domingo, 19 de noviembre de 2017

LA ÚLTIMA CANCIÓN DE BILBO



El día ha terminado,
mis ojos se cierran,
pero largo es el viaje
que me espera.
Adiós, amigos.
Oigo la llamada.
Junto al malecón de piedra
la nave aguarda.
Blanca la espuma,
grises las olas;
más allá del ocaso
mi rumbo lleva.
Sal es la espuma,
y libre es el viento;
oigo como ruge
el mar intenso.
Adiós, amigos.
Izadas las velas,
el viento del este
las amarras tensa.
Sombras alargadas
ante mí se extienden,
bajo la inabarcable
bóveda celeste;
Pero hay unas islas
más allá del Sol,
y las alcanzaré
antes de que todo acabe.
Tierras hay
al oeste del Oeste,
donde la noche es quietud,
el sueño, reposo.
Guiado por
la Estrella Solitaria,
más allá
del último puerto
Encontraré refugio,
hermoso y libre,
y las playas
del Mar Estrellado.
Nave, nave mía.
El Oeste busco,
y campos
y montañas
siempre benditos.
Adiós al fin
a la Tierra Media.
¡Sobre tu mástil
diviso ya la Estrella!
J. R. R. Tolkien


BILBO’S LAST SONG

Day is ended,
dim my eyes,
but journey long
before me lies.
Farewell, friends!
I hear the call.
The ship’s beside
the stony wall.
Foam is white
and waves are grey;
beyond the sunset
Foam is salt,
the wind is free;
I hear the rising
of the Sea.
Farewell, friends!
The sails are set,
the wind is east,
the moorings fret.
Shadows long
before me lie,
beneath the
ever-bending sky,
But islands lie
behind the Sun
that I shall raise
ere all is done;
Lands there are
to west of West,
where night is quiet
and sleep is rest.
Guided by the
Lonely Star,
beyond the utmost
harbour-bar
I’ll find the havens
fair and free,
and beaches of
the Starlit Sea.
Ship, my ship!
I seek the West,
and fields
and mountains
ever blest.
Farewell to
Middle-earth at last,
I see the Star
above your mast!
leads my way.

J. R. R. Tolkien

viernes, 17 de noviembre de 2017

EL LIBRO DEL DÍA DEL JUICIO FINAL


Yo, al ver tantos males, he puesto por escrito todas las cosas de las que he sido testigo. Para que las cosas que merecen ser recordadas no perezcan con el tiempo.

Pronto va a ser la navidad del año 2054 en Oxford.

La joven estudiante Kirvin Engle se prepara para hacer un viaje en el tiempo. Junto con otros científicos, pretende recabar información de primera mano sobre una de las épocas más oscuras de la historia de la Humanidad: la Edad Media. Aparentemente, todo ha salido bien. Kirvin se encuentra en una nevada campiña inglesa en pleno siglo XIV, supuestamente en 1320.

 Lo que no sabe es que, en 2054, el técnico que marcó las coordenadas de su viaje ha caído fulminado, presa de una extraña plaga por la que va a ser necesario decretar una cuarentena en Oxford y aislar la población, poco antes de descubrir un error en su lanzamiento al pasado.

La historiadora está atrapada en 1348, en plena época de la peste negra, y su venida es interpretada como un acto de Dios; creen que es un ángel protector llegado del Cielo para evitar el Juicio Final.

                La novela de Connie Willis es una mezcla entre la novela histórica (la Inglaterra de la Peste Negra) y la ciencia-ficción (los viajes en el tiempo), alternándose los escenarios entre el siglo XIV y el siglo XXI. En ambos escenarios vamos a encontrar dos hechos fundamentales en la historia de la humanidad, que la autora va a explorar: las epidemias mortales y el miedo al fin del mundo.

                En el escenario medieval, Kivrin aparecerá, sin quererlo como una observadora, pero no podrá mostrarse distante con los habitantes del poblado y del castillo (el cariño hacia las niñas, Agnes y Rosemund, el padre Roche…), sino que intentará ayudarlos y los irá viendo morir uno a uno. La ambientación y documentación concerniente a este periodo histórico está muy lograda (todo lo relativo a la boda de la joven Rosemund, por ejemplo).

