viernes, 31 de marzo de 2017

EL ASOMBROSO VIAJE DE POMPONIO FLATO


En el siglo I de nuestra era, Pomponio Flato, noble romano con aires de filósofo, viaja por los confines del Imperio romano en busca de unas aguas sagradas de efectos portentosos, para aliviar sus trastornos intestinales. El azar y la precariedad de su fortuna lo llevan a Nazaret, donde va a ser ejecutado el carpintero del pueblo, José, convicto del brutal asesinato del rico ciudadano Epulón. Allí, Pomponio será contratado para solucionar el crimen, por el más extraordinario de los clientes: el hijo del carpintero, Jesús, un niño candoroso y singular, convencido de la inocencia de su padre, hombre en apariencia pacífico y taciturno. En sus investigaciones conocerá a María, la madre de Jesús, y a otros personajes que años después aparecerán en otro libro, el Nuevo Testamento, como son Barrabás, Mateo, Juan, María Magdalena...

La obra, que tiene menos de 200 páginas, en realidad es una carta dirigida a un tal Fabio contándole unos hechos ocurridos años antes, pero en ella asistimos a un cruce de novela histórica, policíaca, vida de santos y la parodia de todas ellas, ajustando cuentas con muchas novelas de consumo (lease Dan Brown con su Código da Vinci y seguidores), y se construye una nueva modalidad del género más característico de Eduardo Mendoza: la trama detectivesca original e irónica, que desemboca en una sátira literaria y en una desternillante creación novelesca.

El autor retoma la senda humorística y gamberra de Sin Noticias de Gurb combinándola con las aventuras detectivescas de El Misterio de la Cripta Embrujada, pero ni es tan divertida como la primera, ni tan intrigante como la segunda. Hay que destacar el poderoso componente satírico que desprende la obra desde el comienzo hasta el final de la misma. Desde algunas situaciones esperpénticas hasta el vocabulario pedante y extremadamente culto del protagonista, dotan a la novela de un halo de humor constante. La narración es ágil y con abundantes diálogos.

PREMIO CERVANTES 2016