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domingo, 24 de febrero de 2019

PREGUNTA VIEJA, VIEJA RESPUESTA


               

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
Es quien hoy te responde.

Es otro, al que unos años más de vida
Le dieron la ocasión, que no tuviste,
De hallar una respuesta.

Los juguetes del niño que ya es hombre,
¿Adónde fueron, di? Tú lo sabías,
Bien pudiste saberlo.

Nada queda de ellos: sus ruinas
Informes e incoloras, entre el polvo,
El tiempo se ha llevado.

El hombre que envejece, halla en su mente,
En su deseo, vacíos, sin encanto,
Dónde van los amores.

Mas si muere el amor, no queda libre
El hombre del amor: queda su sombra,
Queda en pie la lujuria.

¿Adónde va el amor cuando se olvida?
No aquel a quien hicieras la pregunta
Es quien hoy te responde.

Luis Cernuda, Desolación de la Quimera

domingo, 18 de noviembre de 2018

ME ABURRO




Me aburro.
Me aburro.
¡Cómo en Roma me aburro!
Más que nunca me aburro.
Estoy muy aburrido.
¡Qué aburrido que estoy!
Quiero decir de todas las maneras
lo aburrido que estoy.
Todos ven en mi cara mi gran aburrimiento.
Innegable, señor.
Es indisimulable.
¿Está usted aburrido?
Me parece que está usted muy aburrido.
Dígame, ¿a dónde va tan aburrido?
¿Que usted va a las iglesias con este aburrimiento?
No es posible, señor, que vaya a las iglesias
con ese aburrimiento.
¿Que a los museos –dice– siendo tan aburrido?
¿Quién no siente en mi andar lo aburrido que estoy?
¡Qué aire de aburrimiento!
A la legua se ve su gran aburrimiento.
Mi gran aburrimiento.
Lo aburrido que estoy.
Y sin embargo... ¡Oooh!
He pisado una caca...
Acabo de pisar –¡santo Dios!– una caca...
Dicen que trae suerte el pisar una caca...
¿Suerte, señores, suerte?
¿La suerte... la... suerte?
Estoy pegado al suelo.
No puedo caminar.
Ahora sí que ya nunca volveré a caminar.
Me aburro, ay, me aburro.
Más que nunca me aburro.
Muero de aburrimiento.
No hablo más...
Me morí.


Rafael Alberti

domingo, 2 de septiembre de 2018

¡EL MUSEO DEL PRADO!


¡El Museo del Prado! ¡Dios mío! Yo tenía
pinares en los ojos y alta mar todavía
con un dolor de playas de amor en un costado,
cuando entré al cielo abierto del Museo del Prado.

¡Oh asombro! ¡Quién pensara que los viejos pintores
pintaron la Pintura con tan claros colores;
que de la vida hicieron una ventana abierta,
no una petrificada naturaleza muerta,
y que Venus fue nácar y jazmín trasparente,
no umbría, como yo creyera ingenuamente!
Perdida de los pinos y de la mar, mi mano
tropezaba los pinos y la mar de Tiziano,
claridades corpóreas jamás imaginadas,
por el pincel del viento desnudas y pintadas.
¿Por qué a mi adolescencia las antiguas figuras
le movieron el sueño misteriosas y oscuras?
Yo no sabía entonces que la vida tuviera
Tintoretto (verano), Veronés (primavera),
ni que las rubias Gracias de pecho enamorado
corrieran por las salas del Museo del Prado.
Las sirenas de Rubens, sus ninfas aldeanas
no eran las ruborosas deidades gaditanas
que por mis mares niños e infantiles florestas
nadaban virginales o bailaban honestas.

Mis recatados ojos agrestes y marinos
se hundieron en los blancos cuerpos grecolatinos.
Y me bañé de Adonis y Venus juntamente
y del líquido rostro de Narciso en la fuente.
Y -¡oh relámpago súbito!- sentí en la sangre mía
arder los litorales de la mitología,
abriéndome en los dioses que alumbró la Pintura
la Belleza su rosa, su clavel la Hermosura.

¡Oh celestial gorjeo! De rodillas, cautivo
del oro más piadoso y añil más pensativo,
caminé las estancias, los alados vergeles
del ángel que a Fra Angélico cortaba los pinceles.
Y comprendí que el alma de la forma era el sueño
de Mantegna, y la gracia, Rafael, y el diseño,
y oí desde tan métricas, armoniosas ventanas
mis andaluzas fuentes de aguas italianas.

