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jueves, 1 de julio de 2021

EL TERROR

Enviado por Pedro:

En 1847, dos barcos de la Armada británica, el HMS Erebus y el HMS Terror, que navegaban bajo el mando de sir John Franklin, están atrapados en el hielo del Ártico. En su anhelada busca del paso del Noroeste, parecen haber fracasado. Sin poder hacer nada por continuar su marcha y completar su expedición, rodeados del frío polar y de inminentes peligros, sólo pueden esperar a que llegue el deshielo que les permita escapar.

Poco a poco, los días van pasando y las condiciones de supervivencia se vuelven más extremas; temperaturas que superan los cincuenta grados bajo cero, provisiones de comida escasas, el deterioro de los barcos o la llegada de enfermedades van mellando la esperanza de la tripulación Por si fuera poco, la extraña presencia de una criatura bestial y misteriosa hace que los hombres crean que se enfrentan no sólo a las condiciones naturales más adversas, sino también a fuerzas sobrenaturales que superan, por momentos, sus creencias y su razón. Con el tiempo y la llegada de las primeras muertes, fantasmas como el de la rebelión, el motín o el canibalismo hacen su entrada en escena, en un panorama desolador.

Basada en hechos reales, El Terror es una magnífica novela en la que Dan Simmons consigue que el lector se sienta, aterido, uno más de los tripulantes extraviados en el Polo.

Tras un trabajo previo de documentación e investigación, Simmons construye una inquietante novela histórica de terror, con algunos elementos de literatura fantástica, que ayudan a crear la agobiante atmósfera que impregna el libro. Tal vez, uno de los aspectos más complicados que tenía era transmitirnos toda esa sensación de agobio, de desesperanza que siente la tripulación de los dos barcos en esa situación inhóspita y terrible: hambre, hacinamiento, frio, el egoísmo y la traición…

 La perspectiva desde la que nos cuentan los hechos en cada capítulo va variando según el personaje principal que tomamart el autor (algo parecido a lo que ocurre en Juego de Tronos, de G. R. R. Martin), así los de Crozier, el Capitán del HMS Terror, o los del doctor Goodsir. De esta forma, el autor se adentra en la psicología y en las motivaciones de los personajes.

                Toda la trama de novela histórica, la expedición en el Ártico, podría ser propia de las novelas de Patrick O’Brian, pero todos los elementos fantásticos y esa sensación de agobio y terror nos recuerda la Narración de Arthur Gordon Pym, de Poe. Pero también encontramos referencias a la propia obra de Simmons, pues ese monstruo de ojos inquietantes, enorme estatura y garras como cuchillos con su comportamiento nos trae a la memoria el Alcaudón, la criatura de  la mítica serie Hyperion (Premio Locus y Hugo 1991).


martes, 25 de septiembre de 2018

NADIE NOS OYE


         Este apasionante thriller de Nando López nos sumerge con realismo en algunos de los conflictos más acuciantes de nuestra sociedad.

Tras perder el partido más importante de su vida, un joven de diecisiete años aparece muerto a causa de una terrible paliza.

No hay testigos ni pruebas que señalen a los culpables, aunque los recientes enfrentamientos entre el Zayas y el Távora, los dos institutos de la zona, apuntan a que se trata de un nuevo episodio en la escalada de violencia entre ambos centros por motivos xenófobos, pues la mayoría de los estudiantes del Távora son de origen magrebí.

Sólo dos personas próximas a la víctima poseen las claves para desentrañar lo sucedido: Quique, uno de sus compañeros de clase y miembro de su mismo equipo de waterpolo, el Stark; y Emma, una psicóloga contratada por el club para asesorar a sus jugadores adolescentes. A partir de ellos comprenderemos unos hechos sobre los que pesan demasiados miedos, demasiados fantasmas, demasiados silencios

                Llamativo el título que alude a esa falta de comunicación por la que se pueden agravar los problemas: por una parte, que nadie de nuestro entorno sea capaz de interesarse por nuestras inquietudes, nuestras dudas; por otra, nuestra incapacidad de manifestarlas en voz alta, de gritarlas, de proclamarlas; o guardar en silencio aquello que nos atormenta y que no somos capaces de asimilar o comprender. Pues con esos silencios es muy fácil que los demás tengan una idea equivocada de lo que somos, de lo que nos gusta, de los valores en los que creemos.

