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domingo, 17 de junio de 2018

LAS MENINAS




MARTÍN.- Aguarda… Si te toman de bufón será lo menos malo que pueda sucederte. Mira: aquel balcón pertenece a los aposentos de la infantita. Por veces he visto yo a Nicolasillo, o a la cabezota alemana esa, asomados con ella, Tú estarías muy galán con ropas nuevas, presumiendo de oidor en la cámara de su majestad para sacarle una sonrisa… Creo que salen los enanos. Hay alguien tras los vidrios. ( No son los enanos quienes salen al balcón de la derecha, sino dos de las meninas de la Infanta Margarita.) No: son las meninas de la infanta. Algún real de a ocho me tienen dado. Puede que hoy caiga otro. ( Abandona a Pedro, que se vuelve a mirar con geto desdeñoso, y se acerca al balcón. Doña María Agustina Sarmiento y Doña Isabel de Velasco lo han abierto y salieron a él con cierto sigilo. Son dos damiselas muy jóvenes; Doña Agustina tal vez no pase de los dieciséis años y Doña Isabel de los diecinueve. Visten los trajes con que serán retratadas en el cuadro famoso.) ¡Que la Santa Virgen premie la gran caridad de tan nobles damas!
D.A AGUSTINA,- ¡Chits! ¡Alejáos presto!
MARTÍN.- ( Se acerca más.) Puedo también ofrecer alguna linda bujería digna de tan altas señoras…
 (Introduce la mano en el zurrón que lleva bajo la capa.)
 D.A ISABEL.- ¡Otra vez será! ¡Idos!
MARTÍN.- ¡Miren qué lindeza!
D.ª AGUSTINA.-( Se busca en el corpiño.) Si no le damos, no se irá. ¿No tendríais vos algún maravedí?
 (Doña Isabel deniega y se registra a su vez. Ambas miran hacia el interior con sobresalto.)
 MARTÍN.- Vean qué chapines de cuatro pisos. No los hay más lucidos…
D.A AGUSTINA.- ¡ Id enhoramala, seor picaro!
D.A ISABEL.- ¡Y no traigáis chapines a meninas!
MARTÍN.- No se enojen vuesas mercedes. Para cuando sean damas de la reina los podrían mercar…
D.A AGUSTINA.-¡Doña Marcela!
 (Doña Marcela de Ulloa aparece tras ellas en el balcón. Es una dueña, viuda a juzgar por el manto negro y las blancas tocas que enmarcan su rostro fresco y lleno, atractivo aún pese a los cuarenta, años largos que cuenta. Guarda-mujer al servicio de las infantas, tiene a su cargo rigurosas vigilancias.)
D.A MARCELA.-( Con voz clara y fría.). Mi señor don Diego Ruiz de Azcona, hágame la merced de asistirme con esas señoras, ( A las meninas) Sepamos quién les dio licencia para, salir, al balcón.

(Don Diego Ruiz de Azcona guarda damas de las infantas, aparece tras ella. Usa golilla blanca, y viste jubón negro con largas mangas bobas. Pasa de los cincuenta años y su marchito rostro ofrece siempre una expresión distante y aburrida.)
 D.A AGUSTINA,-Vimos a este hombre, que suele vender randas y vueltas…
D.A MARCELA.--Otras veces es porque cruza, un perro…o un galán, [Vos, doña Isabel, que sois mayor en juicio y en años debierais dar mejor ejemplo.]
RUIZ DE AZCONA.- ( Con una voz blanda e indiferente.) Se comportarán mejor en adelante… Háganme la merced de entrar, señoras. Dentro de Palacio es donde mejor se pasa.,. Cuando lleguen a mi edad lo comprenderán.
(Se aparta, y las dos meninas pasan al interior.)
MARTÍN.- -( Exhibe los chapines.) Noble señora: mirad estos lindos chapines con virillas de oro…
D.A MARCELA.- ( Alza la voz) ¿Es que ya no hay guardia en Palacio?
MARTIN.- Pero, señora…
D.A MARCELA,- (A Don Diego,) ¡No se puede dar un paso en los patíos o la plazuela sin toparse esta lepra de pedigüeños! ( Don Diego asiente con gesto cansado.) ¡Aquí esa guardia! (Martín retrocede, alarmado. Pedro vuelve la cabeza, expectante. Por la derecha entra un guardia borgoñón con pica) ¡Alejad a esos fulleros!