Transido de aquel alba, de aquellas claridades,
triste «golfo de sombra», violentas oquedades
rasgadas por un óseo fulgor de calavera,
me ataron a los ímprobos tormentos de Ribera.
La miseria, el desgarro, la preñez, la fatiga,
el tracoma harapiento de la España mendiga,
el pincel como escoba, la luz como cuchillo
me azucaró la grácil abeja de Murillo.
De su célica, rústica, hacendosa, cromada
paleta golondrina María Inmaculada,
penetré al castigado fantasmal verdiseco
de la muerte y la vida subterránea del Greco.
Dejaba lo espantoso español más sombrío
por mis ojos la idea lancinante de un río
que clavara nocturno su espada corredora
contra el pecho elevado, naciente de la aurora.
Las cortinas del alba, los pliegues del celaje
colgaban sus clarísimos duros blancos al traje
del llanamente monje que Zurbarán humana
con el mismo fervor que el pan y la manzana.
¡Oh justo azul, oh nieve severa en lejanía,
trasparentada lumbre, de tan ardiente, fría!
La mano se hace brisa, aura sujeta el lino,
céfiro los colores y el pincel aire fino;
aura, céfiro, brisa, aire, y toda la sala
de Velázquez, pintura pintada por un ala.
¡Oh asombro! ¡Quién creyera que hasta los españoles
pintaron en la sombra tan claros arreboles;
que de su más siniestra charca luciferina
Goya sacara a chorros la luz más cristalina!

Mis oscuros demonios, mi color del infierno
me los llevó el diablo ratoneril y tierno
del Bosco, con su químico fogón de tentaciones
de aladas lavativas y airados escobones.
Por los senderos corren refranes campesinos.
Patinir azulea su albor sobre los pinos.
Y mientras que la muerte guadaña a la jineta,
Brueghel rige en las nubes su funeral trompeta.

El aroma a barnices, a madera encerada,
a ramo de resina fresca recién llorada;
el candor cotidiano de tender los colores
y copiar la paleta de los viejos pintores;
la ilusión de soñarme siquiera un olvidado
Alberti en los rincones del Museo del Prado;
la sorprendente, agónica, desvelada alegría
de buscar la Pintura y hallar la Poesía,
con la pena enterrada de enterrar el dolor
de nacer un poeta por morirse un pintor,
hoy distantes me llevan, y en verso remordido,
a decirte, ¡oh Pintura!, mi amor interrumpido.

Rafael Alberti, A la Pintura

domingo, 19 de agosto de 2018

CÓRDOBA


Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay, que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!

Córdoba.
Lejana y sola.

Federico García Lorca

sábado, 18 de agosto de 2018

SE QUEDÓ EL AGUA DESNUDA



Creo que pocos poetas de mi generación y de generaciones inmediatas podrían negar la presencia de Lorca como el paisaje preponderante que acompañó sus orígenes. Algunos lo han confesado, otros no, pero lo cierto es que para los que nos lanzamos a partir de los 60 del siglo pasado, sus poemas fueron una de las primeras cartillas. Inolvidables para mí son las reuniones en cafés con mis compañeros de la Universidad de Barcelona, donde se trataba ante todo de leer a Lorca en voz alta. Yo llegué a más: escribí en mis zapatos blancos de verano unos versos de Federico, en uno "¡Ay que trabajo me cuesta quererte como te quiero!"; en el otro, “¡Por tu amor me duele el aire, el corazón y el sombrero!".

También fui protagonista de un proyecto del entonces estudiante, hoy reconocido pintor, Julián Grau Santos, que consistía en una exposición entera sobre el Romancero Gitano. Hizo el boceto completo, con guache, página a página, en mi libro -un tesoro por su belleza-, y en él yo soy Soledad Montoya y la Virgen que acompaña al Romance de San Gabriel...

Años más tarde, esta presencia viva de Lorca se produjo a través de dos de sus amigos, que fueron grandes amigos míos: Rafael Martínez Nadal y Marcelle Auclair. Conocí a la segunda cuando buscaba datos para su Enfances et mort de Federico Garcia Lorca, que empieza con una Introduction a la mort donde habla del Llanto por Ignacio Sánchez Mejías y da muchas claves: detalles de aquella corrida última, sucesos posteriores, recuerdos de Ignacio de sus primeras tentativas, cuando, contando 16 años, se iba a torear vaquillas sin testigos, pero con el aplauso de los olivos agitados por el viento que le hacía levantar la mano y saludar, lo que explica el último verso del poema: "y recuerdo una brisa triste por los olivos".

