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viernes, 1 de febrero de 2019

LOS FANTASMAS DE BÉCQUER



Las Rimas de Bécquer que conocemos no son las originales. El primer manuscrito se perdió durante la revolución de 1868. ¿Qué precio tendría hoy si se descubriera? ¿Habría alguien dispuesto a matar por él? ¿Creía Bécquer en el espiritismo, o su mundo de espectros y nieblas se limitaba a sus Leyendas?

Mariano Urresti nos ofrece una trepidante aventura en la que se entremezclan vivos y muertos, y comenzará cuando alguien descubra que los poemas perdidos cayeron, por azar, en manos de uno de los oficiales de las SS que acompañó a Heinrich Himmler durante su viaje a Madrid, en octubre de 1940.

Desalmados coleccionistas de libros, mercaderes de arte, asesinos a sueldo y Miguel Capellán –un periodista sin escrúpulos–, buscarán el original de las Rimas en un viaje que nos conducirá a través del tiempo, desde el Desembarco de Normandía hasta nuestros días.

Mont Saint-Michel, Sevilla, Madrid y Toledo, serán los escenarios donde todos ellos juegan sus cartas apostando, en ocasiones, la vida en el empeño.

Pasiones, asesinatos y amargas historias de amor de vivos y muertos para descubrir si el retrato bohemio de Bécquer responde a su verdadero rostro.

                Retomando un personaje de una novela anterior, el periodista amoral Miguel Capellán de La Tumba de Verne, Mariano Urresti nos ofrece una nueva trama donde vuelve a rendir homenaje a uno de los escritores que nos acompañaron en nuestra juventud (como hizo en Las Violetas del Círculo Sherlock o Agatha Escribía con Sangre); en este caso, se trata de Bécquer, cuya figura y obra poética planean por toda la obra.

                Varias historias se entrecruzan: Ivan, quien convoca un concurso de cartas de amor y desamor, al que se presenta Lucía, una estudiante de periodismo, que es admiradora de Miguel Capellán y una de sus antepasadas fue amante del poeta en Toledo; Miguel, nuestro periodista y escritor de best-sellers de éxito sin imaginación, al buscar información sobre Bécquer y su relación con el espiritismo, se entrevista con Gallardo, un especialista que quiere destruir el estereotipo del poeta romántico; Bastian, el oficial de las SS, que se hizo con el cuaderno original de las Rimas y desertará cuando el desembarco de Normandía; Julie, la anciana francesa, que viaja a Sevilla para desvelar a Miguel un secreto; el matrimonio de la jet-set que se está divorciando, y cada uno de ellos quiere apoderarse del manuscrito por diversos motivos…

miércoles, 4 de julio de 2018

PASEANDO POR SANTILLANA DEL MAR


La casona estaba al otro lado de la calle, donde comenzaba la plaza Mayor. Ofrecía una imponente fachada de piedra con dos arcadas de medio punto que daban acceso a un zaguán, donde encontraba cobijo una venerable puerta de madera. En el primer piso de la casa, sobre cada uno de los arcos, se podían admirar dos antepechos con barandillas de hierro forjado y, en medio de ambos, un imponente escudo de armas en cuyo centro, según Gala creyó apreciar desde donde se encontraban, aparecía esculpida un águila. En el piso superior había una solana de madera a lo largo de toda la fachada.
—¡Caramba con el doctor! —se admiró Arturo.
El matrimonio se despidió de los dos periodistas y se lanzó a dar su primer paseo por las centenarias calles de la villa. Dejaron a su derecha la casona de Velarde aguardando aún con más ansia la hora de encontrarse con él durante la cena y caminaron por la empedrada calle Juan Infante, flanqueada por preciosas casas con fachadas de sillería y balcones de madera que, en algunos casos, ofrecían una curiosa estampa al curvarse por el peso de los años. Más adelante, doblaron la esquina a la izquierda para tomar la calle de La Carrera. Gala se había hecho con un plano del pueblo y de vez en cuando se detenía para contemplar, embobada, alguna de las casonas hidalgas. Le encantaba hacer de guía y Arturo, que lo sabía, se dejaba conducir.
La escritora recitaba el nombre de los caserones más relevantes —el de Leonor de la Vega, el de los Hombrones, el de los Abades...—, hasta que se dieron de bruces con la plaza de la Colegiata. Los dos se quedaron de pronto pasmados admirando la fachada del templo. Ni siquiera la erosión lograba acallar su belleza.
Rodearon la colegiata compartiendo un cómodo silencio (…)


