una magnifica historia para acercar el mito a un público juvenil, sobre todo a partir del triángulo amoroso entre Gwen, Arturo y Lance. Los personajes están bien trazados, con sus defectos y virtudes, y vemos como a lo largo de los libros evolucionan y se van confirmando sus personalidades.

                Nos encontramos en un mundo medieval, parecido al del mito con sus magos y alquimistas, pero encontramos algunas cosas extrañas o anacronismos: Arturo para hacer un pago entrega un reloj de pulsera, o entran en una sala y se encienden unas luces, o la manzana mordida como símbolo del gremio de los alquimistas, o cuando ven en un espejismo unos edificios altos hechos con un metal desconocido y cristal, o esa magia, la magia de Britannia, el velo, una especie de realidad virtual a la que, en el primer libro, los protagonistas acceden mediante unas gemas, en las que en realidad se esconde un código informático. Todo esto se nos irá aclarando y explicando conforme avanza la saga (aunque en el último libro me queda una duda no resuelta).

                Los cambios con respecto al mito artúrico, en cierta forma son mínimos: Arturo es el heredero espiritual de Utrhed, no biológico; Lance es un simple mercenario, con un pasado que ocultar; Gwen (a la que posteriormente se le conocerá tanto como Ginebra o como Morgana, según como actúe) es hija de Ygraine y Uriens y la heredera del trono; Mordred es hijo de Ygraine y Uthred, y, por lo tanto, hermanastro de Gwen; Merlin, el mago Merlin, en realidad, es… Mejor, leedlo, vale la pena.

jueves, 30 de noviembre de 2017

LA DAGA DEL DRAGÓN


Bregan era un buen herrero y en todas las aldeas de la vecindad de Aquae Sulis nadie le superaba en la confección de las mejores hojas para guadañas y hoces. Pero hasta hoy, el forjador nunca había expuesto su vena artística en ninguno de los instrumentos agrícolas elaborados por sus manos.
Sin saber cómo, el herrero había diseñado y logrado un dragón de hierro. Esta criatura no tenía nada que ver con el pequeño y malevolente juguete que Llanwith tenía en su daga, ésta era una criatura de tal poder que parecía haber saltado por sí misma desde las vetas de hierro de las montañas. El cuerpo y la cabeza de la bestia formaban la empuñadura que estaba hábilmente calculada para que pudiese asirse con firmeza, con la boca rugiente del dragón al final del vástago. Las alas metálicas semidesplegadas se curvaban hacia atrás de tal forma que ofrecían su protección a la mano que la empuñase. La cola del dragón se doblaba hacia adelante en una extraña espiral hasta entrar por la boca del dragón al final del pomo y así, la mano del dueño quedaba acunada en un puño de hierro.
La empuñadura estaba tapizada con piel de pescado, que envolvía el cuerpo del dragón, brindando un suave acolchado a la mano del dueño. Las fauces abiertas y el hueso en la frente de la cabeza enredada formaban dientes de sierra en el pomo, ideal para golpear a corto alcance. La empuñadura imitaba las escamas de un gran dragón, creando una daga que era a la vez tan extraña como exótica e inigualable.
Bregan había fabricado un arma muy distinta a las simples empuñaduras rectas de las espadas cortas romanas o incluso a las hojas celtas que poseían tan bella decoración doble. Aquí, se trataba de una hoja que no era ni daga ni espada, confeccionada tanto para atacar como para proteger, de tal manera que su dueño no debiera temer que una estocada inesperada del enemigo lastimara sus dedos o la hicieran saltar de su mano. Esta daga era un milagro de funcionalidad y belleza.
Artorex quedó tan boquiabierto, con la mandíbula caída, que provocó la mofa de Gallia, porque le recordaba la cabeza de uno de los pescados que vendía su hermano.
—He rechazado varios pretendientes porque parecían bacalaos —se rió, pero sus ojos no se apartaban del extraño instrumento de muerte.
—Nunca he visto nada parecido —se maravilló Artorex—. ¿Veis? Las alas del dragón protegen mis nudillos, mientras que la cola resguarda el dorso de mi mano y mis dedos. Bregan ha creado una obra maestra.
—Lo merecíais —insistió Gallia con convencimiento.
—No —murmuró él—. No tengo ningún tótem y menos un dragón. Hombres como el príncipe Llanwith merecen la protección de esta bestia. ¿Pero quién soy yo para llevar la serpiente alada de los reyes celtas?
—Sois mi esposo. Sois heroico y noble y no estoy dispuesta a escuchar vuestras tonterías. ¿Lo oís, Licia? Vuestro padre pretende ser sólo un hombre más… ¡el muy tonto! Nosotras sí sabemos que no es así, ¿verdad, mi dragoncilla?
Cuando Targo vio el arma por primera vez, la acarició con sus dedos encallecidos, como si fuera el cuerpo de una mujer.
—Bregan ha estado trabajando más de un año en esta arma. Durante muchos días pensó en cómo diseñarla, buscando un tótem que os hiciese justicia. Finalmente eligió el dragón, porque lo llevaban las legiones romanas y también porque es una criatura que nace del fuego. Os ha hecho un arma distinta a todas las que he visto, una que sirve para equilibrar la espada. Está fuera del alcance largo, pero es mortal si encuentra una abertura. En verdad os envidio el regalo.
Los hombres de la villa se quedaron estupefactos ante el diseño de la daga del dragón y muchos la cogieron en sus manos para apreciar su perfecto equilibrio. El regalo de Bregan llevó a muchos otros guerreros a su forja en los años siguientes, pero ninguna de las armas que diseñó llegaron a igualar la belleza del cuchillo de hierro. Más tarde, Artorex recibiría armas con empuñaduras de oro, plata y oro blanco y guarniciones decoradas con gemas de gran valor, pero el dragón de hierro de Bregan nunca dejaría de estar al alcance de su mano.
Con estas cosas se forjan las leyendas.

