lunes, 28 de septiembre de 2015

EL CABALLERO DEL CISNE

Antes de dormir, en la oscuridad, me imagino el aspecto de los personajes de la historia. Me imagino a la joven que el rey encuentra en el bosque como una doncella blanca y esbelta, de cabellos de oro y ojos tan dulces que enternecen el corazón del rey hasta el punto de que la toma por esposa. Me imagino a la malvada madre del rey como una bruja de nariz corva y ojos de águila, duros y crueles, pues muy cruel debe ser una abuela que hechiza a sus seis nietos transformándolos en cisnes. Y a la hermanita, quien devuelve su figura humana a cinco de aquellos seis niños hechizados mientras su padre estaba en la guerra, la imagino como una muchacha morena con la mirada centelleante de las hadas. Y sobre todo veo al caballero que en su barca, guiada por su hermano cisne, va por el mundo en defensa de los desvalidos e inocentes... Sí, le veo como un hombre alto, de cabellos rubios, hermoso como un ángel, su cabeza protegida por un yelmo de oro y su pecho por una coraza de plata resplandeciente. Y yo, que he pasado toda mi vida en esta abadía en ruinas, que apenas he visto a otra persona que al hermano Martín, que no conozco nada del mundo, que jamás he empuñado una espada; yo, en la soledad de la noche junto a las llamas mortecinas, sueño con ser un caballero justiciero e invencible como él.

Según cuenta la canción que el hermano escuchó de un juglar cierta vez que fue a visitar la nueva abadía antes de que yo llegara aquí sobre las aguas del río, aquel caballero también llegó por el río en su barquilla arrastrada por su hermano cisne hasta Nimeya, donde la duquesa de Bouillon había acudido al emperador en demanda de justicia contra un traidor que le había arrebatado sus tierras. Y el Caballero del Cisne fue el paladín de la duquesa y venció al usurpador y le devolvió su feudo. Y la noche de su boda el caballero hizo prometer a la doncella que jamás le preguntaría su nombre ni su historia. Y así vivieron felices durante ocho años, y tuvieron una hija que sería la madre del señor Godofredo, el conquistador de Jerusalén. Pero al cabo de los ocho años el Enemigo tentó a la mujer lo mismo que había hecho con nuestra madre Eva, infundiendo en su pecho una invencible curiosidad. Y la duquesa, rompiendo su promesa, preguntó al caballero su nombre, linaje e historia. Y el caballero, muy triste, dijo a la duquesa que había roto su promesa, y que tenía que irse y nunca más le volverían a ver. Y entonces apareció el cisne arrastrando su barquilla, y lanzó un gran grito, y entonces el caballero abandonó el castillo y subiendo en aquella barquilla que arrastraba su hermano el cisne, se alejo por el río perdiéndose para siempre.

Antonio Martínez Menchén, La Espada y la Rosa

                Basándose en en esta leyenda medieval, el compositor alemán Richard Wagner compusó la ópera Lohengrin, de la que os ofrecemos a continuación su overtura: