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lunes, 30 de marzo de 2015

CUENTOS SILENCIOSOS

Es un libro desplegable en tres dimensiones con una escena clave a doble página de cuentos tradicionales infantiles: Alicia en el País de las Maravillas, Pinocho, Peter Pan, Barbazul, La Bella Durmiente del Bosque, Caperucita Roja y Pulgarcita. A ellos Benjamin Lacombe añade a Naoko, la protagonista de su historia Los Amantes Mariposa. En el epílogo Antonio Rodríguez Almodovar nos da su visión personal y nos habla del sentido de cada uno de los cuentos, que, en definitiva, son adaptaciones infantiles de historias de adultos contadas para aleccionar o atemorizar a los más jóvenes.

No hay texto, tan solo la ilustración y el volumen; suficiente para crear ese misterio que nos atrapa, al observar los pequeños y cuidados detalles de la historia original. Y a partir de esa doble página la recreamos y se la hacemos vivir a otros. Podemos interactuar con el libro, gozar de las ilustraciones, o, simplemente, deleitarnos con la lectura de un “texto” que no tiene palabras.

Y ahora tan solo tenéis que seguir al conejo blanco:

viernes, 24 de octubre de 2014

DÍA DE LA BIBLIOTECA 2014

PREGÓN HOMENAJE A ANA MARíA MATUTE


‐¡Ana María, despierta!

El príncipe se quedó contemplándola. Era guapa, el pelo negro, los ojos grandes, la boca carnosa. Luego la sacudió suavemente, por un hombro. Insistió: ‐Vamos, mujer, que ya es hora.

Ana María, solo después de un rato, empezó a moverse. Primero movió un dedo, luego una ceja, luego entreabrió un ojo.

‐¿Y tú… quién… eres? –preguntó, no sin gran esfuerzo.

‐¡Soy el Príncipe Azul!

‐¿El qué?

‐El príncipe… ¿No te acuerdas? Tenemos que amarnos.

‐¿Es obligatorio?

‐Claro, lo manda la tradición.

‐¡Pues entonces vete a hacer gárgaras!

Ana María se giró hacia un lado y volvió a dormirse. El príncipe quedó sumamente desconcertado. Se incorporó del filo del lecho y se puso a pasear la estancia. Vio las telarañas del tiempo colgando de los pesados cortinajes, vio a un par de alabarderos durmiendo de pie, la nariz del uno apoyada en la nariz del otro. Vio, o mejor dicho, escuchó la estridente sinfonía de ronquidos que le llegaban de todas partes de aquel palacio encantado; ronquidos atronadores de guardianes forzudos, ronquidos silbantes de cocineros exquisitos, ronquidos trascendentes de capellanes gordinflones, ronquidos, ronquidos… Como que tuvo que taparse las orejas para no ser víctima de aquel terremoto sónico… y entonces se dio cuenta: ¡el fuego de la chimenea también dormía! Se acercó, aproximó una mano a aquellas llamas petrificadas y quedó ensimismado… Luego de un tiempo incontable, levantó la vista y vio sobre la repisa una hilera de libros. Eran libros de cuentos, los únicos objetos de aquel lugar que no habían acumulado polvo ni telarañas. Con un temblique en el dedo índice de la mano derecha, impropio de todo un príncipe, fue recorriendo los títulos: Cuentos de antaño, de Charles Perrault, Cuentos de los hermanos Grimm, Cuentos de H. C. Andersen, Cuentos de Ana María Matute... Al leer este último, el corazón empezó a repicarle. Sacó el libro y lo abrió. Al azar fue leyendo: “Todos nos acostamos con el lobo, pero lo que no podemos hacer es confundirlo con la abuelita.” “La infancia es más larga que la vida”. “El que no ama está muerto”.

Justo al acabar esta frase, cesaron los ronquidos y el fuego de la chimenea cobró repentina vitalidad. El príncipe se apartó.

‐Eso, ahora ponte a curiosear en mis cosas ‐oyó a sus espaldas. Levantó un poco más la vista y vio, en el espejo de la chimenea, cómo se incorporaba en su magnífico lecho una dama todavía más magnífica. Casi cien años de edad, el pelo totalmente blanco y la sonrisa totalmente pura. ‐¿Se puede saber qué día es hoy?

‐¿Hoy? ‐El príncipe no tenía ni la menor idea.

‐¡Me acabo de acordar!‐ Exclamó ella‐. ¡Es 24 de octubre, día de la Biblioteca! ¡No te quedes ahí pasmao, que los niños nos están esperando! ¡Vamos, Príncipe Azul, mueve el culo!


Antonio Rodríguez Almodóvar