M. K. Hume, El Rey Arturo: El Hijo del Dragón

domingo, 9 de julio de 2017

LA TUMBA DE MERLÍN


Cuando Merlín vio a Nyneve, la doncella que sir Pellinore había traído a la corte, supo quese encontraba con su destino, pues en su pecho de anciano el corazón brincó como el corazón de un mozo y su deseo se impuso a la edad y la sabiduría. Merlín deseó a Nyneve más que a la vida, tal como lo había previsto, y la acosó sin darle reposo. Y Nyneve, usando de sus poderes sobre este Merlín imbecilizado por la vejez, ofreció su compañía a cambio de las artes del mago, pues era una de las doncellas de la Dama del Lago y gustaba de los prodigios.
 Merlín no ignoraba la verdad de los hechos y conocía la fatídica culminación, pero su corazón enloquecía por la Doncella del Lago y nada podía hacer por evitarlo.
 Fue al rey Arturo y le manifestó que era llegada la hora que una vez había predicho, pues su fin no estaba muy lejos. Le habló al rey sobre cosas futuras y le dio instrucciones sobre cómoafrontar el porvenir. Y ante todo le advirtió que cuidara con afán de la espada Excalibur y más aún de la vaina de la espada.
 —Te la sustraerá alguien en quien confías —dijo Merlín—. Tienes enemigos que no conoces. —Y sentenció—: me echarás de menos. Vendrá el tiempo cuando querrás dar tu reino por tenerme contigo.
                —Esto es incomprensible —dijo el rey—. Eres el hombre más sabio de este mundo y sabes lo que está por ocurrirte. ¿Por qué no elaboras un plan para ponerte a salvo?
 —Porque soy sabio —respondió Merlín con serenidad—. En la lid entre la sabiduría y los sentimientos, la sabiduría nunca triunfa. Te he predicho el futuro con certeza, mi señor, pero no por saberlo podrás cambiarlo siquiera en el grosor de un cabello. Cuando llegue la hora, tus sentimientos te precipitarán a tu destino. —Y Merlín se despidió del rey que él mismo había creado.
                Se alejó de la corte en compañía de Nyneve, y adondequiera que ella iba, él la seguía. Sabiendo el poder que ejercía sobre el anciano, la doncella rehusaba concederle sus favores, y Merlín, devorado por la ansiedad, invocaba sus artes mágicas para vencer esa resistencia. Pero Nyneve sabia que él apelaría a sus artes secretas y le dijo que si deseaba poseerla debía jurar que no utilizaría la nigromancia con esos fines. Y Merlín, con su vejez consumida por el deseo, hizo ese juramento y selló su destino.
La mal avenida pareja iba incesantemente de un lado a otro. Cruzaron a Francia y llegaron a Benwick, donde reinaba Ban y aún proseguía la guerra contra el rey Claudas.
 La esposa del rey Ban era la reina Elaine, una dama bella y discreta, quien le suplicó a Merlín que los ayudara a terminar la guerra. Y mientras hablaban, entró el joven hijo de Elaine y Merlín lo miró atentamente.
 —No te preocupes —dijo Merlín—. Este muchacho derrotará a Claudas dentro de veinte años y, lo que es más, tu hijo está destinado a ser el caballero más grande del mundo, y su fama y su memoria endulzarán y confortarán a los siglos venideros. Sé que primero lo llamaste Galahad, pero al bautizarlo lo llamaste Lanzarote.
 —Sí, es verdad —dijo la reina Elaine—. Primero lo llamé Galahad. Pero dime, Merlín, ¿viviré para ser testigo de esa grandeza?
 —Te aseguro que si, y aún después vivirás muchos años.
                Nyneve, incitada por el tedio y el desasosiego, abandonó la corte de Ban perseguida por Merlín, quien le imploraba que yaciera con él y aplacara su deseo, pero ella estaba harta de su compañía y cansada de tolerar a un viejo. Además Merlín la intimidaba, pues tenía fama de ser hijo del Diablo. Pero no podía librarse de él, pues Merlín, con súplicas y gemidos, la seguía adondequiera que fuese.


                Entonces Nyneve, con la innata astucia de las doncellas, empezó a interrogar a Merlín acerca de sus artes mágicas, insinuándole que le daría sus favores a cambio del conocimiento. Y Merlín, con la innata desazón de los hombres, no pudo evitar iniciarla en sus arcanos a pesar de que preveía sus intenciones. Y cuando regresaron a Inglaterra y cabalgaron lentamente por la costa rumbo a Cornualles, Merlín le mostró innúmeras maravillas, y cuando le pareció que al fin despertaba el interés de Nyneve, le reveló cómo obrar prodigios y puso en sus manos los instrumentos para el sortilegio, le suministró los antídotos mágicos contra la magia, y por último, en su ñoñez, le enseñó los hechizos que no pueden quebrarse por ningún medio. Y como ella batía las palmas con juvenil alegría, el anciano, para complacerla, creó un aposento colmado de increíbles maravillas bajo un enorme peñasco, y con sus artes lo proveyó de comodidades, riquezas y hermosuras, para hacer de ese lugar el magnífico recinto que presenciara la consumación de su amor. Y los dos se internaron por un pasaje en la roca y entraron al cuarto de las maravillas, revestido de oro e iluminado por muchas velas. Merlín se adelantó para mostrárselo a su amada, pero Nyneve retrocedió y obró el espantoso encantamiento que no puede quebrarse por ningún medio, y el pasaje se cerró y Merlín quedó atrapado para siempre, clamando a través de la roca por su liberación, con voz apenas perceptible. Y Nyneve montó a caballo y se alejó. Y Merlín sigue encerrado allí hasta el día de hoy, pues todo se cumplió tal como él lo había previsto.

John Steinbeck, Los Hechos del Rey Arturo y sus Nobles Caballeros

viernes, 26 de mayo de 2017

EL GIGANTE ENTERRADO


Inglaterra en la Edad Media.