A cada pregunta concreta que hacía yo a Marcelle sobre Lorca, me contestaba: "Llama a Rafael". Así fue como un día, sin más, marqué el número de Rafael Martínez Nadal de Londres. Desde aquel momento, cuando venía a Madrid, cenar en el Olivar de Castillejo con él y su mujer, Jacinta, y muchas veces los hermanos de ésta, David y Leonardo, Rosa Chacel, Jeannine Mestre, José Luis Gómez o el escultor Juan Haro se hizo habitual. Rafael recitaba a Federico, y sus imágenes volaban por encima de las jaras y las retamas... Todo tenía un sentido secreto. Era un poeta tan universal y fuerte que en cualquier lengua caía de pie... Bien comprobé yo esto cuando me lo recitó en farsi el gran Ahmad Shamlu, que, a través de Lorca, llevó a cabo la modernidad de la lírica en su país.

Aún los veo a todos, atentos a la palabra. Y la sonrisa destella en cada hoja tocada por la noche luminosa mientras la llama de una vela oscila sobre la mesa junto a la fruta y una ráfaga de viento mece las sombras del ramaje. Y es la felicidad esa armonía, siempre bajo el ala del poema, mientras Rafael recita:

Eran tres
(vino el día con sus hachas.)
Eran dos
(alas rastreras de plata.)
Era uno.
Era ninguno
(se quedó desnuda el agua).

Clara Janés

domingo, 1 de julio de 2018

EL CIPRÉS DE SILOS


Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llego a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

Gerardo Diego

jueves, 8 de febrero de 2018

SOLO DEL PASTOR BOBO

Comienza el Carnaval

El pastor bobo guarda las caretas.
Las caretas
de los pordioseros y de los poetas
que matan a las gipaetas
cuando vuelan por las aguas quietas.
Careta
de los niños que usan la puñeta
y se pudren debajo de una seta.
Caretas
de las águilas con muletas.
Careta de la careta
que era de yeso de Creta
y se puso de harinita color violeta
en el asesinato de Julieta.
Adivina. Adivinilla. Adivineta
de un teatro sin lunetas
y un cielo lleno de sillas
con el hueco de una careta.
Balad, balad, balad, caretas.
Los caballos se comen la seta
y se pudren bajo la veleta.
Las águilas usan la puñeta
y se llenan de fango bajo el cometa,
y el cometa devora la gipaeta
que rayaba el pecho del poeta.
¡Balad, balad, balad, caretas!
Europa se arranca las tetas,
Asia se queda sin lunetas
y América es un cocodrilo
que no necesita careta.
La musiquilla, la musiqueta
de las púas heridas y la limeta.

Federico García Lorca, El Público

viernes, 5 de enero de 2018

POR EL CINCO DE ENERO


LAS ABARCAS DESIERTAS

Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraban los días,
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río,
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.

Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda la gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y un mundo de miel.

Por el cinco de enero,
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas.

Miguel Hernández

domingo, 22 de octubre de 2017

SEÑORAS Y SEÑORES:


No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni con un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y a donde dirige el teatro sus luces para entretener y haceros creer que la vida es eso. No. El poeta, con todos sus cinco sentidos en perfecto estado de salud, va a tener, no el gusto, sino el sentimiento de enseñaros esta noche un pequeño rincón de realidad. Ángeles, sombras, voces, liras de nieve y sueños existen y vuelan entre vosotros, tan reales como la lujuria, las monedas que lleváis en el bolsillo, o el cáncer latente en el hermoso seno de la mujer, o el labio cansado del comerciante. Venís al teatro con el afán único de divertiros y tenéis autores a los que pagáis, y es muy justo, pero hoy el poeta os hace una encerrona porque quiere y aspira a conmover vuestros corazones enseñando las cosas que no queréis ver, gritando las simplísimas verdades que no queréis oír.

¿Por qué? Si creéis en Dios, y yo creo, ¿por qué tenéis miedo a la muerte? Y si creéis en la muerte, ¿por qué esa crueldad, ese despego al terrible dolor de vuestros semejantes? ¡Ja, ja, ja! Diréis que esto es un sermón. Y bien, ¿es que es feo un sermón? Casi todos los que me oyen han dado un portazo y han salido de casa dejando a su padre o a su madre en un momento en que por su bien les reñían, y en este instante darían todo lo que tienen, hasta los ojos, por volver a oír las dulces voces desaparecidas. Lo mismo ahora. Pero ver la realidad es difícil. Y enseñarla, mucho más. Es predicar en desierto. Pero no importa. Sobre todo a vosotros, gentes de la ciudad, que vivís en la más pobre y triste de las fantasías. Todo lo que hacéis es buscar caminos para no enterarse de nada. Cuando suena el viento, para no entender lo que dice, tocáis la pianola; cubrís de encajes las ventanas; para poder dormir tranquilos y acallar al perenne grillo de la conciencia, inventáis las casas de caridad.

¡Sermón!, sí, ¡sermón! ¿Por qué hemos de ir siempre al teatro para ver lo que pasa y no lo que nos pasa? El espectador está tranquilo porque sabe que la comedia no se va a fijar en él, ¡pero qué hermoso sería que de pronto lo llamaran de las tablas y le hicieran hablar, y el sol de la escena quemara su pálido rostro de emboscado! La realidad empieza porque el autor no quiere que os sintáis en el teatro, sino en la mitad de la calle; y no quiere, por tanto, hacer poesía, ritmo, literatura; quiere dar una pequeña lección a vuestros corazones; para eso es poeta, pero con gran modestia. Cualquiera lo puede hacer. El autor sabe hacer versos, los ha hecho, a mi juicio, bastante buenos, y no es mal nombre de teatro, pero ayer me dijo que en todo arte había una mitad de artificio que por ahora le molestaba, y que no tenía gana de traer aquí el perfume de los lirios blancos o la columna salomónica turbia de palomas de oro (Hace unas palmas) ¿Quiere traerme un café? Bien cargado. (Se sienta. Se oyen unos violines.) El olor de los lirios blancos es agradable, pero yo prefiero el olor del mar. Yo puedo decir que el olor del mar mana de los pechos de las sirenas, y mil cosas más, pero a él ni le importa ni lo oye, él sigue llamando a las costas en espera de nuevos ahogados, esto es lo que le importa al hombre. Pero, cómo se llevaría el olor del mar a una sala de teatro o cómo se inunda de estrellas el patio de butacas?

Federico García Lorca, Comedia sin Título

viernes, 18 de agosto de 2017

CATALUÑA, 17 DE AGOSTO DE 2017


… Esa voz de las víctimas,
rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.
Todos la oímos.
Los niños han gritado.
Su voz está sonando.
¿No oís? Suena en lo oscuro.
Suena en la luz. Suena en las calles.
Todas las casas gritan.
Pasáis, y de esa ventana rota. Sale un grito de muerte
Seguís. De ese hueco sin puerta
sale una sangre y grita.
Las ventanas, las puertas, las torres, los tejados
gritan ,gritan.  Son niños que murieron.
Por la ciudad, gritando,
un río pasa: un río clamoroso de dolor que no acaba.
No lo miréis; sentidlo.
Pequeños corazones,
pechos difuntos,
caritas destrozadas.
No los miréis; oídlos.
Por la ciudad un río de dolor grita y convoca.
Sube y sube y nos llama.
La ciudad anegada se alza por los tejados y alza un brazo terrible.

Vicente Aleixandre

martes, 14 de junio de 2016

EL POETA Y LA CARCEL


En mayo de 1941 yo me pudría en el reformatorio de adultos de Alicante, cuarta galería, celda número cien. Mi delito era haber defendido la República, pero yo sólo era un soldado más, asustado y perdido, en una lucha desigual. No tenía unas férreas ideas políticas, como muchos de mis compañeros, pero creía en la libertad y en la paz que nos querían arrebatar y luché por ellas. Lo único que deseaba era que todo acabase para volver a mi pueblo con Aurora. Y acabó, si, de la peor manera posible: con la derrota de la libertad, de la mía y de la de todos. Me encontré en la cárcel, con las esperanzas frustradas, los sueños rotos y el terror instalado en el aire que respirábamos. No sabía cuánto tiempo duraría mi condena, ni si cualquier día decidirían fusilarme sin explicaciones. Mi juventud se evaporaba entre el hambre y la ausencia. Las condiciones eran durísimas, si afuera se pasaba hambre, imagínate dentro de la prisión. Las enfermedades se llevaron a miles de prisioneros mal nutridos y maltratados.

Pero con todo, los viernes eran hermosos dentro del infierno. Era el día de visitas, y tu abuela Aurora se las arreglaba para acercarse desde Orihuela y verme aunque sólo fueran unos escasos minutos en medio del barullo de los otros visitantes. Como todavía no estábamos casados, teníamos prohibido hablar en lo que se llamaba comunicación extraordinaria, que solía ser algo más cercana e íntima. De todas formas, tu abuela se las ingeniaba para colarme alguna carta personal entre la comida que me traía. Creo que sin ese alimento suplementario me habría muerto de hambre. No había leche, pero yo la tomaba porque ella me la llevaba cada viernes.

