jueves, 10 de mayo de 2018

10 DE MAYO: QUEMA DE LIBROS EN EL REICHSTAG



Pasaron tres magníficos días en los que Klaus les enseñó lo mejor de Berlín: la Alexanderplatz, la catedral, la Puerta de Brandeburgo, el palacio Charlottenburg... La noche del día 10 salieron a dar un paseo y acabaron en los alrededores de la Opernplatz, la plaza de la ópera, cuando sin previo aviso se vieron arrastrados por una multitud compuesta por civiles adeptos a Hitler, nacionalsocialistas y miembros de la Asociación de Estudiantes; casi todos llevaban camisas pardas y brazaletes con la esvástica.
-Quiero que sepáis lo que pasa en la nueva Alemania -dijo Klaus-. Vais a ver algo asombroso.
Grupos de jóvenes que portaban antorchas y cantaban consignas nazis se dirigían a la plaza, donde una multitud enardecida no dejaba de crecer.
-¿Qué van a hacer? -preguntó Chantal, agarrándose fuertemente al brazo de su marido, que también mostraba signos de inquietud.
-¡Limpieza! -contestó Klaus con voz firme-. ¡Una gran limpieza!
Se dejaron llevar por la corriente y se encontraron con una extraordinaria pila de libros en el centro de la plaza, a la que arrojaban montones de ejemplares. Jean se volvió hacia su amigo.
-¿Qué es esto, Klaus?
-Libros peligrosos y contrarios a nuestra ideología -respondió con satisfacción-. Enemigos que desprestigian a Alemania.
-¿Para qué los amontonan? -preguntó Chantal.
-Ahora lo veréis... ¡Fijaos!
Atónitos, vieron cómo prendían fuego a los miles de volúmenes entre los que se encontraban obras de Sigmund Freud, H. G. Wells, Bertolt Bretch, Ernest Hemingway, Franz Kafka, Albert Einstein... En la oscuridad de la noche, la gran fogata cobró vida y más de veinte mil libros se dispusieron a ser pasto de las llamas.
-¡Mira, Jean! -Chantal señalaba un libro que empezaba a arder en los límites del montón, corno si quisiera escapar.
Jean se inclinó y consiguió sacarlo.
-¡Es de Saint-Exupéry! -exclamó-. ¿Por qué...?
Klaus se lo arrancó de las manos y lo arrojó a la hoguera ante la mirada de incomprensión de su amigo:
-¿Estás loco, Jean? ¿Quieres que os maten? ¡Estamos llamando la atención! -Algunos uniformados cercanos los miraron extrañados, pero Klaus los tranquilizó con un gesto-. ¡Salgamos de aquí antes de que las cosas se compliquen! -los apremió al tiempo que echaba miradas nerviosas a su alrededor-. ¡Deprisa!
Así fue como los sacó de la plaza y los condujo apresuradamente hasta el hotel, asegurándose de que nadie los siguiera.
-¿Qué está pasando? -le preguntó Jean, estupefacto por lo que acababa de ocurrir-. ¿A qué ha venido esto? ¿Por qué queman libros?
-Alemania está cambiando -explicó Klaus-. Adolf Hitler ha tomado las riendas y nadie le va a impedir hacer lo que considere necesario para salvar a la patria. Espero que esto abra los ojos a Europa. Habéis visto un acto de valentía: el pueblo alemán está recuperando su honor.
-¿Por qué nos has invitado a ver todo esto? -Chantal estaba envuelta en lágrimas-. Sabes muy bien que respetamos los libros y...
-Ya os lo he dicho: quería que supieseis de primera mano lo que está sucediendo en Alemania y espero contar con vuestro apoyo.
-¿Nuestro apoyo en la quema de libros? -exclamó Jean-. ¡Nunca alentaremos eso!
Tanto para él como para Chantal, los libros eran su vida -su propio romance había comenzado cuando Jean publicó un libro de Chantal en una cuidada edición que había tocado el corazón de la escritora- y no podían apoyar ningún tipo de censura.
-¡Ha sido horrible! -declaró ella-. Nunca hubiera esperado que tú estuvieras de acuerdo.
Klaus guardó silencio durante unos instantes. Parecía defraudado por la respuesta de sus amigos. Sobre todo por la de Chantal.
-Por vuestro bien, es mejor que volváis a París inmediatamente -reconoció por fin-. Sí pensáis así, aquí corréis peligro.

Santiago García Clairac, El Principito se Fue a la Guerra