Del paso de los romanos por la isla sólo quedan ruinas, y Arturo y Merlín –amados por unos, odiados por otros– son leyendas del pasado. Entre la bruma todavía habitan ogros, y británicos y sajones conviven en unas tierras yermas, distribuidos en pequeñas aldeas.

En una de ellas vive una pareja de ancianos –Axl y Beatrice– que toma la decisión de partir en busca de su hijo. Éste se marchó hace mucho tiempo, aunque las circunstancias concretas de esa partida no las recuerdan, porque ellos, como el resto de habitantes de la región, han perdido buena parte de la memoria debido a lo que llaman «la niebla».

En su periplo se encontrarán con un guerrero sajón llamado Wistan; un joven que lleva una herida que lo estigmatiza; y un anciano Sir Gawain, el último caballero de Arturo vivo, que vaga con su caballo por esas tierras con el encargo, según cuenta, de acabar con un dragón hembra que habita en las montañas. Juntos se enfrentarán a los peligros del viaje, a los soldados de Lord Brennus, a unos monjes que practican extraños ritos de expiación y a presencias mucho menos terrenales. Pero cada uno de estos viajeros lleva consigo secretos, culpas pendientes de redención y, en algún caso, una misión atroz que cumplir.

 Sumando el viaje iniciático, la fábula y la épica, Kazuo Ishiguro ha construido una narración bellísima, que indaga en la memoria y el olvido acaso necesario, en los fantasmas del pasado, en el odio larvado, la sangre y la traición con los que se forjan las patrias y a veces la paz. Pero habla también del amor perdurable, de la vejez y de la muerte. Una novela ambientada en un pasado remoto y legendario que vuelve sobre los grandes y eternos temas que inquietan a los seres humanos.

                Un extraño y, a veces, irónico narrador (al final descubrimos que es quien menos pensábamos) nos cuenta el viaje de dos ancianos que parten de viaje con la excusa de visitar a su hijo en su pueblo. Digo excusa porque al haber perdido la memoria, sus recuerdos, no saben con exactitud dónde vive ese hijo. A lo largo del viaje irán recobrando atisbos de lo que han olvidado, y querrán, con la ayuda o sin ella de sus curiosos compañeros de viaje, recuperar su memoria, pues necesitamos nuestros recuerdos para saber lo que hemos hecho, pues nuestros hechos nos hacer ser quienes somos, y, sin nuestros recuerdos, no seriamos nada. Para ello, deberán matar a  la dragón hembra Querig, cuyo aliento alienta el olvido. Lo malo es que el olvido oculta las rencillas, las traiciones, las venganzas, los castigos inmisericordes, el odio…

Mediante un lenguaje claro y un estilo sobrio, Ishiguro va transmitiéndonos su historia con unos personajes bien construidos. La pareja de ancianos, Axl y Beatrice: ella es para él su princesa, a la que ama y a la que siempre va a proteger; él, como descubriremos a lo largo de la novela, un viejo caballero de Arturo que ha sufrido una doble traición. Wistan, el guerrero sajón, que oculta sus secretos, que aparece como salvador en ese pueblo sajón (nos recuerda a Beowulf, aunque su final marcado por el destino no será trágico); sus hazañas nos las contarán otros, pues a él sólo le veremos desenvainar su arma tres veces, tres veces que preferiríamos que no lo hiciera. Sir Gawain, el sobrino de un rey Arturo ya muerto, un viejo caballero con una armadura vieja y oxidada, que tiene una misión que cumplir; misión, que, si nos fijamos en sus parlamentos, le ha llevado a un estado próximo a la locura. Y en medio de todos, la niebla, la niebla producida por el aliento de Querig, que alimenta el olvido, pues los recuerdos no sólo nos traen los momentos agradables, sino también aquello que nos gustaría que permaneciera oculto en nuestro interior.

domingo, 16 de abril de 2017

UN YANKI EN LA CORTE DEL REY ARTURO


La obra es el diario de Hank Morgan, quien perdió el conocimiento en una pelea, y, al volver en sí, descubre asombrado que ha retrocedido en el tiempo, a la Inglaterra medieval del 528, a la Inglaterra del rey Arturo. Hecho prisionero por sir Kay, éste lo lleva a Camelot para que muera en la hoguera. Al verse en el poste, Hank echa mano de sus conocimientos y predice un eclipse; esto le convierte ante los ojos de la sencilla gente del siglo VI en un poderoso mago.

Hank decide utilizar el poder que tiene sobre la población para cambiar el mundo medieval. Quiere transformar las creencias y que la ciencia pase a ser la nueva iglesia. Empezará a construir fábricas y escuelas, creará una red de ferrocarril, instalará el telégrafo y el teléfono; además, quiere cambiar el sistema político y que pase a ser una democracia y no una monarquía hereditaria y absoluta… Pero se enfrentará al peligro que supone Merlín, el antiguo mago de la corte, que ha perdido el favor del rey y quiere vengarse a toda costa.

Esta novela de Mark Twain es una de sus obras más críticas, camuflada bajo la forma de un cuento fantástico-histórico, en la que nos encontramos con duras palabras para los políticos, la Iglesia, las clases pudientes, la educación, pues el autor rechazaba las convicciones sociales de su época, la hipocresía, la crueldad humana, la superstición, etc... Pero es sobre todo una obra divertida.

La obra fue concebida como una sátira: Twain, a imitación de Cervantes y el Quijote, se rie de los tópicos románticos sobre los caballeros medievales y la idealización de la Edad Media, muy común en las populares novelas de sir Walter Scott y otros autores del siglo XIX, a los que responsabiliza de fomentar las ideas románticas que llevó al Sur a rebelarse contra la Unión. Podríamos considerarla como una distopía, desde el momento que plantea una Edad Media con una tecnología propia de nuestro siglo XIX. 

lunes, 28 de noviembre de 2016

TRISTÁN E ISEO


Querido Jorge:

No puedo estar sin ti. Me muero.