Santos caminó perdido, sin rumbo fijo, por las empedradas y centenarias calles durante varios minutos, hasta que finalmente se detuvo frente la colegiata románica de la villa y se quedó mirándola, embobado. En otra época del año habría reclamado la atención de alguno de los cientos de turistas que visitaban el monumento, pero en aquella tarde cenicienta de diciembre resultó ser él la única persona que a esa hora subía los siete peldaños de piedra que llevaban al atrio del templo.
El editor caminó por la explanada enlosada y se detuvo, curioso, observando el frontispicio triangular desde el cual tuvo la impresión de que santa Juliana, la patrona del pueblo, lo juzgaba con severidad. Se estremeció al ver que la santa llevaba atado de una soga al demonio, mientras varios ángeles pululaban a su alrededor cubriéndose sus partes pudendas con túnicas seguramente sedosas, pero la piedra, milenaria y desgastada, impedía afirmarlo con certeza.
¿Cómo podría defenderse?, se interrogó cuando la santa o, seguramente mucho antes, la Guardia Civil reclamaran explicaciones de lo ocurrido en casa del doctor. Buscando soluciones, desplazó la mirada más allá de la imagen de santa Juliana, porque su exhibición domando al demonio le incomodaba, y la posó sobre una galería de quince arcos de medio punto situada en un nivel superior de la portada de la colegiata. Aquella decoración le hizo sentirse mejor y recuperó en cierto modo la entereza. ¿Quién podía acusarle de aquellas muertes?, reflexionó. En un intento por calmar sus nervios, le habló en susurros a la torre que, a su derecha, encarnaba el recuerdo de un viejo campanil.
Mariano Urresti, Agatha Escribía con Sangre

martes, 18 de julio de 2017

VISITANDO LA TUMBA DE JANE AUSTEN


(Jane Austen, 16 diciembre 1775 - 18 julio 1817)

La luz del atardecer proporcionaba colores con matices increíbles a las agujas, los arbotantes y las tumbas que salpicaban la hierba alrededor de la catedral. Las gárgolas del templo parecían sonreír diabólicamente gracias al capricho de las luces y las sombras. La temperatura era inesperadamente cálida para ser casi mediados de septiembre y en el aire flotaba una extraña sensación de intemporalidad. Sobre la hierba del parque, grupos de estudiantes se sentaban formando corros y charlando despreocupadamente (...)
Gala suspiró.¿Estaría Jane Austen nerviosa ante la inminente visita de su admiradora?
          Ella era Elinor y su hermana Paula era Marianne. Lástima que no tuvieran una hermana más pequeña que encarnara el papel de Margaret. Cuando era niña, a Gala le encantaba imaginar que ella y su hermana eran las Dashwood, las protagonistas de Sentido y sensibilidad, la primera novela publicada por Jane Austen en 1811.
Cuando leyó por vez primera aquella obra, supo que quería ser escritora. Fue una revelación. Lo sería a toda costa, lo sería aunque no llegara a ser ni la mitad de buena que Austen, pero lo sería. Y Gala, siempre trabajadora, siempre firme, lo logró, aunque antes tuviera que pasar por el purgatorio de la universidad, de las oposiciones a instituto para ser profesora de Lengua y Literatura lejos de su Valladolid natal. Pero el destino quiso que allí encontrara el amor más inesperado en la persona del candidato, aparentemente, menos propicio: un hombretón que impartía clases de Matemáticas y con el que apenas cruzó dos palabras en el primer trimestre durante los claustros de profesores.
De manera que Gala había admirado a Jane Austen durante toda su vida, por lo que se comprenderá sin dificultad su nerviosismo cuando cruzó el umbral de la catedral sintiéndose observada por las gárgolas. Al poner el pie en el interior del templo, sus piernas flaquearon, y no solo porque apenas veinte metros la separaban de la tumba de Austen, sino por aquella galaxia de claves de bóveda y arcos apuntados que parecían bailar en las alturas. El espectáculo era extraordinario y sobrecogedor, pero logró reponerse y avanzó lentamente hacia la nave situada a su izquierda, al norte. Un cartel con el rostro de Austen anunciaba la tumba de la novelista.


