Mostrando entradas con la etiqueta Santiago García-Clairac. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Santiago García-Clairac. Mostrar todas las entradas

miércoles, 27 de enero de 2021

MI EJEMPLAR DEL PRINCIPITO

 

 

Robert abrió un cajón de un armario, desplazó algunas prendas y sacó el ejemplar.

-Aquí está... Ven, te lo enseñaré.

Los dos amigos se situaron sobre el borde de la cama, uno al lado del otro.

-¿Un libro? -dijo Isabelle, con cierta decepción.

-Si, es un libro prohibido. Nadie más que yo lo tiene en toda Francia.

-¿Un libro prohibido por los alemanes? ¿Por qué está prohibido?

-Lo escribió un piloto francés y cuenta la historia de un niño que vive solo en un asteroide... Un niño que se llama Principito. Mira, es este -dijo enseñándole la portada, donde se veía a un niño rubio sobre un pequeño asteroide.

-¿Principito? Me gusta... ¿Y qué hace?

-Ve cosas que nadie más ve, como lo que le pasa a la gente o... Fíjate en este dibujo: parece un sombrero, ¿verdad?, pero en realidad es una serpiente que se acaba de comer a un elefante...

Isabelle abrió los ojos al ver los dos dibujos.

-Vaaayaaa -musitó alargando mucho las sílabas, estaba impresionada-. Creía que los dibujos de Alicia en el País de las Maravillas eran los mejores, pero estos ganan.

-Hay más, mira, mira...

Robert iba pasando las hojas y mostrando los grabados que dejaron maravillada a Isabelle.

-Todos son de Saint-Exupéry -explicó Robert.

-¿Dónde está?

-Nadie sabe nada de él... Es un misterio... Solo se sabe que este libro está prohibido en Francia y en los países invadidos por Alemania... Dicen que el mismísimo Hitler ha mandado que lo quemen.

-¿Cómo habéis conseguido este?

-Es un secreto -alegó Robert-. He prometido que no se lo diría a nadie. Lo siento.

Santiago García Clairac, El Principito se Fue a la Guerra

jueves, 10 de mayo de 2018

10 DE MAYO: QUEMA DE LIBROS EN EL REICHSTAG



Pasaron tres magníficos días en los que Klaus les enseñó lo mejor de Berlín: la Alexanderplatz, la catedral, la Puerta de Brandeburgo, el palacio Charlottenburg... La noche del día 10 salieron a dar un paseo y acabaron en los alrededores de la Opernplatz, la plaza de la ópera, cuando sin previo aviso se vieron arrastrados por una multitud compuesta por civiles adeptos a Hitler, nacionalsocialistas y miembros de la Asociación de Estudiantes; casi todos llevaban camisas pardas y brazaletes con la esvástica.
-Quiero que sepáis lo que pasa en la nueva Alemania -dijo Klaus-. Vais a ver algo asombroso.
Grupos de jóvenes que portaban antorchas y cantaban consignas nazis se dirigían a la plaza, donde una multitud enardecida no dejaba de crecer.
-¿Qué van a hacer? -preguntó Chantal, agarrándose fuertemente al brazo de su marido, que también mostraba signos de inquietud.
-¡Limpieza! -contestó Klaus con voz firme-. ¡Una gran limpieza!
Se dejaron llevar por la corriente y se encontraron con una extraordinaria pila de libros en el centro de la plaza, a la que arrojaban montones de ejemplares. Jean se volvió hacia su amigo.
-¿Qué es esto, Klaus?
-Libros peligrosos y contrarios a nuestra ideología -respondió con satisfacción-. Enemigos que desprestigian a Alemania.
-¿Para qué los amontonan? -preguntó Chantal.
-Ahora lo veréis... ¡Fijaos!
Atónitos, vieron cómo prendían fuego a los miles de volúmenes entre los que se encontraban obras de Sigmund Freud, H. G. Wells, Bertolt Bretch, Ernest Hemingway, Franz Kafka, Albert Einstein... En la oscuridad de la noche, la gran fogata cobró vida y más de veinte mil libros se dispusieron a ser pasto de las llamas.
-¡Mira, Jean! -Chantal señalaba un libro que empezaba a arder en los límites del montón, corno si quisiera escapar.
Jean se inclinó y consiguió sacarlo.
-¡Es de Saint-Exupéry! -exclamó-. ¿Por qué...?
Klaus se lo arrancó de las manos y lo arrojó a la hoguera ante la mirada de incomprensión de su amigo:
-¿Estás loco, Jean? ¿Quieres que os maten? ¡Estamos llamando la atención! -Algunos uniformados cercanos los miraron extrañados, pero Klaus los tranquilizó con un gesto-. ¡Salgamos de aquí antes de que las cosas se compliquen! -los apremió al tiempo que echaba miradas nerviosas a su alrededor-. ¡Deprisa!
Así fue como los sacó de la plaza y los condujo apresuradamente hasta el hotel, asegurándose de que nadie los siguiera.
-¿Qué está pasando? -le preguntó Jean, estupefacto por lo que acababa de ocurrir-. ¿A qué ha venido esto? ¿Por qué queman libros?
-Alemania está cambiando -explicó Klaus-. Adolf Hitler ha tomado las riendas y nadie le va a impedir hacer lo que considere necesario para salvar a la patria. Espero que esto abra los ojos a Europa. Habéis visto un acto de valentía: el pueblo alemán está recuperando su honor.
-¿Por qué nos has invitado a ver todo esto? -Chantal estaba envuelta en lágrimas-. Sabes muy bien que respetamos los libros y...
-Ya os lo he dicho: quería que supieseis de primera mano lo que está sucediendo en Alemania y espero contar con vuestro apoyo.
-¿Nuestro apoyo en la quema de libros? -exclamó Jean-. ¡Nunca alentaremos eso!
Tanto para él como para Chantal, los libros eran su vida -su propio romance había comenzado cuando Jean publicó un libro de Chantal en una cuidada edición que había tocado el corazón de la escritora- y no podían apoyar ningún tipo de censura.
-¡Ha sido horrible! -declaró ella-. Nunca hubiera esperado que tú estuvieras de acuerdo.
Klaus guardó silencio durante unos instantes. Parecía defraudado por la respuesta de sus amigos. Sobre todo por la de Chantal.
-Por vuestro bien, es mejor que volváis a París inmediatamente -reconoció por fin-. Sí pensáis así, aquí corréis peligro.

