domingo, 5 de marzo de 2017

ODA A LA INMORTALIDAD


Aunque el resplandor
 Que en otro tiempo fue tan brillante
hoy esté por siempre oculto a mis miradas.

Aunque mis ojos
ya no puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba

Aunque nada pueda hacer volver
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza
subsiste siempre en el recuerdo.

En aquella primera simpatía
que habiendo sido una vez,
habrá de ser por siempre
en los consoladores pensamientos
que brotaron del humano sufrimiento,
y en la fe que mira
a través de la muerte.

Gracias al corazón humano,
por el cual vivimos,
gracias a sus ternuras,
a sus alegrías y a sus temores,
la flor más humilde al florecer,
puede inspirarme ideas
que, a menudo,
se muestran
demasiado profundas
para las lágrimas.
William Wordsworth