Antonio Buero Vallejo, Las Meninas

domingo, 25 de junio de 2017

LAS MENINAS


Durante siglos, el cuadro que representa a la familia de Felipe IV ha sido el centro de atracción del Museo del Prado y ha inspirado a artistas y escritores, convirtiéndose en un verdadero icono cultural. Sin embargo, Diego Velázquez es uno de los pintores más misteriosos de su época, y Las meninas, su obra maestra, cumbre de la pintura barroca española, es quizás también el más extraño de los grandes cuadros de la pintura occidental.


Después de toda una vida en la corte al servicio de Felipe IV, Velázquez por fin fue nombrado caballero en 1658, alcanzando una dignidad insólita para un pintor en aquel momento. En torno a este acto de ennoblecimiento cortesano, Santiago García (guión) y Javier Olivares (dibujo) construyen en la novela gráfica Las meninas una fantasía de largo alcance inspirada en hechos históricos. Por sus páginas pasan desde el conde-duque de Olivares hasta Foucault, desde el Greco hasta Buero Vallejo.


Ésta no es sólo la historia de una obra de arte, sino la historia de cómo una obra de arte se transforma en un símbolo. Y al final, también, un nuevo intento de contestar a la pregunta que se han hecho generaciones de artistas, historiadores, estudiosos y aficionados: ¿cuál es el secreto de Las meninas? Un secreto oculto a plena vista.


Los autores han logrado el Premio Nacional de Cómic, según el jurado, por “ser una obra que asume un riesgo en la estructura narrativa y en el planteamiento gráfico que se resuelve con brillantez, y por constituir un buen acercamiento a la figura de Velázquez, su época y su influencia en otros artistas”. Persiguen que el lector quiera saber más sobre el cuadro, que apenas aparece en el cuadro y cuyo secreto se va perfilando con las historias intercaladas de otros autores (Dalí, Goya, Picasso…), y el pintor con sus obsesiones: por una parte, el ser aceptado en la orden de Santiago obteniendo un nuevo y mejorado status social (de ahí el funcionario que busca testimonios para conceder o denegar el acceso a la orden de Santiago, mediante conversaciones con aquellos que le conocen) y su deseo de inmortalidad, de ser recordado por esa obra maestra que aún no ha pintado.


PREMIO NACIONAL DE CÓMIC 2015

lunes, 6 de febrero de 2017

VAMOS DE EXCURSIÓN

     
         
          Este jueves nos vamos a Madrid con los Segundos de Bachillerato y con parte de los alumnos del S4B.
Por la mañana, en la facultad de Filología de la Complutense, asistiremos al espectáculo teatral España Siglo XX, interpretado por el grupo El Aedo Teatro. El curso pasado ya comentamos la obra y dimos nuestra opinión sobre ella; no hace falta decir que nos gustó, pues repetimos.
Por la tarde, nos espera el Museo del Prado: unos tendrán que atender a las pinturas que les entrarán en la EVAU; otros podrán aprender algo de mitología; los demás, nos conformamos con apreciar algunas obras maestras de nuestro arte.
Os dejo con dos textos. Con el primero de ellos, se abre la obra de teatro que vamos a ver. El segundo pertenece al escritor argentino Manuel Mújica Laínez, y es una invitación para encontrarnos con la magia del museo, donde por la noche los cuadros cobran vida.


INVOCACIÓN AL SIGLO XX

Con tornillos de hierro,
con olor a vapor,
con grasa en el pelo,
con cuchillos de acero clavados en el corazón entramos en ti.

A la luz del cinematógrafo,
al compás del Mecanógrafo,
al olvido del historiógrafo,
al instante del fotógrafo entrarnos en ti.

