viernes, 21 de agosto de 2015

MR. HOLMES

               
De Sherlock a Holmes, y tiro porque me toca.

              No me acordaba ayer, cuando subí el cuento de EnriqueJardiel Poncela, que hoy estrenaban la película basada en la novela de Mitch Cullin (Aviso, creo que hay cambios significativos entre libro y película).

Estamos en 1947. Sherlock Holmes se jubiló hace ya mucho tiempo y ahora es un anciano de noventa y tres años. Watson y Mycroft han muerto. Vive en una granja remota, en Sussex, con su ama de llaves, la señora Munro, y el joven hijo de esta, Roger. Cada día atiende a sus abejas, escribe en su diario y se da cuenta de que va perdiendo facultades. Aunque siguen proponiéndole que investigue algunos extraños casos, él está tan alejado de esa vida que no quiere ni escucharlos. Se ha convertido en un hombre encerrado en aquellos recuerdos que no ha perdido todavía.

El Holmes que nos presenta Mitch Cullin, a pesar de su cuerpo erguido, usa dos bastones para andar, su pelo y su barba son de color blanco, y aunque su inteligencia sigue viva, la memoria le flaquea: recuerda los momentos de su niñez pero olvida detalles del presente como la hora del día en que se encuentra. A través de esos recuerdos reflexiona sobre la vida, el amor, los límites de las habilidades mentales y sobre la muerte: la suya propia y la de aquellos que le rodean. Vemos a un Sherlock capaz de empatizar con los demás, pero incapaz de expresar y exteriorizar sus propios sentimientos.

Esta historia de corte intimista se ve alternada por otras dos tramas.

La primera es “La armonicista de cristal”, donde un hombre quiere recuperar a su esposa, Ann Keller, que había cambiado tras sufrir dos abortos. Esta aventura está recogida en un breve manuscrito sin acabar, que Roger lee a escondidas. A lo largo del libro, Holmes lo termina, y reflexiona sobre los escritos de Watson y la repercusión que éstos tuvieron en el mundo de la literatura. Sherlock nos da a entender que el vacío que preside su vida lo ocasionó Ann Keller.

La segunda trama es el viaje de Holmes a Japón, tras la Segunda Guerra Mundial, invitado por Tamiki Umezaki con el que se cartea sobre las propiedades de la jalea real y de cierto tipo de pimienta. Pero Umezaki, cuyo padre hace años le abandonó a él y a su madre para irse a Inglaterra, quiere saber que pasó con él, pues en una carta, el padre de Umezaki le escribió que, impresionado por Sherlock Holmes, había decidido quedarse en Inglaterra para siempre.