No creas que exagero. Es como la historia de la madreselva que nos contó la Perales. Seguro que no te  enteraste bien. En ese momento estabas dibujando. Dibujándome. Fue la primera vez que me dibujaste como una reina, con corona y todo, como la protagonista de la historia.

Y la historia era esta:

El caballero Tristán y la bella Iseo estaban locamente enamorados. Pero lseo había tenido que casarse con el rey, que era además el tío de Tristán. Cuando el rey se enteró de que su mujer y su sobrino Tristán se veían en secreto, lo expulsó del reino.

Un año entero estuvo Tristán viviendo en el bosque, huido. Veía una flor y le recordaba a Iseo. Llovía y la lluvia le recordaba a Iseo. Sé lo que es eso.

Hasta que un buen día, Tristán se enteró de que pronto pasarían por el bosque el rey y su comitiva. «El rey y su comitiva». Así le dijo un campesino. Y Tristán tradujo: «El rey y la reina. Iseo...».

Entonces Tristán cogió una rama de avellano y talló con su cuchillo este mensaje para su amada: «Iseo, tú y yo somos como la madreselva que se enrosca en el avellano. Juntos pueden vivir largos años, mas si alguien pretende separarlos, muere el avellano enseguida y la madreselva también. Igual es nuestro destino: ni vos sin mí, ni yo sin vos».

Ni vos sin mí, ni yo sin vos.

Begoña Oro, Pomelo y Limón

PREMIO GRAN ANGULAR 2011

miércoles, 31 de agosto de 2016

CAMELOT


The Once and Future King, traducida en España como Camelot, es una serie de cinco novelas del mito artúrico, escritas por T. H. White entre 1938 y 1940. Su nombre se origina en la inscripción de la lápida sobre la tumba del rey Arturo: «Hic iacet Arthurus, rex quondam, rexque futurus» (Aquí yace Arturo, el rey que fue y que será) como se describe en La muerte de Arturo de sir Thomas Malory. La serie cuenta la historia de Arturo, comenzando con su educación, su coronación y la relación entre Ginebra, su esposa, y Lanzarote. La historia termina antes de la Batalla de Camlann entre el rey y Mordred, su hijo ilegítimo. White admite que su libro se inspira en la obra de Thomas Malory:

Me emocioné (con la obra de Malory) y quedé asombrado al descubrir que era una perfecta tragedia, con un comienzo, un intermedio y un desenlace ya implícito desde el inicio; los personajes eran humanos, con acciones reconocibles y que podían ser previstas.

pero la experiencia indirecta de la II Guerra Mundial provoca que la obra de White  incluya comentarios sobre la guerra y la naturaleza humana, reinterpretando los acontecimientos épicos

LA ESPADA EN LA PIEDRA

Es el primero de los libros. Mediante un estilo sencillo, pleno de humor y fantasía, el autor nos introduce en una serie de prácticas mágicas que servirán al niño llamado Verruga para alcanzar el fabuloso destino que le aguarda. Siempre guiado por las artes de encantamiento de su preceptor, el mago Merlín, Verruga debe superar las diversas pruebas que le ayudarán a dominar el mundo que le rodea. A pesar del tratamiento desenfadado, a menudo satírico, que el autor da a la narración, las costumbres medievales aparecen descritas con extraordinaria fidelidad, prueba de los grandes conocimientos adquiridos por White sobre la época arturiana. De este modo, la obra consigue unir de modo hábil la atmósfera fantástica que deleitará al lector con una visión precisa de las formas de vida vigentes en la Edad Media.

LA REINA DEL AIRE Y LAS TINIEBLAS

En este segundo libro, que en su primera publicación el autor tituló La bruja en el bosque, aparece ya el niño Verruga convertido en el rey Arturo. Hijo del rey Uther Pendragon, Arturo ocupa el trono después de arrancar de la piedra la espada Excalibur e inicia sus primeras batallas contra los que se resisten a admitir su poderío. Al mismo tiempo, se cuenta la historia de la reina Morgause de Lothian, hermanastra de Arturo, y de los hijos de aquélla, personajes que tendrán un papel importante en el resto de los libros. Con su estilo pleno de humor y fantasía, el autor nos describe los diversos episodios que forman la vieja leyenda sobre las aventuras y desventuras del rey Arturo.

EL CABALLERO MALHECHO

Este libro está dedicado a la figura de Lanzarote del Lago. Personaje legendario, Lanzarote encarna, no obstante, el prototipo de una sociedad y de una época. Su heroísmo, su destreza en el manejo de las armas - que le permite incluso vencer al propio rey Arturo-, su continuo afán de aventuras, le convierten en la figura ideal para los nobles medievales.Por otra parte, su valentía y sus triunfos permaneces siempre sometidos a la llamada "doctrina del amor cortés", según la cual las hazañas gloriosas las realiza el caballero para honor de su dama y bajo la protección de ésta.

UNA VELA AL VIENTO

Es el último de los libros que forman la serie original de Camelot, pero no editó hasta 1958. El autor nos presenta el desenlace del ciclo. Los nobles propósitos del rey Arturo se desploman debido a una serie de acontecimientos que desvirtúan sus ideas iniciales de formar una sociedad justa. White nos describe a un Arturo desengañado que se resiste a adaptarse a los egoísmos, intrigas y despotismos de los nuevos tiempos.Se encuentra abocado a la lucha contra su propio hijo y una sociedad que no ha aceptado la grandeza de sus intenciones. La obra adquiere una profundidad excepcional en la que los idealismos del rey, la educación imaginativa unida a los prodigios de la naturaleza inculcados por Merlín, chocan y, como "una vela al viento", amenazan apagarse enfrentados al egoísmo de un tipo de hombres que buscarán el poder y la eficacia despreciando la fraternidad y la placidez.

