domingo, 31 de julio de 2016

KENSINGTON GARDENS


Inmediatamente os daréis cuenta de que sería casi imposible seguir las aventuras de Peter Pan, si no nos familiarizamos con los Jardines de Kensington. Estos Jardines están en Londres, donde vive el rey. (…)

Los Jardines limitan por una parte con una interminable hilera de autobuses, sobre los que vuestras niñeras tienen el poder de obligarles a detenerse con una simple señal de la mano cada vez que quieren cruzar tranquilamente la calle con vosotros.

Es verdad que hay muchas puertas de entrada a los Jardines, pero vosotros siempre entráis por la misma, y, antes de entrar, os paráis a charlar con la señora de los globos, que se sienta allí, muy cerca de la verja, agarrada a las barras… Pues, si se olvidara de agarrarse bien a las barras, los globos la elevarían y se la llevarían volando. (…)

Los Jardines son un lugar impresionantemente grande, con centenares y centenares de árboles. En primer lugar, nada más entrar, encontramos las Magnolias, pero no conviene que nos detengamos aquí, porque es un lugar para diminutos personajes altivos, a quienes les está prohibido mezclarse con la gente, y se llaman así porque, según la leyenda, se visten con gran pompa. (…)


Ahora nos encontramos en el Paseo Central, que, en comparación con otros paseos, es tan grande como vuestro padre, comparado con vosotros. David siempre se preguntaba si, al principio, aquel paseo habría nacido pequeño y luego habría crecido y crecido hasta hacerse grande, y si los otros paseos serían sus hijos. Incluso llegó a hacer un dibujo que le gustaba mucho: había representado el Paseo Central llevando de paseo, a tomar el aire, en un cochecito, a un paseo chiquito. En el Paseo Central uno se encuentra a las personas que vale la pena; generalmente van acompañadas de un adulto para impedirles que se metan en el césped húmedo, y les mandan de castigo ponerse de pie en un extremo del banco, si hacen el pillo o hacen pucheros. Hacer pucheros quiere decir comportarse como una niña; hacen pucheros porque la niñera no quiere cogerlos en brazos o hacen mohínes, chupándose el dedo pulgar, y esto es algo muy desagradable. Y hacer el pillo equivale a dar patadas a todo lo que encuentra, y en esto, por lo menos, hay alguna satisfacción.


Si tuviera que enseñaros todos los lugares importantes mientras pasamos por el Paseo Central, se haría la hora de volver a casa antes de llegar al final. Por eso me contentaré con indicarlos al pasar

J. M. Barrie, Peter Pan en los Jardines de Kensington