                Nando nos devuelve a un entorno educativo como en Los Nombres del Fuego o La Edad  de la Ira, y en él los personajes de la novela con sus silencios y sus palabras nos transmiten su realidad: el machismo, la violencia de género, el racismo, la traición al amigo, la homofobia, el temor a ser rechazado o quedarse solo, la incomprensión, la amistad…

                Tenemos tres personajes centrales: los dos narradores, Emma y Quique, y la víctima, Asier, y es la investigación de su muerte la que hace que los secretos afloren; los latentes, los que estaban a la vista, primero (machismo, racismo, amistad); luego, los ocultos, los que los personajes intentan esconder. Con un ritmo ágil, dinámico, gran parte de la novela avanza, más que por la acción, por las constantes reflexiones que se hacen los narradores.

                Emma, la psicóloga, que viene huyendo de su pasado, pues uno de los casos que llevaba en su punto de violencia de género ha terminado con tres muertos. Quique, cuyo padre es jefe de estudios en el Távora, el instituto rival, y cuya madre murió en el 11-M, no para de rayarse y ve cómo sus mejores amigos le ocultan lo que hacen y se muestran fríos y distantes. Javi, cuya actitud a veces chulesca esconde sus inseguridades, sus miedos y su determinación. Vero, que hasta su llegada al Zayas y al Stark ha querido pasar desapercibida, pero ahí es una de las estrellas, aunque en realidad está destrozada por dentro por lo ocurrido el último verano. Izan, una de las estrellas del equipo masculino, que quiere manipular a los demás con su rabia desenfrenada. Marta, la recién llegada, por cuyos huesos Quique suspira… Esos son algunos de los personajes, de los cuales es difícil hablar sin soltar algún spoiler.

                ¡Ah, por cierto! El nombre del equipo no tiene nada que ver con la saga Juego deTronos de G. R. R.  Martin, aunque hay bastantes referencias (Emma esperando el fuego purificador de un dragón, por ejemplo).

                Leed el libro y sabréis de dónde viene ese Stark.

viernes, 25 de mayo de 2018

LA LIBRERÍA DEL SEÑOR LIVINGSTONE



Pocas veces hemos comentado aquí libros que hayan sido autoeditados, pero esta novela de Mónica Gutiérrez es una pequeña joya que vale la pena.

Agnes Marti, arqueóloga barcelonesa en paro, se ha mudado a Londres en busca de una oportunidad laboral.

Una tarde, desanimada y triste por su poco éxito profesional, tropieza en el corazón del barrio del Temple con el pomo de una puerta en forma de pluma, el sonido de unas lúgubres campanillas y el hermoso rótulo azul de Moonlight Books. La librería, regentada con encantador ceño fruncido por Edward Livingstone, debe su nombre a un espectacular techo de cristal que permite contemplar la luna y las estrellas en las noches despejadas.

Intrigada por la personalidad y el sentido del humor del señor Livingstone, Agnes decide aceptar la oferta de convertirse en ayudante del librero mientras continúa su búsqueda de trabajo. El té de la tarde en el rincón de los románticos, las visitas de Mr. Magoo, las conversaciones con la bella editora de Edward, las cenas junto a la chimenea del Darkness and Shadow y la buena lectura convencerán a Agnes de que la felicidad está en los pequeños detalles cotidianos.

Por medio, el robo del manuscrito del Dr. Samuel  Livingstone; las relaciones entre el librero y Sioban, su editora; los “excéntricos” clientes o los personajes habituales de la librería; el ansiado fallo de un premio para libreros; los paseos por esos rincones de Londres que nos encantan; el inspector John Lockwood, que... Es una trama sencilla en la que no ocurre nada, pero suceden muchas cosas.