                En el escenario futurista, el profesor Dunwhorthy es el personaje principal. La acción no es tan dramática (va a haber también muertes, pero casi pasamos de puntillas sobre ellas), y se van introduciendo contrapuntos cómicos: el joven estudiante William que parece haberse ligado a toda la escuela de enfermería, y eso que se había quedado para estudiar a Petrarca; su madre, la señora Gaddson, sobreprotectora con su hijo, que cree que todos los males de la enfermedad son un castigo divino y persigue a varios habitantes de Oxford biblia en mano; las campaneras norteamericanas que se ven retenidas por la cuarentena; Finch, el ayudante de Dunwhorthy, que parece un burócrata que se ahoga en un vaso de agua (en este caso, más bien con papel higiénico), o el pequeño Collin, el sobrino de la doctora Mary, que se va a convertir en un chico para todo imprescindible.

PREMIOS HUGO, LOCUS (1993) Y NEBULA (1992)

jueves, 16 de noviembre de 2017

ME LLAMO MANOLITO GARCÍA MORENO,


Pero si tú entras a mi barrio y le preguntas al primer tío que pase:

—Oiga, por favor, ¿Manolito García Moreno?

El tío, una de dos, o se encoge de hombros o te suelta:

—Oiga, y a mí qué me cuenta.

Porque por Manolito García Moreno no me conoce ni el Orejones López, que es mi mejor amigo, aunque algunas veces sea un cochino y un traidor y otras, un cochino traidor, así, todo junto y con todas sus letras, pero es mi mejor amigo y mola un pegote.

En Carabanchel, que es mi barrio, por si no te lo había dicho, todo el mundo me conoce por Manolito Gafotas. Todo el mundo que me conoce, claro. Los que no me conocen no saben ni que llevo gafas desde que tenía cinco años. Ahora, que ellos se lo pierden.

Me pusieron Manolito por el camión de mi padre y al camión le pusieron Manolito por mi padre, que se llama Manolo. A mi padre le pusieron Manolo por su padre, y así hasta el principio de los tiempos. O sea, que por si no lo sabe Steven Spielberg, el primer dinosaurio Velociraptor se llamaba Manolo, y así hasta nuestros días. Hasta el último Manolito García, que soy yo, el último mono. Así es como me llama mi madre en algunos momentos cruciales, y no me llama así porque sea una investigadora de los orígenes de la humanidad. Me llama así cuando está a punto de soltarme una galleta o colleja. A mí me fastidia que me llame el último mono, y a ella le fastidia que en el barrio me llamen el Gafotas. Está visto que nos fastidian cosas distintas aunque seamos de la misma familia.

A mí me gusta que me llamen Gafotas. En mi colegio, que es el Diego Velázquez, todo el mundo que es un poco importante tiene un mote. Antes de tener un mote yo lloraba bastante. Cuando un chulito se metía conmigo en el recreo siempre acababa insultándome y llamándome cuatro-ojos o gafotas. Desde que soy Manolito Gafotas insultarme es una pérdida de tiempo. Bueno, también me pueden llamar Cabezón, pero eso de momento no se les ha ocurrido y desde luego yo no pienso dar pistas. Lo mismo le pasaba a mi amigo el Orejones López; desde que tiene su mote ahora ya nadie se mete con sus orejas.

Elvira Lindo, Manolito Gafotas

miércoles, 15 de noviembre de 2017

ROSA MONTERO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS 2017


Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que...

                Con estas palabras, y que en cierta manera la podrían definir, comienza La Historia del Rey Transparente, la obra más ambiciosa de Rosa Montero, a la que ayer concedieron el Premio Nacional de las Letras. Aunque ella en La Carne ha preferido autoretratarse de esta otra manera:

La periodista se sentó con acelerada torpeza y en un instante lo ocupó todo: el abrigo, el bolso y la bufanda desperdigados por todas partes, el móvil, los auriculares y un montoncito de libros desparramados sobre la mesa. Su llegada fue como un maremoto. Soledad, siempre tan organizada y meticulosa, se echó hacia atrás. Se sentía invadida.
—Un té con leche, por favor —pidió Montero al camarero que acababa de materializarse a su lado—: Y un vaso de agua. Y… perdone —alzó la voz cuando el hombre ya se iba—: ¿Tendrían una pastita o algo? ¿Algo dulce pequeño?
Por favor, ¿es que no podía pedirlo todo de una vez? Qué desorden de mujer. Soledad la analizó con ojos duros y subrepticios: ¡llevaba unas botas de Dr. Martens con rosas bordadas! Y ropa de Zara o algo peor, ropa de una de esas malas cadenas de tiendas para adolescentes. Por todos los santos, ¿se creería que disfrazándose así iba a engañar al tiempo? ¡Pero si Rosa y ella debían de tener más o menos la misma edad! No era una jovenzuela, por más que quisiera vestirse como si lo fuera (...)
Acalorada, Rosa Montero se había subido las mangas del jersey, dejando a la vista un montón de pájaros tatuados en un brazo y una salamandra en el otro. ¡Y encima estaba tatuada! Soledad tuvo que reprimir un bufido burlón. Y, sin embargo, esta mujer se atrevía a escribir novelas. Qué disparate.

