viernes, 8 de enero de 2016

¡VAYA IMAGINACIÓN!

El fuego lamía la forja con avidez. Su piedra negra, extraída de montañas sometidas con artes arcanas olvidadas hace mucho, estaba envestida de un infierno rojo, intenso, tan vivo que no se recordaba nada parecido desde los años de la formación del Reino, cuando los volcanes lo dominaban todo. Mirarlo directamente suponía quedarse ciego.

Glaurung, la Espada de Espadas, la más poderosa y bella obra de artesanía que ningún herrero hubiera forjado jamás, yacía en medio de aquel fuego abrasador, furibundo y ancestral. Sus bordes encendidos centelleaban como las ascuas que alimentan el corazón de las estrellas. A su lado, Trøndlag, con el martillo que le regalaran los dioses cientos de años atrás, estudiaba las delicadas líneas que conformaban su hoja. Había que dedicar un tiempo de reflexión antes de cada golpe, y aunque percibía que el final estaba cerca y la ansiedad empezaba a morderle, se esforzaba por no apresurarse. Cada golpe requería su tiempo. Un solo error, un golpe demasiado fuerte, demasiado débil, o desde el ángulo equivocado, podía arruinar la estructura de la espada de una manera irremediable y dar al traste con el trabajo de años.

Decidió entonces que la Espada de Espadas necesitaba tan solo un par de golpes más. Uno más fuerte, desde la izquierda, y otro golpe final, calculado con sumo cuidado, a tres cuartas de la punta. Entonces la espada estaría alineada. Después de diez largos años, Glaurung estaría por fin lista para ser blandida y entregarse a su destino.

Trøndlag levantó el martillo de ébano por encima de su cabeza. Un agujero en el techo, encima de él, dejaba entrar unos rayos de luna plateados, encendidos, que pendían en el aire como una suerte de cascada congelada. Bañaron la superficie del mazo y los surcos redondeados que lo recorrían refulgieron por un instante, como si los canales se hubieran llenado de oro pálido de una pureza desconocida para el ojo humano. Luego, golpeó.

La hoja de la Espada emitió un sonido vibrante, casi inaudible, como el de un diapasón. Trøndlag escuchó ese sonido y se quedó congelado por unos instantes. Luego, retiró con suavidad el martillo de su superficie y admiró el brillo y la uniformidad de la hoja, tan delicada en apariencia como terrible en su capacidad. Abrió poco a poco sus ojos hundidos y grises y, de pronto, lo supo: su obra estaba lista. No hacía falta ningún golpe más. Ciento veinte lunas de meticuloso trabajo, y había terminado. Por fin.

Con la mano firme del artesano que sabe a ciencia cierta que ha hecho un buen trabajo, Trøndlag asió la Espada y la sumergió en agua. El vapor ascendió a toda velocidad con un sonido atronador, y llenó la cámara por unos breves instantes. Cuando la cálida neblina desapareció, el herrero colocó la espada bajo los rayos de luna y estudió la artesanía Era preciosa, inmaculada, única. Devolvía un reflejo perfecto, sin ondulaciones ni deformidades. Era, a fin de cuentas, perfecta: Ninguna criatura sobre la faz de la tierra, ningún metal, sortilegio o maldición conocida, podrían quebrar su hoja. Jamás.

Pero entonces ocurrió algo. La cámara se estremeció con una sacudida tan violenta como inesperada, y unas grietas profundas surgieron del suelo para recorrer, presurosas, las paredes rocosas. Unos trozos de roca cayeron del techo y se estrellaron contra el piso. El contenedor con el agua que Trøndlag había recogido con gran paciencia del rocío nocturno se desmoronó, y el preciado elemento se escurrió lánguidamente por todas partes, llegó al fuego de la forja y se esfumó como si nunca hubiera existido. En la piedra vencida se abrió una oquedad oscura de donde surgió una figura alta y delgada, adornada con mil abalorios de hueso y hierro que recorrían su cuerpo escuálido y casi desnudo. Sus ojos resplandecían iracundos tras una máscara de piedra que era a la vez su emblema y su fuente de poder: El Signo del Nigromante.

—Te conozco —masculló Trøndlag— Eres el Nigromante Bajo la Colina, Señor del Túmulo Sombrío…

El Nigromante avanzó un par de pasos. Sus pies, entablillados por decenas de minúsculos huesos, evaporaban los charcos. Rodeado de una suerte de aura preñada de una oscuridad insoportable a la vista, levantó los brazos y ladeó la cabeza.