Inventando por última vez la ciudad,
desafiando a los dioses de arriba y abajo,
cambiando por armas la libertad,
entramos en ti vendiendo una vida por un trabajo.

Siglo XX.
Inventor dei hambre, arquitecto de guerra, maestro de perdición.
El siglo de todo lo que mis ojos alcanzan a ver.
El siglo en el que todo lo que mis ojos alcanzan a ver pudo ser destruido.
Eres todo tan de cerca y sin embargo nada alejando la mirada.

Eres abuelo, padre e hijo a la vez.
Por ti perdí mi Dios, mi partido y mi identidad.
En tus espejos me veo reflejado y no me reconozco.
Busco a tu Luna de plata y no sé dónde está.

Hago malabares con tres sombreros que por arte de magia se convierten en tres guerras.
Una escuadra esperando a la muerte de un siglo que parecía no acabar.
Sin esperanzas subo una escalera que me lleva a lo más bajo.
Me bajo al moro, me subo a Europa y no me consigo encontrar.

Desde aquí, Siglo XX, yo te invoco, buscando una segunda oportunidad.
Trae a mi memoria tu humo, tus máquinas y tu sangre
para que la Luna de plata vuelva a brillar.
Jesús Torres

VISITANDO EL MUSEO DEL PRADO


A poco que cae la tarde y que empieza a anochecer, los personajes de las pinturas y las estatuas del Museo del Prado, se desperezan y sacuden. Durante el día entero, permanecieron inmóviles, dentro de sus marcos o encima de sus pedestales, para admiración y tranquilidad de los turistas. Nadie, ni el estudioso más avizor, pudo advertir alguna mudanza en sus actividades a menudo embarazosas, tan habituados están a cumplir con la plástica tarea que les asignó la imaginación de sus creadores. Entonces descabalga el feroz caballero y cesa la fuga, en los óleos de Sandro Botticelli; suelta Velázquez el pincel, y las Meninas se frotan los brazos entumecidos; aletean los ángeles del Beato, de Van der Weyden, de Memling, de Correggio, de Tiépolo, se echan a volar, y concluyen posándose en las cornisas, donde dialogan con los extraños pájaros del Bosco; bosteza la Maja Desnuda; el Duque de Mantua, harto de acariciar el perrito que le acoló Tiziano, le ordena de mal modo que lo deje en paz; el Caballero de la Mano al Pecho la baja, cierra los dedos helados, los masajea y hace crujir; el Carro de Heno se pone pesadamente en marcha; Gioconda suspende la cansada, difícil sonrisa; los muchachos griegos de mármol estiran las piernas, y el más inclinado reanuda su queja cotidiana de cuánto le duele la cabeza de Antinoo que le injertaron en el cuello; Justino de Nassau guarda la llave de la ciudad de Breda, que diariamente entrega a Spínola en la gran tela de Las Lanzas; en el Jardín de Rubens se desquitan del obligado mutismo, con un parloteo que cacareo parece, por la contribución de tantas opulentas señoras; los Niños Jesús españoles, flamencos, italianos, juegan en el piso; descienden de las nubes las Inmaculadas; arrojan al suelo los fusiles, los del Tres de Mayo, y sus víctimas comentan lo bien que, una vez más, han mimado su patético cuadro vivo ante el público; el Emperador… Felipe II… Felipe III… Felipe IV… ¿a qué continuar?… Así y así, de sala en sala, en las rotondas, en las escaleras, en las galerías, las escenas se reproducen, como en innúmeros teatrejos de maravillosa hermosura, donde los actores lían los bártulos y se aprestan, luego del espectáculo, a vivir la vida, la supuesta verdadera vida. Sólo los guardianes previstos recorren con paso cadencioso los ambientes del Museo, en el transcurso de las horas de cierre. Controlan los relojes; verifican la normalidad de las obras expuestas, revisan rincón tras rincón; charlan en voz mesurada. El palacio impresiona con su grandeza vacía y con la fama y majestad de sus moradores. No advierten los custodios en sus rondas la vibración secreta que estremece a la asamblea ilustre, ni captan sus leves ademanes, sus reclamos, murmurios y frufrúes, porque toda esa conmoción se desarrolla en un plano inaccesible a sus sensaciones, y cada personaje esculpido o pintado es como el fantasma o la proyección de sí mismo, y al desgajarse del sitio glorioso que ocupa y en el Catálogo lo encierra, deja en su lugar una imagen (la imagen de una imagen), un quieto reemplazante exacto que engañará pasajeramente los alcances de la humana vigilancia. Ciertas noches, el novelista ha gozado de un privilegio singular. Ignora a quién o a qué lo adeuda. ¿Será a los propios y astutos residentes del Museo del Prado? ¿Lo habrán escogido a él, extranjero, habitante amistoso de un remoto país, para transmisor del misterio de su vida oculta, para testigo de la existencia doble que bulle dentro de los muros del palacio de Juan de Villanueva, como se elige la complicidad de un confesor desconocido? ¿Lo deberá a la decisión de la Musa que abre puertas inverosímiles, la Musa que conduce a infranqueables regiones? ¿Habrá en el Museo un funcionario con autoridad y poderes sobrenaturales? El novelista repite que lo ignora. En el espacio de esas noches encantadas, ha dado fe, simultáneamente, de la noble inercia de las pinturas y esculturas, fijas en sus puestos, y de las andanzas de quienes, para los demás imperceptibles, fluyen de la sustancia de las obras maestras. Y como es su oficio, el novelista cuenta aquí lo que vio y oyó.

