martes, 8 de enero de 2019

LA BALADA DE LOS UNICORNIOS



La Escuela de Artefactos y Oficios acoge a los jóvenes más brillantes. Son capaces de crear casas motorizadas, sombreros voladores y demás proezas.

En este steampunk victoriano, Ágata McLeod se dirige a la Escuela de Artefactos y Oficios con la intención de ver a su amigo León, que se encuentra enfermo. Le acompaña Tic-tac, un robot por el que obtendrá el nivel de Genio.

 Pero hay muchas cosas que Agatha desconoce de la institución... y de su pasado. La inventora tendrá que viajar al origen del mundo en una travesía repleta de aventuras y peligros.

Así conoceremos el enfrentamiento entre Wendy, la reina Albina y Cornelia, la tía de Agatha, que es la líder del Clan de las Corvidas y la directora de La Escuela de Artefactos y Oficios;  los asesinatos de Jack el destripador en Whitechapel; el Planeta de los Niños; la Ciudad de los Perros; el misterioso bosque donde vive escondido el ermitaño….

Fantasía y ciencia se mezclan en una lucha sin cuartel que enfrenta a cuervos y unicornios.

La protagonista va avanzando por este mundo de fantasía encontrando a los personajes peculiares, que pueblan este universo, en un viaje iniciático. Con esta historia, Ledicia Costas acerca a un público infantil un mundo, que en un principio es de más adultos; lo logra plenamente. A ello también contribuye que la trama se nos va contando desde diferentes puntos de vista, acercándonos a la eterna lucha del bien y del mal. La historia está acompañadas por las ilustraciones de Mónica Armiño.

PREMIO LAZARILLO DE CREACIÓN LITERARIA, 2017

lunes, 7 de enero de 2019

VIRGINIA WOOLF



Había una vez una niña que vivía en Londres y que creó su propio periódico sobre su familia. Esa niñita se llamaba Virginia.

Virginia era ingeniosa, culta y muy sensible. Siempre que algo malo pasaba, se sentía sumamente triste durante semanas. Cuando estaba contenta, era la niña más alegre del planeta.

«Vivo intensamente», escribió Virginia en su diario.

Virginia padecía una enfermedad llamada depresión, y los cambios de humor la afectaron siempre. Sin embargo, sin importar su estado de ánimo, siempre escribía. Llevaba un diario y escribía poemas, novelas y reseñas. Escribir le permitía ver sus propios sentimientos con más claridad y de ese modo alumbrar las emociones humanas en general.

Había alguien a quien Virginia amaba tanto como la escritura: a su esposo Leonard.

Virginia y Leonard eran inmensamente felices juntos y se amaban con locura, pero a veces la depresión de Virginia le hacía difícil sentir alegría. En ese tiempo, no había tratamientos efectivos para la depresión, además de que mucha gente no creía que fuera real.

Hoy en día, la depresión tiene tratamiento. Ya sea que estés feliz, triste o algo intermedio, siempre es buena idea registrar tu estado de ánimo en un diario. Podrías convertirte en una gran escritora como Virginia y ayudar a otras personas a entender sus emociones y a llevar vidas llenas de sueños.

Elena Favilli y Francesca Cavallo, Cuentos de Buenas Noches para Niñas Rebeldes

domingo, 6 de enero de 2019

LA TRAVESÍA DE LOS REYES MAGOS



Pasamos mucho frío en el camino,
la época del año más difícil
para emprender un viaje, y más uno tan largo:
los caminos cubiertos de nieve, el tiempo gélido,
el momento más crudo del invierno”.
Los camellos estaban irritados, con las patas deshechas;
se negaban a andar, echándose en la nieve
que empezaba a fundirse. A veces extrañábamos
nuestros palacios de verano en las laderas, las terrazas
y las muchachas suaves como seda que nos traían sorbetes.
Después los camelleros comenzaron a gruñir y a quejarse,
y a irse, y a exigir su alcohol y sus mujeres;
y luego no podíamos mantener las fogatas encendidas de noche,
faltaban los refugios en donde cobijarse,
y las ciudades eran hostiles y los pueblos poco hospitalarios,
y las aldeas sucias y los precios
que nos pedían en ellas muy exagerados:
pasamos una dura travesía.
Al final, preferíamos viajar toda la noche,
durmiendo a ratos, mientras al oído
nos cantaban las voces que decían
que todo aquello era una locura.