EL LIBRO DE MERLÍN

Fue publicado tras su muerte y separadamente en 1977, cuando el manuscrito de la obra apareció entre sus documentos. Es una crónica de las lecciones finales a Arturo de Merlín antes de su muerte, aunque algunas partes fueron incorporadas en las ediciones finales de los libros anteriores. White, sin traicionar el espíritu original de la leyenda arturiana, ofrece una nueva posibilidad de interpretación del mito de los caballeros de la Mesa Redonda, más próxima a nuestra realidad actual.La obra se escribió durante la Segunda Guerra Mundial y su autor no pudo dejar de lado este trágico acontecimiento, convirtiendo la búsqueda del Santo Grial en un intento casi desesperado de encontrar el «antídoto» que acabara para siempre con el terror de la guerra. A través de esta cuidadosa reelaboración de la leyenda, el rey Arturo, Merlín y la espada Excalibur adquieren una nueva dimensión como símbolos y protagonistas universales de la lucha por la paz y la solidaridad humana.




Os dejo con tres vídeos: el primero, una escena de la película Merlín el Encantador, de Disney, que se basa en el primer libro de la saga. El segundo, el trailer de Excalibur, de John Boorman, con el Oh, Fortuna de Karl Orff. El último, una escena de la comedia musical Spamalot de los Monty Python.





martes, 2 de agosto de 2016

LA DAMA DE SHALOTT


Es uno de los mejores poemas de Lord Tennyson, a partir del cual John William Waterhouse realizó tres pinturas sobre este tema.  

                Se cuenta la historia de Elena, encerrada en una torre donde tejía noche y día. Un susurro le anunció una horrible maldición si miraba en dirección a Camelot. Como le oían cantar,  algunos campesinos se referían a ella como a un hada. Su contacto con el mundo era a través de un espejo, que reflejaba la ventana, que le mostraba Camelot. En las telas bordaba lo que veía a través del espejo, como las aventuras de los Caballeros de la Mesa Redonda. Un día, vio a Lancelot y se enamoró de él. Dejó de coser y, sin poder evitarlo, miró hacia Camelot. En ese momento, el espejo se quebró, las telas salieron volando por la ventana y la maldición cayó sobre ella.

Al final tenéis la versión musical de Loreena McKennitt sobre este poema donde se incluye la letra en inglés .

En la ribera, durmiendo,
grandes campos de cebada y centeno
visten colinas y encuentran al cielo;
por el campo nace el sendero
hacia las mil torres de Camelot;
y arriba, y abajo, la gente anda,
mirando los lirios que florecen,
en la isla que río abajo emerge:
la isla de Shalott.
Tiembla el álamo, palidece el sauce,
grises ráfagas estremecen los aires
y la ola, que por siempre llena el cauce,
por el río y desde la isla distante
fluye incesante hasta Camelot.
Cuatro muros grises: sus grises torres
reinan el espacio entre las flores,
y en el silencio de la isla se esconde
la dama de Shalott.
Tras un velo de sauces, por la ribera,
las pesadas barcas arrastradas
por lentos caballos; y furtiva,
una vela de seda traza
surcos de espuma, hacia Camelot.
Pero ¿quién la vio saludando?
¿o en la ventana de su cuarto mirando?
¿o acaso es conocida en el reino
la dama de Shalott?
Sólo los segadores, muy temprano,
cuando arrancan los maduros granos,
oyen ecos de un alegre canto
que brota desde el río, alto y claro
hasta las mil torres de Camelot:
Bajo la luna el segador trabaja,
apilando haces en las eras altas.
Escucha y susurra: “es ella, el hada,
la dama de Shalott”.
Ella teje día y noche,
seda mágica de hermosos colores.
Ha oído un rumor sobre
una maldición: como se asome
y mire lejos, hacia Camelot.
No conoce la condena que pueda ser,
ella surce y no deja de tejer,
otra cosa no existe que pueda temer,
la dama de Shalott.
Moviéndose sobre un espejo claro
que cuelga frente a ella todo el año,
sombras del mundo aparecen. Cercano
ve ella el camino que serpenteando
conduce a las torres de Camelot;
Allí el remolino del río gira,
y descortés el aldeano grita,
y de las mozas las capas rojizas
se alejan de Shalott.
A veces un tropel de alegres damas,
un abad, al que portan con calma,
o es un pastor de cabeza rizada,
o de largo pelo y carmesí capa,
un paje se dirige a Camelot;
y a veces cruzan el azul espejo
caballeros de dos en dos viniendo:
no tiene un buen y leal caballero
la dama de Shalott.
Pero en su tela disfruta y recoge
del espejo las mágicas visiones,
y a menudo en las silenciosas noches
un funeral con plumas y faroles
y música, iba hacia Camelot:
O venían, la luna en su camino,
amantes casados de ahora mismo;
“Estoy enferma de tanta sombra”, dijo
la dama de Shalott.
A tiro de arco del alero de ella,
él cabalgaba entre la mies de la era;
deslumbraba el sol entre hojas nuevas,
y ardía sobre las broncíneas grebas
del valiente y audaz Sir Lancelot.
Un cruzado al que arrodillado puso
con la dama por siempre en el escudo,
brillaba en el campo amarillo, junto
la lejana Shalott.
Brillaba libre enjoyada la brida:
una rama de estrellas imprevistas
colgadas de una Galaxia amarilla.
Sonaban alegres las campanillas
mientras cabalgaba hacia Camelot:
y en bandolera, plata entre blasones,
colgaba un potente clarín. Al trote,
su armadura tintineaba, sobre
la lejana Shalott.
Bajo el azul despejado del cielo
refulgía la silla de oro y cuero,
ardía el yelmo y la pluma del yelmo,
juntas como una sola llama al viento,
mientras cabalgaba hacia Camelot:
Así en la noche púrpura se viera,
bajo cúmulos sembrados de estrellas,
un cometa, cola de luz, que llega,
a la quieta Shalott.
Su frente alta y clara, al sol brillaba;
sobre los pulidos cascos trotaba;
por debajo de su yelmo flotaban
los bucles negros, mientras cabalgaba,
cabalgaba directo a Camelot.
Desde la orilla, y desde el río,
brilló en el espejo de cristal,
“tralarí lará” cantando en el río
iba Sir Lancelot.
Dejó la tela, y dejó el telar,
tres pasos en su cuarto ella fue a dar,
ella vio el lirio de agua reventar,
el yelmo y la pluma ella fue a mirar,
y posó su mirada en Camelot.
Voló la tela, y se quedó aparte;
se rompió el espejo de parte a parte;
“la maldición vino a mi”, gritó suave
la dama de Shalott.
En la tormenta que de este soplaba,
los bosques de oro pálido menguaban,
y el río ancho en su orilla los lloraba.
Un cielo negro y bajo diluviaba
encima las torres de Camelot.
Ella bajó hasta el río, y encontróse
bajo un sauce, una barca aún a flote,
y escribió, justo en la proa del bote,
“La Dama de Shalott”.
Del río a través del pequeño espacio
como un audaz adivino extasiado
y en trance, viendo ante sí su trágico
destino, y con el semblante impávido,
ella miró lejos, a Camelot.
Y cuando el día por fin se acababa,
ella se tendió, y soltando amarras,
dejó que la corriente la arrastrara,
la dama de Shalott.
Tendida, vestida de un blanco nieve
desbordando por los lados del bote
las hojas cayendo sobre ella, leves,
a través del sonido de la noche,
ella flotaba hacia Camelot.
Y mientras la afilada proa hería
los campos y las esbeltas colinas,
se oyó un cantar, su última melodía,
la dama de Shalott.
Se oyó un cantar, un cantar triste y santo
cantado con fuerza y luego muy bajo,
hasta helarse su sangre muy despacio,
por completo sus ojos se cerraron
fijos en las torres de Camelot.
Porque hasta allí llegó con la marea,
de las primeras casas a la puerta,
y cantando su canción quedó muerta,
la dama de Shalott.
Debajo la torre y la balconada
entre las galerías y las tapias
hermosa y resplandeciente flotaba,
pálida de muerte, entre las casas,
entrando silenciosa en Camelot.
Al embarcadero juntos salieron:
dama y señor, burgués y caballero,
su nombre junto a la proa leyeron,
la dama de Shalott.
¿Qué tenemos aquí ? ¿ Y qué es todo esto ?
Y en el palacio de luces y juegos
el jolgorio real tornó silencio;
Se santiguaron todos con miedo,
los caballeros, allí en Camelot:
Pero Lancelot, meditando un poco,
fue y dijo, “Ella tiene el rostro hermoso,
por gracia de Dios misericordioso,
la dama de Shalott.”