Manuel Mujica Láinez, Un novelista en el Museo del Prado

jueves, 29 de septiembre de 2016

MONÓLOGO DE GOYA


In Memorian
Antonio Buero Vallejo
(29 – 9 -1916 // 29 – 4 -2000)

A MARTILLAZOS

¡Llevo treinta años presenciando una comedia que no entiendo!... ¡Levanta! (Leocadia queda en pie, jadeando en el silencio. Duaso le pone a Goya una mano en el hombro y le insta a que atienda, luego escribe, sin sentarse.) No. Por nada tengo que pedir perdón. (Arrieta lo mira. Leocadía intenta atisbar lo que Duaso ha escrito. Goya va a apartarla.) ¡No metas tú la nariz! (Duaso lo detiene e indica con un gesto de aquiescencia que Leocadia puede leer también. Luego sigue escribiendo.) ¿Es un chiste? (Duaso lo mira, sorprendido.) ¿Pedir perdón por Ias faltas que él cree que hemos cometido, aunque no las haya? Que le arreglen otros Ias carambolas en su billar. Yo no pondré la cabeza junto al taco. (Duaso escribe.) Conforme. Siempre cometemos faltas. ¡Pero contra Dios! Perdón, el de Dios, no el del narices. (Duaso menea la cabeza con pesar. Arrieta traza rápidos signos de advertencia.) Gracias, doctor. No hay cuidado. ¡No me humillaré ante el rey! (Leocadia, se aparta consternada. Duaso escribe y Goya lee.) ¿Qué? (El pintor rompe a reír y pasea. Leocadia corre a la mesa para leer.) Conque el derecho divino, ¿eh, paisano? (Duaso asiente.) La sumisión a la autoridad real, aunque sea injusta, pues Dios ha dispuesto que los monarcas hereden por la sangre el mando de sus reinos. ¿Doctrina de la Iglesia? (Duaso lo mira fijamente, sin responder.) ¿Qué le parece, Arrieta? (Arrieta señala al padre Duaso, inhibiéndose.) Padre Duaso, usted no es un curita de aldea, sino un sabio lingüista a quien aguarda un sillón en la Academia. Usted no cree eso. (Duaso afirma con energía.) ¿Sí?... ¿ Y le consta si la sangre de nuestro amadísimo Fernando es la de su antecesor el rey Carlos? (Con los labios apretados, Duaso escribe.) ¡Pues yo sí me atrevo a pensar mal! (Nervioso, Duaso empieza a escribir.) Dé por cierto que nuestra Virgencica del Pilar no creyó en la virtud de la reina María Luisa. (Muy contrariado, Duaso arroja el lápiz y da unos pasos. Leocadia gesticula, rogándole que perdone al pintor su irreverencia, y mira a Goya con desesperación.) Perdone. No quise ofenderle. (Duaso lo mira con tristeza. Con un gesto, Duaso declara no entender. Goya se acerca, amigable, y le toma de un brazo.) Paisano, aunque quisiera humillarme ante el rey, no podría. Le desobedecería. (Duaso se detiene y lo mira extrañado. Arrieta se