viernes, 3 de marzo de 2017

EL GUARDIÁN INVISIBLE

En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás. La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal.

Este es el argumento de la primera novela de la Trilogía del Baztán, de Dolores Redondo. A partir de ella, la Editorial Planeta sacó primero un cómic, acerca del cual os dejo la opinión de la autora, y hoy acaba de estrenar película (genial Marta Etura)


Confieso que la propuesta de convertir en cómic El Guardián Invisible me pilló por sorpresa y no quise o no supe imaginar lo que iba o encontrarme. Pero cuando hace unos meses tuve por primera vez la ocasión de ver los bocetos que Ernest Sala había creado para los lugares, las personajes, y las situaciones que yo había visto en mi mente mil veces, quedé fascinada. La riqueza, el cuidado, el detalle con que los elementos que forman parte de la novela original han sido plasmados en el cómic son extraordinarios.

Esta nueva versión de El Guardián Invisible, de dibujo, color y texto, consigue captar lo esencial de la novela, el espíritu del Baztán, la humedad del río, el rumor de los pasos o el empedrado, el olor mineral del agua bajando desde la montaña. Consigue que el lector pueda sentirse pequeño bajo una tormenta en el valle, respirar la densidad de la niebla, percibir en el bosque la presencia innegable del señor de esos dominios. Y lo hace con toda la velocidad y el dinamismo de una obra de acción, de una investigación policial. Eran precisamente los dos retos que yo me había planteado en esta novela: trazar en un paisaje como el del Baztán una historia criminal compleja, cuyo planteamiento y resolución requieren tiempo y detalle. No imaginaba que un lenguaje que yo Ignoraba, el del cómic, pudiera lograr una versión tan nueva y al mismo tiempo tan fiel a mi visión de la historia. Atrás quedan meses de trabajo, intercambio de correos y llamadas, conversaciones y encuentros con Ernest Sala y David Hernando. Mi único consejo fue que Ernest visitara el valle y viviera de primera mano lo que yo le relataba.


Y llegó por fin: reconozco los paisajes, las calles, Muniartea, Txokota, la comisaría, reconozco los senderos, el cementerio, el ángel indolente, la lluvia perpetua. Y no puedo dejar de pensar en Ernest mirando a través de las piedras, realizando rápidos bocetos, fotografiándolo todo, compartiendo mesa con los amigos que una vez lo son, lo son para siempre, empapándose de un lugar que una vez te atrapa te hace suyo para siempre. Sólo me queda agradecérselo y, como el resto de lectores, ¡cómo iba a imaginarlo!, esperar una nueva entrega.