viernes, 26 de septiembre de 2014

LA CIENCIA DE SHERLOCK HOLMES

Pocos personajes en la literatura son más universalmente reconocidos que Sherlock Holmes. Sujeto de sesenta historias escritas por Arthur Conan Doyle y de incontables pastiches de otros autores (por no mencionar incluso una o dos «biografías»), Holmes es un icono de la literatura. Los lectores quedan cautivados por sus poderes de observación y razonamiento deductivo, pero lo que a veces pasan por alto es el uso de la ciencia y los métodos forenses que se hace en sus historias. Mucho antes de que las series de televisión le hicieran tan popular, Conan Doyle (y Holmes) abrió un nuevo camino en esto, añadiendo profundidad y complejidad al género de detectives iniciado por Edgar Allan Poe. Este libro se centra en los aspectos científicos de Sherlock Holmes. Cada una de las sesenta historias hace alguna mención a la ciencia. Y en algunas de las historias, la ciencia es el factor dominante.

La ciencia de Sherlock Holmes, de James O'Brien, nos enseña cómo descifrar casos con ciencia y medicina forense. Admiramos a Sherlock Holmes por ser el más astuto de los detectives pero, ¡elemental, querido lector!: no solo era inteligente, sabía mucho de ciencia... Sherlock Holmes sigue fascinando a millones de lectores y aficionados al cine por igual.

El autor es un conocido científico que ha impartido conferencias por todo el mundo sobre los métodos científicos de Holmes, consiguiendo un éxito abrumador. Jim O'Brien es Distinguished Professor Emeritus en la Universidad de Missouri. Apasionado por la figura de Holmes. O'Brien ha impartido más de 150 conferencias sobre Holmes y la ciencia, cursos universitarios sobre el mismo tema en Londres.

En La ciencia de Sherlock Holmes, James O'Brien ofrece una mirada en profundidad a la utilización que Holmes hace de la ciencia en sus investigaciones. De hecho, una de las razones del atractivo de Holmes es su frecuente uso del método científico y el amplio conocimiento científico en que se basó para resolver misterios, y el autor revela que Holmes fue un pionero de la ciencia forense, haciendo uso de las huellas digitales mucho antes de que Scotland Yard adoptara este método. Uno de los aspectos más atractivos del libro es cómo el autor incluye antecedentes de la vida real sobre temas como el análisis de la escritura, que describen cómo se han utilizado para capturar los asesinos famosos.

Sherlock Holmes era un buen conocedor de varias ciencias, especialmente la química, y el libro se ocupa de venenos químicos como el monóxido de carbono, el cloroformo o el ácido prúsico (más conocido como cianuro), echando por tierra famosa afirmación de Isaac Asimov que Holmes era un químico torpe. Además, en el libro desfilan otras ciencias como las matemáticas, la física, la biología, la astronomía, la meteorología y la geología, siempre en el contexto de las hazañas de Holmes.


El libro se estructura en cinco capítulos y nos invita a realizar un recorrido por las historias de Holmes desde una perspectiva diferente.

En el primer capítulo nos acerca a cómo se creó el personaje: el mismo autor; Edgar Allan Poe, creador del personaje de Dupin; y el Dr. Joseph Bell, mentor de Conan Doyle en la Facultad de Medicina. El segundo capítulo realiza una reseña de los principales personajes de sus historias: Sherlock, el Dr. Watson, Moriarty, Mycroft, la señora Hudson…

Los otros tres capítulos se centran en los métodos científicos aplicados por Holmes. El autor realiza un examen detallado de las técnicas usadas como las huellas dactilares, las huellas de pisadas, el análisis de documentos manuscritos e impresos, o la criptografía. El capítulo dedicado a los conocimientos químicos de Holmes adquiere un interés principal al ser la especialidad del autor, capacitándole para dar respuesta a un interesante interrogante: estos conocimientos ¿eran profundos o excéntricos? El libro termina con un capítulo dedicado a los conocimientos de Holmes en otras seis ciencias: Matemáticas, Biología, Física, Astronomía, Geología y Meteorología.