Santiago García Clairac, El Principito se Fue a la Guerra

jueves, 22 de marzo de 2018

SEAMOS GOLOSOS



                Un año más, en víspera de las vacaciones de Semana Santa, hemos celebrado en el IES Octavio Cuartero de Villarrobledo (Albacete), nuestro concurso de tartas. Como el curso pasado tuvo mucha aceptación el tema de tartas literarias, este año hemos decidido repetir el tema dar rienda suelta a vuestra imaginación.


                Desde aquí os damos las gracias a todos los participantes: ¡ENHORABUENA, CHICOS, SIN VOSOTROS NO SERÍA POSIBLE EL CONCURSO! Esperamos que os hayan gustado los libros, que habéis tenido como premio y que nos los comentéis.


                Os ofrecemos una selección de las tartas que nos hemos comido esta mañana.


           Gracias a Loqueleo por enviarnos los ejemplares de El Principito se Fue a la Guerra de Santiago García-Clairac para los premios





martes, 6 de marzo de 2018

EL PRINCIPITO SE FUE A LA GUERRA


Esta novela de Santiago García-Clairac se enmarca con tres hechos históricos muy concretos: el 10 de mayo de 1933, la quema de libros en el Reichstag, a la que asiste el Jean y Chantal Dupont, en el prólogo, cuando están de luna de miel; el 6 de junio de 1944, fecha en que se produce el Desembarco de Normandía, es cuando propiamente comienza la novela; el 31 de julio de 1944, con nuestro joven protagonista esperamos en vano que aterrice en la base militar de Córcega el avión de Antoine de Saint-Exupéry.

El 6 de junio de 1944, en un París invadido por los nazis, Robert Dupont cumple 10 años y recibe un magnífico regalo que le cambiará la vida: un ejemplar clandestino de El Principito, llegado de Estados Unidos, donde se publicó por primera vez en 1943, libro prohibido por el mismísimo Hitler. A partir de ese momento, Robert vivirá una serie de acontecimientos extraordinarios que tendrán que ver con el libro escrito por Antoine de Saint-Exupéry, al que admira profundamente.

                Nada más terminar su fiesta de cumpleaños, Gerard, su mejor amigo, es asesinado por una patrulla de vigilancia alemana. A los pocos días, René Batelier, su maestro (lo visualizo como el Charles Laugthon de Esta Tierra es Mía), será arrestado acusado de pertenecer a la resistencia francesa. Más tarde, lo serán los padres de Gerard, y la pequeña Isabelle se tendrá que refugiar con los Dupont. Mientras tanto Klaus, antiguo amigo de los Dupont y actual comandante alemán, quiere obligar a Jean para imprimir en su imprenta el libro de Hitler, Mi Lucha.