                La autora señala que su novela es un pequeño homenaje a sus novelas y autores preferidos (lo podemos observar en las citas y en las referencias, y aquí no hay un género o autor menor, pues nos podemos encontrar a Shakespeare, junto a Tolkien –“¿morirá Frodo?”, es la duda de esa anciana y extravagante clienta-, G. R. R. Martin, Edmund Crispin, Virginia Woolf, entre otros muchos). La propia Mónica Gutiérrez califica su novela como feelgood, ¿y qué es esa palabreja? os preguntaréis muchos; veamos como lo explica la autora en la novela:

—¿Qué es eso del feelgood?
—Novelas en las que los protagonistas jamás comen acelgas —resumió ella pensando en todos los títulos que le había descubierto su amiga—. Historias en las que apenas ocurre nada extraordinario, cuyos protagonistas no son grandes héroes. Historias en las que la felicidad se mide en pequeños momentos y se halla en los gestos más cotidianos...    
 
                Los personajes son entrañables: Edward Livingstone, el culto y viejo librero, que hace honor al refrán “perro ladrador…” por su forma de comportarse; Agnes, ese hada con los pies descalzos, que cautiva al librero y al policía; Sioban, la novia que no quiere casarse; el inspector Lockwood, que, en su presentación, nos recuerda a un elefante en una cacharrería; Oliver, Oliver Twist, ese niño “abandonado” en la librería y aficionado a la astronomía…

                Un consejo, dejadlos entrar en vuestra casa.

viernes, 30 de diciembre de 2016

SECRETOS EN LA NIEVE


Adara tenía una provisión secreta de sonrisas, pero solo las gastaba en invierno. Estaba deseando que llegara su cumpleaños, y con él el frío. Y es que en invierno era una niña especial.

Lo sabía desde que era muy pequeña y jugaba con los demás en la nieve. El frío nunca le había molestado como a Geoff, a Teri y a sus amigos. A menudo se quedaba sola fuera de casa durante horas después de que los demás se hubieran marchado en busca de calor, o de que se hubieran ido a casa de Laura la Vieja a comer la sopa de verdura caliente que le gustaba preparar a los niños. Adara buscaba un escondite en un rincón alejado de los campos, un lugar distinto cada invierno, y allí construía un alto castillo blanco, colocando la nieve con las manos descubiertas y dándole forma de torres y almenas como las que Hal solía describir cuando hablaba del castillo del rey en la ciudad. Arrancaba carámbanos de las ramas inferiores de los árboles y los usaba a modo de agujas, barrotes y garitas, repartiéndolos por todo el castillo. A menudo, en pleno invierno, todo se deshelaba por un breve espacio de tiempo y volvía a helarse de repente, y de la noche a la mañana su castillo de arena se convertía en hielo, duro y resistente como ella se imaginaba los castillos de verdad. A lo largo de todo el invierno ampliaba el castillo, y nadie se enteraba. Pero siempre llegaba la primavera, y con ella un deshielo al que no le seguía ninguna helada; entonces todas las murallas y los muros se derretían, y Adara empezaba a contar los días que faltaban para su cumpleaños.

Sus castillos invernales casi nunca estaban vacíos. Con la primera helada de cada año, las lagartijas de hielo salían de sus madrigueras, y los campos se llenaban de diminutas criaturas azules que corrían como flechas de un lado a otro, pasando por encima de la nieve sin que pareciera que la tocaban. Todos los niños jugaban con las lagartijas de hielo. Sin embargo, los demás eran torpes y crueles, y partían en dos a los frágiles animalitos, rompiéndolos entre sus dedos como podrían romper un carámbano colgado de un tejado. Incluso a Geoff, que era demasiado bueno para hacer algo semejante, a veces le picaba la curiosidad y sostenía las lagartijas demasiado tiempo mientras las examinaba, y el calor de sus manos las derretía y las quemaba hasta matarlas.