levanta.) En el 14, cuando cometimos la barbaridad de traer entre todos al “ deseado” , sí que volví a Palacio. ¿ Y sabe lo que me espetó? Primero, que yo merecía la horca... Y luego, con esa sonrisita suya..., me mandó que no me pusiera ante sus ojos mientras él no me llamara. (Duaso lo mira un segundo y corre a escribir, llevándolo de un brazo. Goya lee.) Se lo agradezco, pero no interceda. (Duaso escribe.) No, y ésa es mi desgracia. El puede hasta olvidarse de su deseo de que yo me humille, mientras lo espera. Y yo no puedo olvidar que estoy en sus manos, porque el disfavor real destruye a un vasallo aunque el rey no lo recuerde. Pero, agazapado en esta casa..., tal vez logre que no piense en mí. (Alarmada, Leocadia traza signos.) No ofendas al padre, mujer. Un baturro no vende a otro baturro. Por eso puedo decirle[a mi paisano lo que me entristece verle al servicio de tan mala causa. (Duaso escribe con el rostro nublado. Goya sigue hablando.) Cuando el país iba a revivir lo han adormecido a trancazos, a martillazos... (Duaso lo mira agudamente. Goya lee.) Cierto. También nosotros hemos sido muy brutos. Pero no era lo mismo. (Duaso escribe algo.) ¿Qué? (Duaso señala a lo escrito.) Pude igual decir... a garrotazos. (Duaso deniega y escribe. Goya lee y se aparta, sombrío.) Claro que sé quién fue don Matías Vinuesa. El cura de Tamajón. (Pasea. Duaso ío mira fijamente.) Un tontiloco empeñado en ensangrentar al país... Eso no me lo negará, aunque vistiese sotana como usted. (Duaso ha escrito entretanto y le señala el papel. Goya lee de mala gana.) [A qué lo pregunta? Lo sabe igual que yo. Eran días de peligro, asaltaron la cárcel y lo mataron. (Duaso escribe una sola palabra. Goya titubea.)... A golpes. (Duaso deniega. Una pausa. Goya baja la voz.) Lo mataron a martillazos. (Una pausa) ¡Pero yo no lo maté, ni tampoco seguí aquella horrible moda del bastón con el martillito en el puño! (Duaso escribe.) Sí, una moda liberal, pero... (Duaso escribe.) ¡Sí! Soy liberal. (Se miran) Es cierto. El crimen nos acompaña a todos. (Una pausa.) Queda por saber si hay causas justas. aunque ias acompañe el crimen. (Duaso lo mira.) Vaya trampa, ¿eh, paisano? Porque si me responde que el crimen borra toda justicia, entonces la causa a que usted sirve tampoco es justa. Y si me dice que sí las hay, tornaremos a disputar por cuál de las dos causas es la justa... Así. (Señala a la pintura.) Dios sabe por cuántos siglos todavía. (Se vuelve hacia el frente. Una pausa.) He pintado esa barbarie, padre, porque la he visto.


