miércoles, 8 de octubre de 2014

MOBY DICK

Llamadme Ismael. Hace unos años —no importa cuánto hace exactamente—, teniendo poco o ningún dinero en el bolsillo, y nada en particular que me interesara en tierra, pensé que me iría a navegar un poco por ahí, para ver la parte acuática del mundo. Es un modo que tengo de echar fuera la melancolía y arreglar la circulación. Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitutivo de la pistola y la bala. Con floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, calladamente, me meto en el barco. No hay nada sorprendente en esto. Aunque no lo sepan, casi todos los hombres, en una o en otra ocasión, abrigan sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano.

Con estas palabras comienza Moby Dick, la novela del estadounidense Herman Melville. Narra la travesía del barco ballenero Pequod, comandado por el capitán Ahab, en la obsesiva y autodestructiva persecución de una gran ballena blanca..

Ismael entabla una estrecha amistad con el experimentado arponero polinesio Queequeg, con quien se enrola en el ballenero Pequod, gobernado por el misterioso y autoritario capitán Ahab, un viejo lobo de mar con una pierna construida con la mandíbula de un cachalote. Ahab revelará a su tripulación que el objetivo primordial del viaje, más allá de la caza de ballenas en general, es la persecución de Moby Dick, la ballena que lo privó de su pierna y que había ganado fama de causar estragos a todos y cada uno de los balleneros que, osada o imprudentemente, habían intentado darle caza.


Publicada en 1851, fue un fracaso de crítica y público, pero no tardó en convertirse en uno de los libros más fascinantes y enigmáticos. Pero... ¿por qué nos fascina tanto la historia autodestructiva del Capitán Ahab en su lucha contra la gran ballena blanca? Entre otras interpretaciones podemos observar la lucha del hombre contra sí mismo y contra la naturaleza.

Grandes autores e ilustradores han intentado responder a esa pregunta en Moby Dick. La atracción del abismo, un estudio donde participan escritores como Fernando Savater, Pérez Reverte, Juan Madrid, Muñoz Molina, y dibujantes como José Ramón Sánchez entre otros.

El libro se divide en tres partes. En la primera la primera se nos cuenta quién era Melville, su obra y el tiempo que le tocó vivir, información que nos permitirá conocer las claves del génesis de Moby Dick.

La segunda parte profundiza más en en la gran ballena blanca, sus interpretaciones... otros monstruos marinos en la literatura (La Odisea, de Homero, 20.000 leguas de viaje submarino, de Verne; Pinocho, de Collodi...).

Y la tercera repasa todas las representaciones artísticas del gigante del mar, desde las primeras ilustraciones hasta la película de John  Huston, pasando por cómics o pinturas del siglo XIX. Un auténtico festín de imágenes espectaculares que demuestran la capacidad de la obra de Melville para disparar la imaginación de cualquier lector y de los mejores artistas de los últimos ciento cincuenta años.


Hace unos años, el grupo La Frontera grabo la siguiente canción; Aventuras Del Capitán Achab

No necesito presentación
muchos me conocen ya:
el viento es mi aliado
y mi alma está en el mar.
Soy el Capitán Achab.
Es toda mi tripulación,
cien barriles de buen ron.
No tengo miedo a naufragar:
el mar es mi panteón,
mi esposa una sirena
y Odin mi servidor
Todos los tesoros que quieras encontrar,
en esta vida los tendrás,
si vienes conmigo a navegar.
Soy el Capitán Achab