lunes, 17 de abril de 2017

SOY JOVEN, SOY LECTOR


Todos los cambios, incluso los más pequeños, son manifestaciones de movimiento que tienen siempre su semilla en lo estático, en convenciones que se ha decidido cuestionar. El diálogo abierto y tolerante sobre lo que se considera “normal“ trae consigo tesoros de un valor difícil de calcular: distintas perspectivas desde las cuales observamos, conocemos y meditamos el mundo que nos rodea y del que formamos parte; así como la posibilidad de repensarnos y repensar a los demás.

Escribimos estas líneas a partir de las conversaciones que hemos sostenido a lo largo de un año en el Círculo de jóvenes lectores de la Bibioteca Vasconcelos de la Ciudad de México / Consejo Editorial Juvenil del blog Linternas y bosques. Somos un grupo de jóvenes, de entre 15 y 33 años, que se reúne en la Biblioteca Vasconcelos por un interés común: los libros. Consideramos indispensable la reflexión en torno a la literatura desde un lugar cuya única condición es la de ser joven y ser lector.

Son frecuentes las tajantes divisiones que han dado lugar a lo que se conoce hoy como Literatura Infantil y Juvenil (LIJ), tres etiquetas cargadas de prejuicios más vinculados con el mercado, la manera en que se ve a los menores desde una perspectiva adulta y la dificultad de definir y caracterizar uno u otro grupo, que con los niños, los jóvenes y la literatura en sí.
.

En todo caso, no nos interesa imponer o regular nada, sólo considerar esos prejuicios y ponerlos en crisis. Por eso, afirmamos que:
  1. Los jóvenes sí leemos y no nos conformamos con veinte minutos al día. Interactuamos con las obras que tenemos entre manos, establecemos un diálogo, nos involucramos, nos emocionamos, nos decepcionamos y preguntamos.
  2. No nos limitamos a las novelas ni al libro: poesía, ensayo, cuento, crónica, cómic; cine, anime, fotografía, manga, videojuegos… forman parte de los textos que tanto disfrutamos u odiamos.
  3. En lo que se refiere a los libros —sí prestamos atención a lo que hoy en día se considera “literatura juvenil”—, mientras más leemos y nos enteramos de nuevas lecturas, más nos damos cuenta de los estrechos límites con que se pretende escribir para nosotros; se crean modelos que se convierten en lo que el resto del mundo cree que realmente (o únicamente) nos interesa. Muchos best-sellers juveniles son el más claro ejemplo de ello: romances fallidos, héroes unidimensionales, triángulos amorosos, distopías domesticadas… todos son elementos de fórmulas repetitivas, a la segura, argumentos que funcionan y podemos disfrutar en determinado momento, pero que, en su reiteración, cansan, provocan una necesidad de algo distinto, de otro acercamiento a lo que significa “juventud”. ¿Acaso nuestra complejidad cabe en tan escasos temas?  
  4. El libro impreso ha dejado de ser el único soporte para leer un texto literario y, por lo tanto, consideramos otras opciones —que plantean un acercamiento distinto a la obra— igual de válidas que la tradicional. Nosotros nos sentimos cómodos hojeando libros impresos y escroleando libros digitales y appbooks.
  5. No podemos negar el peso de las redes sociales en nuestra manera de relacionarnos con los textos escritos; abrazamos el hecho de que internet supone cambios en nuestros hábitos de lectura y escritura así como en la promoción y producción de las obras, pero condenamos la cultura de lo inmediato y lo irresponsable, entre cuyas prácticas están el plagio, los resúmenes facilones y las frases mal atribuidas o anónimas.
  6. También nos preocupan los booktubers, un grupo de personas, sobre todo jóvenes, que realizan videos de amplia distribución en los cuales comparten reseñas y opiniones de los libros que han leído. Vemos que el fenómeno ha tenido un enorme éxito: miles de lectores y no-lectores siguen sus recomendaciones e incluso han comenzado a leer y han ayudado a formar un público impresionante. Que quede claro: no criticamos su modo de proceder ni pretendemos generalizar con nuestras opiniones —de hecho, defendemos internet como medio alternativo de acercamiento a la lectura y sabemos que hay quienes realizan trabajos de reseña admirables—, lo que no aceptamos es la homogeneidad que expresa la mayoría en sus puntos de vista, en sus sugerencias de lectura y en sus mismos modos de observación: promueven una idea errónea y uniforme sobre nuestra relación con la literatura. Más aún, reprobamos casos en los cuales ellos han publicado libros “juveniles” que no estaban completos o no fueron revisados con cuidado, como si nosotros no mereciéramos obras de calidad (tanto en la forma como en el contenido) sino simplemente un nombre famoso detrás del título. Este no es un problema único derivado del movimiento booktuber; forma parte de una industria editorial mercantilista, donde los libros son meros productos, sin el más mínimo interés por lo escrito. Exigimos mayor responsabilidad de parte de esta industria y exhortamos a toda persona interesada en lo aquí expuesto a preguntarse al respecto: ¿Somos lo que nos venden?, ¿debemos conformarnos con ello?
  7. Somos jóvenes lectores en contra de la hegemonía de lo inmediato, a favor de la diversidad y la desaparición de estereotipos que no nos corresponden de ningún modo. Nuestro hasta ahora llamado Consejo Editorial Juvenil de Linternas y bosques toma en este momento el nombre de “Guardabosques”. Dentro del bosque que habitamos, el de los libros como árboles y la vida como fértil tierra de cultivo, orientaremos a quien lo pida y aprenderemos de quien nos muestre semillas desconocidas o discretos troncos que quizá habíamos ignorado. Defenderemos nuestro patrimonio de los incendios que originan las opiniones vacías y los prejuicios. Mientras lo cuidemos, el bosque crecerá y, por ello, siempre necesitaremos nuevos guardabosques con quienes alimentar las raíces de la vida literaria mediante la participación, la reflexión y la discusión colectivas.
  8. También los jóvenes tenemos mucho que decir.

Alejandro Flores Ramírez

(En representación del Consejo Editorial Juvenil del blog Linternas y bosques / Círculo de jóvenes lectores de la Biblioteca Vasconcelos de la Ciudad de México.)