La ahora mundialmente aclamada escritora murió con solo cuarenta y un años de edad un maldito 18 de julio de 1817. A su entierro apenas asistieron cuatro personas y en la primera tumba, la que ahora contemplaba Gala, ni siquiera se hizo mención a su oficio de escritora porque era mal visto por entonces que una mujer ejerciera semejante oficio. Pero las costumbres mudan y los principios humanos se resquebrajan con gran facilidad; por eso, cuando creció su fama, un sobrino llamado Edward puso una placa de bronce junto a la tumba mencionándola como escritora. Y, para que la hipocresía rezumara como es debido, aún habría de colocarse un nuevo recuerdo en su memoria en 1910.


Tres monumentos para una sola tumba y una única difunta.
Gala no lograba pasar la saliva. No conseguía decidirse sobre si dejar escapar sus lágrimas por la emoción o por la rabia ante la hipocresía de los hombres frente a las mujeres pioneras. Gracias a mujeres como Jane Austen, Gala o la mismísima Agatha Christie habían podido entregarse al sueño de crear historias sobre un papel.

Mariano Urresti, Agatha Escribía con Sangre

miércoles, 23 de noviembre de 2016

LA RATONERA


Los apliques situados sobre la chimenea y el resto —uno en la pared izquierda, otro a la izquierda de la biblioteca y el que estaba situado en el vestíbulo— interpretaron magníficamente la coreografía que se les había asignado encendiéndose y apagándose a la vez. Antes de alzarse el telón, la sala se quedó a oscuras y comenzó a sonar la canción infantil inglesa titulada Tres ratones ciegos. Más tarde, cuando se levantó el telón y la oscuridad persistía, la canción dejó de sonar dando paso a la misma melodía, pero silbada por un personaje invisible. Para cuando sonaron los gritos de hombres y mujeres que exclamaban: «¡Dios mío! ¿Qué ha sido eso? ¡Fue por allí! ¡Oh, Dios mío!», el escaso auditorio estaba atrapado en La ratonera.

                A Gaspar le pareció gracioso cómo sonaban las primeras frases de la obra en español, tan diferente del inglés. «El crimen se cometió en el número 24 de Culver Street, Paddington». Y entonces la luz se encendió lentamente, dejando ver la sala de Monkswell Manor, una casa de huéspedes donde un puñado de personajes, atrapados por culpa de una nevada, iba a verse involucrado en una endiablada trama que comenzaba de inmediato, nada más anunciarse que una tal señorita Maureen Lyon había sido asesinada.

Para cuando el personaje de Mollie Ralston hizo su entrada por la derecha del escenario, incluso Mercedes se había olvidado por unos instantes de su novio y no le agobiaba exigiéndole besos. Por su parte, Santos seguía sin pestañear los movimientos de la joven actriz alta, guapa y con aspecto ingenuo. La vio dejar el bolso y los guantes sobre la butaca del centro del salón. Contempló cómo se acercaba al aparato de radio y lo desconectaba mientras el locutor anunciaba el riesgo que, por culpa del hielo, correrían los automovilistas que se aventuraran por las carreteras. A partir de ese instante, se olvidó incluso de los prejuicios que le hacían dudar de que el ingenio como autora teatral de su admirada Agatha pudiera competir con su destreza como novelista.

Mariano Urresti, Agatha Escribía con Sangre

En 1947 la reina María, la viuda de Jorge V, solicitó a la BBC una novela radiofónica de Agatha Christie, porque le encantaban sus libros. La BBC se puso en contacto con ella y Agatha accedió. Así fue como escribió Tres Ratones Ciegos, inspirándose en la canción infantil. Tras el éxito de la versión radiofónica, Agatha pensó en escribir una obra de teatro estirando aquel argumento, añadiendo personajes y escenas adicionales, que pudiera gustar al público más diverso. Pero no podía utilizar ese título, Tres Ratones Ciegos, porque ya existía una obra llamada así, y su yerno tuvo la idea de titularla La Ratonera. Se estrenó en Londres en el año 1952 y allí́ se representa desde entonces de forma ininterrumpida, logrando de esta forma todo un récord en el mundo teatral.


                Su argumento es el siguiente:

Una joven pareja hereda una mansión y decide convertirla en una casa de huéspedes. En una fría noche de invierno, van llegando los inquietantes inquilinos que van a pasar el fin de semana: un joven excéntrico, una dama anciana de mal temperamento, un militar retirado, una mujer con aire masculino y un misterioso extranjero. Poco después, un joven sargento de la policía consigue llegar a través de la nieve para advertirles que un peligro les acecha, pues alguno de ellos puede tener relación con un crimen cometido en Londres. Se crea una trama de misterio y suspense entre los personajes, quienes desconfían los unos de los otros. A partir de ese momento la casa se convierte en una ratonera. Las sospechas y recelos entre unos y otros se van sucediendo hasta llegar al inesperado final.


                Los próximos 24, 25 y 26 de noviembre el grupo La Troya interpretará en el Gran Teatro de Villarrobledo esta obra teatral. El espectáculo comienza a las 21:30 horas el jueves y el viernes, y a las 20:00 horas el sábado.



martes, 15 de marzo de 2016

ME GUSTARÍA SABER...

—¿Sí? —Agatha lo animó con una sonrisa.
—Bueno, verá, he leído El Misterioso Caso de Styles y El Asesinato de Roger Ackroyd —confesó al fin Lloyd—, y me han encantado. Pero me inquieta acompañar en una excursión a la dama capaz de idear asesinatos semejantes. ¿De dónde saca usted esas ideas?
Agatha rompió a reír y tardó bastante en recomponerse para responder.
—Si piensa que soy capaz de matar a alguien, está equivocado —aclaró—. Es un género literario, nada más.
—Pero ¿en qué se inspira?
—Bueno, la verdad es que todo se debió a un reto que me planteó mi hermana Margaret —explicó—. Ella escribía muy bien y me desafió a escribir una novela policiaca porque sabía que me gustaba el género.
—¿En serio?
—Sí. Cuando era niña, Madge, como yo la llamo familiarmente, me habló por vez primera de las historias de Sherlock Holmes. Gracias a ella leí La Aventura del Carbunclo Azul, que siempre ha sido mi preferida junto a Las Cinco Semillas de Naranja y La Liga de los Hombres Pelirrojos. —Agatha se abstrajo durante unos segundos evocando aquellos días lejanos en los que devoraba los relatos escritos por Arthur Conan Doyle—. El caso es que durante la guerra trabajé en el hospital de Torquay y me destinaron al dispensario. Allí, entre tantos venenos, se me ocurrió la primera novela.
—¿Y Poirot?, ¿cómo se le ocurrió un tipo semejante? Le confieso que en ocasiones me resulta odioso —se sinceró Lloyd.
Agatha sonrió.
—No crea que es el tipo de hombre con quien me gustaría compartir la vida —confesó—. Pero como yo estaba tan influenciada por Sherlock, a quien considero sinceramente el más grande de todos los detectives de novela, me entregué a la tarea de inventar uno de mi propia cosecha. Tenía que ser muy diferente a Holmes, para que nadie pensara que copiaba a sir Arthur Conan Doyle. Pero cedí a la tentación de permitir que tuviera un amigo que sirviera de narrador de las historias.
—El capitán Hastings —dijo Lloyd, animado.
Agatha asintió.
—Aunque no tengo claro qué hacer con él —admitió—. No creo que en el futuro aparezca siempre junto a Poirot, al contrario que Watson con Sherlock.
—¿Y por qué un belga? (…)
—Me inspiré en los refugiados belgas que habían huido de su país por la guerra y se instalaron en Torquay. Casi siempre una se inspira en personas que conoce. Había un grupo abundante de belgas asentados en la parroquia de Tor y la gente se volcó con ellos proporcionándoles muebles y enseres para que se sintieran cómodos.
—Lo mismo aparezco yo un día en uno de sus libros —aventuró el médico. Parecía encantado con la idea.
—Nunca se sabe —deslizó Agatha, socarrona.
—Espero no servir para dar vida a un asesino.
—Nunca se sabe —repitió la escritora, irónica.
El doctor alzó una ceja y adoptó una expresión verdaderamente divertida. Llevaba los cabellos pelirrojos despeinados y la brisa y el sol habían enrojecido, más que bronceado, su piel blanca moteada de pecas.
—¿De manera que los personajes no son exactamente fruto de su imaginación, sino que se basa en personas que se cruzan en su camino?
—Bueno, no siempre es así —precisó Agatha—. Pero, para que se haga una idea, me pasé bastante tiempo imaginando cómo sería el asesino de El misterioso caso de Styles. Me parecía que debía ser un tipo aterrador, tal vez con barba negra, un detalle que, no sé por qué motivo, me parecía entonces terriblemente siniestro. Y se dio la casualidad de que no hacía mucho tiempo que se había instalado cerca de Ashfield un matrimonio formado por un hombre que lucía una abundante barba negra y su rica esposa, mayor que él.
—¡Los señores Inglethorp! —Se maravilló el doctor, recordando el apellido de dos de los personajes principales de la ópera prima de Agatha.
—No del todo, no se crea —matizó Agatha—. Cualquiera que conociera a mi vecino se daría cuenta de que era incapaz de matar a una mosca. De modo que decidí que no se puede uno basar en personas que conozcas, sino más bien en modelos que te encuentras casualmente en el tren o en un autobús, como así ocurrió con mi asesino.
—¿Bromea?
—En absoluto. Realmente, sucedió que un día, en el tranvía, observé a un hombre de barba negra sentado junto a una dama de edad avanzada y supe que acababa de encontrar al asesino que buscaba. En cambio ella no me satisfacía. Pero un poco más lejos ocupaba otro asiento una mujer voluminosa que hablaba en voz alta sobre los bulbos de primavera y decidí incorporarla a mi futuro elenco de personajes. A la charlatana le adjudiqué un papel secundario; tal vez, pensé entonces, podría ser una acompañante o una pariente lejana. Y así, poco a poco, fueron naciendo todos, porque necesitaba a unos cuantos para que hubiera muchos sospechosos. (…)
—¿Y cómo se le ocurrió la genial idea de que el narrador de la historia fuera en realidad el asesino? Fue un final increíble.
—Me temo que la idea no fue mía —reveló—. Realmente nació a partir de un comentario que, con muy mala uva, un día escuché a mi cuñado James. A su juicio, resulta monótono que en las novelas de detectives haya muchos sospechosos, y que lo que a él le resultaría realmente sorprendente sería que el narrador, que el mismísimo Watson de aquella historia, fuera el verdadero criminal.
—Increíble —opinó el doctor, fascinado.
—El problema residía en que yo veía incapaz de cometer un asesinato al pobre capitán Hastings. Si me atrevía con una historia así, el narrador debía ser otra persona.
—Menudo pájaro el doctor Sheppard —juzgó el doctor.
—¿Y qué le parece el personaje de su hermana? —sondeó Agatha.
—¿La cotilla? Un personaje odioso, la típica solterona que hay en todos los pueblos, que todo lo sabe y todo lo oye. —Miró intrigado a la escritora—. ¿Por qué lo pregunta?
—Porque estoy dándole vueltas a una idea para el futuro. ¿Cree que tendría gancho una viejecita metomentodo capaz de desenmascarar a criminales?

Mariano F. Urresti, Agatha Escribía con Sangre

viernes, 1 de enero de 2016

EL RITUAL DE LOS MUSGRAVE


–¿De quién era?
–Del que se ha marchado.
–¿Quién la tendrá?
–El que vendrá.
–¿Dónde estaba el sol?
–Sobre el roble.
–¿Dónde estaba la sombra?
–Bajo el olmo.
–¿Con qué pasos se media?
–Al norte por diez y por diez, al este por cinco y por cinco, al sur por dos y por dos, al oeste por uno y por uno, y por debajo.
–¿Qué daremos por ella?
–Todo lo que poseemos.
–¿Por qué deberíamos darlo?
–Para responder a la confianza.

Sir Arthur Conan Doyle, El Ritual de los Musgrave

                Respondiendo a las preguntas de este ritual-acertijo es como ingresaban los nuevos miembros del Círculo Sherlock (sí, ese libro de Mariano Urresti que tenéis que terminar de leer estas vacaciones; por cierto, ¿habéis averiguado ya quién es el asesino?)

                También en este relato corto se basa el episodio especial de la serie Sherlock, que emite hoy la BBC y que hasta el día 7 no podremos ver en España.

jueves, 1 de octubre de 2015

AGATHA ESCRIBÍA CON SANGRE

Santos Alsina, propietario de la Editorial Octubre, organiza un viaje a la ciudad natal de Agatha Christie con el fin de presentar un libro de Hernán Valdés en el que supuestamente se desvelará el misterio de un hecho insólito: la desaparición repentina de la escritora durante once días que se produjo en 1926 y sobre la que nunca dio una explicación convincente. Con él viajan varios amigos interesados por la obra de Agatha y con los que en su juventud formó «El club de los detectives», dedicado a auscultar con precisión el universo de la novelista británica. Sin embargo, lo que parece ser un encuentro formal y sin sorpresas, acaba convirtiéndose en una bomba de relojería cuando uno de los asistentes tacha el evento de farsa y confiesa que tiene en su poder un diario de la autora que desvela la razón real de la desaparición.

Mariano Urresti continúa en esta novela la senda trazada en Las violetas del Círculo Sherlock y La tumba de Verne, en las que homenajeó con acierto y talento las obras de Arthur Conan Doyle y Julio Verne. En esta ocasión su objetivo se sitúa sobre la figura de Agatha Christie y, concretamente, sobre un episodio misterioso, sobre el que aún hoy no se conoce la verdad de lo que sucedió: la enigmática desaparición de la escritora durante once días sobre la que apenas dio explicaciones achacando amnesia y que ha desatado todo tipo de teorías por parte de los estudiosos de su vida y su obra. Con un estilo narrativo cuidado, un ritmo ágil, una documentación exhaustiva y una trama atractiva, el autor construye una novela que se lee rápidamente y que nos acerca a la obra de la escritora inglesa, mezclando realidad y ficción para atraer la altención del lector. Hay que señalar que Urresti sigue las normas del Detection Club (formado entre otros por G. K. Chesterton, Dorothy L. Sawyers, Agatha Christie…), dando al lector la información necesaria para que pueda descubrir al asesino, sin emplear trucos o escamotear pistas.

El libro se estructura en dos partes, y en cada una de ellas tenemos dos tramas argumentales distintas que se van alternando.

  • La presentación en Inglaterra del libro, “Enigma Agatha: caso cerrado”, una obra que promete desvelar el secreto de la desaparición de Agatha Christie durante once días en 1926.
  • La estancia de Agatha Christie en Las Palmas de Gran Canaria, donde está terminando de escribir su libro “El misterio del Tren Azul” y se verá envuelta en la investigación de un asesinato, que luego plasmará en uno de sus relatos.
  • El sacar a la luz en Santillana del Mar, con los mismos protagonistas de la primera trama, un diario olvidado por Agatha en Canarias, donde explica su desaparición.
  • La historia del  “Club de los detectives”, con parte de los personajes actuales. 

domingo, 12 de julio de 2015

EL MUNDO PERDIDO

Enviado por Francisco. B2C:

Tras leer en clase Las violetas del Círculo Sherlock, de Mariano Urresti, y tener que trabajar el canón holmesiano, me decidí por esta novela de aventuras que se acerca un poco al mundo de la ciencia, donde descubrí al profesor Challenger, uno de los personajes favoritos de Conan Doyle. 

El tema principal de la novela es la existencia de vida prehistórica en una meseta situada en el Amazonas el año 1912, idea defendida por el zoólogo George E. Challenger, y criticado por muchos de sus compañeros de profesión, destacando el profesor Summerlee. Para resolver el conflicto, planteará una expedición. Malone, un joven periodista que necesita participar en alguna aventura para ganar el corazón de su amada, no duda en formar parte de dicha misión, que completan el profesor Summerlee y el aventurero lord John Roxton. Su lugar de destino: Maple White, una meseta perdida en la selva amazónica, que ha permanecido aislada del resto del mundo... 

Llegados a este punto surgirán diversos temas secundarios como la rivalidad de lord John con los mestizos, la cual será la causante de su posterior aislamiento debido a que en una de sus anteriores aventuras en el Amazonas, lord John Roxton formó parte de una guerra en la que mató a un compañero de estos mestizos, que por venganza tirarán el árbol. Otro tema será la ambición de este mismo personaje con la arcilla azul que habían visto junto a los Pterodáctilos. Este tema llegará a su conclusión justo al final del libro, cuando da a saber que debajo de esa arcilla había diamantes y que él sabía la existencia de esa posibilidad. El tema más destacado será la guerra entre los hombres primitivos y los monos-hombres, el cual ocupará más capítulos en la novela que el tema principal. Por último, cabe destacar el tema del amor entre Gladys y nuestro narrador, el periodista Malone, un amor que acabará de la peor manera posible, cuando al regresar Malone descubre que Gladys se ha buscado a otro.

Hay que señalar que los personajes de Malone y Roxton están inspirados en el periodista Edmund Dene Morel y el diplomático Roger Casement, líderes de la campaña por el fin de la esclavitud en el Congo, movimiento que el mismo Conan Doyle apoyaba activamente. El emplazamiento geográfico del relato se debe a las expediciones al monte Roraima, contemporáneas al autor, y que causaron impresión en la Europa de la época. 

Personalmente, el libro ha sido muy entretenido. Se nota que Doyle es muy aficionado a la ciencia. Aunque no pueda compararme con él, a mí también me atrae la atención todos estos temas, y hubo un momento en el que leí una frase que me llamó la atención: “No hemos podido –al menos aún no se ha logrado hasta la fecha-- fabricar materia orgánica en nuestros laboratorios a partir de materiales inorgánicos. Nuestra química no ha conseguido todavía tender un puente sobre el abismo que separa lo muerto de lo vivo”. Esta afirmación que da me resultó muy llamativa, ya que a lo largo del siglo XX sí que se consiguió tal prodigio, notándose así la antigüedad del libro. En lo que se refiere al tema del libro, es un tema muy interesante, y he leído que es el precursor de la película Jurassic Park, película que vi cuando era pequeño y de la cual tengo buenos recuerdos. 

jueves, 28 de agosto de 2014

LAS VIOLETAS DEL CÍRCULO SHERLOCK

¿Qué sucedería si la ficción se hiciera realidad y el detective más famoso de la literatura fuera la clave para resolver un misterio? Ahora el enigma se plantea de verdad.

Es el verano del 2009 cuando Sergio Olmos, escritor experto en Sherlock Holmes, se ve inmerso en un terrible misterio: un resucitado Jack el Destripador comienza a sembrar el terror entre las mujeres inmigrantes de su ciudad y lo elige a él como interlocutor. Previamente a cometer los crímenes, el asesino lo reta a través del envío de cinco hojas de violeta acompañadas de enigmáticos mensajes en relación a los textos de las novelas de Conan Doyle sobre el ingenioso detective Holmes.

Sergio se reunirá con algunos antiguos amigos de la universidad con los que formaba el “Círculo Sherlock”, un club dedicado exclusivamente a las historias del detective. Así, junto a los demás integrantes, irá descifrando los enigmas que el asesino le plantea.

En estrecha colaboración con la policía y la prensa, y no sin contratiempos, Sergio intentará superar el reto de desenmascarar a este nuevo destripador, con resultados un tanto imprevistos y desconcertantes.

Mariano F. Urresti rinde un espléndido homenaje a la obra de Arthur Conan Doyle en Las violetas del círculo Sherlock. A lo largo de sus 680 páginas, Urresti no sólo resucita al mítico detective con una precisión extraordinariamente documentada sino que, además, plantea un escenario nuevo y trasladado en el tiempo: Sherlock Holmes dando caza a Jack el Destripador. Policías, detectives, periodistas, víctimas, políticos... un impresionante número de personajes, todos ellos minuciosamente construidos y trabajados para encarnar a un homónimo actual de la época victoriana, desfilan por entre estas páginas para ofrecer al lector un universo único e inquietante. 

En Las violetas del Círculo Sherlock de Mariano F. Urresti subyacen temas actuales: el racismo y la intolerancia hacia los inmigrantes,la escasez de medios de las instituciones sociales con los dichosos recortes presupuestarios y las pretensiones de algunos políticos más preocupados, en obtener votos, que en ayudar y resolver los problemas de la gente.