Y después he pintado ese perro solitario, que ya no entiende nada y se ha quedado sin amo... Usted ha visto la barbarie, pero sigue en la Corte, con su amo... Soy un perro que quiere pensar y no sabe. Pero, después de quebrarme los cascos, discurro que fue así: Hace muchos años alguien tomó a la fuerza lo que no era suyo. A martillazos. Y a aquellos martillazos respondieron otros, y a éstos, otros... Y así seguimos. Martillo en mano. (Duaso se dirige a la mesa. Leocadia le imp1ora en silencio. Duaso escribe. Sin acercarse. Goya habla.) No insista, padre. No volveré a Palacio . (Leocadia traza signos, suplicante.) Para salir a Francia es menester el permiso regio. No voy a cruzar los Pirineos como un matutero. (Leocadia señala a Duaso, indicando que el sacerdote lo podría conseguir. Goya deniega. Duaso escribe y le ruega que lea. Goya lo hace.) No, padre, Gracias, Pasaremos aquí la Nochebuena y nada sucederá. Con el nuevo año. decidiremos. ¡Pero antes, acabaré estas pinturas! (Duaso escribe y le toca un brazo. Goya lee y acusa repentina alegría.) ¿De veras vendrá la víspera de Nochebuena? (Duaso asiente, risueño.) ¿Y por qué no pasa esa bendita noche con nosotros? ¿Fh, Leocadia? (Leocadia disimula mal su contrariedad desde que ha comprendido que el padre. Duaso acepta la permanencia del pintor en la quinta.) ¡Habrá buenos turrones, y buen piñonate, y un vinillo de la tierra que es pura miél! ¡Y zambombas y panderos que rompen los vidrios!

Antonio Buero Vallejo, El Sueño de la Razón

jueves, 7 de abril de 2016

MITO


Los personajes de esta obra de teatro de Antonio Buero Vallejo son actores que representan una ópera sobre el Quijote. Uno de ellos, Eloy, que encarnaba a don Quijote en la ópera antes, piensa que los marcianos viven entre nosotros y nos observan, y Simón, que representa a Sancho, también cree en esa ilusión. Este hecho provoca las burlas de sus compañeros que les hacen creer en un momento determinado que montan en un platillo volante (un Clavileño modernizado). Igual que esta escena hay otras que recuerdan diversos momentos de la obra de Cervantes, como al final, cuando Eloy, al volver a la realidad y ayudar a un fugitivo de la policía, muere.

Francisco García Pavón en el prólogo de esta obra en la edición de Austral, escribió: “Un libro de Antonio Buero Vallejo para una ópera que no logró música que lo completase. Escrito en verso libre, a petición de  un prestigioso músico español, que tenía buenas perspectivas para estrenarlo en el extranjero, y convenía basarlo en un tema muy español y a la vez universal. Buero eligió la historia de don Quijote, pero injertándola en otro mito actual: el de los platillos volantes. Estamos ante una recreación quijotil. Queda evidente desde la primera escena, en la que unos actores -teatro en el teatro- interpretan los últimos momentos de la agonía de Alonso Quijano: "

