jueves, 21 de abril de 2016

NO LO ENTIENDO


                Aprovechando que esta semana se celebra el Día del Libro, os subo este fragmento de la última novela de Naomi Novik. Lo triste es que este caso, u otros muy parecidos, se dan frecuentemente entre nuestros alumnos, estamos ante analfabetos funcionales.

Llegada la hora de comer, estaba mortalmente aburrida.

Mi familia no era rica ni pobre; teníamos siete libros en casa. Yo sólo había leído cuatro de ellos; me había pasado prácticamente todos los días de mi vida más al aire libre que bajo techo, aun en invierno y bajo la lluvia. Pero ya no tenía tantas opciones, así que cuando le llevé la bandeja de la comida aquel mediodía, eché un vistazo a los estantes. Seguro que no causaba ningún daño si cogía uno. Seguro que las otras chicas habían cogido libros, ya que todo el mundo hablaba de lo cultas que eran cuando abandonaban el servicio.

Así que me atreví a acercarme a una estantería y tomé un libro que casi estaba pidiendo que lo tocasen: tenía una bella encuadernación en un cuero bruñido del color del trigo que brillaba a la luz de las velas, suntuoso y atrayente. Una vez lo hube cogido, vacilé: era más grande y más pesado que cualquiera de los libros de mi familia, y, además de eso, la cubierta tenía grabados unos hermosos dibujos pintados en oro. Sin embargo, carecía de candado, así que lo subí a mi cuarto con una cierta sensación de culpabilidad y tratando de convencerme a mí misma de que estaba siendo una boba por sentirme así.

Entonces lo abrí, y me sentí aún más estúpida, porque no era capaz de entenderlo en absoluto. No de la manera habitual. No es que no conociera las palabras, o que no supiese qué significaba la suficiente cantidad de ellas: las había entendido todas, así como todo cuanto había leído en las tresprimeras páginas, y luego había hecho una pausa y me había preguntado de qué trataba el libro. Y no había sido capaz de decirlo; no tenía la menor idea de lo que acababa de leer.

Retrocedí y lo volví a intentar, y una vez más me creí segura de estar entendiéndolo, y todo ello sonaba perfectamente lógico; incluso mejor que perfectamente lógico: transmitía la sensación de la verdad, de algo que yo siempre había sabido y que nunca había expresado en palabras, la sensación de estar explicando de forma clara y llana algo que yo jamás había comprendido. Asentía satisfecha, avanzando bien, y esta vez llegué hasta la quinta página antes de percatarme de que no sería capaz de contarle a nadie lo que decía en la primera, ni tampoco en la anterior, en realidad.

Fulminé el libro con una mirada de resentimiento, lo volví a abrir por la primera página y empecé a leer en voz alta tomándome mi tiempo con cada vocablo. Aquellas palabras sonaban como el trino de los pájaros en mis labios, hermosas, fundiéndose como la fruta azucarada. Aún me veía incapaz de seguirles el hilo mentalmente, pero continué leyendo en un tono de ensoñación hasta que la puerta se abrió de golpe.

Naomi Novik, Un Cuento Oscuro