lunes, 22 de mayo de 2017

MI PADRE Y LOS POLÍTICOS


                Excuso decir que era vegetariano. Una vez más, su ética particular lo impulsaba a razonar, que si tenía derecho a comerse un cerdito inofensivo, que nunca le había hecho daño, no veía por qué no podía comerse a alguno de los políticos que tanto fatigaban el televisor: ellos sí que le producían un deterioro irreparable. Primero, por haber derrumbado una inocencia y una fe tan laboriosamente construidas; más tarde, por las repetidas ofensas a su inteligencia. Y así, detestaba las “pretensiones artísticas” de la política, que según él se había convertido en el arte de engañar de modo más o menos convincente, sonsacar y esquilmar al pueblo, y desde luego no cumplir nunca las promesas electoralmente vociferadas.

Emilio Pascual, Días de Reyes Magos