                Ante esta situación, los Dupont y su protegida dejarán París rumbo a Córcega.

                Santiago García-Clairac con esta novela, además de ese homenaje a Saint-Exupéry (y otro más pequeño Hergé), nos acerca a los horrores de la guerra (igual que ya hiciera en Bajo el Fuego de las Balas, Pensaré en Ti) que sufren los civiles, las personas normales a través de los ojos de un niño y de sus padres. Robert no tardará en ver semejanzas entre ese libro, que ha pasado a ser su favorito, y la realidad: ve a los alemanes con una encarnación del rey tiránico; o ese dibujo de la boa comiéndose el elefante, indicando la diferente visión que tiene un niño de un adulto, y que por ese motivo los mayores hacen guerras. El libro que habla de la amistad, de la paz, de la libertad… contrasta con la realidad a la que están sometidos.

               La sencilla forma de escribir nos atrapa enseguida, nos engancha, queremos saber cómo esta familia va a superar los peligros y penalidades que les acechan. Hay escenas memorables: el enfrentamiento entre Richard y Klaus, en el despacho de éste, discutiendo por qué los alemanes han prohibido El Principito; o esa otra donde Saint-Exupéry desvela a Robert los secretos que guarda su  novela; y hay una tercera…

                Mejor leed la novela y encontradla vosotros.

jueves, 18 de mayo de 2017

ANIMACIÓN A LA LECTURA CON DAVID VIROSTA


Este martes, gracias a la editorial Edebé, ha estado en nuestro centro el actor y cuentacuentos David Virosta, para llevar a cabo una jornada de animación lectora.

Hemos podido comprobar como David proviene del teatro, pues en cada dinamización se metía en la piel de un personaje distinto, para, de esa forma, interactuar con los alumnos y darles a ello el protagonismo. Veamos como lo ha hecho.

Con los alumnos de 3º ESO ha asumido el rol de un productor de televisión que quiere rodar Bajo el Fuego de las Balas Pensaré en Ti, la novela de Santiago García-Clairac y Roberto Santiago; les ha preguntado qué rodarían si una película o una serie de televisión; si fuera una película que escenas eliminarían al considerar que no es indispensable para la trama principal; si tuvieran que hacer un tráiler o un cartel para promocionar la película con que elementos los harían; dónde buscarían localizaciones. Y a partir de aquí también hemos pasado a hablar de otros libros.

Con los de 2º ESO, David se ha metido en la piel de un periodista que quiere investigar los sospechosos y las pistas de Erik Vogler en Muerte en el Balneario, la historia de Beatriz Oses, con ese personaje que a veces se nos hace un tanto repelente y nos recuerda a Sheldon Cooper.

Alumnos y profesores hemos disfrutado con su actuación, con sus preguntas, con su forma de indagar, de actuar, como su voz y sus gestos nos iban guiando.