En julio, Miguel Hernández llegó a la misma cárcel. Venía del penal de Ocaña: Lo reconocí enseguida, a pesar de que había pasado bastante tiempo desde la última vez que lo vi y, sobre todo, porque estaba muy desmejorado: extremadamente delgado, con profundas ojeras y el rostro muy blanco; luego supe que padecía tuberculosis. No me reconoció, aunque nos habíamos encontrado varias veces en Orihuela, casi siempre en actos culturales en los que él era el centro y yo un simple oyente, pero se alegró de encontrar un paisano en la celda. A pesar de la enfermedad se le veía animado, llevaba meses pidiendo que lo trasladasen a Levante, Valencia o Alicante, para estar cerca de su familia y del mar. Me contó que había pasado por cárceles terribles en las que había padecido un frío espantoso. Me habló de cómo en Palencia a los presos se les quedaban congeladas hasta las lágrimas, me habló de los vientos helados y el hambre atroz de Ocaña, de las ratas y, sobre todo, de cuánto había echado de menos el aire cálido de su Mediterráneo, ese olor del mar que de vez en cuando saltaba los muros de la prisión para alimentar nuestra nostalgia.

Rosa Huertas, Mala Luna

domingo, 20 de marzo de 2016

ERA LA ESTACIÓN FLORIDA DEL AÑO

 

          ¡Tranquilos, que no vamos a seguir con Gongora! Pero es que hoy comienza la primavera, y, con eso de las vacaciones, nos sentimos un tanto festivos. Vamos a ver como han reflejado la primavera tres poetas diferentes:


La primavera besaba
suavemente la arboleda,
y el verde nuevo brotaba
como una verde humareda.
Las nubes iban pasando
sobre el campo juvenil…
Yo vi en las hojas temblando
las frescas lluvias de abril.
Bajo ese almendro florido,
todo cargado de flor
-recordé-, yo he maldecido
mi juventud sin amor.
Hoy, en mitad de la vida,
me he parado a meditar…
¡Juventud nunca vivida,
quién te volviera a soñar!
Antonio Machado



Volverán las oscuras golondrinas
en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.

Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.

Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!

Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.

Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!
Gustavo Adolfo Bécquer



¡Toda la primavera dormía entre tus manos!
Iniciaste en un gesto la fiesta de las rosas
y erguiste, enajenada,
esa flecha de luz que impregna los caminos.
¡Toda la primavera!
Fervores del instante transido de capullos,
gracia tímida y leve del perfume sin rastro,
caricias que despiertan el sexo de las horas.
Brotaron de tus palmas en éxtasis gozoso
los trinos y las brisas. Y tu ademán secreto
despertó en rubores la pubertad del mundo.
¡Todo vino por ti! Porque tus manos lentas
ciñeron brevemente mi carne estremecida,
porque al rozar mi cuerpo
despertaste una flor que trae la primavera.

Ernestina de Champourcin

                Os dejo con una curiosa versión de la Primavera de Vivaldi

martes, 8 de marzo de 2016

LAS SINSOMBRERO

               
            Hace justo un año, comentábamos en este blog la pertenencia de mujeres a la Generación del 27. Hoy volvemos sobre ellas, para daros a conocer un proyecto que se está consolidando

LAS SINSOMBRERO es un proyecto crossmedia, producción única en España, que utiliza diferentes formatos y plataformas (televisión, internet y publicación), con el objetivo de recuperar, divulgar y perpetuar el legado de las mujeres olvidadas de la primera mitad del siglo XX en España. Desde las figuras femeninas de la Generación del 27 hasta todas aquellas mujeres que con su obra, sus acciones y su valentía fueron y son fundamentales para entender la cultura y la historia de un país que nunca las reivindicó. Este proyecto comprende las siguientes actuaciones:

Documental: un  documental de 60 minutos, coproducido por TVE. En el se tratan las vidas de nuestras protagonistas, las artistas pertenecientes a la Generación del 27, y se las contextualizará en la época que vivieron

Webdoc: Documental Interactivo. Un viaje único a través del conocimiento de una parte de la Historia olvidada. A través de distintas capas el usuario irá profundizando en el conocimiento sobre la vida de las artistas pertenecientes a la Generación del 27 y de la época que les tocó vivir. Esta experiencia interactiva se construirá a través de propuestas de contenido y acciones virales, que podrán ser compartidas en las redes sociales. Coproducido y emitido en la url de TVE.

Socialmedia: Una Campaña en facebook que descubre, narra y difunde la vida de las mujeres olvidadas de principios del s XX. A través de las redes sociales difundimos también las novedades del proyecto.

Libro, donde se recopilan en formato papel las apasionantes vivencias de estas transgresoras que nunca fueron tan visibles como sus contemporáneos masculinos, aunque su obra es tan brillante como la de ellos.

Wikiproyecto: Se ha firmado un acuerdo con Wikimedia España para la creación de un Wikiproyecto bajo el nombre de Las Sinsombrero que albergará toda la información sobre el tema tratado. Este Wikiproyecto será traducido a distintos idiomas.

Además se va a llevar a cabo una exposición y un proyecto educativo, en colaboración con el Ministerio de Educación.

El proyecto se origina a partir de una lectura de Ian Gibson sobre los intelectuales del 27, que hablaba de mujeres de las que no se sabía nada. A partir de aquí, Tania Balló y  Jorge Carrasco comienzan a investigar y ven que todas las autoras estaban desperdigadas. “Nos encontramos un blog en la red que hablaba de ellas, de una maestra que explicaba que lo había creado, precisamente, porque una alumna le había preguntado por qué no se estudiaban a las intelectuales de esa época. Eso nos enganchó, porque la Generación del 27 es el gran momento de la marca cultural de España”.

De esta manera se recupera la memoria de Rosa Chacel, Ángeles Santos, Ernestina de Champourcín, Margarita Gil Röesset, María Teresa León, Maruja Mallo, Concha Méndez, Margarita Manso y Josefina de la Torre. «Hay muchas más, como Remedios Varó, Zenobía Camprubí o Carmen Conde, por lo que espero que la búsqueda siga avanzando», matiza la autora. Pertenecen a una generación cercenada por la Guerra Civil. «Durante la contienda, de una manera u otra, parte de estos nombres fueron silenciados y, tras la dictadura, la transición recuperó solo los masculinos».

                ¿De dónde el nombre de Las Sinsombrero?

A mediados de los años 20, la gallega Maruja Mallo era una joven inquieta que estudiaba en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, donde se aburría lo suficiente como para tramar todo tipo de performances con el único objetivo de llamar la atención. Su atrevimiento era tal que, cierto día, mientras paseaba con sus amigos Salvador Dalí, Federico García Lorca y Margarita Manso, se le ocurrió preguntarse qué pasaría si decidiera quitarse el sombrero como señal de emancipación. Estaban en la Puerta del Sol y los transeúntes no se lo perdonaron: empezaron a apedrearlos de tal forma que tuvieron que salir corriendo para ponerse a salvo en el metro. Que unas muchachas fueran por la calle con la cabeza descubierta era entonces una provocación inadmisible. Justo lo que buscaba la joven aunque, en ese instante, desconocía que su gesto daría nombre a toda una generación.

En 1930, en el periódico El Sol, Ramón Gómez de la Serna afirmó: «el sinsombrerismo es más amplio y significativo de lo que parece. Es el final de una época, como fue el lanzar por la borda las pelucas. Quiere decir presteza en comprender y en decidirse, afinidad con los horizontes que se atalayan y ansía de nuevas leyes».

          Os dejamos con el documental que comentábamos a principio de este artículo:    
      

viernes, 4 de marzo de 2016

DISCURSO DE FEDERICO GARCÍA LORCA


AL INAUGURAR LA BIBLIOTECA DE SU PUEBLO EN SEPTIEMBRE DE 1931

                "Cuando alguien va al teatro, a un concierto o a una fiesta de cualquier índole que sea, si la fiesta es de su agrado, recuerda inmediatamente y lamenta que las personas que él quiere no se encuentren allí. ‘Lo que le gustaría esto a mi hermana, a mi padre’, piensa, y no goza ya del espectáculo sino a través de una leve melancolía. Ésta es la melancolía que yo siento, no por la gente de mi casa, que sería pequeño y ruin, sino por todas las criaturas que por falta de medios y por desgracia suya no gozan del supremo bien de la belleza que es vida y es bondad y es serenidad y es pasión.

Por eso no tengo nunca un libro, porque regalo cuantos compro, que son infinitos, y por eso estoy aquí honrado y contento de inaugurar esta biblioteca del pueblo, la primera seguramente en toda la provincia de Granada.

No sólo de pan vive el hombre. Yo, si tuviera hambre y estuviera desvalido en la calle no pediría un pan; sino que pediría medio pan y un libro. Y yo ataco desde aquí violentamente a los que solamente hablan de reivindicaciones económicas sin nombrar jamás las reivindicaciones culturales que es lo que los pueblos piden a gritos. Bien está que todos los hombres coman, pero que todos los hombres sepan. Que gocen todos los frutos del espíritu humano porque lo contrario es convertirlos en máquinas al servicio de Estado, es convertirlos en esclavos de una terrible organización social.

Yo tengo mucha más lástima de un hombre que quiere saber y no puede, que de un hambriento. Porque un hambriento puede calmar su hambre fácilmente con un pedazo de pan o con unas frutas, pero un hombre que tiene ansia de saber y no tiene medios, sufre una terrible agonía porque son libros, libros, muchos libros los que necesita y ¿dónde están esos libros?

