miércoles, 28 de octubre de 2015

ES MENTIRA QUE LOS MUERTOS MUERAN CUANDO MUEREN.

A veces les alarga la vida el amor.

En tales ocasiones, los muertos, tras morir, perviven en el corazón de quienes los amaron y los recuerdan, que se convierten así en espejo temporal de su memoria sobre la tierra, en eco emocional de sus espíritus, que rebota frágil y desesperanzado, pero vivo, contra las paredes de piedra del olvido.

Si fuiste amado, los latidos de tu corazón ya intangible se alargarán como sombras de caminante solitario que busca regresar a casa antes de que se cierna la noche.

Si amaste, vivirás. No para siempre, porque el ser humano es incompatible con la magnitud de esa palabra, pero sí más allá de tu propia muerte.

Serás un muerto que no haya muerto cuando haya muerto.

Pero ¿y si nunca amaste? ¿Si caminaste sobre la tierra de puntillas, sin resuello y acobardado ante la idea del amor al acecho?

Dedico este libro a la memoria del viejo Max, que cuando yo termine de escribir tendrá toda la larga muerte por delante, y lo dedico también al futuro de la joven Zara, a quien aguarda una vida nueva ahí mismo, tras la esquina.

Max y Zara vinieron de la guerra, pero de guerras distintas acaecidas en tiempos distintos.

Max y Zara vinieron impulsados por el amor a la vida, pero eran formas de amor a la vida distintas, y puede que contradictorias.

Me crucé en su camino sin haber hecho nada por merecerlo. Pero la historia que viví junto a ellos, cuyos sucesos esenciales tuvieron lugar en poco más de veinticuatro horas, aunque también podría decirse que abarcaron casi todo el siglo XX y recorrieron el planeta de punta a punta, late en mi interior como si tuviera corazón propio, y siento la irrenunciable obligación moral de contarla.

Escribir libros es, al fin y al cabo, mi trabajo, y escribiendo uno me encontraba cuando tuve la primera noticia sobre Max.

En realidad, decir que escribía un libro es inexacto. Lo que hacía era empezar a escribirlo, cosa que es bien diferente, como sabe bien todo el que haya escrito alguna vez un libro o lo haya intentado. Parafraseando a Mark Twain, cuando reflexionaba humorísticamente sobre el hábito de fumar, diré que empezar un libro es –como dejar de fumar– muy fácil, facilísimo.

Fernando Marías, Zara y el Librero de Bagdad

PREMIO GRAN ANGULAR 2008