miércoles, 17 de junio de 2015

VIAJE DE FIN DE CURSO

- ¿María, llevas todo para la excursión?
- Creo que sí, mamá; vamos, ve a por el coche, que no llegamos.
- Voy, hija, voy
Una vez que estuvimos en  la estación de autobuses, le di un beso a mi madre y me subí al autobús con Ana.
Este era un viaje de fin de curso del instituto, íbamos a ir a las lagunas de Ruidera a pasar una semana todos juntos. Lo peor del viaje es que se viene Rosa; es la típica chica que se cree superior a los demás, y, además, me odia. Tuvimos un problemilla cuando éramos pequeñas y, desde entonces, no cruzamos palabra.
El viaje se hizo bastante largo, ya que tenía tantas ganas de llegar que  los minutos me parecían horas. Cuando llegamos nos asignaron las habitaciones y, como era de temer, me habían puesto con Rosa, a pesar de que los profesores saben cómo nos llevamos. ¡En fin, va a ser una semana muy dura!
Eran las ocho de la tarde, así que nos dejaron una hora para instalarnos, y a las nueve teníamos que estar en el comedor para la cena.
Por la noche, no podía dormir, no sólo porque la presencia de Rosa me inquietaba sino porque estaba nerviosa: al día siguiente, íbamos a ir a una cueva muy famosa, y yo estaba llena de expectativas, intrigada, pero, a la vez, me daba miedo porque soy un poco claustrofóbica. Hice el juego de contar ovejitas y, poco a poco, fui durmiéndome.
- ¡¡¡Vamos arribaaa!!!
- Cállate ya -dijo Rosa.
- ¿Qué pasa? -dije algo aturdida.
- ¡En cinco minutos abajo, es hora del desayuno!
Yo no quería tener problemas con Rosa, aunque ella no parara de pincharme, yo no respondía y, cuando estuve lista, bajé para encontrarme con mis amigas y empezar esta maravillosa semana.
Desayunamos, nos preparamos y salimos para la cueva.
Esto era el colmo, encima que tengo que estar con ella en la habitación, tengo que ir también en la canoa. ¡Eso sí que me daba miedo! No sabía que había que pasar a la cueva en canoa, no sé nadar.
La cosa no iba bien, estaban ya todos fuera, esperándonos, pero no nos poníamos de acuerdo y nos estábamos peleando, una cosa llevó a la otra y, cuando me di cuenta, me estaba cayendo de la canoa. ¡Qué horror!
Estaba intentando salir, pero no conseguía subir a la superficie, intenté agarrarme a las paredes y toqué un pomo, espera, ¿un pomo? ¡Eso significa que hay una puerta! ¿Qué hace una puerta en la pared de una cueva? Noté que alguien me agarraba y me olvide de aquello tan extraño que me acababa de ocurrir.
Ya me había tranquilizado un poco y me acordé de la puerta, tenía muchas ganas de volver allí, así que hice un plan, se lo conté a mis amigas y fuimos por la noche.

Cogimos unas mascarillas de buceo para aguantar debajo del agua, también ropa cómoda, un par de linternas  y salimos. A Lucía le daba un poco de miedo pero como íbamos todas se vino.
Bajamos todas juntas y conseguimos ver de nuevo la puerta, tras mucho esfuerzo la conseguimos abrir. A pesar de que llevábamos linternas no se veía bien, lo suficiente para ver un baúl.
Abrimos el baúl y había unos papeles aparentemente muy viejos, así que los metí en una bolsa y luego en mi mochila para que se mojasen lo menos posible y no se estropeasen.
Al día siguiente, les enseñamos los papeles a nuestros profesores, aunque sabíamos que nos iban a castigar por escaparnos, no podíamos quedarnos calladas, tenía pinta de ser muy importantes.
Los estuvimos leyendo todos juntos y era un final alternativo del famoso libro El Quijote, firmado por Cervantes, ¡no me lo podía creer, había otro final de El Quijote y yo la había encontrado!
Mis profesores llamaron a unos especialistas de Madrid para que verificasen esos documentos. Tras unos días de espera, nos confirmaron que eran verdaderos, ¡qué eran de Cervantes!
Nuestro instituto fue galardonado con la insignia del Real Instituto de la Academia de la Lengua Española; es una mención muy importante, y pocos institutos en España lo tienen.
Vino la prensa, la radio, la televisión a hacernos entrevistas por este maravilloso descubrimiento.
Por lo visto, Cervantes tuvo que esconder este final por las persecuciones que sufría.
HEMOS MARCADO UN ANTES Y UN DESPUÉS EN LA HISTORIA LITERARIA ESPAÑOLA.
María Navarro Carreto