lunes, 25 de julio de 2016

MADRID. 17 DE JULIO DE 1936


Aquel sábado, 17 de julio de 1936, hacía mucho calor en la Gran Vía de Madrid. El ambiente era sofocante y la crispación generada por la situación política se traducía en una tensión que se masticaba en la calle.
Cuando Rodrigo entró en la Casa del Libro, sudaba copiosamente y maldijo a Francisco Cambero por haber elegido precisamente ese día para presentar aquel dichoso libro en el que al parecer nombraba a su padre.
De mala gana, buscó a alguien que pudiera informarle. Al fondo había un hombre mayor que parecía muy ocupado atendiendo a un grupo de clientes; a la derecha, subida a una pequeña escalera, descubrió a una dependienta joven que le llamó la atención.
Era menuda, y ordenaba los libros con meticulosidad.
–Perdone, ¿dónde es la presentación del libro Héroes de la República? –le preguntó a la chica.
–Es ahí, en el salón del fondo –respondió ella, sin prestarle atención–. No hay mucho público, será por el calor.
–¿Puedo comprar un ejemplar?
–En el mostrador le atenderán, gracias.
Sin moverse de allí, Rodrigo echó un vistazo al mostrador, que estaba vacío. Unos metros más allá, junto al escaparate, volvió a ver al hombre mayor que atendía a un grupo de señoras.
Ni rastro de otros dependientes.
De nuevo miró hacia la dependienta subida a la escalera.
Entonces la chica se volvió y sus miradas se cruzaron.
Rodrigo sintió una punzada en el estómago.
La dependienta tenía unos enormes ojos verdes, que a él le parecieron los más grandes y hermosos que había visto nunca en su vida.
Ella también se quedó paralizada por un instante.
Como si una descarga eléctrica le cruzara el cuerpo de arriba abajo.
Los dos jóvenes se quedaron inmóviles.
–Eres preciosa –dijo él.
–¿Perdona? –preguntó ella, riendo.
Rodrigo se puso completamente rojo. ¿Había dicho en voz alta lo que estaba pensando?
–Disculpa..., es que... el autor del libro es amigo de mi padre –dijo Rodrigo titubeando, intentando arreglar la situación, sin poder apartar la mirada–. Quiero que me lo firme... Y el otro dependiente está muy... Si no te importa..., le importa...
Ella sonrió al ver su desconcierto. Se sintió halagada. Había algo en aquel chico que le gustaba.
En ese momento ninguno de los dos lo sabía, pero aquel encuentro fortuito iba a cambiar para siempre sus vidas.
–Sígueme... –le dijo.
Rodrigo la siguió avergonzado. Llegaron a un expositor donde había una pila de ejemplares. Ella tomó uno y se lo mostró.
–Aquí lo tienes... Héroes de la República. Espero que te guste...
–¿Por qué no me iba a gustar? ¿Cree usted que no es apropiado para mí?
Ella le miró irónica y desafiante.
–Es un panfleto, pero vamos que a mí... Ah, puedes tutearme, todos los clientes lo hacen.
Rodrigo se quedó sin palabras. La explicación le dejó paralizado.
–Yo no soy...
–Son cinco pesetas –dijo ella.
Otra vez se le había adelantado.
–Claro, aquí las tiene... Las tienes...
La joven extendió la mano y tomó las monedas de Rodrigo.
–¿Crees que me lo firmará? –preguntó él.
–Seguro que sí. No ha venido mucha gente y muy pocos lo han comprado. Te lo firmará y, si se lo pides, te dará un beso.
–No te cae bien, ¿verdad?
Ella le miró directamente a los ojos.
–¿A ti te gusta? –preguntó la chica.
–No le conozco.
–Pues para no conocerle te esfuerzas mucho... Compras su libro, vienes a su presentación, quieres una dedicatoria...
–Es por curiosidad... En el libro habla de mi padre.
–¿Tu padre es un héroe de la República?
Rodrigo se encogió de hombros.
–Vas a llegar tarde –dijo ella.
Rodrigo asintió.
–Tu amigo Cambero está a punto de empezar... Por aquel pasillo....
Rodrigo vio cómo la chica se alejaba.
Y se dirigió hacia la zona habilitada para las presentaciones.
Apenas una docena de personas ocupaba algunas sillas; a pesar de que había sitio de sobra, prefirió quedarse de pie, detrás, sin llamar la atención.
Francisco Cambero, el autor, delante de un atril, hablaba y agitaba su libro.