VOZ l.ª 
¡El loco va a morir!
  VOZ 2.ª               
¡Se muere el loco!
VOZ 3.ª               
¡Triste es nuestro vivir!
VOZ 4.ª               
¡Somos bien poco!
VOZ 5.ª               
Deja tu espada y tu pena           
a mi orilla reposar.         
Yo soy el agua serena   
que tu sed quiere aplacar.         
 VOZ 4.ª              
¡El loco va a partir!
VOZ 3.ª               
¡Por él yo ruego!
VOZ 2.ª               
¡Cuerdo se halla al morir!
VOZ 1.ª               
¡Ya no está ciego!
LA SOBRINA      
¡Mi tío y señor se muere! ¡Se nos muere!         
EL AMA               
¡Mi señor Don Alonso morir quiere!     
CRIADO              
¡Don Quijote agoniza! ¡Dios lo ordena!
 CRIADA l.ª        
¡Nuestro Señor acoja su alma buena!  
CRIADA 2.ª        
¡Se muere!
EL AMA               
¡Mi señor!
LA SOBRINA.    
¡Ya se nos va!
BACHILLER         
Que no os oiga él llorar, por caridad.     
EL CURA             
Muy cierto es que está cuerdo y que se muere
Quijano el Bueno, porque Dios lo quiere.           
LA SOBRINA      
¡Buen Jesús!
EL AMA               
¡Mi señor, no coja frío!
LA SOBRINA      
¡Vuelva a arropar sus carnes, señor tío!              
 BARBERO          
Don Alonso, aún podría yo sangrarle    
y de aquesta flaqueza rescatarle.           
DON QUIJOTE  
No, buen barbero, no. Ya no estoy loco,             
y sé que me voy yendo poco a poco.    
 VOZ 5.ª              
El Caballero llegaba       
a la fontecica fría            
para aliviar su agonía    
y el agua no le saciaba.
EL CURA             
Alguna moza es, que no repara...           
DON QUIJOTE  
¡Si alguien en el Toboso así cantara...!  
Llamad a Sancho.
 SANCHO            
¡Padre y dueño mío!
DON QUIJOTE  
Sancho, perdóname tu desvarío.           
SANCHO             
Vuesa merced un buen consejo tome.
Vuesa merced no muera y se levante  
dejando esa tristeza que le come.         
Al campo nos iremos de pastores          
y a Doña Dulcinea cantaremos 
con el zurrón repleto de primores.        
DON QUIJOTE  
¡Ah, Sancho bueno, tu alma simple y pura         
aún quisiera soñar junto a la mía            
en una España llena de ventura!            
Despierta ya. Que en los nidos de antaño,         
Sancho infeliz..., no hay pájaros hogaño...         
 (Muere. Sollozando, todos se arrodillan y se santiguan.
La voz femenina termina la copla.)
 VOZ 5.ª              
El Caballero partió.        
La fontecica lloraba       
y de sollozar no acaba  
porque él ya nunca volvió...

PREMIO CERVANTES 1986

domingo, 28 de febrero de 2016

ESPAÑA SIGLO XX


Siglo XX.
Un recuerdo para no olvidar.
Siglo XX.
Un olvido aún tan presente.
El siglo de todo lo que mis ojos alcanzan a ver.
El siglo en el que todo lo que mis ojos alcanzan a ver pudo ser destruido.
Buscando tu Luna de plata me he perdido en ti.
Permíteme buscarte siempre que queramos saber de dónde venimos.
Siglo XX.
Permíteme visitarte siempre que queramos aprender de los errores cometidos.
Siglo XX.
Tan cercano y tan lejano.
Déjanos mirarte como quien busca el rostro perdido de un viejo amigo.

                Tras estas palabras, en el paraninfo de mi vieja facultad, se fueron apagando las luces y la sensación de magia y espectáculo, que había atrapado a nuestros alumnos.

                Antes, durante hora y media, el grupo Aedo nos ofreció ocho escenas de las más representativas de nuestro teatro del siglo XX (Valle, Lorca, Mihura, Buero, Sanchis Sinisterra, Alonso de Santos, Mayorga), con un telón de vídeos reales de archivo y del NO-DO de fondo.

                Un escenario desnudo. Sólo las palabras, los gestos, la luz y nuestra imaginación. No hacía falta nada más. Sólo tres actores en el escenario, recordándonos lo que se dice del teatro griego clásico que se representaba con tres actores y diferentes máscaras según el personaje.

                Jesús Torres y sus compañeros utilizaban la falta de luz para cambiar de personaje antes de iniciar el nuevo fragmento; mientras tanto, uno de ellos, en un aparte, nos introducía en la nueva corriente, en la nueva obra, sirviendo como nexo de unión entre todas ellas la melodía de Suspiros de España.

                Sorprendente y trágico ese poema de Vicente Aleixandre para representar el interludio de la guerra civil:

Bajo la luz de la luna se vieron
las hediondas aves de la muerte :
aviones, motores, buitres oscuros cuyo plumaje encierra
la destrucción de la carne que late,
la horrible muerte a pedazos que palpitan
y esa voz de las víctimas,
rota por las gargantas, que irrumpe en la ciudad como un gemido.