Trøndlag lo miró con odio. El fuego de sus ojos arrojaba pequeños destellos de un rojo carmesí. Por fin, le señaló con un dedo huesudo y vociferó:

—¡NILS, A CENAR!

Nils arrugó la nariz. Sostenía un par de viejísimos muñecos en las mano a los que manejaba con entusiasmo en el interior de una vieja caja de zapatos. Uno de ellos tenía atado un diminuto martillo en la mano, y en la otra portaba un pequeño clavo, alargado y puntiagudo. Un pequeño recipiente volcado tenía aún restos de agua, al lado de unos algodones pintados de rojo y amarillo.

Carlos Sisi, Troll 

jueves, 7 de enero de 2016

TUSITALA A UN COMPRADOR INDECISO


Si los cuentos que narran los marinos,
Hablando de temporales y aventuras, de sus amores y sus odios,
De barcos, islas, perdidos Robinsones
Y bucaneros y enterrados tesoros,
Y todas las viejas historias, contadas una vez más
De la misma forma que siempre se contaron,
Encantan todavía, como hicieron conmigo,
A los sensatos jóvenes de hoy:
-¿Qué más pedir? Pero si ya no fuera así,
Si tan graves jóvenes hubieran perdido
La maravilla del viejo gusto
Por ir con Kingston o con el valiente Ballantyne,
O con Cooper y atravesar bosques y mares:
Bien. ¡Así sea! Pero que yo pueda
Dormir el sueño eterno con todos mis piratas
Junto a la tumba donde reposan ellos y sus sueños.

Robert Louis Stevenson, La Isla del Tesoro


Os dejo con un flashmob del tema principal de la película Piratas del Caribe, para comenzar a navegar juntos este año:

miércoles, 6 de enero de 2016

PALMERAS EN LA NIEVE

             
Enviado por María:
      
Tras un prologo sorprendente, la  acción comienza en el año 2003, cuando Clarence quiere averiguar el pasado de su familia (padre, tío y abuelo en Guinea Ecuatorial durante los años 50 y 70), pero todos optan por no revelar nada, pero el descubrimiento de unos viejos documentos (una foto partida y una carta incompleta sin remitente ni destinatario) la llevan a viajar a la antigua colonia en busca de los presuntos secretos del pasado familiar.

En 1953, Kilian abandona la nieve de la montaña oscense para iniciar junto a su hermano, Jacobo, el viaje de ida hacia una tierra desconocida, lejana y exótica, la isla de Fernando Poo. En las entrañas de este territorio exuberante y seductor, le espera su padre, un veterano de la finca Sampaka, el lugar donde se cultiva y tuesta uno de los mejores cacaos del mundo.

En esa tierra eternamente verde, cálida y voluptuosa, los jóvenes hermanos descubren la ligereza de la vida social de la colonia en comparación con una España encorsetada y gris; comparten el duro trabajo necesario para conseguir el cacao perfecto de la finca Sampaka; aprenden las diferencias y similitudes culturales entre coloniales y autóctonos; y conocen el significado de la amistad, la pasión, el amor y el odio. Pero uno de ellos cruzará una línea prohibida e invisible y se enamorará perdidamente de una nativa. Su amor por ella, enmarcado en unas complejas circunstancias históricas, y el especial vínculo que se crea entre el colono y los oriundos de la isla transformarán la relación de los hermanos, cambiarán el curso de sus vidas y serán el origen de un secreto cuyas consecuencias alcanzarán el presente.

En esta novela fácil de leer, con un lenguaje sencillo y ameno, Luz Gabás va entretejiendo historias familiares con sus secretos, historias de amor, de odio, de venganzas, con toques de novela histórica, destacando la historia del amor prohibido entre Kilian y la nativa Bisila, que de alguna manera va a ser el desencadenante del nudo y desenlace final de la trama que desarrolla la historia de esta familia. En paralelo, se van a desarrollar las dos tramas de la novela; una situada en el presente, otra en el pasado, pero ambas paralelas e íntimamente relacionadas. En realidad, ambas son la misma historia pero contada, una vez por sus propios protagonistas Killian y Jacobo y otra vez por Clarence quien va descubriendo cómo fue la vida de su padre y de su tío en aquellos años. Al lector se le van dando las claves de toda la historia del pasado, pero Clarence muchas veces anda desorientada.

Esa dualidad, que configura toda la novela (presente/pasado, Huesca/Guinea, blancos/negros), tambien afecta a los personajes, bien definidos y caracterizados, pues cada uno parece tener su antagónico en la obra: Kilian, honesto y responsable, frente a Jacobo, juerguista e inconsciente. Antón, el abuelo, que trata a los nativos de la forma mas correcta, frente a Gregorio, que disfruta humillándolos. La dulce Bisila frente a Jade, seductora y vengativa.