Rodrigo miró a aquel hombre; no era como se lo esperaba. Parecía un labriego, o un tipo curtido en el campo, no un escritor o un intelectual.
Cambero hablaba de la democracia y la libertad y la República, y de muchas otras cosas; hablaba de grandes conceptos y grandes ideales, pero Rodrigo no prestaba atención a sus palabras.
Aprovechó para hojear el libro. Enseguida encontró lo que buscaba. Su padre, Florencio Sandiego, aparecía como uno de los defensores de la Segunda República. Como uno de los muchos héroes que con sus sacrificios y sus esfuerzos había ayudado a construir esta nueva República.
Sintió una punzada en el corazón cuando vio el retrato familiar que ilustraba las páginas que había dedicado a su padre: «Florencio Sandiego, su esposa Olivia, y sus hijos Elena y Rodrigo», rezaba el pie de foto.
Cuando Cambero dio por terminado su discurso y se ofreció para firmar ejemplares, Rodrigo volvió a la realidad.
Después de una breve espera, llegó su turno.
–Señor Cambero, ¿conoce usted personalmente a Florencio Sandiego? –le preguntó.
–El camarada Sandiego ha entregado su vida entera por la República, algún día todos estos héroes que no aparecen en los titulares de los periódicos serán reconocidos. ¿A quién se lo dedico?
–A Rodrigo...
–¿Eres republicano? –le preguntó Cambero.
–No –dijo Rodrigo secamente–. Voy a ser falangista. Repudio vuestras ideas y todo lo que esto significa.
El escritor le miró con curiosidad.
–Entonces, ¿por qué lo compras? –quiso saber.
–No lo sé. Para quemarlo –replicó.
–¿Has venido a insultarme?
En ese momento, se escucharon gritos, voces de hombres y mujeres que discutían.
–¿Has venido con tus amigos a armar camorra?
–He venido solo –respondió Rodrigo.
Varios individuos estaban discutiendo con la dependienta que le había atendido.
–¡Aquí no se viene a montar bronca! –gritaba ella, impidiéndoles el paso–. ¡Esto es una librería!
–¡Estamos hartos de estos comunistas! –alegó uno, que llevaba un sombrero de ala ancha.
–Vamos a explicarle a ese Cambero lo que pensamos de su República... –añadió otro, bastante más joven–. ¡Apártate!
–¡Atrás! –ordenó la chica, oponiendo resistencia–. ¡Fuera de aquí!
Rodrigo pensó que la situación se estaba complicando y que ella sola no podía contenerlos. Así que no le quedó más remedio que intervenir.
–¡Atrás! –exclamó, bajando y acercándose–. El acto ha terminado y no se puede pasar.
–¿Quién eres tú para decirnos lo que tenemos que hacer? –replicó el del sombrero.
–Un cliente.
–¡Comunista! –le acusó otro, señalando el libro que Rodrigo llevaba entre las manos–. ¡Vamos a limpiar esta madriguera!
Esas palabras desencadenaron lo que vino después.
El del sombrero dio un empujón a la joven e intentó pasar.
Ella se rebeló y se interpuso con más determinación, pero otro le dio un golpe en el hombro y la tiró al suelo.
A Rodrigo se le calentó la sangre al ver a la chica tirada en el suelo, y sin pensarlo se lanzó contra el tipo que la acababa de empujar.
A partir de ahí se sucedieron los gritos, empujones y golpes.
Hasta que sonó un disparo.
Todos se volvieron hacia las escaleras.
Allí estaba Francisco Cambero.
Con una pistola en la mano.
De nuevo Rodrigo pensó que, para ser un escritor, este Cambero era un tipo muy particular.
–Todo el que no haya venido a comprar un libro, ya puede irse –dijo sin pestañear.
Al principio nadie se movió.
–Las ofertas están en la planta segunda –añadió–, los demás circulando, ¡ya!
Y dio un paso al frente con la pistola.
El tipo del sombrero y sus amigos salieron atropelladamente de allí.
Se escuchó la sirena de la policía que se acercaba.
Rodrigo ayudó a Sofía a levantarse.
–Gracias –dijo ella.
–¿Cómo te llamas? –preguntó él.
–Sofía –dijo la chica, sin apartar la vista.
–Rodrigo –respondió él.
Cambero llamó entonces su atención.
–¡Tú! ¡El falangista! ¡Largo también!
Rodrigo le miró.
Luego volvió a mirar a Sofía.
Y salió de allí. Abriéndose paso entre el gentío que se había amontonado a las puertas de la Casa del Libro.

