Dirigido tanto a alumnos de Secundaria (que pueden encontrar reseñas -algunas hechas por ellos- y fragmentos de libros, o cuentos y poemas) como a padres (incidiendo en diversos aspectos sobre bibliotecas o animación a la lectura).
viernes, 18 de diciembre de 2015
jueves, 17 de diciembre de 2015
LA CASA DE LOS RATONES
Sam y Julia son los mejores amigos del mundo. Julia es
supercuriosa y testaruda, mientras que Sam es supertímido y obediente, pero los
dos forman una pareja de ratoncitos muy especial. Y con estos dos simpáricos
ratoncitos nos adentramos en el mundo en miniatura de la Casa de los Ratones,
una casa que no se parece a ninguna otra. Viven en una casa con más de cien
habitaciones donde cada día hay cosas nuevas por descubrir.
Acompáñalos a un escondite secreto, a dar la bienvenida a un ratón
encantador al que llaman «el trapero» y a hacer deliciosas tortitas. Visitarán
la mejor pastelería del mundo y una tienda donde venden de todo, y encontrarán
una cajita de madera llena de tesoros. Y —¡oh, no!— tendrán que enfrentarse a
una terrible y espeluznante rata. Los días pasan volando en esta casa tan
singular.
Las historias que nos cuenta su autora son
cotidianas: hablan de
las cosas que les ocurren, de cómo juegan, de dónde se esconden. En general
duran una página nada más, así que se leen muy fácil lo que les hace atractivas
para los niños. Cada historia puede seguirse con las sorprendentes fotografías
a todo color y de gran tamaño que recrean los diferentes escenarios.
La artista Karina Schaapman dedicó años a
construir y decorar la Casa de los Ratones, escenario de este álbum infantil
tan especial. La preciosa casita está fabricada con cajas y cartón piedra, con
telas antiguas y toda clase de materiales reciclados (cerillas, botones,
tapones de botella...). Tiene más de cien habitaciones, pasillos y espacios
exteriores para explorar, cuidando hasta el menor detalle. Los ratoncitos que
la habitan también han sido diseñados y creados por Karina. Los cuentos de Sam
y Julia fueron surgiendo como por arte de magia mientras construía la casa, que
mide casi dos metros de ancho y tres metros de alto, y actualmente se exhibe
como una obra de arte en la Biblioteca Central de Amsterdam
martes, 15 de diciembre de 2015
CUENTO DE NAVIDAD, DE JOSÉ MARÍA MERINO
En el cielo del amanecer brillaba con fuerza aquel insólito lucero
que la gente común contemplaba con asombro, pero el capitán sabía que era uno
de los satélites de comunicaciones que permitirían a su ejército mantener la
supremacía en aquella guerra interminable.
-Mi capitán –transmitió el cabo-. Aquí sólo hay varios civiles
refugiaos, unos pastores que han perdido el rebaño por el impacto de un obús y
una mujer a punto de dar a luz.
El capitán, desde la torreta del carro, observaba el establo con
los prismáticos.
-Registradlo todo con cuidado.
-Mi capitán –transmitió otra vez el cabo-, también hay un
perturbado, vestido con una túnica blanca, que dice que va a nacer un salvador
y otras cosas raras.
-A ese me lo traéis bien sujeto.
-Mi capitán –añadió el cabo, con la voz alterada-, la mujer se ha
puesto de parto.
-Bienvenido al infierno –murmuró el capitán, con lástima.
A la luz del alba, aparecieron en la loma cercana las figuras de
tres camellos cargados de bultos y el capitán los observaba acercarse,
indeciso.
-Abrid fuego –ordenó al fin-. No quiero sorpresas.
José María
Merino
lunes, 14 de diciembre de 2015
UNA VISITA DE SAN NICOLÁS
Este poema fue publicado
anónimamente por primera vez el 23 de diciembre de 1823. Es responsable
de la imagen que se tiene de Papá Noel (o san Nicolás o Santa Claus) desde
mediados del siglo XIX hasta la actualidad. En él se describe su aspecto
físico, su vestido rojo, la noche de su visita, el trineo que utiliza, el número y nombre de los
renos y el dejar los regalos en las medias o calctines.
Era
la noche de Navidad, un poco antes de las doce,
A
la hora en que todo está en calma, hasta los ratones.
Habíamos
colgado nuestras medias en la chimenea,
Para
que San Nicolás las encontrara cuando llegara.
Acurrucados
y abrigados bajo las sábanas,
Los
niños, juiciosos, estaban durmiéndose.
Mi
mamá y yo, con nuestra ropa de dormir,
Acabábamos
de apagar la vela,
Cuando
afuera, un ruido de campana,
Me
hizo salir rápidamente de la cama.
Fugaz
como una flecha hacia la ventana,
Escruté
la inmensidad del cielo estrellado.
Sobre
la nieve, la luna brillante,
Iluminaba
la noche como si fuese el día.
Abrí
mis ojos, y aparecieron a lo lejos
Un
trineo y ocho renos no más grandes que una mano,
Dirigidos
por un pequeño y alegre personaje:
Era
San Nicolás, yo lo sabía.
Sus
corceles volaban como si tuvieran alas.
Y
les cantaba, con el fin de animarlos:
«
¡Vamos, Tornado! ¡Vamos, Bailarín! ¡Vamos, Furia y Vestido!
¡En
Cometa y Cupido! ¡Vamos Relámpago y Trueno!
¡Directo
a ese porche, hacia ese muro!
¡Vamos,
vamos, mis amigos! ¡Al triple galope!”.
Similares
a las hojas muertas, llevadas por el viento,
Que
suben hacia el cielo para superar los obstáculos,
Los
renos volaron hasta mi cabeza,
Con
el trineo, los juguetes y San Nicolás.
