lunes, 25 de agosto de 2014

LA ERA DE DRÁCULA

Siguiendo con nuestras lecturas y relecturas de este verano:

Kim Newman nos plantea una historia si la novela de Stocker hubiese acabado con un final diferente, que Drácula sobreviviese e instaurase una nueva era en la Inglaterra Victoriana.

Con Van Helsing derrotado (y su cabeza expuesta en una pica como demostración de poder), Drácula se convierte en príncipe consorte de la reina Victoria y se nombra Lord Protector (título que se da en Inglaterra y otorga el control del estado), instaurando su propia sociedad en la que los vampiros salen a la luz pública. Lógicamente esto crea una nueva situación, en la que se empiezan a diferenciar castas vampíricas (diferenciadas en casi todos los casos por ser ancianos o neonatos) y algún enfrentamiento entre detractores de los vampiros y los propios descendientes de Drácula.

Varias vampiras prostitutas aparecerán asesinadas en Whitechapel, por obra de un asesino al que se bautiza como “Cuchillo de plata” que, más tarde y basándose en hechos reales sobre las notas mandadas a Scotland Yard, se revelará como Jack el destripador. Esto hace que el Club Diógenes, una sociedad secreta al servicio de la corona (creada por Arthur Conan Doyle en las novelas de Sherlock Holmes), mande a investigar a Charles Beauregard, joven viudo y encargado de misiones sobre el terreno del club. Junto a él, tenemos a Geneviève Dieudonné, una vampira de más de 400 años con la apariencia de una joven de dieciséis, que pertenece a un linaje distinto al de Drácula.

Muchos de los personajes que aparecen a lo largo de la novela son fácilmente reconocibles dentro de la novela de Bram Stoker, como puedan ser Mina Murray o Jonathan Harker, pero a su vez les sigue un elenco de otros personajes clásicos de la época victoriana, ya sean reales o ficticios, como los inspectores Lestrade y Abberline, Mycroft Holmes, cierto famoso asesino oriental que tenía su residencia en Limehouse, y otros tantos sobre los que cualquier lector puede tener conocimiento.

Newman a este escenario añade elementos característicos de la era victoriana, desde la ambientación a la estética, pero además hace que confluyan otras historias propias de la época, como es la de Jack el Destripador, o la aparición de personajes relevantes de ese período. El relato de Newman es crudo, sangriento pero también repelto de pasajes hermosos y oscuros, en suma, maravillosamente bien escrito. Se va creando así una nueva atmósfera en el Londres del siglo XIX repleta de intrigas, misterios, romance y sangre donde se entremezclan los personajes de la novela de Stocker con nuevos y atrayentes protagonistas.