Las manos de Adara eran frías y suaves, y sostenía las lagartijas todo el tiempo que quería sin
hacerles daño, lo que siempre empujaba a Geoff a hacer pucheros y preguntas airadas. A veces se tumbaba en la nieve fría y húmeda y dejaba que las lagartijas se arrastraran por encima de ella; disfrutaba con el suave roce de sus patas cuando le pasaban rozando por la cara. A veces llevaba lagartijas de hielo escondidas en el pelo mientras hacía sus tareas, aunque tenía mucho cuidado de no meterlas en casa, donde el calor de la lumbre las mataría. Siempre recogía las sobras cuando su familia acababa de comer, las llevaba al lugar secreto donde estaba construyendo su castillo y las esparcía allí. De modo que los castillos que construía estaban llenos de reyes y cortesanos todos los inviernos; pequeñas criaturas peludas que salían del bosque, pájaros invernales con el plumaje blanco y cientos y cientos de lagartijas de hielo que se retorcían y se movían con gran esfuerzo, frías, rápidas y gruesas. Adara prefería las lagartijas de hielo a cualquiera de las mascotas que su familia había tenido a lo largo de los años.

Pero al que de verdad quería era al dragón de hielo.

          No sabía cuándo había sido la primera vez que lo vio. Le parecía que siempre había formado parte de su vida, una visión atisbada en pleno invierno, atravesando velozmente el cielo glacial con sus alas serenas y azules. Los dragones de hielo eran poco comunes, incluso en aquel entonces, y cada vez que se dejaban ver, todos los niños señalaban con el dedo asombrados, mientras los mayores murmuraban y sacudían la cabeza. Cuando los dragones de hielo se acercaban a la tierra era señal de que se avecinaba un invierno largo y gélido. La gente decía que la noche que Adara había nacido se había visto un dragón de hielo volando a través de la cara de la luna, y desde entonces se había visto cada invierno; esos inviernos habían sido terribles, y cada año la primavera había tardado más en llegar. De modo que la gente encendía lumbres y rezaba y confiaba en que el dragón de hielo no se acercara, y eso llenaba de miedo a Adara.

                Pero nunca daba resultado. Cada año el dragón de hielo regresaba. Adara sabía que iba por ella.

El dragón de hielo era enorme, la mitad de grande que los escamosos dragones de guerra verdes que montaban Hal y sus compañeros. Adara había oído leyendas sobre dragones salvajes más grandes que montañas, pero no había visto ninguno de esas dimensiones. Desde luego el dragón de Hal era bastante grande, cinco veces mayor que un caballo, pero era pequeño comparado con el dragón de hielo, y además feo.

El dragón de hielo era de un blanco cristalino, ese tono blanco tan intenso y frío que casi es azul. Estaba cubierto de escarcha, de modo que cuando movía la piel, esta se rompía y crujía como cruje la capa de hielo de la nieve bajo las botas de un hombre, y se caían copos de escarcha.

Sus ojos eran claros, profundos y fríos.

Sus alas eran enormes y se parecían a las de un murciélago, teñidas de un pálido azul transparente. Adara podía ver las nubes a través de ellas, y a menudo la luna y las estrellas, cuando la bestia revoloteaba trazando círculos de hielo por los cielos.

Sus dientes eran carámbanos, una hilera triple, lanzas dentadas de tamaño desigual cuyo blanco contrastaba con sus fauces azul oscuro.

Cuando el dragón de hielo batía sus alas, soplaban vientos fríos, la nieve se arremolinaba y se movía deprisa, y el mundo parecía encoger y temblar. A veces cuando una puerta se abría en el frío invierno empujada por una súbita ráfaga de viento, el propietario corría a cerrarla y decía: —Un dragón de hielo vuela cerca.

Y cuando el dragón de hielo abría su gran boca y espiraba, no era fuego lo que salía de ella, el hedor ardiente y sulfuroso de los dragones menores.

El dragón de hielo escupía frío.

Cuando respiraba se formaba hielo. El calor desaparecía. Las lumbres se consumían y se apagaban, castigadas por el frío. Los árboles se helaban hasta sus almas pausadas y secretas, y sus ramas se volvían quebradizas y crujían a causa de su propio peso. Los animales se volvían azules, gemían y se morían, con los ojos saltones y la piel cubierta de escarcha.

El dragón de hielo escupía muerte al mundo; muerte y silencio y frío. Pero a Adara no le daba miedo. Ella era una niña del invierno, y el dragón de hielo era su secreto.

Lo había visto en el cielo mil veces. Cuando tenía cuatro años, lo vio en el suelo.

Estaba construyendo su castillo de nieve, y el dragón fue y se posó al lado de ella, en el vacío de los campos cubiertos de nieve. Todas las lagartijas de hielo huyeron. Adara simplemente se quedó quieta. El dragón la miró durante diez largos segundos, antes de volver a alzar el vuelo. El viento aulló a su alrededor y a través de ella cuando el dragón batió las alas para elevarse, pero Adara se sintió extrañamente exultante.

Volvió ese mismo invierno, más tarde, y Adara lo tocó. Su piel estaba muy fría, pero se quitó el guante de todas formas. Lo contrario no había estado bien. Tenía un poco de miedo de que ardiera y se derritiera al contacto. De algún modo, Adara sabía que era mucho más sensible al calor que las lagartijas de hielo. Pero ella era especial, la niña del invierno. Lo acarició y finalmente le dio un beso en el ala que le hizo daño en los labios. Ese fue el invierno de su cuarto cumpleaños, el año que tocó al dragón de hielo.

George R. R. Martin, El Dragón de Hielo

                Ya que estamos con nieve, y frío, mucho frío, os dejo con Lament, una preciosa canción del musical Siete Novias para Siete Hermanos


OSCAR A LA MEJOR BANDA SONORA MUSICAL 1954 

domingo, 17 de mayo de 2015

JURAMENTO DE LA GUARDIA DE LA NOCHE


Escuchad mis palabras,
sed testigos de mi juramento.
La noche se avecina, ahora empieza mi guardia.
No terminará hasta el día de mi muerte.
 No tomaré esposa, no poseeré tierras, no engendraré hijos.
No llevaré corona, no alcanzaré la gloria.
Viviré y moriré en mi puesto.
Soy la espada en la oscuridad.
Soy el vigilante del muro.
Soy el fuego que arde contra el frío,
la luz que trae el amanecer,
el cuerno que despierta a los durmientes,
el escudo que defiende los reinos de los hombres.
Entrego mi vida y mi honor a la Guardia de la Noche,
durante esta noche y todas las que estén por venir.

Para el que se atreva en inglés:

Night gathers, and now my watch begins.
 It shall not end until my death.
 I shall take no wife, hold no lands, father no children.
 I shall wear no crowns and win no glory.
 I shall live and die at my post.
 I am the sword in the darkness.
I am the watcher on the walls.
I am the fire that burns against the cold,
the light that brings the dawn,
the horn that wakes the sleepers,
 the shield that guards the realms of men.
I pledge my life and honor to the Night’s Watch,
for this night and all the nights to come.


G.R.R. Martin, Juego de Tronos


CALOR

Con la subida de temperaturas que hemos experimentado esta semana, uno ha estado pensando en renovar su vestuario,

Como llega el verano lo que más apetece son camisetas, ¿a ver qué os parecen estas?















domingo, 5 de abril de 2015

¿ALGUIEN QUIERE UN CACHO TARTA?

                Dicen que a nadie le amarga un dulce, y que la comida y muchas otras cosas nos entran por la vista. En esta tarde de domingo os invito a un pedacito de estas tartas tan apetecibles y literarias:


                Alicia en el País de las Maravillas (libro que este año cumple los 150 años de su primera edición), de Lewis Carroll


                El suculento Trono de Hierro, de Canción de Hielo y Fuego (Juego de Tronos) de G. R. R. Martin


                Mundodisco, de Terry Pratchett


                La Torre con el Ojo de Sauron, del Señor de los Anillos, de Tolkien


                Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins


                Hogwarts con Harry Potter al frente, de J. K. Rowling

                No os empachéis.  

lunes, 29 de diciembre de 2014

NAVIDAD EN ROCA CASTERLY


Ya es Navidad en Roca Casterly, la fortaleza y el hogar de la casa Lannister, una de las principales familias de las Tierras de Occidente, ese mundo creado por G. R. R. Martin.

Su lema más conocido es "un Lannister siempre paga sus deudas".

