domingo, 24 de abril de 2016

LAS CENIZAS DE ÁNGELA


Enviado por Ángela (B1C):

Estamos ante una novela de carácter autobiográfico escrita por Frank McCourt. El hambre, el frío, las pulgas, la enfermedad y la muerte son el rostro oscuro de este relato en el que el autor hace un ejercicio de introspección y narra su propia infancia, contada a través de la mirada tierna e inocente de su yo niño. Conforme nos adentramos en las páginas de esta novela, somos testigos del aprendizaje vital de Frank: el descubrimiento de la poesía, el sexo, las chicas, el esfuerzo que conlleva el trabajo y, lo más importante, el anhelo y el sueño de viajar a América para forjarse un futuro.

Frank es un personaje entrañable, valiente, responsable, inteligente, con altos estándares éticos, a través de cuyos ojos el lector es testigo de toda una infancia. En primer lugar, es obvio que debido a las circunstancias en las que le tocó vivir, Frank fue un niño que tuvo que madurar antes de lo habitual. Desde muy joven lo hacen responsable en numerosas ocasiones de sus hermanos pequeños. Además, presencia también desde una edad muy temprana las confrontaciones entre sus padres debido a los estados de embriaguez de su padre y a la falta de dinero en el hogar. Por si todo esto no fuera suficiente, Frank tiene un estado de salud muy débil, pues contrae la tisis y tiene problemas de infección en los ojos. No obstante, es capaz de superar todos estos obstáculos que no le impiden ser un muchacho muy trabajador. Por otro lado, Frank es una persona inteligente como delatan varios hechos. No olvidemos que lo adelantan de curso pese a haber estado hospitalizado durante un año por la tisis. El profesor se sorprende al leer Frank una redacción sobre ``Jesús y el tiempo´´, donde plasma ideas de una alta tesitura mental que no se corresponden en absoluto con su edad, defendiendo que la Iglesia Católica no habría existido de haber nacido Jesucristo en Limerick.  Por último, Frank es una persona soñadora e idealista, que anhela profundamente viajar a los Estados Unidos para probar suerte y amasar una pequeña fortuna con el objetivo de dar a su familia una vida digna de la cual nunca han podido disfrutar. Un reflejo de su personalidad es esta reflexión que él mismo hace: ``Puede que seas pobre, que lleves los zapatos rotos, pero tu mente es aún un palacio.´´

Malachy presenta una compleja personalidad. Frank nos dirá sobre él: ``Yo pienso que mi padre es como la Santísima Trinidad, que tiene tres personas diferentes: el de la mañana con el periódico, el de la noche con los cuentos y las oraciones y el que hace la cosa mala y llega a casa oliendo a whisky y quiere que muramos por Irlanda´´. De un lado tenemos a un Malachy responsable y culto, que intenta buscar un empleo pese a la dificultad añadida de tener un acento de Irlanda del Norte. Por otro, encontramos su faceta paternal, gracias a la cual lee cuentos e inventa historias para sus hijos antes de enviarlos a dormir. En un ángulo opuesto, nos topamos con el alcoholismo crónico que sufre Malachy; por esa  adicción terrible  atormenta a su familia y no puede cumplir con responsabilidades tan elementales como alimentar a los pequeños, pues tiene serias dificultades para conservar los empleos por un largo período de tiempo.

Ángela es el pilar sobre el que está construida la familia y es una persona tremendamente humana. Pese a la dificultad que supone salir de estados de tedio y profundo dolor tras la muerte de Margaret, Eugene y Oliver, es capaz de reponerse para sacar adelante al resto de sus hijos, pues como ella misma afirma, no quiere criar a una ``banda de recaderos´´ , sino que desea que sus hijos estudien y prosperen. La presencia de Ángela a lo largo de toda la novela le otorga una candidez asombrosa, pues es un alma que ha sido herida en tantas ocasiones que lo más fácil sería desistir de todo y rendirse. Pero ella opta por seguir adelante, por cumplir con sus deberes como madre, por suplir la ausencia de su marido en las vidas de sus hijos.

Esta novela me parece un claro ejemplo de superación y de éxito personal; un trayecto vital en el que se superan toda clase de adversidades y en el que la miseria, la humillación y la desgracia tienen desafortunadamente un protagonismo eminente.

Para concluir, debo señalar que la novela es muy dura y que, debido a la técnica narrativa de Frank McCourt, al lector le es muy fácil ponerse en el lugar de la familia. A mí personalmente ciertos capítulos me causaron un gran impacto. Hay algunos momentos que quedarán grabados en mi memoria, como cuando Frank, con tan solo cinco años, se indigna al ver a su padre y al enterrador apoyando sus pintas de cerveza en el ataúd del pequeño Oliver, o cuando Ángela y sus hijos van a la Conferencia de san Vicente de Paúl a recoger una cabeza de cerdo para la comida de Navidad y ellos mismos sienten vergüenza al ver que la gente se les queda mirando en la calle. No obstante, el momento más desgarrador es en el que Frank ve a su madre en la beneficencia de la Iglesia, intentando hacerse con una bolsa de las sobras de comida de los curas. Es ahí cuando pierde parte de la inocencia al ver a su madre mendigando al fin y al cabo, comprobando la desestructuración de la familia McCourt y el extremo tan infausto al que han llegado.

PREMIO PULITZER 1997