Lord Alfred Tennyson 

lunes, 16 de mayo de 2016

UNA HISTORIA SOBRE EL REY ARTURO


Erase una vez una tierra llamada Britania en la que sucedieron estos hechos. El obispo Sansum, a quien Dios habrá de bendecir por encima de todos los santos vivos y muertos, opina que estas memorias tendrían que ser arrojadas al pozo sin fondo junto con las demás inmundicias de la humanidad caída, porque son la historia de los últimos días antes de que la gran oscuridad se abatiera sobre la luz de Nuestro Señor Jesucristo. Son las crónicas del país que llamamos Lloegyr, que significa Tierras Perdidas, otrora nuestro suelo y conocido ahora como Inglaterra por nuestros enemigos. Son los relatos de Arturo, Señor de la Guerra, el Rey Que No Fue, el Enemigo de Dios, y que Cristo vivo y el obispo Sansum me perdonen, el mejor hombre que jamás he conocido. íCuánto he llorado a Arturo! (…)

Pero el frío no es la peor aflicción de nuestro invierno, sino la helada, que hace intransitables los caminos e impide a Ygraine visitar el monasterio. Ygraine es nuestra reina, desposada con el rey Brochvael. Es morena y delgada, muy joven, dotada de una vivacidad que se agradece como los rayos del sol en un día de invierno. Acude aquí a orar por la gracia de concebir un hijo, aunque pasa más tiempo hablando conmigo que orando a Nuestra Señora o a su fruto bendito. Conversa conmigo porque le gusta escuchar los relatos de Arturo. El verano pasado le conté cuanto recordaba, hasta agotar la memoria, y entonces, me entregó un montón de pergaminos, un cuerno de tinta y un puñado de plumas de ganso para escribir. Arturo se adornaba el casco con plumas de ganso. Éstas no eran tan grandes ni tan blancas, pero ayer levanté el manojo contra el cielo invernal y por un pecaminoso momento de gloria me pareció ver su rostro bajo el penacho y oír el rugido del dragón y el oso por toda Britania para renovado terror de los infieles, pero entonces estornudé y vi que no sostenía en la mano sino un puñado de plumas impregnadas de heces de ganso y poco adecuadas para escribir. La tinta también es mala; mero hollín de bujía mezclado con resma de corteza de manzano. Los pergaminos son de mejor calidad. Son de piel de cordero, restos de los tiempos romanos. Una escritura que ninguno de nosotros sabe descifrar los cubría, pero las mujeres de Ygraine los restregaron hasta dejar las pieles limpias y blancas. Sansum dice que sería mejor destinar tanta piel a calzado, pero después de restregada ha quedado demasiado fina para el zapatero; además Sansum no osaría ofender a Ygraine y perder de ese modo la amistad del rey Brochvael. Este monasterio se halla a no más de media jornada de lanceros enemigos y hasta nuestra mermada despensa los tentaría a cruzar el río Negro y a subir a los montes y al valle de Dinnewrac de no ser por los guerreros de Brochvael, que tienen orden de protegernos. Con todo, creo que ni siquiera la amistad de Brochvael reconciliaría a Sansum con la idea de que el hermano Derfel escribiera un relato de Arturo, enemigo de Dios, motivo por el cual Ygraine y yo hemos mentido al santo varón diciéndole que dedico mis esfuerzos a traducir el Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo a la lengua de los sajones. El santo varón no habla la lengua del enemigo ni puede leerla, de modo que podremos mantener el engaño el tiempo suficiente como para dejar constancia de esta historia.