¡Libros! ¡Libros! Hace aquí una palabra mágica que equivale a decir: ‘amor, amor’, y que debían los pueblos pedir como piden pan o como anhelan la lluvia para sus sementeras. Cuando el insigne escritor ruso Fedor Dostoyevsky, padre de la revolución rusa mucho más que Lenin, estaba prisionero en la Siberia, alejado del mundo, entre cuatro paredes y cercado por desoladas llanuras de nieve infinita; y pedía socorro en carta a su lejana familia, sólo decía: ‘¡Enviadme libros, libros, muchos libros para que mi alma no muera!’. Tenía frío y no pedía fuego, tenía terrible sed y no pedía agua: pedía libros, es decir, horizontes, es decir, escaleras para subir la cumbre del espíritu y del corazón. Porque la agonía física, biológica, natural, de un cuerpo por hambre, sed o frío, dura poco, muy poco, pero la agonía del alma insatisfecha dura toda la vida.

Ya ha dicho el gran Menéndez Pidal, uno de los sabios más verdaderos de Europa, que el lema de la República debe ser: ‘Cultura’. Cultura porque sólo a través de ella se pueden resolver los problemas en que hoy se debate el pueblo lleno de fe, pero falto de luz.

domingo, 28 de febrero de 2016

ESPAÑA SIGLO XX


Siglo XX.
Un recuerdo para no olvidar.
Siglo XX.
Un olvido aún tan presente.
El siglo de todo lo que mis ojos alcanzan a ver.
El siglo en el que todo lo que mis ojos alcanzan a ver pudo ser destruido.
Buscando tu Luna de plata me he perdido en ti.
Permíteme buscarte siempre que queramos saber de dónde venimos.
Siglo XX.
Permíteme visitarte siempre que queramos aprender de los errores cometidos.
Siglo XX.
Tan cercano y tan lejano.
Déjanos mirarte como quien busca el rostro perdido de un viejo amigo.

                Tras estas palabras, en el paraninfo de mi vieja facultad, se fueron apagando las luces y la sensación de magia y espectáculo, que había atrapado a nuestros alumnos.

                Antes, durante hora y media, el grupo Aedo nos ofreció ocho escenas de las más representativas de nuestro teatro del siglo XX (Valle, Lorca, Mihura, Buero, Sanchis Sinisterra, Alonso de Santos, Mayorga), con un telón de vídeos reales de archivo y del NO-DO de fondo.

                Un escenario desnudo. Sólo las palabras, los gestos, la luz y nuestra imaginación. No hacía falta nada más. Sólo tres actores en el escenario, recordándonos lo que se dice del teatro griego clásico que se representaba con tres actores y diferentes máscaras según el personaje.

                Jesús Torres y sus compañeros utilizaban la falta de luz para cambiar de personaje antes de iniciar el nuevo fragmento; mientras tanto, uno de ellos, en un aparte, nos introducía en la nueva corriente, en la nueva obra, sirviendo como nexo de unión entre todas ellas la melodía de Suspiros de España.

                Sorprendente y trágico ese poema de Vicente Aleixandre para representar el interludio de la guerra civil:

Bajo la luz de la luna se vieron
las hediondas aves de la muerte :
aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra
la destrucción de la carne que late,
la horrible muerte a pedazos que palpitan
y esa voz de las víctimas,
rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.

                Mis alumnos quedaron atrapados desde el primer momento con la borrachera agónica de
Max Extrella, y fueron descubriendo que muchas veces tras esa sonrisa se ocultaba una trágica ironía: la muerte de Carmela, o ese diálogo entre vecinos, por citar algún ejemplo.

                 Me sorprendió esa Comedia sin Título de Lorca, que no conocía,  pero que encierra gran parte de las ideas vanguardistas de su autor y su afán por acercar a toda la población el espectáculo teatral:

No he venido a recibir lecciones de moral ni a oír cosas desagradables (...) No estamos en el teatro. Ahí dentro hay un terrible aire de mentira, y los personajes de las comedias no dicen más que lo que pueden decir en alta voz delante de señoritas débiles, pero se callan su verdadera angustia. Por eso yo no quiero actores, sino hombres de carne y mujeres de carne, y el que no quiera oír que se tape los oídos.