Roberto Santiago y Santiago Garcia Clairac, Bajo el Fuego de las Balas, Pensaré en Ti

lunes, 9 de mayo de 2016

BAJO EL FUEGO DE LAS BALAS PENSARÉ EN TI


Entre julio y noviembre de 1938, tuvo lugar una de las mayores batallas de la Historia. Perdieron la vida cerca de doscientos mil combatientes. Con el tiempo, se conocería como la Batalla del Ebro.

Así empieza Bajo el Fuego de las Balas Pensaré en Ti, de Roberto Santiago y Santiago García-Clairac; primera novela de padre e hijo coautores.

En ella se nos narra la historia de la dividida familia Sandiego, entrelazada con la de España, en el momento que marcó el desenlace de la guerra que cambió el país para siempre. Una parte en un bando y la otra en el otro. La madre muerta; el padre considerado como un héroe en el bando republicano; el hijo, falangista, condecorado por Franco;  la hermana se alista como miliciana.  ¿Cómo podía un hijo estar en el bando contrario al de su familia?

El día en que estalla la guerra, Rodrigo conoce a Sofía en Madrid. Se enamoran en el acto. La familia de Sofía desconfía de las raíces comunistas de Rodrigo, pero ella cree ciegamente en él.

Pero el destino le depara la amarga misión de pasar por traidor, desertar y espiar al ejército republicano. A su padre. A su hermana.

Narrada desde todas las voces de la historia dispersadas por los enclaves de España convertida en campo de batalla, Bajo el fuego de las balas es un cara a cara con el horror y el absurdo de la guerra fratricida. Lo que empieza como enfrentamiento entre enemigos termina como la lucha por la supervivencia de los seres queridos, atravesados todos sin excepción por la tragedia. Una desgarradora y bella crónica cimentada tanto en rigor histórico como talento narrativo; un canto a los lazos inquebrantables del amor.

                En ningún momento los autores consideran un bando bueno y otro malo,, pues, en cortos capítulos, los personajes se van alternando con su diferente punto de vista, que a lo largo de la novela va cambiando. La ambientación, sobre todo en las escenas bélicas y en las represalias de ambos bandos, puede llegar a ser dura, reflejando fielmente lo que es una guerra civil.

                Se entrelazan las historias de los distintos personajes, hasta que convergen, y padre e hijo, los dos protagonistas, se olvidan de cuál es su bando. Los personajes, tanto principales como secundario, bien definidos, cada uno con sus motivaciones.

                La novela se lee rápido, engancha, con un estilo directo, sencillo, donde lo que predomina es la acción, pues el conflicto o, mejor dicho, los conflictos que atañen a los personajes no permiten la reflexión, sino decisiones rápidas, casi inconscientes.

miércoles, 11 de marzo de 2015

TREN 17305 - 7:39

En memoria de las victimas del 11 M

AYYYYY… ¿Qué ha pasado?… Qué… qué… No entiendo…

Una gran bola de fuego se ha formado en el vagón. Veo cristales que saltan por los aires, caras de miedo, objetos que vuelan, hierros que se retuercen…

Oigo gritos de miedo y de dolor. Una ola de calor… Un follón… todo tiembla, el tren se agita…

Y ahora no hay nada. Silencio y oscuridad.

¿Dónde está mi madre? ¿Por qué no puedo verla?

El ruido y el fogonazo han sido tan bestias que he tenido que cerrar los ojos. Parece que es de día y de noche a la vez. Siento frío y calor; estoy de pie y cabeza abajo. Tengo la impresión de que el tiempo no pasa, pero que también corre mucho… Hay ruido y silencio al mismo tiempo… Estoy muy confundido.

Una gran mano invisible, que debe de ser de un gigante como los que atacaban a Don Quijote, me empuja hacia atrás y me lanza al vacío sin que pueda hacer nada por evitarlo… Noto que estoy volando como una pluma. No sé en qué posición estoy ni dónde voy a caer, si es que caigo. Me parece que este viaje no va a terminar nunca. Tengo mucho miedo. ¡Uuuufff!

Aterrizo en algún sitio y me doy un golpe tremendo… Tengo la sensación de que he caído sobre una persona, a la que no veo pero a la que sí siento moverse. Espero no haberle hecho daño. Estoy tumbado, sin moverme y sin hacer nada. No es que no quiera, es que no puedo. La fuerza invisible ha hecho tanta presión sobre mí que me ha dejado agotado. Es como si un camión se me hubiera caído encima y me estuviera aplastando. ¡Lo que me cuesta respirar!

Sé que ha ocurrido algo en nuestro vagón, pero no puedo moverme, ni gritar, ni hacer nada de nada.

Me parece que el mundo se ha movido. Ha sido como un terremoto gigante que me ha hecho temblar hasta el corazón, me ha convertido en polvo y me ha desintegrado. Me noto ligero como una mariposa, como si estuviera vivo y muerto a la vez. Es algo terrible que nunca me ha pasado. Tengo la impresión de que voy a perder el sentido o a volverme loco, no sé. No entiendo nada… He sentido la explosión muy cerca, muy fuerte, como si hubiese explotado dentro de mi cabeza. Ha sido tan terrible que empiezo a sentirme mareado… Tengo los ojos cerrados y no estoy seguro de que mis oídos funcionen bien. Es como estar dentro de una lavadora que centrifuga a gran velocidad.

Intento comprender dónde estoy, pero no puedo hacer nada, es imposible pensar. Sé que algo extraño acaba de ocurrir y estoy seguro de que va a pasar algo peor todavía. Parece que ahora puede suceder cualquier cosa. Me encuentro muy desconcertado y jamás en mi vida he vivido una situación como esta. No entiendo nada. ¿Qué ha pasado?