Y será necesario engañarlo porque, poco después de haber empezado a escribir en esta misma piel, el santo Sansum se personó en la estancia. Se instaló junto a la ventana a observar el cielo gris, frotándose las delgadas manos.

Bernard Cornwell, El Rey Del Invierno

miércoles, 13 de enero de 2016

¿POR QUÉ NO HACES QUE NOS ACORDEMOS?

Merlín se sobresaltó al ver aparecer súbitamente una carita sucia de detrás de una piedra.

-¿Quién demonios eres tú?

-Tom Rogers, señor -contestó el chico, tembloroso-. Vivo en el pueblo, señor.

-Entonces, ¿qué haces aquí?

-Vengo a oír a los caballeros. Ya sabe, la víspera de San Juan.

-Ah. ¿Y los has oído?

-Claro. Estaban todos aquí. En carne y hueso -dijo el niño, parpadeando-. Y usted en medio de ellos. -Esperaba una respuesta del anciano. Al no haberla prosiguió, como intentando avivar la memoria de Merlín-: Ha habido lucha, un tío que casi se desangra, hecho pedazos, y vuelve como si nada a la vida, sin una señal... -Hablaba tan de prisa que tuvo que limpiarse la saliva de la boca con la manga andrajosa- Y luego ha aparecido el castillo, el castillo de verdad, se lo digo yo. Yo ya lo había visto, eso sí, pero nunca como hoy, con el puente levadizo bajado y todos los caballeros saliendo a la carga, debía de haber al menos un millón, todos con armadura... -Ladeó la cabeza-. Usted lo ha visto, ¿verdad?

Merlín se echó a reír.

-Te aseguro que no sé de qué me hablas, mozo.

-Pero usted estaba ahí... usted...-Apartó la cara y se frotó los ojos-. Ustedes los viejos nunca se acuerdan de nada -dijo lleno de desespero.

Merlín permaneció un momento en silencio.

-Entonces, ¿por qué no haces que nos acordemos? -dijo finalmente.

-¿Qué quiere decir eso? -preguntó el chico con aire beligerante.

-Bueno, pues lo escribes. Escribe todo lo que has visto acerca de los caballeros y el castillo y el... maravilloso mago. Habla de ese muchacho joven que sacó la espada de la piedra y empezó un nuevo mundo. Empieza por el principio, presta atención a medida que te haces mayor y escríbelo. Escríbelo todo, Tom.

El muchacho estaba pasmado.

-¿Que escriba? ¿Yo?

-¿Por qué no? Es un oficio respetable. No es igual que el de bardo, por supuesto. Ésa sí que era una profesión gloriosa. Pero ya te hablaré de eso otro día.

-¿Estará usted aquí cuando.vuelva a aparecer el castillo?

-No me sorprendería que así fuera.

El chico dio un paso atrás y se quedó mirándole. Lentamente, una amplia sonrisa se formó en su rostro.

-Ése sí que era un mago encantador de verdad -dijo.

-Desde luego. ¿Ves?, se te dan bien las palabras. -El viejo se puso en pie-. Ahora corre, chico, y practica. El rey necesitará un cronista.

-Y ¿eso qué es, señor?

-Pregunta -contestó Merlín dándole un empujón.

El chico rió y echó a correr, y su carcajada llenó el aire.

Poco a poco, la risa fue dando paso al sonido de los cascos de los caballos, aquellos caballos fantasma que portaban a sus jinetes en la interminable búsqueda de su rey. Llegaban como el trueno, galopando por el prado y llenando con su presencia todos los lugares que el tiempo había vaciado. Cabalgaban, como siempre en esta noche. Y, cuando hubieron pasado, se hizo de nuevo el silencio, roto tan sólo por la lejana risa del niño.

Escríbelo todo, Tom, pensó Merlín. Será una buena historia. Una historia encantadora de verdad.

Molly Cochran y Warren Murphy, El Regreso del Rey Arturo

miércoles, 22 de julio de 2015

LA BOTICA DE CAMELOT O DE LA TABLA REDONDA


Aunque la pócima más notoria de la botica de la Tabla Redonda sea el famoso «bálsamo de Fierabrás» —probablemente preparado por última vez por don Quijote en La Mancha natal y de sus primeras aventuras—, en los anaqueles de Camelot estaban a disposición de los paladines diversas panaceas, las más con su punta de magia, y traídas a la corte del rey Arturo cuando Alejandro, hijo mayor del emperador de Constantinopla, viajó a Gran Bretaña a aprender allí caballerías. Todas estas medicinas tenían por objeto la rápida curación y cicatrización, sin dejar apenas huella, de las grandes heridas de los nobles guerreros, lo que era también la misión del «bálsamo de Fierabrás».

De Armórica procedían las «hierbas del tiempo», aquellas que concedían a los paladines, tomadas en infusión sus virtudes, prolongar el día o la noche. Así Bohort podía cabalgar por una selva durante veinticuatro horas sin que el sol se pusiese, o Galván hacer durar la noche sin luna durante otras veinticuatro. Un mundo de luz o de sombra se hacía alrededor del caballero, pero Lanzarote, Percival, Galahad, rechazaron ese truco, así como la llamada «agua de disminución», la cual agua, un compuesto de perla índica molida y de diente de lobo en polvo, hacía que el que la tomase, saliendo contra el dragón, viese a este del tamaño de un perrillo de lanas y se fuese a alancearlo en el entrecejo o bajo la lengua sin temor alguno. Sir Galahad y sir Percival irían contra el dragón como Jorge de Capadocia, viéndolo en su tamaño natural de colmillo y de garras. Si se lograba que el dragón bebiese de esta agua, dejándosela teñida de sangre a la puerta de su cueva —teñido que se lograba haciendo que sangrasen en ella, de sus narices, unas docenas de siervos—, surtía en la bestia el efecto contrario, viendo al que venía a darle muerte como un terrible gigante, una montaña vestida de armadura. Pero todo esto eran mañas de profesionales de la matanza del dragón, que no obra de los ilustres señores de la Tabla.