                Un buen espectáculo, que esperamos poder repetir

lunes, 1 de febrero de 2016

MALA LUNA

Yo nací en mala luna. 
Tengo la pena de una sola pena 
que vale más que toda la alegría.
Miguel Hernández

Clara y Víctor son dos jóvenes que estudian en un instituto de Orihuela, y el azar los acaba uniendo, pues sus abuelos están relacionados por una historia que les lleva a descubrir los últimos años de  Miguel Hernández. El abuelo de Clara estuvo con él en la cárcel los últimos tiempos y sabe del dolor que sufrió el poeta, aunque no ha querido compartirlo con nadie hasta que la propia Clara ha tirado del ovillo. El abuelo de Víctor, por su parte, Aurelio, ya ha muerto y no goza de las simpatías del Sr. Castillo, el abuelo de Clara, recién operado y convaleciente.

Víctor y Clara se alían para encontrar algo de lo que hablan los dos abuelos, el cuaderno de tapas negras en el que Miguel Hernández escribió sus últimos versos y que le fue requisado, a traición, por Aurelio Sánchez-Macías, el abuelo de Victor, cuando murió en la cárcel de Alicante. Castillo ha vivido con la pena de saber que esos poemas están en malas manos y ahora, con Clara y Víctor implicados, parece que llega al final de la historia.

Aurelio Sánchez-Macías, el Chino, arrastra un pasado lleno de contradicciones que lega a su nieto en forma de memorias, donde se entremezcla la amistad y la desconfianza. Aurelio fue amigo de Miguel Hernández, siempre a su sombra. Al estallar la guerra, Aurelio supo estar del bando de los vencedores y no ayudó a su amigo, al contrario. Aurelio acabó medrando, amasando una gran fortuna y viviendo, en su interior, en una perpetua contradicción, entre la lealtad y la traición.

Los personajes están muy bien trabajados, tanto por las descripciones de Rosa Huertas como por lo que los propios personajes muestran de sí mismos o cuentan de otros. Por un lado, los dos abuelos, sobre todo Aurelio, un personaje redondo, torturado por su pasado, que no somos capaces de juzgar. Clara y Víctor los dos adolescentes, llenos de vida, de proyectos, pero también de pesares y contradicciones. La acción se desarrolla entre Madrid (pasado) y Orihuela (presente). Entre los temas encontramos la amistad, la lealtad y la traición, el amor, las relaciones familiares, la literatura… En definitiva, es una obra entretenida, que nos introduce en la obra y vida de Miguel Hernández.

viernes, 26 de junio de 2015

FIN DE CURSO


             Hemos entregado las últimas notas. Nos hemos entrevistado con los padres.

            Y esta tarde noche hemos despedido-homenajeado a mis alumnos de cuarto de Eso. Tenía que hablaros a vosotros y a vuestros padres, pero, como os he dicho, prefería recordar cómo os he visto crecer y madurar a lo largo de estos cuatro años.

            Pero ahora tengo que recordar las palabras que me habéis dedicado durante el acto; la verdad, me habéis emocionado, tanto que luego no podía leer lo que tenía escrito, y tenía que hacer trabajar a mi memoria e improvisar.

            Gracias a vosotros, chicos. Gracias a Nuria, Ángela, Pablo, Paqui, Mª Jose, Joseda, Irene, Cari, David, Paolo, Rodolfo, Franja, Juan Alfonso, Andrea, Lina, Javi, Elena, Adrián, Amando y Katy. Gracias.

            Esta noche es vuestra, os la habéis ganado, pero antes que comience vuestra juerga, me gustaría dedicaros un par de brindis

            Hasta el curso que viene.


BRINDIS
GERARDO DIEGO


Debiera ahora decir: “Amigos,
muchas gracias”; y sentarme, pero sin ripios.
permitid que os lo diga en tono lírico;
en verso, sí; pero libre y de capricho.
Amigos:
dentro de unos días me veré rodeado de chicos,
de chicos torpes y listos,
y dóciles y ariscos,
a muchas leguas de este Santander mío,
en un pueblo antiguo,
tranquilo y frío.
Y les hablaré de versos y hemistiquios,
y de Dante y de Shakespeare y de Moratín hijo,
y de pluscuamperfectos y participios.
Y el uno bostezará, y el otro me hará un guiño,
y otro, seguramente el más listo,
me pondrá un alias definitivo.
Y pasarán así muchos cursos monótonos y prolijos.
Pero un día tendré un discípulo,
un verdadero discípulo,
y moldearé su alma de niño
y le haré hacerse nuevo y distinto,
distinto de mí y de todos: él mismo.
Y ahora, yo os digo:
amigos,
brindemos por ese niño,
por ese predilecto discípulo;
por que mis dedos rígidos
acierten a moldear su espíritu
y mi llama lírica prenda en su corazón virgíneo
y por que siga su camino
intacto y limpio.
Porque éste, mi discípulo
que inmortalizará mi nombre y mi apellido
sea el hijo…
el hijo de uno de vosotros, amigos.

Y os dejo con dos versiones del Brindis de la Traviata