lunes, 20 de febrero de 2017

#MALDITOS16


A veces necesitamos volver a los lugares donde nos rompemos. Recorrer el camino de regreso al adolescente que fuimos y mirar de frente nuestras heridas, las que se abren cuando nos vemos abocados a elegir quiénes deseamos ser.

#malditos16 emprende ese viaje hacia la identidad a través de las historias de Ali, Dylan, Naima y Rober, cuatro jóvenes que se conocieron en el peor momento de su vida: justo después de querer quitársela. Todos ellos intentaron suicidarse cuando rondaban los dieciséis y ahora, a sus veintipocos, el hospital donde estuvieron internados les propone colaborar en un taller con adolescentes en su misma situación. Acuden con ganas de ser útiles y, a la vez, con miedo de que las grietas se abran y se liberen de nuevo los fantasmas. Monstruos cotidianos de los que apenas se habla. Vidas invisibles –las suyas y las nuestras– que no protagonizan titulares ni ocupan espacio en los medios. Realidades que no existen porque no se nombran y que, sin embargo, todos compartimos. Y es que, aunque nos empeñemos en negarlo, aquellos #malditos16 siguen viviendo bajo el adulto que fingimos ser.

Fernando J. López

                Esta obra de Fernando J. López, y dirigida por Quino Falero, ha sido seleccionada por el Centro Dramático Nacional como un proyecto de Escritos en la Escena: partiendo de un primer borrador, el autor desarrolla y finaliza el texto en el ámbito escénico, trabajando estrechamente con un grupo de intérpretes durante un tiempo determinado.

Algunos de los temas que se abordan, a través de los conflictos y vivencias de los protagonistas, son  acoso escolar, trastornos alimenticios, violencia e identidad de género,  autoestima, falta de expectativas, suicidio, presión familiar… Para abordarlos, cuatro psicólogos expertos participaron en el desarrollo del guion con el afán de crear un texto con realismo absoluto. “Hay que dar recursos a las familias para que interpreten las señales, y a los adolescentes para que tengan agarre, enganches a la vida”, considera el escritor

                Gracias a los flashbacks, donde se recrea la adolescencia de los personajes, vemos una historia en dos tiempos: esa adolescencia (cuando tenían 15 y 16 años) y su juventud (cuando acaban de cumplir 20 y 21), teniendo cada uno de ellos su propia apertura y su propio final. Son cuatro historias de lucha y de superación donde se impone la fuerza de la vida, de la rebeldía y, a través del dolor de las historias de sus personajes, se construye un canto a la vida y a la lucha por encontrar nuestra identidad. Todas las historias de los personajes están basadas en circunstancias reales y son casos de superación de situaciones que, por desgracia, resultan demasiado cotidianas. Con ellas, la obra intenta dar voz a las vidas invisibles, que no aparecen reflejadas en los medios de comunicación:

 Ni una mención en los medios y aun así, el suicidio sigue siendo la segunda causa de muerte entre adolescentes. Lo mismo no hablarlo no está ayudando mucho…