Y de ese lema puede dar fe la fotografía que vemos: el árbol de Navidad de esta familia, tras la decapitación de Ned Stark de Invernalia.

lunes, 24 de noviembre de 2014

LA TIERRA MEDIA

Tolkien no sólo ha despertado la imaginación de millones de personas: también ha forjado más de una vocación literaria. Ése es el caso de autores como Poul Anderson, Terry Pratchett, Ursula K. Le Guin, Orson Scott Card, que. junto con otros escritores, se han animado a publicar emotivos artículos autobiográficos en que narran su primer contacto con la obra de Tolkien, evocan cuánto les marcó tanto personal como profesionalmente, y la analizan proporcionándonos nuevas claves para enfocar su lectura. Éste es un lúcido y conmovedor homenaje al maestro de la fantasía por parte de dos generaciones de los mejores escritores de ciencia ficción y literatura fantástica, complementado con ilustraciones de John Howe, cuya recreación del universo de Tolkien ya forma parte del imaginario colectivo.

Os dejo con el ensayo de George R. R. Martin que abre el volumen:

INTRODUCCIÓN A LA TIERRA MEDIA

La fantasía existía desde mucho antes que J.R.R. Tolkien. No hubo una edad en la historia humana en que los hombres no se preguntaran qué había más allá de la siguiente colina y llenaran los espacios en blanco de sus mapas con cosas maravillosas y seres terroríficos. El primer narrador fantástico hilaba sus relatos sentado junto al fuego, mientras compartía una chamuscada pierna de mastodonte. Homero lo fue, y también Shakespeare. Conan, ese original bárbaro de nuestra época, se habría sentido como en casa bebiendo un cuerno de hidromiel con Siegfried y Beowulf.

Sir Thomas Malory y La muerte de Arturo llegaron siglos antes que Tolkien. Igual que La canción de Rolando, de Turoldo. Bram Stoker y Edgar Allan Poe hicieron unas obras espléndidas en la frontera entre la fantasía y el horror, mientras que William Morris creó mundos vastos y maravillosos, distantes precursores de la Tierra Media.

En este siglo, Lord Edward Dunsany, James Branch Cabell y E. R. Eddison dejaron sus respectivos sellos en la literatura de fantasía. La importancia de Robert Ervin Howard y su Era Hiboriana no puede sobrestimarse, ni la de Fritz Leiber, que superó a Conan con su Fafhrd y el Gray Mouser. En una tradición muy diferente, hallamos a Gerald Kersh, John Collier, Thorne Smith, Abraham Merritt y Clark Ashton Smith.

Ya en vida, Tolkien tuvo rivales formidables. Mientras él contaba sus historias de la Tierra Media, su compañero de los Inklings C. S. Lewis daba forma a Narnia. En otro lugar de Inglaterra, Mervyn Peake creaba el gran castillo tenebroso de Gormenghast, y al otro lado del mar, en Estados Unidos, el incomparable estilista Jack Vance escribía sus primeras historias de la Tierra Moribunda.
Sin embargo, fue la Tierra Media la que demostró tener más poder y resistencia. La fantasía existía mucho tiempo antes que él, sí, pero J.R.R. Tolkien la tomó y la hizo suya de un modo distinto del de todos los escritores que lo habían precedido, un modo en que ningún escritor lo volverá a hacer. El tranquilo filólogo de Oxford escribió por placer, y para sus hijos, pero creó algo que conmovió el corazón y la mente de millones de personas. Introdujo a los hobbits y los Nazgûl, nos llevó por las Montañas Nubladas y las minas de Moria, nos mostró el sitio de Gondor y las Grietas del Destino, y ninguno de nosotros ha vuelto a ser el que era, menos aún los escritores.

Tolkien cambió la fantasía; la elevó y la redefinió, hasta tal punto que nunca volverá a ser la misma. Siguen escribiéndose y publicándose muchos tipos diferentes de fantasía, sí, pero hay una variedad que domina tanto en los estantes de las librerías como en las listas de ventas. En ocasiones se la llama fantasía épica; otras, alta fantasía, pero habría que llamarla fantasía tolkienesca.

Los sellos de esta fantasía forman legión, pero para mí hay uno que destaca sobre el resto: J.R.R. Tolkien fue el primero en crear un universo secundario perfectamente acabado, un mundo entero con su propia geografía y sus historias y leyendas, sin ninguna relación con el nuestro, pero, por alguna razón, tan real como éste. Por mucho que en los años sesenta los botones dijeran «Frodo vive», aquello que los lectores colgaban en las paredes de sus dormitorios no era un dibujo de Frodo, sino un mapa. Un mapa de un lugar que nunca existió.

Tolkien nos dejó personajes maravillosos, una prosa evocadora, aventuras y batallas emocionantes… pero lo que más recordamos es el lugar. Se me conoce por haber dicho que en la fantasía contemporánea el escenario se convierte en un personaje de pleno derecho. Tolkien fue el que hizo que esto fuera así.

La mayoría de los escritores de literatura fantástica contemporáneos reconocen sin reparos su deuda con el maestro (entre los cuales me incluyo, evidentemente), pero ni siquiera quienes más denigran a Tolkien son capaces de escapar de su influencia. El camino sigue y sigue, dijo él, y ninguno de nosotros sabrá nunca qué lugares maravillosos nos aguardan, detrás de la siguiente colina. Pero no importa lo lejos que viajemos, no debemos olvidar nunca que el viaje empezó en Bolsón Cerrado, y que todavía todos estamossiguiendo los pasos de Bilbo.

GEORGE R. R. MARTIN


jueves, 3 de abril de 2014

CANCIÓN DE HIELO Y FUEGO: WINTER IS COMING

¿Qué no os suena ese titulo? ¿Seguro? ¿Y si os dijera el más televisivo Juego de Tronos, cuya cuarta temporada comienza la semana que viene?




Juego de Tronos sigue las múltiples líneas argumentales de Canción de hielo y fuego, saga de fantasía épica del americano G. R. R. Martin, cuya acción transcurre principalmente en los Siete Reinos de Poniente. La historia que se nos cuenta tiene tres ejes argumentales principales:

  1. El primero transcurre en los Siete Reinos y cuenta la lucha  por conseguir el Trono de Hierro tras la muerte del Rey Robert. El primero que reclama el trono es su hijo Joffrey, apoyado por la familia de su madre: la Casa Lannister. Pero, Stannis, uno de los hermanos de Robert, arguye que los hijos de éste son el producto de la relación incestuosa entre la reina y su hermano Jaime y reclama el trono para sí mismo. Su hermano menor, Renly, también reclama el trono para sí, con el apoyo de la poderosa familia de su esposa Margaery, la Casa Tyrell. Mientras tanto, Robb Stark, el heredero de Lord Eddard Stark, es proclamado Rey en el Norte, ya que los norteños buscan volver a ser independientes del Trono de Hierro. De forma similar, Balon Greyjoy también reclama el trono (y la independencia) de su propia región: las Islas del Hierro. 
  2. El segundo transcurre en el norte de Poniente. Aquí, se construyó un enorme muro de hielo para defender Poniente de la amenaza de los Otros, una raza de seres malignos que son capaces de crear muertos vivientes y acechan en las frías noches más allá del Muro. El Muro se extiende a lo largo de casi 500 kilómetros y tiene una altura de más de 200 metros. Está defendido por los hermanos juramentados de la Guardia de la Noche, que está muy escasa de efectivos en los años en que transcurren las novelas y vive bajo la amenaza de los humanos "salvajes" (que se llaman a sí mismos "el pueblo libre") que viven más al norte. 
  3. El tercero sigue a la princesa exiliada Daenerys Targaryen, la última descendiente de la Casa Targaryen, que reclama también el Trono de Hierro. La historia de Daenerys sigue su ascenso al poder, desde sus principios como fugitiva trotamundos y atormentada por su hermano Viserys, hasta convertirse en una reina poderosa y astuta que además posee los últimos dragones vivos. Aunque su historia está separada del resto por miles de kilómetros, su objetivo es reconquistar el Trono de Hierro. 
Yo os recomendaría leeros los libros, que están mucho mejor que la serie televisiva, y que recéis, aquel que sepa, para que el señor Martin no se muera antes de terminar la serie.