martes, 1 de noviembre de 2016

DON JUAN, UN MUSICAL A SANGRE Y FUEGO


            No hace muchos años, durante estas fechas, en muchos lugares de España se representaba el drama romántico Don Juan de José Zorrilla. Hoy se hace en pocos lugares, y entre ellos destacan el Don Juan en Alcala, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde el año 2002, o el Tenorio Mendocino en Guadalajara, declarada Fiesta de Interés Turístico Regional desde el año 2010.

              Pero este año, en el Teatro de la Luz Philips Gran Vía, podemos ver el montaje musical de Antonio Calvo, que le ha llevado más de 20 años de trabajo intenso. Todo el texto es cantado. Calvo fue componiendo la música según lo que le pedía cada escena:  clásica, rock, rap, blues… Se respeta todo el texto del libro original, excepto el comienzo que era complicado de adaptar a un musical. La coreografía y los números musicales nos recuerdan a las obras de Broadway o Londres. El vestuario está, en cierta forma, adaptado a nuestra época con trajes de cuero.

Zorrilla dio nueva forma a un mito que venía de antes, de las leyendas medievales, del burlador que dibujó Tirso de Molina en 1627, de Molière, Mozart, Lord Byron o Mérimée, a la historia de un hombre audaz que desafía a los cielos sin miedo al castigo ni a la reprobación social.

Don Juan busca transgredir la sociedad simplemente por puro juego.  Es el seductor perfecto que sabe dar a cada mujer aquello que busca. Es un señorito ocioso, refinado y dilapidador. Manipula a la mujer, para tirarla después como un kleenex, escudándose en el tópico del carpe diem y la invitación al goce.

La originalidad del drama de Zorrilla puede centrarse en los siguientes aspectos:

La lectura de la lista de mujeres burladas y de muertos en desafío, como resultado de una apuesta entre don Juan y don Luis.

Aquí está don Juan Tenorio,
y no hay hombre para él .
Desde la princesa altiva
a la que pesca en ruin barca,
no hay hembra a quien no suscriba;
y a cualquier empresa abarca,
si en oro o valor estriba.
Búsquenle los reñidores;
cérquenle los jugadores;
quien se precie que le ataje,
a ver si hay quien le aventaje
en juego, en lid o en amores.
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Por donde quiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí,
a la justicia burlé,
y a las mujeres vendí.
Yo a las cabañas bajé,
yo a los palacios subí,
yo los claustros escalé,
y en todas partes dejé
memoria amarga de mí.
Ni reconocí sagrado,
ni hubo ocasión ni lugar
por mi audacia respetado;
ni en distinguir me he parado
al clérigo del seglar.
A quien quise provoqué,
con quien quiso me batí,
y nunca consideré
que pudo matarme a mí
aquel a quien yo maté.
A esto don Juan se arrojó,
y escrito en este papel
está cuanto consiguió:
y lo que él aquí escribió,
mantenido está por él.
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Partid los días del año
entre las que ahí encontráis.
Uno para enamorarlas,
otro para conseguirlas,
otro para abandonarlas,
dos para sustituirlas
y una hora para olvidarlas.


El personaje de doña Inés, doncella de dieciséis años, novicia, que simboliza la inocencia y la virtud, pero que es capaz de sentir con fuerza el amor por don Juan, por la cual éste quiere abandonar su esencia de burlador y caerá en su propia trampa.

¡Alma mía! Esa palabra
cambia de modo mi ser,
que alcanzo que puede hacer
hasta que el Edén se me abra.
No es, doña Inés, Satanás
quien pone este amor en mí:
es Dios, que quiere por ti
ganarme para él quizás
No; el amor que hoy se atesora
en mi corazón mortal,
no es un amor terrenal
como el que sentí hasta ahora;
no es esa chispa fugaz
que cualquier ráfaga apaga;
es incendio que se traga
cuanto ve, inmenso voraz.
Desecha, pues, tu inquietud,
bellísima doña Inés,
porque me siento a tus pies
capaz aún de la virtud.
Sí; iré mi orgullo a postrar
ante el buen comendador,
y o habrá de darme tu amor,
o me tendrá que matar.

Tras la muerte de Inés, la desesperación en la que cae le lleva al reto blasfemo ante la justicia divina y los muertos. Hay una grandeza metafísica en este Don Juan impío para el que se abren las puertas del infierno, del que escapa llevado de la mano por el alma amorosa de Inés.

Para terminar, os dejo con la escena del sofá del musical: