jueves, 23 de noviembre de 2017

ACOSO EN LA BIBLIOTECA


La musiquita rompe el silencio.
Más bien es un silbido agudo de cinco notas.
Marga deja el libro. En la biblioteca hay dos, tres miradas.
Móvil. Pantalla. WhatsApp.
«Dónde estás?».
Y escribe:
«En la biblioteca».
Lo deja y vuelve al libro. Tiene que meterse eso en la cabeza. Estudiar, estudiar, estudiar. En casa es más difícil. En casa no lo consigue. ¿Cómo concentrarse en medio de...?
Otra vez el aviso.
Más miradas.
Coge el móvil y, lo primero, elimina el sonido.
Luego lee el nuevo mensaje.
«De verdad?».
Se siente irritada.
Celos, celos, celos.
Primero le gustaba. Ramiro celoso. Bien. Comía de la palma de su mano. A más amor, más celos.
Ahora ya no está tan segura.
¿Tanto la quiere?
«Pues claro. Dónde quieres que esté?».
Tercer intento de concentración, pero ahora pendiente del teléfono porque sabe que él insistirá.
Ahí está.
«Haz una foto».
Se irrita más. El amor es posesión. ¿No debería ser libertad? No lo entiende. Cada vez es peor.
No, no hará la foto.
¿Es que no la cree?
Ese es su problema.
No, no, no, no la hará.
Un minuto. Dos. Tres.
Nuevo WhatsApp.
«Marga?».
No la dejará en paz. No podrá estudiar. Es un agobio.
Peor aún la llamará por teléfono, y no podrá hablar si está en la biblioteca.
Aprieta las mandíbulas y hace la foto.
Se la manda.
Espera.
«Has tardado. Has ido corriendo a hacerla, o ya la tenías en el móvil?».
Siente deseos de llorar.
Tantos mensajes, todos los días.
Y tantas discusiones.
«Capullol», escribe.
«Guapa!», le contesta.
Se acabó. No le quita ojo a la pantalla y ya no hay más.
Pero no consigue concentrarse en el libro. No puede. No después de la maldita foto.
Cierra los ojos y le recuerda como era antes, o al menos como le hizo ver y creer que era.
Tan diferente...
Aquel primer día, en la discoteca...

Jordi Sierra i Fabra, Desnuda