martes, 9 de junio de 2015

DAVID Y EL VIDEO JUEGO


                Había una vez un niño llamado David, al que le encantaba jugar con videoconsolas, en especial le gustaba su Play 3. Como todos los días, despues de hacer los deberes, le dio al botón y encenció el aparato. David noto que algo raro le pasaba a a la pantalla, pero no le dio importancia y se fue a por la merienda. Al volver, vio que en la televisión había un hombre leyendo algunos libros, unos desordenados encima de una vieja mesa de madera, debajo de la cual había un viejo galgo, y otros tirados por el suelo. De repente el hombre se giró y dio un salto.
                -¿Quién eres tu? –pregunto el anciano soteniendo una vieja y oxidada espada.
                David se quedó alucinado. Parecía que el anciano le estuviera hablando a él.
                -¡Contesta! –gritó.
                David se dio cuenta de que le hablaba a él. y se asustó muchísimo.
                -No puede ser real… -tartamudeó el niño.- Me llamo David –contestó el niño.- ¿Cómo me puede ver? –preguntó.
                Antes de que el anciano pudiera contestar, este se dio cuenta de que no se podía mover.
                -¿Oh, Dios mío…! Es exactamente lo que ponía en uno de mis libros.
                -¿Qué? –preguntó el muchacho.
                - ¡Rápido, llevame hasta la estantería!
                El muchacho, sin rechistar al anciano, se preguntaba cómo lo haría; entonces con su joystick controló al anciano hasta el lugar indicado. Entonces este cogió un libro y se lo enseño a David.
                En la primera hoja había un cartel:


David leyó un poco más abajo que ponía:
                “Si libre queréis quedar, a Dulcinea tenéis que encontrar
                David y el anciano se presentaron, pues, parecía que iban a estar toda la tarde juntos.
-Al final del libro pone que Dulcinea está en El Toboso, y que, parar llegar ahí, hay que pasar tres niveles: En el nivel 1, hay que luchar contra los gigantes; en el nivel 2, hay que luchar contra un ejercito de guerreros; en el nivel 3, hay que llegar al Toboso y rescatar a Dulcinea. ¡Venga, muchacho, comencemos esta aventura y desfazamos el encantamiento!
-Bueno, vamos –dijo David pulsando los botones del mando.
Iban andando por la pantalla, y de repente apareció un logotipo indicando NIVEL 1.
David y Don Quijote se quedaron extrañados, pues en aquel lugar solo había unos cuantos molinos.
-¡Qué fácil! –dijo don Quijote, y continuaron caminando.
Al rato volvió a aparecer un nuevo logotipo NIVEL 2, y sus caras reflejaron una mayor extrañeza y consternación.
-¡Si solo hay un rebaño de ovejas! –gritó don Quijote- ¡Esto no puede ser tan fácil!
Continuaron caminando por la pantalla y esquivando las ovejas.
Por fin, llegaron al Toboso. Allí, en lo alto de una montaña, había un gran castillo.
-¡Allí tiene que estar Dulcinea! –dijo el anciano.
-¿Para qué buscáis a Dulcinea? –preguntó una melodiosa y dulce voz.
David pulsó los botones, y don Quijote se dio la vuelta.
-¿Dulcinea?
-Sí, soy yo –afirmó la muchacha.
-¡Soy don Quijote! –y al instante el anciano caballero le dio un fuerte abrazo.
-¡Don Quijote, ya puedes moverte solo! –exclamó David entusiasmado.
Después de una gran despedida, David guardó la partida y apago la play.
Al día siguiente, el chico fue corriendo a encender la videoconsola, pero lo único que apareció en la pantalla fue el nuevo videojuego que le había regalado su tío Alonso.

Nuria Herreros Fernández