lunes, 7 de noviembre de 2016

DEBERES SÍ, DEBERES NO


                Este fin de semana ha comenzado una huelga de deberes propuesta por la Confederación Española de Padres y Madres de Alumnos (Ceapa), que se extenderá a todos los fines de semana de noviembre. Sus argumentos son que los deberes invaden el tiempo de las familias y vulneran el derecho al esparcimiento, al juego y a participar en las actividades artísticas y culturales recogido en el artículo 31 de la Convención de los Derechos del Niño.

Sin deberes, creen que los padres van a poder disfrutar de un tiempo libre precioso para compartir con sus hijos y formarles en aspectos que van más allá de lo académico; por ello, proponen actividades alternativas para estos fines de semana: visitar un museo, hacer excursiones, ver una película, cocinar en familia... Afirman que los deberes escolares generan desigualdades entre los estudiantes, no permiten el descanso de los alumnos en sus días libres, ni que los padres dispongan tiempo para hacer actividades educativas con sus hijos.

El sindicato docente ANPE se opone a ella porque se cuestiona la labor del profesorado y atenta contra la libertad de cátedra y el principio de autonomía pedagógica y organizativa de los centros. Por su parte, la Confederación de Familias y Padres de Alumnos (Cofapa)  manifiesta que los deberes representan una oportunidad para aprender aunque tienen que estar modulados a la edad del alumno.

Según la OMS, un 30% de los niños españoles de 11 años se sienten agobiados por los deberes. Y según aumenta la edad, el porcentaje crece con especial incidencia en las chicas. A los 15 años las alumnas que por este motivo tienen estrés son siete de cada diez; ellos un 60%. Por su parte, La OCDE manifiesta que los estudiantes con un mayor nivel socioeconómico emplean más tiempo para los deberes que los más desfavorecidos.

No soy psicólogo, ni pedagogo, sólo un simple profesor con bastantes años de servicio a las espaldas. No quiero entrar al trapo de esta iniciativa, sino simplemente constatar unos hechos. Si esta huelga de deberes la hicieran aquellos padres cuyos hijos hacen normalmente las tareas, no tendría nada que objetar, pero…: Llevo un 1º de la ESO con 30 alumnos, una tercera parte hace normalmente los deberes, y 11 han aprobado el primer examen. Un 4º de la ESO con 25 alumnos, se les pidió buscar una información por internet, sólo lo hizo una persona, la única que, tras corregir ese ejercicio en clase, lo ha hecho en el examen sabiendo todo el mundo que iba a caer. ¿Más ejemplos? Un alumno me comenta que no ha estudiado para un examen, y a los cinco minutos le monta un pollo al profesor correspondiente porque ha suspendido.

¿Huelga de deberes? ¿Para qué? Si la mayoría ni estudia ni trabaja.

Os dejo con un artículo que leí este verano y un vídeo que sigue su línea.

¿DEBERES? POR UN FINAL DEL DÍA DE RISAS Y CONVERSACIÓN


En este verano que ya va terminando, no han sido pocas las conversaciones que he tenido con otros padres sobre los deberes estivales. Ha habido opiniones de todos los colores, a favor y en contra.

Afortunadamente para mí, los dos profesores de mis hijos mandaron las tareas para estos dos meses con un mensaje que decía algo así: "Se recomienda que terminen los cuadernillos de Lengua y Matemáticas, siempre que los padres lo consideren y que no interfiera en los planes familiares. El verano es momento de descanso, cargar pilas y disfrutar más de la familia".

Yo casi daba palmas con las orejas cuando los leí, y me felicitaba una y otra vez por esos profesores que habíamos tenido la suerte de tener este curso. Y es que cuando no es necesario, no es necesario. Cuando su tarea se convierte en la tuya y cuando el poco tiempo que tienes de descanso en común aparece esa "obligación" que empaña el necesario ocio, surge un ogro en tu interior que amenaza con romper en mil pedazos los dichosos cuadernillos.

¿En serio necesitan los niños estar todos los días de las vacaciones tres o cuatro horas sentados repasando y, en ocasiones, adelantando temario del curso siguiente?

