martes, 7 de noviembre de 2017

LA PARTITURA


 Marta, una joven que trabaja como auxiliar de clínica en una residencia de ancianos, se encariña con un anciano de larga barba blanca, Gandalf, aquejado de alzheimer, que parecer revivir cuando toca el piano y en esos momentos recuerda a Saya, a la que sabe que quiere, pero no sabe quién es. Poco antes de morir, creyendo que es Saya, entrega a Marta un sobre, una partitura y su viejo diario:

Daniel Faura es un compositor de ascendencia rusa maltratado por la vida y con una única pasión: el piano. Durante un viaje a las estepas mongolas conoce a Sayá Sansar, una niña de doce años que posee un don para la música. Daniel, cautivado por el potencial de Sayá, decide dedicar su vida a hacer de la niña la mejor pianista del mundo.

Así, lo que comienza siendo una relación entre tutor y alumna, se convierte en una obsesión para el compositor que desemboca, finalmente, en un amor apasionado y tortuoso.

Esta novela de Mónica Rodríguez nos acerca al mito de Pigmalion (el artista que se enamora de su obra por la perfección) y nos recuerda la Lolita de Nabokov. Esos sentimientos obsesivos que el siente por la niña, y en los que Daniel nos quiere caer, pero, a pesar de todo, él siempre va a buscar relaciones con chicas jóvenes, nos llevan a una historia dura, que nos sorprende.

 Y la música que nos va llevando a través de toda la vida de Daniel, sobre todo esa romanza rusa Ojos Negros, hasta que acompañamos a Saya en su concierto en el Teatro Real de Madrid. Y luego esa sonata que Marta ha escuchado a Gandalf, que remueve su interior y cuya partitura querrá entregar a Saya, para que la de a conocer a todo el mundo. Por medio de la música se van sucediendo las reflexiones de Daniel y Marta sobre el amor, la vida y el arte.

                Dos narradores, Marta y Daniel, que nos llevan a la misma historia: la una para introducirnos en ella, haciéndonos ver como la enfermedad ha borrado los recuerdos de Gandalf; el otro ya nos cuenta su vida, con sus angustias, sus torturas mentales, su huida hacia otras relaciones. Todo ello con una prosa muy cuidada, casi poética, por la belleza de sus imágenes y por la precisión de los sentimientos que relata. Insistiendo una y otra vez en la psicología de Daniel. Hasta que Saya habla, y nos dice que las cosas no son como él las cuenta, insinúa maltrato, y que igual su versión tampoco es la verdadera.

                Pero tal como cuenta Daniel su historia, si nos atenemos a sus palabras, Saya es simplemente una obsesión, de la que tan pronto huye como se acerca, no es su verdadero amor, sino que éste es Vera, la joven actriz que le acompaña a Mongolia, la única mujer a la que ha amado, la única por la que siente pasión.

Mónica Rodríguez quiere profundizar en el alma atormentada de un creador, en la propiedad de las obras de arte, o en hasta dónde podemos forzar a una persona para que desarrolle ese talento que pensamos que tiene. Por eso la historia del compositor obsesionado por una alumna que es muy buena, obsesionado con que sea la mejor pianista del mundo. Y esa canción, esos ojos negros, que nos obsesionan:

Ojos negros, ojos apasionados
Ojos ardientes, hermosos
Cómo os quiero, cómo os temo
Tal vez os conocí en un momento maldito
Oh, por algo sois más oscuros que lo profundo del mar
Veo en vosotros el duelo por mi alma
Veo en vosotros una llama de victoria
Consumido en ella, un pobre corazón
Pero no estoy triste, no estoy triste
Encuentro consuelo en mi destino:
Todo, lo mejor que en la vida Dios nos ha dado
Os lo sacrifico, ojos de fuego

PREMIO ALANDAR 2016