                Mis alumnos quedaron atrapados desde el primer momento con la borrachera agónica de
Max Extrella, y fueron descubriendo que muchas veces tras esa sonrisa se ocultaba una trágica ironía: la muerte de Carmela, o ese diálogo entre vecinos, por citar algún ejemplo.

                 Me sorprendió esa Comedia sin Título de Lorca, que no conocía,  pero que encierra gran parte de las ideas vanguardistas de su autor y su afán por acercar a toda la población el espectáculo teatral:

No he venido a recibir lecciones de moral ni a oír cosas desagradables (...) No estamos en el teatro. Ahí dentro hay un terrible aire de mentira, y los personajes de las comedias no dicen más que lo que pueden decir en alta voz delante de señoritas débiles, pero se callan su verdadera angustia. Por eso yo no quiero actores, sino hombres de carne y mujeres de carne, y el que no quiera oír que se tape los oídos.

                Un buen espectáculo, que esperamos poder repetir

martes, 2 de febrero de 2016

NOS VAMOS AL TEATRO

                A finales de mes, más o menos, nos vamos a Madrid, al teatro. A las funciones organizadas por la Fundación CRETA. La compañía: El Aedo Teatro. La obra: España Siglo XX.

Se trata de un viaje por la Historia de España, durante el siglo pasado a través de ocho escenas de las más representativas de nuestro teatro, con un telón de vídeos reales de archivo y del NO-DO de fondo.

Con Ramóm María del Valle-Inclán (Luces de Bohemia), veremos la decadencia y el pesimismo en el que estaba inmerso el país; Federico García Lorca (Bodas de Sangre) será el abanderado de las gentes del pueblo y de la tradición, pero también de las nuevas tendencias, sesgadas por la Guerra Civil. Y después de la Guerra, hay que olvidar con autores como Miguel Mihura (Tres Sombreros de Copa), y no olvidar con Antonio Buero Vallejo (Historia de una Escalera). Asistiremos al teatro de denuncia con Alfonso Sastre (Escuadra hacia la Muerte), llegando al teatro de las dos últimas decadas: José Sanchis Sinisterra (¡Ay, Carmela!), José Luis Alonso de Santos (Bajarse al Moro) y Juan Mayorga (Animales Nocturnos).

En definitiva, la Historia de España contada por el teatro.

domingo, 16 de noviembre de 2014

40 AÑOS DE LA TROYA

Esta semana el grupo de teatro La Troya, de Villarrobledo, ha cerrado el programa de actividades conmemorativas del 40 aniversario de su constitución.

Durante este mes de noviembre en el Claustro del Ayuntamiento de Villarrobledo hemos podido ver una exposición en la que se recoge cartelería, vestuario, programas de mano y otros muchos objetos pertenecientes a las cerca de 40 obras de teatro representadas.

En la inauguración de la exposición, el alcalde de la ciudad, Valentín Bueno Vargas, repasó la historia de esta agrupación recordando sus actuaciones  y comienzos en San Blas (con la representación de la obra: Retablo Jovial, de Alejandro Casona, o posteriormente de Jesucristo Superstar), en  los Jardinillos Municipales, el Gran Teatro y la Casa de la Cultura. Por su parte, Segundo Belmonte, el director del grupo agradeció la labor de todos los que han colaborado en un momento u otro de la trayectoria de la compañía teatral porque sin ellos nunca La Troya hubiera llegado hasta aquí.

Durante esta semana han estado representando la obra Hoy es Fiesta, de Antonio Buero Vallejo. El día 14, antes del inicio de la obra, Segundo Belmonte recibió un diploma de reconocimiento de parte de María Eugenia Moya, presidenta de la Federación de Grupos de Teatro de Aficionado de Castilla- La Mancha, quien afirmó que grupo La Troya ha sido un exponente de la cultura teatral en la región, teniendo en la misma un efecto multiplicador para los grupos de teatro de aficionados, y matizó que por ello la Federación de Grupos de Teatro de Aficionado de Castilla- La Mancha, reconocía públicamente su gran trayectoria.


Si quieres saber más sobre LOS INICIOS DEL GRUPO.