Luego, al alba, bajamos hasta un valle templado,
húmedo, por debajo de la línea de nieve, donde ya se sentía
el olor de los árboles, y había un arroyuelo y un molino
que agitaba las aspas cortando la tiniebla,
y contra el cielo bajo había tres árboles.
Y vimos a un caballo blanco, viejo,
alejarse al galope por el prado.
Después llegamos hasta una taberna
que tenía unas hojas de parra en el dintel;
junto a la puerta abierta, seis manos suplicantes
hacían tintinear moneditas de plata,
al tiempo que unos pies daban patadas a los odres vacíos.
Pero nadie nos supo brindar información, así que continuamos
hasta llegar, de noche –y ni un momento antes–,
al lugar indicado; se podría decir que era satisfactorio.

Todo esto fue hace mucho tiempo, según recuerdo,
y lo haría otra vez, pero quiero dejar esto asentado:
¿nos embarcamos en tamaña travesía para ver
un Nacimiento o una Muerte? Hubo
un Nacimiento, sí. Tuvimos prueba de ello
y no quedaron dudas. Yo había visto antes
nacimientos y muertes, pero entonces
me habían parecido diferentes;
para nosotros este Nacimiento
fue como una agonía amarga y dolorosa,
como la Muerte, nuestra muerte. Luego
marchamos de regreso a estos Reinos, nuestras tierras,
pero nunca volvimos a sentirnos
a gusto con el orden de las cosas,
entre una gente extraña aferrada a sus dioses.
Me sentiría dichoso de encontrar otra muerte.
T. S. Elliot

viernes, 4 de enero de 2019

LA EVOLUCIÓN DE CALPURNIA TATE


Enviado por Andrea:

Calpurnia Virginia Tate tiene casi doce años y vive con su próspera y extensa familia en la plantación que ésta posee en el sur de Texas, una vasta extensión de cultivos, bosques y ríos que resulta ser el territorio ideal para la actividad favorita de la niña: la observación de todo bicho viviente que se mueva, ande, salte, se arrastre o vuele. Calpurnia se entera de que un tal Charles Darwin ha publicado un libro que trata de eso que tanto le apasiona: la observación de los animales en su medio, y decide pedir la obra en la biblioteca de la ciudad. Pero regresa sin ella, y sin comprender tampoco por qué la bibliotecaria la ha echado de malos modos.

Un buen día, sin embargo, la pequeña mantiene una conversación con su abuelo, al que hasta entonces apenas había osado dirigirse, y descubre que éste es un naturalista aficionado, que hace experimentos en su laboratorio, que posee un ejemplar de La evolución de las especies, y que incluso se cartea con el mismísimo señor Darwin… Pero estamos en 1899, y la madre de Calpurnia no es muy de la opinión de que su hija se pase el día dando tumbos por el campo con un tipo raro como el abuelo, en vez de dedicarse a actividades más adecuadas para una muchacha decente de su edad, como aprender a cocinar y a tejer como Dios manda.

Apoyándose en El origen de las especies de Darwin y en los descubrimientos de Calpurnia, Jacqueline Kelly nos muestra la evolución de Calpurnia Virginia Tate, y cómo cambia su vida cuando su abuelo le abre las puertas al conocimiento y la razón.

La evolución de Calpurnia Tate es uno de esos libros para todos los públicos, que puede gustar a toda la familia. Tanto la escritura como la ambientación son maravillosas; Jacqueline Kelly consigue que el mundo de Calpurnia nos envuelva, no sólo a través de descripciones, sino también con el lenguaje que emplea en los diálogos y con los pequeños acontecimientos que llenan la vida de la protagonista. Un libro delicioso, que se apoya más en los personajes que en el argumento, y que aun así logra captar la atención del lector en todo momento.

jueves, 3 de enero de 2019

DEL DIARIO SECRETO DE GALENO


Mi nombre es Elio Galeno, educado en Pérgamo y Alejandría. He sido el médico de la familia imperial de Roma durante años y he asistido como testigo a numerosos acontecimientos notables en mi larga vida. Así, a modo de ejemplo, puedo mencionar que he presenciado la caída de una estirpe de emperadores y el ascenso de otra. También he acompañado a las legiones de Roma a varias campañas contra los bárbaros, ya fuera en el norte, más allá del Rin o el Danubio, o en las remotas tierras de Oriente. He visto dos cruentas guerras civiles, mucha sangre derramada en combates en los anfiteatros de medio mundo y en infinidad de campos de batalla. Por fin, seguramente la más terrible de mis experiencias, he asistido a los devastadores efectos de la peste. Muchos son, pues, los sucesos de renombre que he presenciado en mi existencia. Entiendo que los historiadores oficiales del Imperio y otros que se ocupan del recuerdo de lo que acontece en la existencia de los hombres tomarán debida cuenta de cada uno de estos eventos, quedando, de ese modo, todos ellos convenientemente reflejados por escrito para la posteridad. Pero siempre me asalta una duda: ¿y Julia? ¿Se acordará alguien de su historia? En solo diez años pasó de ser una desconocida adolescente de la ciudad de Emesa2 en su Siria natal a la augusta emperatriz de Roma en lo que supone un deslumbrante cursus honorum sin parangón.

