miércoles, 15 de noviembre de 2017

ROSA MONTERO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS 2017


Soy mujer y escribo. Soy plebeya y sé leer. Nací sierva y soy libre. He visto en mi vida cosas maravillosas. He hecho en mi vida cosas maravillosas. Durante algún tiempo, el mundo fue un milagro. Luego regresó la oscuridad. La pluma tiembla entre mis dedos cada vez que...

                Con estas palabras, y que en cierta manera la podrían definir, comienza La Historia del Rey Transparente, la obra más ambiciosa de Rosa Montero, a la que ayer concedieron el Premio Nacional de las Letras. Aunque ella en La Carne ha preferido autoretratarse de esta otra manera:

La periodista se sentó con acelerada torpeza y en un instante lo ocupó todo: el abrigo, el bolso y la bufanda desperdigados por todas partes, el móvil, los auriculares y un montoncito de libros desparramados sobre la mesa. Su llegada fue como un maremoto. Soledad, siempre tan organizada y meticulosa, se echó hacia atrás. Se sentía invadida.
—Un té con leche, por favor —pidió Montero al camarero que acababa de materializarse a su lado—: Y un vaso de agua. Y… perdone —alzó la voz cuando el hombre ya se iba—: ¿Tendrían una pastita o algo? ¿Algo dulce pequeño?
Por favor, ¿es que no podía pedirlo todo de una vez? Qué desorden de mujer. Soledad la analizó con ojos duros y subrepticios: ¡llevaba unas botas de Dr. Martens con rosas bordadas! Y ropa de Zara o algo peor, ropa de una de esas malas cadenas de tiendas para adolescentes. Por todos los santos, ¿se creería que disfrazándose así iba a engañar al tiempo? ¡Pero si Rosa y ella debían de tener más o menos la misma edad! No era una jovenzuela, por más que quisiera vestirse como si lo fuera (...)
Acalorada, Rosa Montero se había subido las mangas del jersey, dejando a la vista un montón de pájaros tatuados en un brazo y una salamandra en el otro. ¡Y encima estaba tatuada! Soledad tuvo que reprimir un bufido burlón. Y, sin embargo, esta mujer se atrevía a escribir novelas. Qué disparate.

El jurado ha reconocido a Rosa Montero por “su larga trayectoria novelística, periodística y ensayística, en la que ha demostrado brillantes actitudes literarias, y por la creación de un universo personal, cuya temática refleja sus compromisos vitales y existenciales, que ha sido calificado como la ética de la esperanza”.

Entre las novelas que ha publicado están: Crónica del desamor (1979), La función Delta (1981), Te trataré como a una reina (1983), Amado amo (1988), Temblor (1990), Bella y oscura (1993), La hija del caníbal (Premio Primavera de Novela en 1997), El corazón del Tártaro (2001), La loca de la casa (2003; Premio Qué Leer 2004 al mejor libro del año; Premio Grinzane Cavour al mejor libro extranjero publicado en Italia en el 2005 y Premio 'Roman Primeur' 2006, Francia), Historia del rey transparente (2005; Premio Qué Leer 2005 al mejor libro del año y Premio Mandarache 2007), Instrucciones para salvar el mundo (2008), Lágrimas en la lluvia (2011) o La ridícula idea de no volver a verte (2013; Premio de la Crítica de Madrid 2014). También ha publicado el libro de relatos Amantes y enemigos (1998; Premio Círculo de Críticos de Chile 1999) y dos ensayos biográficos, Historias de mujeres (1995) y Pasiones (1999), así como cuentos para niños y recopilaciones de entrevistas y artículos.

Su obra ha sido traducida a más de veinte idiomas y es doctora honoris causa por la Universidad de Puerto Rico. Recibió el Premio Internacional Columnistas del Mundo en el año 2014 y el Premio José Luis Sampedro en 2016.