Al respecto, recuerdo una conversación con un padre amigo en la que me comentaba lo siguiente: "Es que el verano es muy largo, no pueden estar tanto tiempo ociosos y, además, si no repasan, se les va a olvidar todo lo visto durante el curso". Lo miré fijamente eligiendo bien las palabras que iba a usar, acordándome de una prestigiosa psicóloga infantil, la gran Rosa Jové, y le dije: "Oye, dime una cosa, tú tienes tres semanas de vacaciones en agosto, ¿verdad?" "Uf, sí. He conseguido tenerlas, ya que con tres semanas sí que se desconecta de verdad" "Pues mira, yo creo que es mucho tiempo. ¿Qué tal si te llevas los informes y proyectos de tu empresa para no olvidarlos y darles un repasito todas las noches? Ya sabes, tres semanas es mucho y con la desconexión se te puede olvidar aquello tan importante que le presentaste a tu cliente". Me miró con asombro y soltó una carcajada: "Vale, te pillo. Ok, entiendo tu enfoque".

En realidad lo yo que defiendo a capa y espada, y que se traslada a los deberes durante el curso escolar, es que queremos adultos sanos mental y emocionalmente, que sepan desconectar y, sin embargo, les estamos haciendo que adquieran el hábito de NO hacerlo.

Cuando volvemos a casa después de nuestro trabajo necesitamos desconectar --sé que algunos de nosotros, a veces, no tenemos más remedio que trabajar algo en ese horario,-- y la mayor parte del tiempo queremos y necesitamos hacer un parón para rendir mejor al día siguiente. (Como curiosidad, el hashtag #desconexión tiene más de 110.000 entradas solo en Instagram y casi en su totalidad, relacionadas con los tiempos de ocio).

Richard Gerver, uno de los gurús mundiales en temas de educación, sostiene que los deberes no benefician a los niños. Y la investigadora en temas educativos, Catherine L'Ecuyer, afirma que en España se tienen demasiados y los niños deberían jugar más... y no sólo jugar, debemos pasar más tiempo en familia. Cuando son pequeños NO necesitan deberes, necesitan jugar más e interactuar más con su familia e iguales al terminar el colegio; y cuando son más mayores, los "deberes" deben ser de otro estilo. Ese es el enfoque que da el nuevo y revolucionario modelo pedagógico The Flipped Clasroom, que es otra manera de trabajar al terminar la jornada escolar que fomenta el desarrollo de muchas competencias.

En la mayoría de las casas, el final del día se convierte en el único momento compartido por todos los miembros de la familia. Un momento corto que es necesario aprovechar para hacer cosas todos juntos, para compartir y comunicarnos, y no para encerrarnos cada uno en una habitación a "seguir con la tarea". Al final somos todos como islas individuales que compartimos poco tiempo y de baja calidad, y eso a la larga es un riesgo. Un día, de esa "habitación isla", saldrá un adolescente con barba y con voz de hombre al que no conocerás y dirás: "¿Quién eres tú y qué has hecho con un niño que entró ayer en esa misma habitación?".

Y no os digo nada la taquicardia que me produce tener que explicar alguna temática que ni me acuerdo, ni quiero recordar o peor, que no tengo ni idea y me toca estudiar para explicársela a mi hijo...¡Sudores fríos me entran!

No, no y no. Reivindico momentos de calidad en casa al terminar el día con mi familia. Momentos en los que podamos hacer la cena juntos, contarnos qué tal nos ha ido el día, quejarnos un poco, reírnos un mucho y, sobre todo, que podamos comunicarnos y hacer equipo. El tiempo y la vida pasa. Nuestros hijos se marcharán y lo que nos quedará es el vínculo que hayamos establecido desde bien pequeños con esos momentos compartidos.

Porque en el fondo, lo que cuenta, son esos ratos alrededor de una mesa en los que, sin necesidad de grandes banquetes ni ceremonias, vivíamos los momentos más dichosos al acabar el día...

Noelia López Cheda