En mi caso, por gratitud y por justicia, me he asignado un cometido inaudito en mi persona: he decidido contar su historia desde el principio, al menos, desde el momento en el que Julia Domna llegó a Roma. Pero en mí no habita ni el sentimiento ni la pericia de las palabras de un poeta ni de un autor de teatro popular y, aunque he escrito mucho, siempre han sido tratados de medicina, de plantas y pócimas, de anatomía, de enfermedades y tratamientos. Huelga decir que esta circunstancia me situaba ante un problema nunca antes considerado por mi intelecto: ¿cómo se cuenta la historia de una persona? ¿En qué orden? ¿En una sucesión cronológica de acontecimientos u organizando estos según temáticas afines?

Esto es algo nuevo para mí y confieso que me he sentido perdido durante meses en este punto.

Es complejo decidir cómo se va a contar una historia. Esto es, si se quiere hacer bien, tal y como se deben acometer todos los empeños en los que uno se embarca. Lo que implica, en el caso que nos ocupa, evitar ser uno de esos que se aventuran al relato sin antes considerar bien cómo organizar las ideas. Si uno va a ser proclive a semejante desatino entonces es mejor que ni tan siquiera empiece la empresa. Por eso he dedicado tiempo, esfuerzo e ingenio a pensar sobre esta cuestión: ¿cómo contar la historia de Julia Domna, la emperatriz más poderosa de Roma?

Estuve ponderando acerca de qué elementos o rasgos definen a una persona: unos dicen que su carácter, que tan relacionado está con los humores y su salud, pero estas características técnicas son las que nos interesan a los médicos. Yo no escribo ahora esta historia para otros cirujanos. A ellos les dejo mis manuales y tratados del arte de Asclepio, detallados y extensos. Limitados también. Solo yo sé cuánto me duele eso, mas empiezo a dispersarme. Luego volveré sobre este punto, sobre las fronteras impuestas a mi medicina, sobre la ceguera de conocimiento en la que me han obligado a trabajar.

Pero volvamos a Julia.

¿Qué define a una persona además de su carácter y sus humores? Sus amigos, aquellos a quienes uno considera merecedores de ser depositarios de su confianza. A la luz de las amistades de las que alguien se rodea a lo largo de su vida se puede entrever con claridad qué tipo de persona es la que está en el centro de ese núcleo. Aristóteles ya hablaba de esto, pero también advertía de que las amistades que surgen del interés no son realmente tales, pues en esas circunstancias lo que promueve nuestro acercamiento a la otra persona es conseguir algo, por lo general un beneficio. De esta forma, en el caso de una emperatriz tan poderosa como la augusta Julia, si bien podemos encontrar alrededor de ella un círculo cercano de amistades, en el que yo mismo me incluyo, cabe también preguntarse: ¿quién de nosotros se ha acercado a la emperatriz solo por auténtica amistad sin perseguir un privilegio, un regalo, una ayuda? Hasta yo mismo me aproximé a ella en un inicio para obtener cosas que anhelaba. Luego aprendí a respetarla e incluso a sentir admiración, pero ¿es esa una relación de amistad?

Emperatriz y poder. Eso me dio finalmente la clave para poner en marcha mi narración y articular mi discurso de forma coherente: es muy complejo discernir los amigos auténticos de alguien poderoso, pero es mucho más sencillo, y me atrevo a decir que hasta más objetivo, determinar quiénes fueron sus enemigos. Resulta, por cierto, indiscutible que la emperatriz Julia Domna tuvo enemigos formidables, oponentes mortíferos, y comprender quiénes fueron puede hacernos entender con precisión quién, en verdad, fue la persona a la que tanto mal intentaron hacer estos. En consecuencia, ante la incapacidad de definir bien a los amigos reales de la emperatriz, he decidido narrar su historia organizándola en cinco secciones, en cinco libros de acuerdo con los cinco grandes enemigos a los que se ha enfrentado la augusta Julia hasta ahora: nada más y nada menos que cinco emperadores de Roma. Es un listado imponente que creo que puede trasladar al lector de este relato la dimensión de la personalidad de Julia. La augusta nunca se arredró ante nadie.

Eso siempre me admiró de ella.

Pero vayamos al principio

Santiago Posteguillo, Yo, Julia
PREMIO PLANETA 2018               

miércoles, 2 de enero de 2019

TORMENTA DE NIEVE Y AROMA DE ALMENDRAS


En este libro de Camilla Läckberg descubrimos el municipio sueco de Fjällbacka y a los protagonistas de la serie desde otra perspectiva. En él podemos leer una novela corta, que es la que da el título al volumen, y cuatro relatos, en los que nos encontramos con misterios al estilo de los grandes clásicos del género con los elementos más representativos de la autora. En todos ellos se mezcla la trama policíaca y thriller junto con un toque algo cómico y con moraleja.