Os dejo con el trailer de la pelicula, que se acaba de estrenar, basada en el libro:

martes, 5 de enero de 2016

LO QUE LLEVA EL REY GASPAR


Los tres reyes han salido de sus palacios. Los tres son viejecitos. El rey Melchor es alto, con una barba blanca, con sus ojos azules, con sus anteojos de oro. El rey Baltasar es bajo, un tantico encorvado, con un bigote largo y una perilla más larga todavía. El rey Gaspar no usa nada en la cara; va afeitado, pulcro, correcto, pero su nariz cae un poco en gancho sobre la boca, y en la comisura de sus labios hay algo como una sonrisa equívoca, inquietante, como una ironía vaga, desconsoladora. Yo os digo desde este instante, pequeños amigos míos, que no perdáis de vista a este viejecito....

Los tres reyes van caminando durante la noche por un camino largo; las estrellas brillan, serenas, rutilantes, en la bóveda negra; abajo, en la tierra, tal vez en la lejanía remota, se oye un grito perdido o se ve el resplandor incierto de una lucecita. Esta lucecita indica una ciudad. Los reyes han llegado ya a esta ciudad. Ya van a detenerse ante las casas; ya van a meter las manos en sus grandes arcaces; ya van a dejar en los balcones sus dádivas ansiadas. Pero los tres se detienen un momento antes de penetrar en la ciudad. Antes ya lo habréis oído contar-, estos reyes eran muy ricos y les ponían regalos a todos los niños de todas las casas, de todas las ciudades; pero el tiempo ha corrido mucho; las circunstancias han cambiado mucho para los reyes, y estos tres excelentes monarcas, a fuerza de prodigar sus dones, han venido a ver grandemente mermado su caudal. Quiero deciros que Gaspar, que Baltasar y que Melchor se ven todos los años en el terrible compromiso de no dejar sus recuerdos preciosos si no a tales o cuales niños que el azar les designa.

Los tres reyes se han detenido a las puertas de la ciudad. Melchor, el de la barba blanca y los ojos azules -no creáis a quien os lo pinta con la tez negra-, tiene delante de sí una gran arca, que él ha abierto para inspeccionar qué es lo que queda en ella. Baltasar, el de la perilla y el bigote -reíros de los que os lo representan de otro modo-, tiene también su arca, y en ella, con el mismo fin, ha hecho su recuento. Gaspar, pequeños amigos míos, no tiene arca, no tiene equipaje, no tiene ningún camello, ni caballo, ni asno en que llevar lo que ha de regalar a los niños, pero tiene una nariz un poco encorvada y unos labios que expresan una ironía suave, vaga, inquietadora.

Los tres reyes han hecho ya su arqueo y se disponen a entrar en la ciudad. Como van siendo ya pobres, ellos no llenan las cestas que hay en todos los balcones, si no que, según la comodidad o el capricho, dejan sus mercedes y regalos en unos -que son pocos- y pasan de largo ante otros -que son muchos-. He de deciros que, para que sean más los niños favorecidos, los tres reyes han convenido, no en donar los tres sus regalos a todos los niños elegidos, si no en que cada uno haga su donación a cada niño. Y así, de tarde en tarde, Melchor se para delante de una casa y abre su arcón; luego deja en la ventana su dádiva. Lo que este rey de la barba blanca regala se llama: Inteligencia. Al cabo de un largo rato, Baltasar se detiene ante otra casa y mete la mano en su tesoro; después pone su dádiva en la ventana. Lo que este rey del bigote y de la perilla dona tiene por nombre: Bondad.

Y solo este histórico rey Gaspar, este rey de la nariz picuda y de los labios apretados, sólo este rey pasa, y pasa, y pasa ante los balcones y no se detiene si no ante uno, o dos, o tres de cada ciudad. Y ¿qué es lo que hace entonces el rey Gaspar?. ¿Qué es lo que regala este rey?. ¿Por qué es tan sórdido, tan avaro, tan riguroso en sus regalos?. Todo el tesoro de este rey está en una diminuta caja de plata que él lleva en uno de los bolsillos de su levita -no olvidad que los reyes usan ahora levita-. Cuando Gaspar se detiene ante un balcón, allá, muy de tarde en tarde, él echa mano de su pequeña caja, la abre con cuidado y pone su donativo en el balcón. No es nada lo que ha puesto; es una cosa insignificante; es como humo que se disipa al menor viento; pero este niño favorecido con tal regalo gozará de él durante toda su vida y no se separarán de él ni la felicidad ni la alegría.

