miércoles, 14 de octubre de 2015

RAP DEL MÍO CID

               
      Nuevo curso, pero los temas siguen siendo los mismos; y además se repiten en la ESO y en Bachillerato. Una vez visto el tema de la épica medieval, que a muchos de nuestros alumnos odian, vamos a ofrecerles un contrapunto que les pueda animar y observarlo desde otra perspectiva. Ya lo hicimos el curso pasado con El Cid y sus Coplas; este curso veremos el siguiente rap:

Queridos oyentes...
Os quiero deleitar con un poema.
Un poema épico, especial, histórico,
el poema del Mío Cid:
aquel caballero desterrado por su propio rey.
Aquel caballero...¡qué buen vasallo si hubiese tenido buen señor!

Rodrigo Díaz
o Mío Cid, el campeador.
Salvador de Sevilla
contra Almudafar, el traidor.
Siendo sólo un infanzón
las envidias despertó.
Y así lo desterró
el Rey Alfonso, su señor.
Alejolo de sus hijas,
Doña Elvira y Doña Sol;
dejó sola a su mujer,
Doña Jimena y se marchó.
Pero sus mesnadas
sin duda le acompañaban.
Siguiéronle de cerca
allí donde cabalgaba.
Con gran valor
y a cada paso
Don Rodrigo meditaba:
¡volveremos con gran honor!

Mío Cid, el caballero castellano.
El cide de los moros,
el señor de los cristianos.
Marchó, lloró, lidió, venció.
Todas las batallas las libró
superando el dolor.
Fiero guerrero
que imperó en el tablero del campo.
A sus enemigos inspiraba terror,
y lo llamaban el Cid Campeador.

El ángel Gabriel
visitó a Rodrigo en sueños,
le dijo: "tened fe
y poned todo el empeño,
si obráis por el señor
el perdón será vuestro".
Salió de Toledo
tomó Alcocer y Alcañiz.
Y al conde de Barcelona
apresó en esta lid.
Ganó la espada Colada,
y con todos repartió
el botín de una batalla
que en Minaya ganó.
En el pinar de Tévar
ya no hay nadie que no sepa
del campeador.
Y así con esta fe
Don Rodrigo murmuraba:
¡volveremos con gran honor!

Nuestro héroe castellano
asedió y conquistó
la ciudad de Valencia,
y gran honra ganó.
Hasta al Rey Yusuf,
de Marruecos
la noticia llegó.
De allende el mar
este ejército arribó,
y a las puertas de Valencia
ya las tiendas asentó.
Y sin dudar
atacó
con gran furia
el campeador.
Cincuenta mil moros
contra cuatro mil
de los guerreros del cid,
Que vencieron con la ayuda
del creador.
Y con esta gran victoria,
Don Rodrigo hablaba:
¡volveremos con gran honor!

Otro rey moro,
el Rey Búcar en cuestión,
fue a cercar Valencia,
la venganza lo cegó.
Y otros cincuenta mil
de los suyos mandó.
Pero el de Vivar,
que en buena hora nació,
sembró el terror en los moros
y a ninguno dejó.
Al Rey Búcar mató.
Ganó la espada Tizón.
Consiguió de su Rey,
Alfonso, el perdón.
Casó a sus hijas amadas
con los reyes de Navarra
y de Aragón.
Regresó con su mujer,
y a los suyos gritó:
¡hemos vuelto con gran honor!

Si, fue la victoria del bajo castellano contra la nobleza leonesa,
de la humildad contra la envidia.
De las raíces de la tierra contra la invasión.
Y este fue el poema,
el poema del Cid Campeador.