Este volumen se publicó en 2013 para celebrar el décimo aniversario de la serie que ha llevado a la fama a su autora. Todos las historias suceden en Fjällbacka, y la principal diferencia es que la novela corta está protagonizada por Martin Molin, el compañero de Patrick.

En los cuatro relatos cortos nos narra acontecimientos que tienen que ver con algún crimen y con la venganza. Ellos son Un día de perros (la historia de Sixten, que sufre los insultos de sus compañeros de instituto), Una muerte elegante (una historia familiar con muerte y dinero por medio), El Café de las Viudas (donde van mujeres carentes de cariño y maltratadas) y Soñar con Elisabeth (un matrimonio realiza un viaje en un velero y la mujer piensa que va a ser asesinada).

Tormenta de nieve y aroma de almendras, la novela corta se enmarca dentro de los cánones de la novela policiaca clásica inglesa: un asesinato en un lugar cerrado, trama parecida a La Ratonera de Agatha Christie.

Falta menos de una semana para Navidad. Martin Molin, el joven policía ayudante de Patrik Hedström, viaja a una isla cercana a la costa de Fjällbacka para pasar las fiestas navideñas con la adinerada familia de su novia, Lisette. Nada más comenzar la cena la atmósfera de vuelve densa tras las incómodas preguntas del abuelo al resto de la familia; entre ataques y reproches les pregunta a todos por sus negocios y planes. En plena cena el abuelo sufre un ataque y cae fulminado sobre el plato. Martin toma las riendas de la situación y no tarda en darse cuenta de que no ha sido una muerte casual; ha sido envenenado. Y para terminar de complicar las cosas, la tormenta de nieve les obligará a permanecer encerrados en la casa al menos el fin de semana.

martes, 1 de enero de 2019

AÑO NUEVO



No quedan años nuevos, cariño, vienen todos usados, nos llegan como envejecidos, como vividos ya por otros, por las circunstancias (tú y yo mismos somos circunstanciales de lugar, de modo, de tiempo). Cada año nuevo que nos venden tiene un desconchón en la chapa, el motor le suena raro, lo han manoseado antes los otros y ahora nos lo pasan sucio de sus dedos. ¿Cuántos siglos llevamos así, amor, consumiendo tiempo frío de tupperware? Los años empiezan cuando más frío hace. Nos hemos puesto a contar aquí en medio de la nieve. Unamuno diría: aquí en medio de la muerte; pero, corazón, ya sabes la manía que le tengo a Unamuno, a las levitas, a las barbas tiesas, a las camas pequeñas (¿viste la suya en Salamanca?, a ese tío le daba miedo morirse en la cama, por eso cogió la más pequeña que encontró). Todos los años empiezan en invierno con viento helado en medio de la noche, con nieve en los caminos, con árboles pelados, con grajos que aletean chillando de hambre, aunque aquí sólo haya pisos y un cielo claro de fábricas cerradas, y el calor de nuestros corazones proceda de la última combustión espontánea. ¿Cómo no va a ser circular el tiempo si la Tierra es redonda? Un año va de invierno a invierno igual que nuestras almas van de infierno a infierno. ¿Cómo va a dejar de ser invierno todo el tiempo si el año que de verdad tiene que llegar no lo hace nunca? Así vivimos desde la Edad Media, esperando algo realmente nuevo, un fin del mundo que nos salve. Se plantó aquel invierno medieval, el de las iluminaciones de los libros de horas, y desde entonces sus hielos no se han deshecho. Por eso ningún invierno hay más verdadero que los que se ven en las pinturas de los siglos XIII, XIV, porque nunca más ha habido nuevos inviernos. Ni nuevos años. Atrapados, vida mía, en aquellos carros sin tiro vueltos sobre la tierra, en aquellos hombres y mujeres de los bosques, de las piedras, de los haces de leña. Atrapado en los discos de Bola de Nieve, en su piano donde cada tecla era una rosa dentro de un vaso de whisky. Cada año que llega, drume negrita, viene otra vez con todo eso. Todos estos años (¿cuántos van?, ¿cerca de mil?) han sido pacientemente, esmeradamente tallados por aquellos artesanos que murieron de peste en el siglo de las pestes. Yo los voy guardando en una cajita de marfil, con cuatro cartas de no sé quién y una china en papel de plata que se quedó como recuerdo. Joder, tía, no sabes los años que tengo.

Javier Pérez Andujar, Diccionario Enciclopédico de la Vieja Escuela