¿Qué está ocurriendo? ¿Quién quiere hacerme daño?

Quiero gritar pero no puedo. Tengo la boca seca y no consigo despegar los labios. Me he quedado ciego, y un poco sordo. Estoy inmóvil y me pican los ojos.

 Pero ¿qué han sido esos ruido tan fuertes?

¿Han ocurrido de verdad o me los he imaginado?… ¿Lo he soñado igual que los dragones que me persiguen durante las pesadillas, o es real?… He sentido un enorme temblor que me ha cruzado por todo el cuerpo y el tren entero se ha meneado. Soy incapaz de pensar bien. No tengo ni idea de lo que ha ocurrido. Todavía oigo el eco de ese ruido tan espantoso. Parece que no va a terminar nunca. Hace un calor pegajoso y noto que hay mucho humo, por eso me cuesta respirar. Voy a quedarme quieto para ver si todo vuelve a la normalidad. Es mejor no moverme. He notado que algo me ha pasado rozando la cabeza, aunque no me ha golpeado… Vaya, sea lo que sea, ha chocado contra un objeto, a lo mejor un asiento o una puerta. Ahora noto como si algunas cosas estuvieran cayendo… Cristales, hierros, planchas… Me recuerda el día que me subí a la montaña rusa del parque de atracciones; iba tan rápido que no era capaz de darme cuenta de nada; tuve tanto vértigo que me sentí desorientado. Y ahora me pasa lo mismo. No sé dónde está la puerta de salida, ni el techo, ni mi bolsa de la ropa, ni mamá. No sé nada, no oigo nada… Creo que me he quedado sordo para siempre y me estoy poniendo nervioso… Siento un calor muy fuerte en la mano izquierda, está como dormida y me duele un poco. Seguro que ha recibido un golpe… Espero que no sea grave…

Me parece que alguien se está moviendo… Sé que algo acaba de caer al suelo, lo he notado por el temblor; y también me doy cuenta de que ha sido algo metálico, a pesar de que no lo he escuchado bien. Es como si se hubiese caído del techo. Me parece que mi idea es una tontería, ¿cómo se va a caer algo del techo? Eso es imposible, los techos de los trenes no se caen solos. No pueden caerse porque están bien sujetos. Solo se caen cuando hay un accidente. O sea, cuando dos trenes chocan. ¿Hemos chocado con un tren?… Yo estoy seguro de que cuando dos trenes chocan, no hacen tanto ruido. Y no explotan. Y lo que yo he oído han sido explosiones, de eso sí que estoy seguro… El caso es que ahora que me doy cuenta han sido dos… o tres… No sé, estoy hecho un lío… Cuando me recupere se lo preguntaré a mamá. Ella tiene que saberlo. Mamá lo sabe todo, es la que más cosas sabe. Seguro que me explicará lo que ha ocurrido… No veo nada, pero intento ponerme de pie.

¡BROOOOOAAAAAAUUUUUMMMMM!

¿Otra vez?

¿Qué pasa?

¿Cuándo se van a terminar estos ruidos?

Estoy seguro de que he oído otra explosión.

¿Qué pasa, qué pasa? ¿Qué le pasa al mundo?

Vaya, acabo de recuperar el oído…

Quizá ha sido una gamberrada de alguien que ha explotado un petardo, de esos que se usan en las ferias. Pues menuda gracia. Vaya susto que nos ha dado… Pero me parece que no ha sido eso. Ha sido demasiado fuerte para ser un petardo de feria. A lo mejor han lanzado un misil contra nosotros. Pero ¿quién querría lanzar un misil contra un tren de cercanías? Eso es una bobada que se me ha ocurrido a causa de las cosas que veo en la tele. Como todos los días ponen noticias sobre guerras, pues me habrá influido. Pero no estoy convencido de que haya sido un misil, ni una bomba. Si hubiera sido una bomba, habría oído el ruido de los aviones. Eso sí que es seguro. Los bombarderos hacen mucho ruido y sueltan un rugido que viene del cielo, que te da un miedo que te mueres. Pero no he oído aviones. Si hubieran sido aviones me habría dado cuenta porque estoy acostumbrado. Cerca de casa, en Torrejón, hay una base de aviones de guerra y conozco muy bien el sonido. Algunos días los oigo pasar por encima de nuestras cabezas. No, ha tenido que ser otra cosa. ¿Qué ha ocurrido?

Me parece que estoy oyendo llorar a alguien. No estoy seguro, pero creo que es una señora. A ver… Sí, es una mujer que pide ayuda. No sé qué le ha podido pasar, pero no se encuentra bien. Ahora, cuando me reponga, intentaré ayudarla si puedo. Es posible que se le haya caído encima esa cosa que he oído antes. Espero que no sea grave. Bueno, volviendo a lo de las explosiones, ya he descartado lo de los petardos de feria y las bombas de los aviones, así que solo queda una explosión de… ¡Ah, claro, ha sido la máquina que ha estallado! Claro, ha sido la locomotora que… No, me parece que tampoco es eso. Ahora las locomotoras son eléctricas y no estallan Antes sí estallaban porque eran de vapor y, a veces, la presión las convertía en ollas a presión y reventaban. Pero eso ya no ocurre. No sé qué ha podido pasar. Ha sido una explosión muy gorda. Demasiado gorda para ser una tontería. Una explosión como esa…

¡BROOOOOAAAAAAUUUUUMMMMM!

¡Otra vez! Esta vez ha explotado un poco más lejos, detrás de mí, seguro que ha sido en el vagón siguiente, en el sexto. Lo he notado. El suelo ha vuelto a temblar. Y ahora sí que han caído algunas cosas. Esta tercera explosión no ha podido ser una casualidad… ¿O es la cuarta? ¿O la quinta? Creo que he perdido la cuenta… Nunca hay tantas detonaciones juntas. Tiene que haber sido por algo grave… Esto es como cuando lo de las Torres Gemelas de Nueva York, que al principio todo el mundo creía que un avión había chocado con una de ellas por casualidad, pero a los poco minutos, pudimos ver que un segundo avión se estrellaba de lleno contra la otra. Y entonces, nos dimos cuenta de que habían sido dos aviones que habían chocado a propósito contra los dos edificios… A ver si se nos han caído dos aviones encima. O alguien los ha dirigido contra nosotros.

¡Estamos rodeados! ¡Lo mejor es no moverse!

¡Cualquier movimiento podría provocar otra explosión!

Una terrible idea me viene a la cabeza:

¡Si esto sigue así, el tren se va a desintegrar! ¡Y nosotros con él!

Santiago García-Clairac, En un Lugar de Atocha

lunes, 7 de abril de 2014

EN UN LUGAR DE ATOCHA

Enviado por Pedro:

Quique viaja con su madre en tren desde Alcalá de Henares hasta Madrid. Van a reunirse con su padre, con el que el niño va a pasar el fin de semana. Hace frío, es temprano y, desgraciadamente, es 11 de marzo de 2004. En el tren Quique se encuentra con su amigo Bigboy y juntos, comentando sus cosas, hacen el trayecto. Pero, de pronto, oyen un ruido enorme, seguidos de otros más, y el vagón en el que viajan estalla. Quique tiene una herida en la mano y no encuentra a su madre por ningún sitio; Rubén está malherido... 

A partir de ahí, el autor narra con toda delicadeza la cuenta atrás de Quique hasta que, gracias a la ayuda de muchas personas -vecinos, policías, bomberos, psicólogos- consigue finalmente reunirse con su padre. Por desgracia, ni su madre, ni su amigo Bigboy logran sobrevivir.

Este libro afronta con toda su dureza los atentados que costaron la vida a 191 personas y provocaron heridas de diversa consideración a más de mil. Es una obra dura y arriesgada. “La verdadera finalidad de esta obra —añade el autor— es que nos cure un poco, que nos ayude a comprender lo que ha pasado y que nos recuerde que, por cada ser maligno, hay diez seres humanos valientes, sensibles y generosos”. Con enorme delicadeza, Santiago García-Clairac tiende un puente entre la enormidad de la tragedia y los niños y niñas que ese día fueron testigos de ella, aportando una reflexión sobre esos héroes anónimos que arrojan algo de luz en mitad del horror.

Como señala el pequeño Quique, protagonista de esta novela, “ahora no me cabe duda de que hay muchos quijotes sueltos, dispuestos a dar su vida para ayudar a los demás, incluso a costa de perder su propia vida en el intento”.

Libro fácil de leer, que te cuenta desde el punto de vista de un niño los atentados del 11 de Marzo del 2004. Trágico el final: Quique pierde una mano, su madre y su amigo mueren...

PREMIO CERVANTES CHICO 2004