El jurado ha reconocido a Rosa Montero por “su larga trayectoria novelística, periodística y ensayística, en la que ha demostrado brillantes actitudes literarias, y por la creación de un universo personal, cuya temática refleja sus compromisos vitales y existenciales, que ha sido calificado como la ética de la esperanza”.

Entre las novelas que ha publicado están: Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado amo (1988), Temblor (1990), Bella y oscura (1993), La hija del caníbal (Premio Primavera de Novela en 1997), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (2003; Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año; Premio Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005 y Premio 'Roman Primeur' 2006, Francia), Historia del rey transparente (2005; Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año y Premio Mandarache 2007), Instrucciones para salvar el mundo (2008), Lágrimas en la lluvia (2011) o La ridícula idea de no volver a verte (2013; Premio de la Crítica de Madrid 2014). También ha publicado el libro de relatos Amantes y enemigos (1998; Premio Círculo de Críticos de Chile 1999) y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres (1995) y Pasiones (1999), así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y es doctora honoris causa por la Universidad de Puerto Rico. Recibió el Premio Internacional Columnistas del Mundo en el año 2014 y el Premio José Luis Sampedro en 2016.

martes, 14 de noviembre de 2017

MARÍA Y YO


María vive con su madre en Canarias, a 3 horas en avión de Barcelona donde vivo yo. A veces nos vamos de vacaciones los dos juntos a pasar una semana en algún resort del sur de Gran Canaria frecuentado por alemanes y otros guiris. Esta es la historia de uno de esos viajes, volviendo  de Barcelona y aprovechando los últimos días del verano  en uno de esos  hoteles. En esos viajes María y yo hablamos, reímos, hacemos listas de gente y comemos hasta hartarnos.

María tiene 12 años, una sonrisa contagiosa, un sentido del humor especial y tiene autismo.

Miguel Gallardo, creador de uno de los personajes clásicos del underground comiquero, Makoki, decidió contar su feliz relación con María su hija autista, mediante mirada delicada, sensible y divertida. El resultado es algo más que una de las obras maestras del tebeo español, es también una reflexión sobre la diferencia y la solidaridad, sobre el amor paterno, un cómic escrito con enorme libertad. Publicado a la vez Arrugas, en el que Paco Roca retrata el alzhéimer del padre de un amigo, María y yo, que firma a medias con su hija, abrió nuevos caminos en el tebeo español y demostró que las barreras no tienen sentido. Y no sólo en el tebeo.


Amaia Hervás, psiquiatra infantojuvenil, destaca: “Un aspecto muy importante conocido por maestros, profesionales y padres del aprendizaje de niños con autismo es la utilización de imágenes claras y sintéticas que transmitan ideas o situaciones. En este libro, Miguel Gallardo, acostumbrado a comunicarse visualmente con su hija María, quiere compartirlo con sus lectores como si nosotros fuéramos ella y a través de sus dibujos entendamos su mensaje simple y breve de una manera inequívoca. Este libro rebosa imágenes que transmiten sensaciones y emociones de María, de su padre y de su entorno. Miguel, que desde hace años sabe que a María sus fantásticos dibujos la hacen feliz, la tranquilizan y la ayudan a comprender este mundo, quiere utilizarlos también con nosotros para que compartamos las emociones de María hacia él y sus seres queridos”.

“El lector –añade Hervás– se ve sumergido en las emociones de un viaje de vacaciones de María y su padre. Un viaje que recrea situaciones familiares y cotidianas que, para ellos, como para cientos de familias que tienen un niño con autismo, resulta una aventura salpicada de dificultades generadas por la falta de adaptación de nuestro entorno social o por la limitada comprensión de algunas personas que María encuentra en su viaje”.