Poco
después oí sobre el techo resonar algo,
El
pisoteo fogoso de sus pequeños zuecos,
La
ventana estaba cerrada, y me volteé
En
el preciso momento en que San Nicolás salía de la chimenea.
Su
abrigo de piel, sus botas y su gorro
Estaban
un poco sucios por la ceniza y el hollín.
Sobre
su hombro, un saco lleno de juguetes
Le
daba la apariencia de un extraño vendedor.
Tenía
los cachetes rosados, unos hoyuelos encantadores,
Una
nariz como una cereza y unos ojos brillantes.
Una
boca pequeña que sonreía todo el tiempo,
Y
una barba larga de un blanco muy puro.
De
su pipa iluminada y atrancada entre sus dientes,
Subían
en torbellino volutas de humo.
Tenía
el rostro alegre, y su vientre redondo
Saltaba
cuando reía, como un pequeño balón.
Era
tan regordete, tan cachetón, este travieso duende,
Que
no pude aguantar la risa, ni tapándome con la mano.
Pero
con un guiño de ojo y una señal de la cabeza,
Me
hizo comprender que yo no corría ningún peligro.
Luego
sin decir una palabra, pues él tenía afán,
Se
apresuró a llenar las medias, hasta el fondo,
Y
se despidió poniéndose el dedo en la punta de la nariz,
Antes
de desaparecer en la chimenea.
Oí
el silbido de su tripulación,
Juntos
se fueron como una pluma en el viento.
Antes
de desaparecer, San Nicolás gritó:
“Feliz
Navidad y feliz Noche Buena para todos”
Clement C.
Moore
domingo, 13 de diciembre de 2015
LA MÁSCARA ROBADA
Enviado por José María:
Reuben Wray, actor retirado de los escenarios, es un fanático del
estudio de las obras de Shakespeare que se gana la vida dando lecciones de
oratoria.
Al llegar a un nuevo hogar con su familia en Tidbury-on-the-Marsh,
Reuben atrae la atención de algunos de los habitantes del lugar a causa de una
caja de caudales que ven bajo su capa cuando llega a su nueva casa. La gente
del pueblo supone que Wray y su familia son ricos, sin embargo, la caja
contiene solo «la máscara robada», una réplica de yeso del busto de Shakespeare
que se encuentra en la iglesia de Stratford-upon-Avon, lugar del que la familia
ha tenido que huir precepitadamente, máscara que para Wray vale más que
cualquier tesoro.
El secreto de la máscara conducirá al viejo actor y a su familia a
un desenlace totalmente inesperado para ellos durante la víspera de las
Navidades.
Inspirado por el éxito de obras como Cuento de Navidad, de su
amigo Charles Dickens, Wilkie Collins, con su habitual
ironía, decidió publicar La máscara robada, en diciembre de 1851, para regalar
a sus lectores su particular y diferente cuento de Navidad lleno de misterio e
intriga.
El libro presenta una mezcla de géneros: el homenaje a William
Shakespeare, el cuento de navidad victoriano, el relato policíaco.
Toda la trama descansa en tres sencillos personajes: Reuben Wray,
un actor sin talento que a sus sesenta años ha de dar clases de oratoria; Martin
Blunt, solo tuvo una gran experiencia en el escenario y con ella se ganó el
sobrenombre de Julio César; Annie; la hija de Wray, de quien se tiene que ocupar.
Wilkie Collins emplea una prosa
muy estilizada, diálogos muy vivos, con cierta ironía y algunos guiños o
llamadas de atención al lector a través de los cuales se dirige directamente a
él o incluso propone sus propias ideas sobre la historia como si esta tuviese
una entidad propia y él fuera un mero narrador que nos la hace llegar. Crea
tensión en el lector a través de las descripciones tanto de acciones como de
los escenarios en que se desarrolla e infundir la intriga.
LLEGA LA NAVIDAD
Se acabaron los exámenes
y, en algunos casos, también las evaluaciones.
Tiempo de descanso.
Tiempo de reflexiones
.
Tiempo de ilusiones.
Tiempo de sueños, cumplidos y sin cumplir.
Tiempo de compartir.
Os dejo con el anuncio de la loteria de Navidad.
No es por Hacer propaganda. Pero me encanta esa historia, y su protágonista,
Justino, me recuerda a algunos viejos amigos y conocidos que echo de menos.
jueves, 10 de diciembre de 2015
A MÍ, REGALAME UN LIBRO
Quiero que me
regales un libro porque me meto en él y me quedo horas recorriendo otro mundo o
conociendo éste.
Quiero que me
regales un libro porque regalar un libro es dar un mensaje, es ayudarme a
vivir, a darme un rato pasional o divertido, o ayudarme a que aprenda algo, a
cocinar, a pensar, a vivir.
Quiero que me
regales un libro porque sé que me quieres y quieres lo mejor para mí, porque si
me regalas un libro crezco, porque un libro me muestra cosas que no sé.
Quiero que me
regales un libro porque, si me regalas un libro, sé que quieres la persona que
soy por dentro, la que soy cuando está sola.
Quiero que me
regales un libro porque hay libros hermosos y cuando lo lea voy a pensar en ti
y sentir que estás conmigo.
Quiero que me
regales un libro porque, aunque no es un regalo caro, es el regalo que trae
más.
Quiero que me
ayudes a leer, a recuperar la costumbre o conquistarla por primera vez.
Quiero que me
tientes con un libro que se te ocurra que me va a venir bien, que me va a
interesar.
Quiero que me
regales un libro porque un libro es como una persona, que te cuenta algo, que
te ensaña cosas, que te entretiene, que te hace fantasear.
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