Se ha discutido mucho el porqué de la existencia en la botica de Camelot de muchos medicamentos procedentes de Bizancio, y creo haber sido el primero en haber encontrado la razón en la narración de Chrétien de Troyes titulada Cligés. Les contaré, abreviando.

Un Alejandro bizantino, príncipe imperial, se enamoró de Soredamors, hermana del caballero Galván, cuyo nombre se traduce por Rubia de los Amores. Tras la conquista de Vindilisora, que es Windsor, Alejandro va a la tienda de la reina Ginebra, donde está Soredamors, y la reina adivina que los dos se aman y no se atreven a decírselo. La reina, que ya por entonces coronaba a su marido con el buen caballero Lanzarote del Lago, sirve de celestina, echa a la una en brazos del otro, y los casa. Catorce meses más tarde —los primogénitos de los días artúricos nacen todos a los catorce meses, exceptuado Amadís de Gaula, porque en los cinco primeros meses de matrimonio hay platónica continencia—, nace Cligés.

Un mayo, Alejandro y Soredamors salen de Bretaña para Constantinopla, y se encuentran al llegar allá que el viejo emperador ha muerto, y reina Alexis, hermano de Alejandro. Alejandro le deja el trono a Alexis a condición de que no se case y herede el trono su hijo Cligés. A los pocos días muere, una semana después, la dulce Soredamors. Cligés queda en orfandad, y su tío Alexis olvida la palabra dada y quiere casarse con Fenicia, hija del emperador de Alemania, de trece años de edad. Llega Fenicia a Bizancio, ve a Cligés, tiene quince años y tiene una pluma en la gorra, y se enamora de él, y Cligés le corresponde. Fenicia se confía a su ama, Thessala, experta en magia, a la que dice que no quiere conducirse como Isolda. El solo pensamiento de pertenecer a dos hombres la subleva:

—Je n’i avra deus parcenters. Qui a le cuer, si ait le corps!... (Ya no tendré dos poseedores. ¡Quién tenga el alma que tenga también el cuerpo!).

La niña estaba muy bien educada. Thessala acepta servir a su ama. En primer lugar le da al emperador, en el banquete nupcial, un filtro, en virtud del cual Alexis cree gozar de Fenicia, cuando la verdad es que está sumido en profundo sueño, y lo que abraza es una sombra. Segunda parte: como Fenicia no quiere huir con Cligés, y quiere que, mientras el emperador sueña que la goza, ella goce a su enamorado, Thessala prepara un brebaje, que será famoso como «agua de la falsa muerte». Fenicia lo bebe, y pese a que la pinchan, sangran, emplastan todos los médicos de Bizancio y unos de Salerno que estaban de paso, la emperatriz aparece muerta, y hay que enterrarla.

Todos lloran a la adorada niña. Pero, a la noche, va Cligés a buscarla a su tumba, y la lleva a un palacio secreto donde Fenicia resucita. ¡Ay, qué dulces amores! Cantan los ruiseñores en el jardín y abriga sus caricias un árbol florido. Pero un día, un cazador al que se le ha perdido un azor entra en el jardín y descubre a la pareja boca con boca. Lo cuenta al emperador, este monta a caballo, pero cuando llega al palacio secreto, Cligés y Fenicia, en virtud de una pócima de Thessala, vuelan hasta Bretaña en el medio de una tribu de golondrinas. Pues bien, será Thessala quien durante la estancia de Cligés y Fenicia en Camelot llenará con sus filtros, aguas y pastas los anaqueles de la botica de la Tabla.

Pero lo que dice la novela de Chrétien de Troyes de las magias médicas de Thessala se irá transformando en realidad conforme pase el tiempo. El agua que hace soñar que se goza en cama blanda aparecerá en algunos fabliaux franceses, y en la historia de una doncella de Colonia a la que casan a la fuerza, pero ella quiere ir virgen a un convento, como sierva de María. El agua de la falsa muerte parecerá en los días de los últimos Capetos de Francia, los rois maudits, por el último gran maestre del Temple. Su tía Mahaut d’Artois lo usará para sus envenenamientos, porque parece la muerte natural, no deja manchas en la piel, y el envenenado, enterrado solemnemente, muere de asfixia, hambre y sed y frío en su sepultura. Crimen perfecto. El agua de la fausse mort volverá a verse en el Cuatrocientos de Italia, y será la pócima que use Julieta para librarse de la boda con Paris y esperar segura el regreso de Romeo. (Shakespeare, acto IV, escena III: Come, vial! What is this mixture do not work at all? «¡Ven, frasco! ¿Y si esta mixtura no hiciese su obra?»). Pero la hizo, y para mal de Romeo y para mal de Julieta. Píldoras para poder escuchar pájaros cantar cuando se es sordo, pomada que permite tocar con la mano diestra el hierro al rojo vivo, la piedra negra que corta la hemorragia, la piedra azul que permite respirar bajo el agua, el elixir una de cuyas gotas en sus ojos permitirá al caballero ver todo lo que sucede en la selva de Brocelandia siete leguas alrededor de él.


Todo esto lo dejó Thessala en Camelot, en la botica de la Tabla Redonda, y el gran antídoto arábigo contra el veneno de las horribles serpientes y contra las fiebres de los pantanos donde se baña el dragón. En un cuento de Dino Buzzati, un cazador de dragones, que respira el vaho que sale de la boca de la bestia, muere a poco, los pulmones quemados; pero para los de la Tabla, que mastican un compuesto de mandrágora y sangre de cordero nonnato, respirar el aliento del dragón es como respirar aire puro y fresco, en las mañanas de mayo, en los claros de la selva de Brocelandia y en las verdes colinas de Bretaña.

Aparte Thessala, hubo en la botica de Camelot todo lo que Merlín, el gran mago, inventó a lo largo de su vida. Medía agua que no se veía y pesaba polvos invisibles.

Alvaro Cunqueiro, Tertulia de Bóticas y Escuela de Curanderos