El rey Gaspar ha depositado ya su regalo. Sus ojos verdes -no os he dicho antes que eran verdes- brillan fosforescentes; su nariz parece que baja más sobre la boca, y en los labios se dibuja con más profundidad su ironía vaga. Acercaos, pequeños amigos míos; yo os quiero decir lo que el rey Gaspar lleva en su caja. Sobre la tapa, con letras diminutas, pone: Ilusiones.

Azorín

SE ACABAN LAS FIESTAS

Y yo persiguiendo al Conejo Blanco,
cual nueva Alicia, que lleva 150 años tras él.

lunes, 4 de enero de 2016

LA EMPERATRIZ DE LOS ETÉREOS

Bipa no cree en los cuentos de hadas. No le interesa nada más allá de la cuevas donde vive su gente. En cambio su amigo Aer, el hijo del extranjero, parece que cada vez se aleja más de la realidad y va dejándose absorber por el brillo de la estrella azul, donde dicen que vive la Emperatriz de los Etéreos, ¿por qué quiere partir si en el exterior sólo hay hielo y al parecer lo único que se encuentra es la muerte?

Lleva consigo el ópalo que le ha prestado Maga, la chamana de la tribu, un colgante que la protegerá del frío y repondrá sus fuerzas. Además, enseguida se sumará a su expedición Nevado, un silencioso golem de nieve que la ayudará a afrontar los peligros.

Tendrá que atravesar los Montes de Hielo, donde está el palacio de la terrible Gélida y la ciudad de Cristal. Deberá cruzar un mar y un abismo pero los riesgos del viaje no son sólo físicos, ya que conforme los protagonistas se acercan a la ciudad de los Etéreos, sus cuerpos van perdiendo materia, espiritualizándose hasta acercarse peligrosamente a lo invisible, como los elementos que los rodean (el hielo, el cristal, el agua, la luz).

Durante su intensa búsqueda de Aer, Bipa se afianza en su propia identidad la única arma que posee frente a la negación de la naturaleza que sólo conduce a la muerte.

Laura Gallego nos ofrece la historia de un viaje con una atrayente protagonista, una joven que ama su tierra, su familia... una heroína que valora la vida por encima de todo aunque la arriesga por ir en busca de su mejor amigo que está en peligro.

La renuncia al confort en el que vive la protagonista, el enfrentamiento con el mundo exterior desconocido y hostil, la lucha contra seres destructivos.. irán fortaleciendo el carácter de la joven y le permitirán evolucionar como personaje y crecer por dentro.

La valentía de la joven, su actitud esforzada y especialmente la motivadora relación de amistad con el joven Aer, posibilitarán que pueda superar con éxito las difíciles pruebas de su peligrosa expedición.

Por otra parte, el encuentro de Bipa con personajes extremadamente delgados que desprecian la comida y la vida sana hace que la joven defienda la importancia de la salud, lo indispensable de la alimentación, el rechazo de la delgadez extrema y la aceptación del aspecto físico de cada uno independientemente de los cánones de moda.

Una historia de amistad incondicional, un viaje como recurso literario y una trama comprensible y con mensajes positivos para los jóvenes son los elementos esenciales de esta novela. 

viernes, 1 de enero de 2016

EL RITUAL DE LOS MUSGRAVE


–¿De quién era?
–Del que se ha marchado.
–¿Quién la tendrá?
–El que vendrá.
–¿Dónde estaba el sol?
–Sobre el roble.
–¿Dónde estaba la sombra?
–Bajo el olmo.
–¿Con qué pasos se media?
–Al norte por diez y por diez, al este por cinco y por cinco, al sur por dos y por dos, al oeste por uno y por uno, y por debajo.
–¿Qué daremos por ella?
–Todo lo que poseemos.
–¿Por qué deberíamos darlo?
–Para responder a la confianza.

Sir Arthur Conan Doyle, El Ritual de los Musgrave

                Respondiendo a las preguntas de este ritual-acertijo es como ingresaban los nuevos miembros del Círculo Sherlock (sí, ese libro de Mariano Urresti que tenéis que terminar de leer estas vacaciones; por cierto, ¿habéis averiguado ya quién es el asesino?)

                También en este relato corto se basa el episodio especial de la serie Sherlock, que emite hoy la BBC y que hasta el día 7 no podremos ver en España.