En julio de 2010 se estrenó en cines el largometraje documental María y yo, dirigido por Félix Fernández de Castro, responsable también del guión a partir de la historia original plasmada en papel.


                El autor nos cuenta lo siguiente:

Por las especiales circunstancias de mi hija, hacía tiempo que quería hacerlo. Pero también porque ahora, al vivir separado de ella –ella vive en Canarias con su madre-,  los momentos que vivimos son muy especiales, muy intensos, cuando yo voy a verla allí o pasa unas semanas aquí en Barcelona. También porque me apetecía contar el modo personal que tengo de comunicarme con ella, a través de dibujos que le hago de las personas que conocemos y las cosas que vemos. En general tenía muchas ganas de contar la historia porque pensé que la experiencia podía resultar interesante para las personas que no están en el mundo de la discapacidad. Y, bueno, quizá también puede servir de ayuda a los padres con hijos discapacitados, porque yo siempre agradezco los testimonios de padres en situaciones parecidas.

Como mi carrera en el cómic ha sido básicamente humorística y la historia era dramática, me costó encontrar una voz narrativa apropiada. No me apetecía contar una historia lacrimógena de ‘mirad qué pena’, por eso lo planteé como un libro de viajes: nos vamos a un hotel, cuento algunos chascarrillos, nos vamos a la playa... Y a través de eso empecé a ahondar un poco más para mostrar cómo se comporta María, cómo se relaciona conmigo y con los demás... Estoy acostumbrado a las miradas de extrañeza de la gente cuando voy con mi hija, pero tampoco quería insistir mucho en ese aspecto. Quería un estilo llano y directo pero que a la vez mostrase complejidad y tuviese algunos puntos de humor, para que así los aspectos más trágicos tuviesen más valor. También fue un poco retomar el estilo de Tres viajes, el tono de apuntes. De hecho, el grueso del libro lo hice en el hotel con páginas directas, aunque luego quité algunas o añadí otras. Lo hice así porque las emociones eran más directas, quería expresarme de la forma más directa posible y contar qué supone vivir con autismo para ella y para mí como padre. No de un modo científico, sino explicarlo a través de ella, qué es lo que hacemos juntos, cómo nos comunicamos.

Tengo muchos dibujos de esos, le dibujo cosas a mi hija constantemente, y desde hace años tenía pensado usarlos de algún modo. María me pide sobre todo que le dibuje a la gente, así que usar a veces en el libro esos mismos dibujos me pareció un buena forma de dirigirme al lector. Son dibujos ingenuos pero a la vez creo que tienen cierto calado, explican cosas importantes. Quería que no fueran dibujos muy elaborados, sencillos, directos, que permitieran explicar las cosas más dramáticas con ligereza.




lunes, 13 de noviembre de 2017

TUNEL 56


            Este viernes fueron al Gran Teatro 4º de ESO y 1º de Bachillerato CH. La obra era Tunel 56, una obra futurista distópica, interpretada por Juan Castilla y Segundo Belmonte, al que mucho conoceréis del grupo teatral La Troya de Villarrobledo.

                Los alumnos de bachillerato han hecho unas reseñas sobre la obra y aquí os dejamos alguna:

