lunes, 13 de febrero de 2017

NUESTRO VIAJE A MADRID


Os dejo con la impresión de Mª Luz (S4B):

Ha sido una excursión interesante.

Con respecto al teatro, lo cierto es que me quedé con ganas de ver alguna obra enteras en vez de solo una escena representativa de diferentes obras, no obstante supieron transmitirnos la esencia y la evolución del teatro en el siglo XX perfectamente, cómo ha ido rompiendo moldes y reflejando la realidad y los males de nuestra sociedad. Algunos sketchs fueron geniales (Tres sombreros de copa), otros dramáticos e intensos (¡Ay, Carmela!). Como dirían Alberto Favero y Nacha Guevara, esa vieja y entrañable showman argentina:

Un ritual que repetimos
sin hacer ningún reproche
en un mundo que inventamos
cuando comienza la noche.
Una sala que está a oscuras,
un escenario desierto,
que habitarán mil figuras,
que te harán soñar despierto.
Y atrás, en los camarines,
comienzan a cobrar vida,
entre afeites y carmines,
los héroes de la partida,
que al espejo le piden su opinión
hasta el momento de alzarse el telón(...)
Un sol de cartón pintado,
un estreno muy ruidoso,
un aplauso prolongado,
un letrero luminoso,
un tango de la Merello,
un telón que es un palacio,
un papel de caramelo,
la vida en muy poco espacio,
esto es teatro.


También me pareció fascinante poder ver la universidad y recorrer sus pasillos (por cierto, por si no lo sabías, ese señor mayor que presentó la obra, ese abuelete, Alfonso, es un viejo profesor mío).

Luego a comer en el centro de Madrid; bueno, comer todos, y de compras algunos. ¡Viva el shoping! Y después, una vez que nos reunimos todos, Gran Vía abajo, deprisa, en dirección al Prado.


El Museo del Prado simplemente me encantó: fue una gozada poder disfrutar de todo aquel arte; lo peor fue que estaba bastante cansada de todo el día y no lo disfruté tanto como hubiera querido (a mí no me mires, que algunas pinturas os las llegue a explicar dos o tres veces). Por si no lo sabías, también en su momento el gaditano Rafael Albertí quedó impresionado

¡El Museo del Prado! ¡Dios mío! Yo tenía
pinares en los ojos y alta mar todavía
con un dolor de playas de amor en un costado,
cuando entré al cielo abierto del Museo del Prado.
¡Oh asombro! ¡Quién pensara que los viejos pintores
pintaron la Pintura con tan claros colores;
que de la vida hicieron una ventana abierta,
no una petrificada naturaleza muerta,
y que Venus fue nácar y jazmín trasparente,
no umbría, como yo creyera ingenuamente!
Perdida de los pinos y de la mar, mi mano
tropezaba los pinos y la mar de Tiziano,
claridades corpóreas jamás imaginadas,
por el pincel del viento desnudas y pintadas.
¿Por qué a mi adolescencia las antiguas figuras
le movieron el sueño misteriosas y oscuras?