viernes, 29 de agosto de 2014

ESTE ES MI RELATO

La última cosa que vieron mis ojos de guerrero fue el brazo que se abatía y la hoja de la espada brillante que me cortó la cabeza. Un recuerdo brevísimo y definitivo. Desde aquel momento empezo para mí el tiempo de ser ave, y desde aquel momento me llamo Dan Branos, que quiere decir Dos Cuervos.

                Dejad que os cuente antes quién soy y de dónde vengo, después oiréis mi relato de cuando cabalgue con los dioses. Oídme con los ojos del corazón ahora que ya se ha hecho de noche, escuchadme bien los que estáis leyendo distraídos, la vieja memoria va a hablar por mi con palabras silenciosas. A través de mí conoceréis una historia llena de sangre, de terribles desgracias y magia. La contaré entera, las cosas que no vieron mis ojos por no estar yo allí las vieron después los ojos de mi imaginación, que ven con más claridad.

                Ay, torpes oídos de las gentes de hoy que no creen en la magía y que no creeran las maravillas que quiero contar ahora. A quien en nada cree, a quien en nada confía, nada le traigo; pero para quien tenga hambre de cosas mágicas y de grandes y portentosos hechos hablará mi voz. Y que el resplandor de la luna ampare a quien atienda a mis palabras silenciosas y ayude a que sean justas y rectas para que les traigan a todos memoria y bien.

                Yo conozco la gloria que alcanzó el guerrero más noble de las viejas tribus que formaban esta Treba, que así se llamaba el viejo reino que había en estas tierras. Conozco su gloria y su caida. Sucedió en un tiempo remoto, cuando un pueblo de brillantes guerreros habitaba estos valles y montañas, un pueblo que iba y venía en naves de cuero por las tierras de los peces, surcando los caminos de los araos y de las gaviotas. 

                 Esto aconteció antes de que la luna estuviese cansada de hacer su camino tantas jornadas. En aquel tiempo ya se habían desvanecido las tienieblas sobre el mundo, ya había aparecido el sol y la luna, ya había pasado el tiempo de los monstruos, y también se había extinguido ya la raza de los viejos gigantes. También la raza de sus hermanos, los seres oscuros, había descendido hacia los subterrráneos del centro de la tierra donde aún habitan hoy y guardan sus tesoros. Aquel era un tiempo antiguo, muy alejado de éste, pero ya había gente en el mundo.

                ¡Oídme, atended a Dos Cuervos! Que hable alto la vieja memoria que me acompaña, pues vengo de muy atrás. Si ahora que estoy aquí es para que escuchéis mi voz muda, oíd atentos cómo apareció en esa orilla próxima el guerrero más brillante. Así fue su aparición anunciada por profecías y astros. ¿Hay alguien escuchándome o estaré hablando para el viento?

                Es igual, yo contaré mi relato de cómo llegue a ser hermano de casi un dios que llegó y partió como un astro brillante y furioso, que incendió nuestros lugares y nuestras vidas. un guerrero que merece nuestra admiración y toda nuestra compasión, pues su destino fue tan grande como breve. Ahí va, éste es mi relato.


Suso de Toro, Morgun