Túnel 56 es una obra a simple vista cómica, aunque a mi parecer esta intenta ir un poco más allá tratando de hacer una pequeña crítica sobre la guerra.
La obra transcurre en uno de los túneles del subsuelo de la ciudad, ya que la parte superior se encuentra infestada de francotiradores, en este túnel podemos ver a los dos únicos personajes de toda la obra, pero estos son suficientes para mostrarnos los dos extremos de la guerra y a su vez dar lugar a esas situaciones cómicas que caracterizan a la obra, ambos personajes llegan a tener sus momentos de seriedad y sus momentos divertidos.
Es cierto que esta crítica a la guerra solo puede apreciarse en ciertos momentos de la obra, que no llegan a profundizar demasiado en el porqué de la guerra y que no nos dan casi información sobre ella, pero aun así no creo que la intención del autor fuera describir de forma detallada la guerra si no que este prefiere centrarse en como la guerra ha afectado a dos personas distintas y como aun siendo dos personas muy distintas pueden llegar a hacerse amigos tras vivir momentos difíciles, y es que el tema de la guerra no creo que sea más que eso, una simple excusa para juntar a dos personas distintas y centrarse en el desarrollo de estas.
En general su trama no es demasiado compleja, ya que la obra parece estar destinada a un público joven, nos presenta un contexto más bien sencillo y se centra en desarrollar a nuestros dos protagonistas, esto hace que al final, cuando uno de los dos personajes muere y la guerra se termina, no sintamos prácticamente nada respecto al final de la guerra, pero si nos causa un cierto impacto (tampoco llega a ser muy alto debido a la corta duración de la obra) el hecho de que este personaje muera, se puede apreciar esto en la misma obra, ya que a nuestro segundo protagonista no parece importarle el hecho de que la guerra haya acabado, el solo quiere intentar salvar al que llegó a ser su amigo.
Algo que a mí me pareció muy positivo de la obra es el denominado “setting”, yo no he estado en muchas obras de teatro, pero en las que he estado los elementos que utilizaban eran más bien escasos y el decorado era muy simple, pero en el caso de esta obra me llamó la atención la cantidad de elementos que utilizan, un fuego que se mantiene activo toda la obra, unas ratas falsas, réplicas de armas reales…, todos estos elementos ayudan a que la obra se vea más real y que seas capaz de meterte más en la historia y en la situación de los personajes
En general es una obra entretenida que recomiendo a toda la familia, aunque como he dicho antes me parece que está más destinada a un público joven debido al tipo de humor que se utiliza y a la trama sencilla, esto no quiere decir que un público más adulto no pueda disfrutar la obra, al contrario, una persona adulta también puede llegar a disfrutarla mucho.

Ismael Lozano Ortega

Túnel 56 es una obra de teatro dirigida a todos los públicos, cosa que un espectador de cierta edad agradece. Está basada en una España en la que se vive una nueva Guerra Civil, donde los ciudadanos viven con la constante presión de los francotiradores. Por ello, unos pocos han decidido esconderse en los túneles subterráneos de metro. Allí abajo, el mundo no es mucho mejor que en la superficie: nos encontramos un mundo donde prima la supervivencia; la amistad y el compañerismo, si uno quiere seguir viviendo, han quedado atrás en el tiempo, nada es fiable. Esto es, un mundo en el que prima los instintos vitales, más allá de cualquier resquicio humano de una sociedad avanzada (viendo esto siempre desde el punto de vista de la exageración poética). 
Así pues, el eje principal de la obra es la contraposición entre los instintos más primarios de supervivencia del hombre y todo aquello que legitima nuestra condición de hombre: la poesía, el arte, el compañerismo, nuestra humanidad en resumen. Esta antítesis deriva en una crítica a la guerra, culpable de todos los males que sufre la sociedad, y a la cual el ser humano llega víctima de su propia estupidez e irracionalidad. 
¿Cual es el objetivo de la obra entonces, desalentarnos sobre el futuro de la humanidad? Todo lo contrario. 
Cabe destacar que esta alternancia entre puntos de vista está encarnada en los dos únicos personajes de la obra. Por desgracia, ya sea por la mala acústica del lugar, ya sea por mi mal oído, no pude oír los nombres, por ello los llamaremos “el abuelo” (que encarna la racionalidad, la humanidad) y “el joven” (quien representa la supervivencia). Así pues, como veremos en las intervenciones de “el abuelo”, se defiende siempre esos ideales de cultura humana y racionalidad, por encima de la guerra y la insensatez y decadencia a la que llega la sociedad. 
El argumento de la obra es sencillo, un hombre tiene su refugio subterráneo y vive tranquilamente en él, cuando se le aparece un viejo malherido, al que al final, tras cierta reticencia, acaba aceptando como compañero. El viejo, demuestra constantemente su ineptitud para las tareas de supervivencia, aunque él siempre insistirá en su utilidad como hombre letrado. Para no destripar el final, diré que simplemente acaba bien. Cabe destacar también que, a pesar de los temas serios tratados en la obra, haya lugar para cierta dosis de humor. 
Como conclusión, no cabe más que decir que la obra ha sido entretenida y merece la pena verla, le damos un resultado positivo. Aún así, diré dos aspectos de la obra que no me han gustado, esto siempre desde el punto de vista personal. El primero sería el humor un tanto absurdo (incluso malo) que algunas veces podemos encontrar, como cuando se supone que los espectadores tienen que reírse por el simple hecho de que “el joven” le grite a “el abuelo” con todas sus fuerzas. El siguiente punto, y esta vez todavía más personal, y diciendo que esto no le influirá a la mayoría en la visualización de la obra, es el hecho de que como motivo para la guerra utilicen el tema del independentismo, pues parece que es siempre tratado despectivamente y rebajado a lo absurdo. Aún así, repito, la obra es bastante disfrutable.

Fran Nueda

EN BUSCA DEL LIBRO ESPECIAL


                A mí me gusta leer desde que era muy pequeña. No fui una de esas niñas tan precoces que con tres o cuatro años ya leen solas; yo, en realidad, aprendí a leer en el colegio, como todo el mundo. Pero, en cuanto empecé a juntar letras y descubrí que formaban palabras, y que esas palabras contaban historias, ya nada pudo pararme. Y comencé a devorar cuentos, y después libros. No tardé en darme cuenta de que los que más me gustaban eran los de aventuras y fantasía, aquellos que me transportaban muy lejos, a mundos mágicos y reinos de leyenda. Y así, poco a poco y casi sin percatarme de ello, fui seleccionando mis primeras lecturas. Por supuesto, había algunos libros que no me gustaban, que me parecían aburridos o demasiado complicados. Pero no pasaba nada: yo sabía muy bien que, igual que había libros aburridos, había otros apasionantes, así que simplemente seguía buscando. Y encontrando.

Probablemente mi primer libro “gordo” fue La Historia Interminable, de Michael Ende, que leí con ocho años más o menos. Mis padres me dijeron que no era para niños y que no lo iba a entender. Pero a pesar de todo me apasionó y, en cuanto lo terminé, volví a empezarlo de nuevo desde la primera página, para vivir otra vez las maravillosas aventuras de Bastian y Atreyu en Fantasía. Y así una y otra vez. Creo que no exagero si digo que debo de haber leído La historia interminable veinte veces por lo menos.

Porque La historia interminable es mi libro especial.

Todos tenemos uno. Algunos lo descubren muy pronto, otros tardan más y otros, desgraciadamente, no llegan a encontrarlo nunca, porque apenas han dedicado tiempo a buscarlo. El libro especial es el primero que te engancha hasta el punto de no poder soltarlo. El primero que te emociona de verdad. El que recuerdas mucho después de haberlo acabado. El que releerías una y mil veces, descubriendo nuevos matices en cada ocasión. El que te hace sentir que tú y sus personajes sois, y seréis, amigos para siempre, por muchos años que pasen.

¿Y cuál es ese libro especial? Lo cierto es que no se puede contestar a esta pregunta ofreciendo un solo título, ni siquiera una lista. El libro especial no tiene por qué ser el gran clásico de la literatura que todos los expertos recomiendan, ni el último best-seller que todo el mundo conoce aunque solo sea de oídas. Podría serlo. O tal vez no.

Podría ser ese libro que te llama la atención desde el expositor de una librería. El que está leyendo tu vecino de pupitre, tal vez sin mucho interés. El que te regala tu tía por tu cumpleaños. El que se esconde en el rincón perdido de una biblioteca. Incluso -sí, sí- el que te mandan como lectura en el colegio.

Podría ser cualquiera. Porque el libro especial, el que te llega al corazón y te engancha a la lectura para siempre, es distinto para cada persona.

Por eso no me gusta recomendar libros. La lectura es algo tan personal y subjetivo que nunca sabes si vas a acertar o no. ¿Y si tu libro especial le parece un tostón a tu mejor amigo? ¿Y si el libro que tú no pudiste acabar resulta ser más adelante el libro especial de tu hermana?

No se puede saber. Por eso, averiguar cuál es tu libro especial es algo parecido a partir en busca de un gran tesoro. Y por eso es bueno dar una oportunidad a todos los libros que caen en tus manos. ¿Qué este es aburrido? Mala suerte, pero no te rindas; déjalo a un lado y elige otro. Ve a una librería, o a una biblioteca, y déjate llevar por tu intuición. Casi seguro que acertarás, porque tu libro especial quiere dejarse encontrar. Y, si esos primeros libros no son el que estabas buscando, no desesperes: cada libro leído te acerca un paso más al libro perfecto para ti.

Porque hay millones de libros en el mundo. Algunos no te gustarán, otros te resultarán entretenidos, otros los disfrutarás mucho... y uno de ellos te abrirá la puerta a un mundo sin fronteras
.
Si ya has encontrado tu libro especial, sabes de qué estoy hablando. Y si no... ¿a qué esperas para empezar a buscarlo?

Laura Gallego