lunes, 25 de agosto de 2014

PALABRAS ENVENENADAS


El día de mi decimonoveno cumpleaños fue como cualquier otro.

Sabía, claro que lo sabía, que era un año mayor, pero me daba lo mismo porque el balance de los trescientos sesenta y cinco días que tenía que celebrar era exactamente igual a los trescientos sesenta y cinco días correspondientes al año anterior. O sea, prescindible. A pesar de todo, intenté buscar la parte positiva y llegué a la conclusión de que valía la pena cumplir años porque, como mínimo, recibiría un regalo. Prescindí, sin embargo, de las velitas que comportan nostalgia, recuerdos y el compromiso con uno mismo de ser feliz.

Una estupidez.No quise dar ninguna trascendencia especial a la fecha porque mi vida no era para lanzar cohetes. Me refugié en la rutina habitual de levantarme, hacer mis ejercicios de gimnasia, ducharme, desayunar, estudiar, comer, mirar un rato la tele y esperar la visita sorpresa con una sonrisa. No me fue difícil, me conformo con muy poco.

Una semana antes me había preguntado si tenía algún capricho, algún deseo especial. Sé que estaba dispuesto a comprarme cualquier tontería, un vestido, unos zapatos, un iPod. Pero yo no quería nada que se pudiera pagar con dinero y le pedí que me llevase a la playa. Mi sueño era lanzarme al mar desde una roca, zambullirme con los ojos bien abiertos, nadar crol hasta quedarme sin aliento y yacer flotando sobre las crestas de espuma, mecida por las olas. Quería sentirme ligera, escabullirme como un pez y perderme en el horizonte hasta que mi cuerpo blanco fuera tan sólo un punto lejano que salpicase la monotonía del azul.

Me dijo que a lo mejor algún día, y me regaló la novena temporada de Friends.

Admito que me hizo ilusión.


Con estas palabras de Bárbara Molina, que lleva cuatro años secuestrada, y todo el mundo la cree muerta, comienza el libro PALABRAS ENVENADAS de Maite Carranza, y su arriesgada apuesta en una novela juvenil por la temática y la alternancia de voces narrativas. 

La novela se centra esencialmente en las difíciles relaciones familiares entre una joven adolescente y sus padres porque, en principio, parece que no respetan el estilo de vida que a ella le gustaría vivir. Paralelamente se tratan también los lazos de amistad que se establecen entre la protagonista y su compañera de juegos de la infancia. Estos temas esconden el asunto de fondo de la novela: los abusos sexuales a menores en el entorno familiar y escolar.


La alternancia de protagonismo que se plantea con cada capítulo hace que se vayan alternando diferentes voces narrativas. La obra está narrada en 3ª persona para todos los personajes, excepto para la protagonista, para la que se reserva la 1ª persona, quizá para señalar de forma más tajante que solo habla consigo misma porque no puede mantener contacto con nadie. No obstante, suelen aparecer los pensamientos de los personajes, en 1ª persona, intercalados en monólogo interior. También contribuye al juego de perspectivas el hecho de que un mismo acontecimiento es narrado según la visión de diferentes personajes.

Premio Edebé de Literatura Juvenil (2010)
Premio Nacional de Literatura Juvenil 2011
Premio Cervantes Chico 2014